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27.10.11

Libro: La guerra interminable, de Joe Haldeman

Otro clásico de la ciencia ficción del que quizá se ha hablado de más, y no precisamente adecuadamente, lo que conlleva que genere expectativas que luego conducen a cierta decepción.


Ǝ espóileres.

Pasa por ser un clásico de la ciencia ficción de temática militar, y se la suele comparar con Tropas del espacio de Heinlein, otro clásico que también suscita cierto debate tanto por su ideología como por su misma calidad literaria. Supuestamente, Tropas del espacio es pro militarista, mientras que La Guerra Interminable es todo lo contrario. Aunque quizá una lectura de la obra de Heinlein tantos años después de hacerlo cuando era adolescente podría hacerme cambiar de opinión tampoco la recuerdo tan militarista, y ni mucho menos facha perdida como se ha llegado a decir, pues tiene su punto de ironía y mala uva, aunque desde luego presenta un mundo machote de machotes enfundados en grandes armaduras mientras dan chicharrón a una especie de infestación de cucarachas gigantes. En la obra de Haldeman también tendremos a tipos enfundados en mortales armaduras dando chicharrón a una especie de la que apenas se sabe nada, los taurinos. Del mismo modo que la obra de Heinlein no me parece tan militarista, la de Haldeman no me parece tan antibelicista, y sobre todo lo primero que uno se pregunta es que, si tan antibelicista es, por qué se dedica, casi la totalidad de la novela, a narrarnos una serie de hazañas bélicas futuristas, eso sí, no demasiado heroicas.

La obra tiene ciertos valores, eso es indudable. Los seres humanos, básicamente, son en cierto modo el menor factor de la novela, aunque de forma paradójica como explicaré luego. Haldeman comete un error bastante habitual en este tipo de obras, que para cuando se editó, 1976, ya debería haber estado más que superado, y es poner fechas, aunque bueno, es bastante común y hay gente que sigue cayendo, todo es comprensible. El protagonista, William Mandella, nace en 1975, el fin de la Guerra del Vietnam, y sus primeros jefes, ya en el espacio profundo, son veteranos de esa guerra. Qué manía de poner fechas, hombre. Luego queda mal, y en la posible adaptación que dicen que va a hacer Ridley Scott supongo que tendrán que poner fechas más alejadas para que eso resulte creíble. Se puede aceptar, de acuerdo, un avance tecnológico tan espectacular en apenas veinticinco años, pero como se verá luego al analizar el final, se ve que la intención de relacionar esa guerra con la guerra interminable está desde el principio ahí.

Hay un punto de originalidad en que los soldados, entre los que se encuentra Mandella, sean todos ellos poco menos que genios, de CIs elevadísimos y todos con carreras científicas, además de jóvenes y en perfecta forma. Mientras que en las guerras anteriores la típica carne de cañón es muchas veces la hez de la sociedad, en la supertecnificada guerra del futuro hasta el pelón más arrastrado tiene que ser poco menos que un genio para sobrevivir en unos entornos tan hostiles como el espacio, planetas helados y armas que, muchas veces, pueden causar la muerte del recluta con más facilidad que el enemigo, y que para ser operadas correctamente hay que ser un lumbreras. Otra cosa graciosa y que llama la atención es que el número de soldados que lucha contra la humanidad es poco menos que ridículo, en comparación con cualquier guerra del pasado y de la enorme cantidad de habitantes que tiene entonces la Tierra. Además la guerra es tan cara, y absorbe tan monstruosidad de recursos, que apenas si se consigue mantener toda la infraestructura necesaria para que esos pocos seres humanos continúen la guerra.

Tampoco nos equivoquemos: la mayor parte de la novela es, primero, el proceso de aprendizaje del protagonista para llegar a ser soldado, y después la descripción de las distintas escaramuzas, muy poco heroicas y más bien ridículas, que constituyen su poco gloriosa hoja de servicios, con lo que él mismo reconoce que su mayor mérito para ascender y continuar en la guerra es sencillamente haber sobrevivido. Quizá éste sea uno de los primeros errores de la novela: el personaje principal no es ni un héroe, por propia voluntad o por accidente, ni un cínico que reconoce que sólo va a lo suyo y todo le da igual. Haldeman, como tantos otros escritores de "ciencia ficción dura" es extraordinariamente frío al escribir y apenas si sabemos lo que le pasa al protagonista por la cabeza, lo que contrasta con todo lo que ocurre a su alrededor, una guerra en la que él no es sino un peón sin ningún control de lo que sucede y por otro lado una humanidad que cambia a medida que evoluciona la guerra. Haldeman, eso sí, nos demuestra que es físico de carrera, así que nos explicará con todo lujo de detalles los problemas de acelerar y desacelerar a velocidades relativistas, las escalas logarítmicas de los visores de la armadura, los efectos de las temperaturas extremas, y tantos y tantos detalles más de ese subgénero o forma de entender la ciencia ficción. Algunas cosas sí que tienen gracia, pero están poco explotadas, como por ejemplo que, precisamente por esas dilataciones temporales, que abarcan más de mil años de evolución tecnológica, se pudieran llegar a dar combates entre los dos bandos pero de distintas épocas, con las consiguientes desventajas en armamento. Aparece esto brevemente, pero nada más.

Estupendo: ¿y los personajes qué? La narración en primera persona es eso, fría. Es a través de las opiniones del protagonista que entendemos esa guerra y cómo va cambiando la humanidad metida en esa guerra sin fin. Y sinceramente parece en muchas ocasiones que a ese protagonista le da un poco lo mismo ocho que ochenta, y sólo le molesta o le joroba lo que le pase directamente a él y como mucho a su novia. Sí, le molesta ser un peón en un guerra que ni le va ni le viene, pero tampoco es que reflexione demasiado sobre él mismo, sobre la propia guerra y desde luego no mucho cuando el mismo ser humano va cambiando ante sus ojos. Sinceramente, creo que ni Haldeman se atrevió a ello, ni se le pasó por la imaginación, ni posiblemente creyó que pudiera hacerlo, y dadas las críticas tan favorables de esta novela en el núcleo duro de los aficionados incombustibles del género, tampoco su público habitual esperaba nada parecido.

Uno de los aspectos que más se suele citar de esta novela es precisamente esa humanidad que se va transformando. Después de su primera campaña, antes de reengancharse y ser ascendido a teniente, Mandella vuelve a la Tierra más de veinte años objetivos después de su marcha, con lo que su madre ha envejecido y su hermano menor le recuerda a su padre, mientras que él apenas si es un poco mayor. Después de una revolución causada por el hambre y la inestabilidad política la Tierra tiene una enorme cantidad de población que se mantiene en un desempleo estructural constante, se dedica a ver la holovisión y recibe las noticias de un gobierno mundial que manipula la información y que sigue manteniendo la guerra contra los taurinos por el control de los colapsares, una especie de agujeros negros que comunican casi instantáneamente dos puntos muy lejanos en el espacio. Esta combinación de saltos instantáneos y viajes de efectos relativistas lo veremos repetido en la saga de Hiperión. La Tierra, en esa época no tan lejana para el mismo soldado Mandella, ha cambiado mucho, hay grandes megaciudades, los ancianos no tienen derecho a asistencia médica, y para controlar la población el omnívodo gobierno mundial ha promovido la homosexualidad entre la mayor parte de la población.

La verdad es que no tengo nada contra la ciencia ficción dura, y tampoco es que preconice como algunos lo de una ciencia ficción humanística que ahonde únicamente la especulación social y psicológica de los personajes, porque también puede ser un coñazo, pero en este caso está claro que Haldeman se siente mucho más cómodo dando la murga con explicaciones de si un misil impactará tantos segundos o minutos después, e incluso poniendo listas de cosas que no vienen a cuento y tablas de probabilidad, que construyendo unos personajes que sean poco más que una fachada y que reacionen de forma humana y creíble ante todo lo que les está pasando. La crítica social, así, queda bastante diluida porque la evolución de esa sociedad humana no se explica, sino que se da por dirigida por ese poder mundial que hace y deshace, que sepamos, lo que le da la gana, sin que el narrador se moleste demasiado en lo que está ocurriendo, y por lo que vemos y se nos da a entender el conjunto de la humanidad acepta todos esos cambios, o por lo menos las elipsis narrativas así lo dan a entender. Y, la verdad, es que es un poco increíble lo que nos cuenta. Lo de convertir por las buenas a toda la sociedad humana en homosexual con la excusa de controlar la población en un entorno tecnológico capaz de crear prótesis perfectas, eliminar el cáncer sin problemas y luego de llegar a producir clones, sinceramente, creo que son ganas de matar moscas a cañonazos y sobre todo crear algo de polémica, que quizá lo fuera hace cuarenta años pero que en nuestro mundo donde un homosexual declarado ha llegado a ser casi primer ministro de Irlanda pues no causa el mismo efecto. No dudo que la propuesta no fuera novedosa o algo rompedora en el género en aquella época, pero en tal caso la obra ha envejecido un poco mal, como podría ser el caso de otra obra que ha comenté hace poco. ¿No sería más fácil, digo yo, hacer a la gente estéril permanente o definitivamente, que cada uno le dé alegría al cuerpo con lo que quiera, promoviendo en todo caso la bisexualidad, en vez de intentar controlar algo tan complejo como la sexualidad humana? ¿Y desde cuando la homosexualidad implica no querer tener hijos? De hecho esos nuevos seres humanos dicen que sienten repugnancia tanto por la heterosexualidad como por la reproducción clásica, así que no tiene mucho sentido hacer algo redundante. Es el problema de la ciencia ficción dura, que es dura para algunas ciencias, por regla general la que domina el autor, y en lo demás nos permitimos cualquier licencia. Es el problema de la suspensión de la credibilidad: sé que me está colando una tecnología imposible o hipotética, como los saltos por agujeros negros o naves relativistas, y lo acepto como premisa de la novela y del género en la que se enmarca, pero me resulta mucho menos creíbles esos cambios en la raza humana que se ven poco menos que de pasada.

Tampoco es que me queje demasiado, pero aunque pueda aceptar como tesis principal del libro que esa humanidad evoluciona así, sin que se me den más explicaciones, el efecto puede ser contraproducente al presentárseme un mundo y una interpretación del ser humano en el que la plasticidad humana es tal que la misma noción de libertad pierde sentido, y por tanto es imposible o mucho menos creíble toda crítica a la manipulación de la historia o al militarismo. Si el poder omnívodo es capaz de modificar así a la humanidad, sin que ésta sea capaz de defenderse, o sin que se nos explique ningún movimiento de resistencia a esa transformación, y dejar que se convierta todo el mundo en clones sin familia de raza indefinida, pues todo lo demás pierde fuerza. Al dárseme ese escenario sin crítica ni explicación, sólo como una situación establecida, pues me podrá parecer más o menos exótico lo que veo, pero mi capacidad de juicio o bien se ve mermada porque tengo que especular sobre lo que ha acontecido en ese mundo para cambiar, o tengo que echar mano a otras obras conocidas. En principio la humanidad parece que se ha convertido en una sociedad que poco tiene que envidiar a una posible mezcla de las distopías de Huxley y Orwell, pero no debemos olvidar que éstas nos parecerán repugnantes tanto por compararlas con nuestro mundo y con cómo querríamos que fuese, como por la visión discordante y contestararia de Winston Smith y del Salvaje, mientras que William Mandella, sinceramente, a veces parece que simplemente pasaba por allí, y una vez muerta su madre y sabiendo que no volverá a ver a su hermano parece que le da todo un poco igual, y que acepta esa alienación histórica y de su propia especie que está evolucionando a algo distinto, con bastante aburrimiento, y sólo se refugia en los recuerdos de su propia época y en la poca gente que ha sobrevivido de ella gracias a los efectos relativistas, sobre todo su novia.

El final, por desgracia, refuerza la impresión de algunas cosas que ha ido dando la novela mientras uno la lee. Eso sí, se ve el absurdo de que, después de volver de su tercera "gloriosa" misión, que les ha llevado unos 700 años objetivos, al volver se encuentren que, obviamente, la guerra ha terminado hace más de doscientos años, noticia que les da el único clon repetido del ser humano que queda, y que responde al nombre de Hombre. Se nos explica después, y nos lo tendremos que creer, que una vez llegado a ese estado la humanidad por fin pudieron comunicarse con los taurinos, que de siempre fueron clones naturales de un mismo individuo, y claro, "entre clones se entendieron", y así se deja. Sin comentarios. Y entonces uno comprende por qué los primeros jefes del protagonista fueron veteranos del Vietnam, ya que éstos y el resto de los militarotes al encontrarse con los taurinos no fueron capaces de entenderse con ellos y claro, disparar primero y si eso parlamentar después. La humanidad y los taurinos, al poder comunicarse por primera vez, lo primero que hacen es preguntarse que por qué fueron atacados, y en cuento son capaces de hablarse se echan las manos a la cabeza y se dan cuenta de que todo no fue sino una malentendido causado por esos espadones reaccionarios, y la guerra termina. Mira por dónde al final todo tenía una solución de lo más habermasiana.

Sinceramente, me parece una explicación y un final bastante infantiles. Si me permitís la comparación, es tan burdo como el final de American Beauty, en el que el personaje homófobo, hipermilitarista y autoritario es no sólo una caricatura unidimensional desde el principio, sino que además luego sabemos que es todo eso por ser un homosexual reprimido. Hombre, no... esas cosas a estas alturas no... La explicación general de lo que ocurre en la novela no es mucho más compleja, y viene a resumir un par de postulados jipis bastante ramplones: un estado totalitario dedicado únicamente a perpetuarse y a la guerra. Curiosamente cuando toda la humanidad es igual y no hay ninguna diferencia entre los individuos, se llega al verdadero pacifismo, que además se presupone eterno.

¿Que es una novela antimilitarista o antibelicista? Pues... como dije antes es una de las favoritas de los partidarios de la ciencia ficción militar, que precisamente se dedica a contar hazañas bélicas en el espacio, y los esfuerzos del autor se centran sobre todo en ese aspecto. Si os cuento que incluso hay un juego de tablero de la novela, pues imaginaos. Si lo comparamos con obras realmente antibelicistas, podríamos decir que se queda pero que muy por debajo, y lo siento si la gente cree que la comparación es odiosa pero independientemente del género las novelas son lo que son por su calidad. No os quejéis: un amigo mío es mucho más hellraiser que yo a la hora de criticar Tropas del espacio o El juego de Ender. En Sin novedad en el frente Erich María Remarque nos cuenta los efectos de la guerra en la mente de los soldados y los efectos devastadores en las familias, cómo éstas pasan de la euforia de los desfiles a la desesperación de ver destruidas sus vidas, y el final con el soldado en la trinchera oyendo cantar al pajarillo es desolador. Jonnhy cogió su fusil, ni qué contar, y Senderos de gloria le puede quitar a uno las ganas de por vida de ir a una guerra. Guerra y paz, La delgada línea roja... o experiencias de la guerra y el genocidio vistos como un apocalipsis bíblico en Los cuarenta días del Musa Dagh. Pero oye, como novela de diversión sobre tipos que viajan en el tiempo en una guerra absurda y nada heroica, si el género te gusta, pues me parece correcta.

Desde luego, eso es innegable, esta novela es la revancha de Haldeman a su vuelta de la Guerra del Vietnam, y de ahí que esté eso tan forzado de que a sólo veinte años de finalizar esa guerra, en un entorno científica y tecnológicamente hiperavanzado, los mismos veteranos de esa guerra y de otras que se presuponen cercanas en el tiempo sean los que comiencen, por pura cabezonería y ansias de pegar tiros, una interminable guerra de más de mil años que cambia por completo a la humanidad. No niego su derecho a ello ni sus experiencias en la guerra, pero eso no lo convierte automáticamente, ni mucho menos, ni en un buen crítico político o social ni en un agudo analista de la mente humana. Otros ejemplos de revanchas literarias ante situaciones políticas también han sido comentados en este blog , como la de Philip Roth sobre el presidente Nixon, que precisamente tuvo que abandonar la presidencia poco antes de que se publicase la novela que dio fama a Haldeman.

Por si fuera poco, una vez acabada la guerra, se nos reserva un final feliz algo pastelero que, por lo menos a mí, me sobra por completo. Mandella, separado de su novia antes de su tercera misión, es consciente de que terminarán desfasados como mínimo un siglo en el mejor de los casos, así que asume que nunca volverán a verse. Sin embargo ella ha llegado antes que él, y emprende un viaje con otros compañeros a velocidad relativista hasta que él llegue, de modo que se reúnen en uno de los planetas paradisíacos en los que han ido a retirarse los pocos seres humanos que quedan del remoto pasado, siendo Mandella el único superviviente que queda desde que empezó la guerra. Por si fuera poco, se supone que a otros de los supervivientes se les puede cambiar también la sexualidad así como quien no quiere la cosa, como si fuera la cosa más fácil del mundo: la ciencia ficción dura lo es para lo que le conviene o busca la verosilimitud cuando le apetece. Y, por si fuera poco, al final Mandala y su novia tienen un niño. Supongo que cuando hagan la película sonarán violines. Y sobre la película, sencillamente me espero lo peor, por mucho que, como siempre, la gente se acuerde de que Ridley Scott es el director de Blade Runner cuando les interesa, pero obvian cuando les conviene que perpetró la que quizá sea más bochornosa adaptación de la leyenda de Robin Hood cargándose de paso un guión que prometía mucho.

Aunque la novela no me ha disgustado del todo, tiene sus cosas buenas y reconozco que tengo cierta tolerancia con el género, como ya expliqué en su momento cuando hablé de Tau cero, lo que no me impide ver ciertas falencias. Pero bueno, todos tenemos nuestras contradicciónes: Supernatural me parece una chuminada y después de la primera temporada de Dexter aquello no hay por dónde cogerlo, pero las sigo viendo. A pesar de esto como ya he dicho no creo que sea necesario que el autor nos demuestre lo muy bien que sabe cómo funciona la dinámica de fluidos cuando luego tira por la calle del medio para explicarnos todo lo demás, desde la programación hipnótica para convertirte en un salvaje soldado a la misma sexualidad, que como ya he dicho poco controlaría a la población, ya que el instinto de perpetuarse y tener prole no está sólo asociado sólo con ella.

Por otro lado, supongo que también hay un público que se siente cómodo con este tipo de narraciones un tanto desangeladas, donde se exponen cansinamente descricpciones más propias de un manual de referencia que de una novela, y donde los valores realmente literarios poco menos que podrían molestar, e incluso cuando de jovencito era un apasionado de la astronomía más de una vez leyendo este tipo de novelas pensaba que para saber cómo funcionaba una estrella ya me leía otro tipo de libros. No olvidemos que hay una serie de autores que escriben los llamados tecnothrillers, donde durante páginas y páginas se rellena con información sobre misiles, satélites, prolijas descripciones del funcionamiento interno de agencias de inteligencia reales o imaginarias e interminables explicaciones farragosas que poco o nada contribuyen a la narración y su desarrollo. Y hay gente a la que eso le encanta, y le da igual luego que el protagonista pueda tener el mismo carisma o personalidad que el palo de una escoba, que los diálogos no tengan ni pies ni cabeza o que las situaciones se resuelvan de la forma más estrambótica posible. En una sociedad en la que cada vez está más de moda autodiagnosticarse como "Asperger" para darse bula a uno mismo para ser un maleducado, tener nula empatía por los demás y no mirarse más que al ombligo y atender sólo a la propia complacencia intelectual y estética, por limitadas que éstas sean, tampoco es de extrañar. Que tampoco me parece mal y cada cual tiene sus vicios, pero en todo caso hay que sentirse hasta cierto punto orgulloso o como mínimo indulgente con ellos como una debilidad de carácter propia de todo ser humano, no defenderlos como puras virtudes. Nunca me consideré virtuoso por fumar y nunca he pretendido serlo más por haber dejado de hacerlo.

Por otro lado a todo esto podría añadírsele que ésta es, en cierto modo, la primera parte de una trilogía, aunque con reservas, del mismo modo que Star Wars es la primera parte de una trilogía porque existieron dos partes posteriormente, no porque se ideara así. La supuesta segunda parte es La paz interminable, que no es propiamente una continuación. La que sí que es propiamente una continuación es Forever free, La libertad interminable o Libre por siempre, con críticas mucho menos elogiosas y donde parece que Haldeman demuestra que en ocasiones los escritores de ciencia fición no tienen ni arreglo ni enmienda. Como ya comenté en su momento, los finales tanto de El mundo del Río como de Hiperión terminan derivando a un misticismo que lo mínimo que se puede decir es que... me rompe las pelotas. En este caso Haldeman también intenta ejercer de gurú, y el resultado es el esperado, cuando por allí termina apareciendo Dios y otras cosas que, como se suele decir, no son de recibo. Luego me critican algunos porque me gusta la saga de Dune; hombre, al menos es coherente y tiene un componente místico desde el principio que nunca oculta, y una cosa es que haya emperadores deificados y otra que aparezca Ahura Mazda por ahí tan tranquilo.
 La novela fue adaptada al cómic en 1988, y hay edición española en tres tomos en el típico formato cartoné que hace todo tan poco asequible. No está mal como adaptación, y curiosamente no es una obra americana como se podría esperar, sino que fue realizada en holandés en 1988, y si alguna queja tengo es que el personaje principal es exactamente como en la novela: inexpresivo. Las fechas están actualizadas respecto a la novela y se adelantan un poco, pero claro, nuevamente pasan un par de décadas y se va todo al carajote. Por una vez, y sin que parezca que sirva de precedente, el autor de la novela quedó encantado con la adaptación. El mismo Haldeman se encargó de guionizar una continuación que sirve de puente con Forever Free, que leeré en breve en cuando me traigan de play.com en un tomo que incluye las tres novelas, aunque como ya se ha dicho la segunda se mete ahí más por similitud del título que otra cosa.


Como otro dato curioso Haldeman en la tercera parte de la novela introduce un sistema de enseñanza avanzado con el que al futuro mayor Mandella le enseñan toda la cultura militar del mundo en un sistema de realidad virtual, algo sin duda novedoso en las fechas en que fue escrita. Posteriormente Haldeman escribiría una novela sobre este tema, Viejo siglo XX, en el que se recrea por medio de la realidad virtual el siglo XX para estudiarlo y simular la vida en él. Como curiosidad, lo compré a precio de saldo, otro más si recordáis otros casos que he mencionado, porque me costó 3 lurus de los 19 que pone en portada. Pertenece a la colección Ómicron de Libros del Atril, que sólo alcanzó 16 títulos y como se ve tuvo que ser saldada. Ahora esa editorial, visto lo que hay, publica libros de otra laya. Que poquito nos queda.


-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:15 AM 4 estupefactos enlaces a esta entrada

25.10.11

Sobre el novísimo Universo DC

Después de haber leído ya unos números y empezar a ver por dónde van los tiros en general, creo que ya se puede empezar a hacer una valoración sobre qué es lo que nos podemos esperar de esta refundación, refundición o reestructuración del famoso Universo DC. Desde luego la valoración no es demasiado positiva, eso ya lo adelanto.
Nuevo universo DC, donde todos los personajes han sido substituidos por su versión poochie.
Como con todo, lo difícil es situarse un poco en el contexto tanto de lo que es el mismo géneros de superhéroes como la industria del cómic, en seria crisis desde hace más de cinco años en todo el mundo, y sobre todo los cambios en el gusto del público.

Lo primero que habría que recordar es que el Universo DC es en algunos aspectos la casa de tócame roque, y en muchos aspectos ése siempre ha sido unos de sus principales atractivos. También tiene fama de ser, por méritos propios, una especie de lugar donde, no se sabe muy bien cómo, terminan recalando exiliados de otros universos de ficción, por regla general por absorción de empresas. De ese modo en DC se han "naturalizado" personajes que pertenecían a otras compañías, como el mismo Capitán Marvel o Shazam, adquirido después de que la misma DC acusase a Fawcett por plagio, que ya es tener morro, los superhéroes de la Charlton (Blue Beetle, Question, Captain Atom), los de Archie y ya últimamente los de Milestone, un sello que se editaba bajo DC pero que se establecía en una continuidad diferente donde los superhéroes eran afroamericanos. Lo último es que la línea WildStorm se integre en una misma y única continuidad, así que tendremos todavía más cachondeo a la vista, empezando porque esos personajes eran originalmente de otro universo que también acabó como el rosario de la aurora, el primitivo proyecto que fue Image. Otra cosa se le podrá achacar a DC, pero no que no sean integradores. Es un poco como Zárágózá durante las fiestas del Pilar o Cádiz durante el Carnaval: nadie es extranjero si tiene ganas de divertirse. DC es el melting pot de los personajes, o si lo queréis más clásico y con resonancias gastronómicas, E pluribus, unum.

Respecto a la reestructuración y los inevitables "reconteos" de los orígenes y principales aventuras de los personajes más destacados, no debemos olvidar que son parte de la misma esencia del género, como dejó bien claro Alan Moore en su interpretación de Supremo, ese personaje que se encontraba con todas las encarnaciones pasadas de sí mismo, siendo él, la última, nunca la definitiva sino sencillamente la más reciente. Mi generación, por ejemplo, conoció fundamentalmente al Superman que se suele llamar de Tierra 1, uno de los más longevos, pero éste ya era en muchos aspectos un personaje distintos del original que había sido creado más de veinte años antes. Si nos ponemos puristas, sólo las versiones originales de los personajes serían las correctas, y sólo las que fueron creadas por los creadores originales, lo que sin ir más lejos dejaría muy mal parado a Batman, con un creador reconocido que casi es el que menos aportó al personaje.

La historia del Universo DC es por tanto bastante complicada y azarosa, y aunque el Universo Marvel también tiene sus complicaciones y sus retrocontinuidades, algunas para pegarse un tiro o pegárselo a alguien, lo de DC es un poco para echarle de comer aparte. Lo de crear universos paralelos o continuidades alternativas tampoco es exclusiva de DC. Precisamente Marvel, en una decisión propia de figurar con pleno derecho en la antología del disparate, hizo una jugada a mediados de los noventa que, alguna relación debe tener, acabó con la compañía en plena quiebra. Alarmada por los cambios de los gustos del público y por el éxito de Image, fundada precisamente por sus autores señeros un tanto díscolos, no tuvo mejor idea que hacer un retconeo a lo bestia con los famosos e infames "volúmenes 2", precisamente encargándoselos a los antiguos desertores y a otros de su cuerda. El resultado es de todos conocidos: las versiones de Los Vengadores, de Los Cuatro Fantásticos y del Capitán América sólo se puede calificar de bochornosas, y han quedado para la historia del género como un despropósito sin igual. Prácticamente Marvel tuvo que pedir perdón, envainársela, prometer que Poochie se iba a su planeta y que nunca más volvería y hacer una "vuelta a los orígenes" en toda regla para volver a ganarse al público, y éste se lo agradeció infinito.
Oprobio.
Vergüenza
Abominación
Hace diez años, Marvel de nuevo, hizo una jugada llamada Ultimate (definitivo), un universo nacido de cero pero con los personajes de siempre: un Spider-man definitivo, unos Vengadores (Ultimates) definitivos, unos Cuatro Fantásticos definitivos, y todo definitivo. La idea no era mala porque venía a ser lo mismo que el infame "volumen 2" pero recordando las sabias palabras de Eugenio d'Ors, al que siempre agradeceremos que nos dejase bien claro que los experimentos se hacen con gaseosa, así que si el invento no terminaba de funcionar, pues bueno, el daño estaba localizado, y como llegaron a indicar algunos si la nueva continuidad se demostraba más potente y atractiva para el público podría llegar a darse el caso de que eclipsase o incluso substituyese a la original.
También somos poochies, pero en cesta aparte por si tocamos demasiado los huevos.
El resultado fue heterogéneo: había cosas que estaban mejor pensadas, los orígenes de los personajes no eran tan ingenuos y, por ejemplo Spider-man no era mordido por una araña radiactiva, sino por una modificada genéticamente, y los Cuatro Fantásticos mutaban por su exposición a la Zona Negativa, no por los rayos cósmicos. Bueno, básicamente eran más molones, algo más agresivos, los tebeos eran más caros y mostraban las tendencias imparables del cómic del género de superhéroes en esos primeros años 2000, con la famosa "narrativa descomprimida", eufemismo de "en cada número no pasa nada o casi nada", lo que hace prácticamente insufrible seguir una colección mes a mes. La línea Ultimate, conocido es, no llegó nunca a eclipsar a la tradicional, y aunque con sus virtudes nunca dejó de ser lo que todo el mundo percibía, una copia o un reflejo. Una copia legal y autorizada, por supuesto, pero no por eso otra cosa que una copia de otra cosa que seguía en marcha, el universo Marvel tradicional. Al final las versiones "definitivas" y el universo "definitivo" fue víctima de la bajada de ventas que sigue padeciendo el cómic, y se preparó un apocalipsis que cerrase la línea, aunque no "definitivamente", ya que una cosa es que la línea en general flojease y otra que algunas colecciones pudiesen salvarse, que es lo que ha ocurrido. El Ultimate Spider-man (ahora un chico afrolatino) y otras pocas colecciones continuarán mientras tengan lectores, pero el universo Ultimate parece que ha naufragado en general.
¡Dejarme solo, cohone, que puedo yo con todos!
Y justo entonces a DC se le ocurre hacer lo mismo, pero sin red de seguridad. Durante años se rumoreó que iba a hacer algo parecido, e incluso hizo experimentos en esa línea con los All-Star y el más reciente Earth One. Pero no nos engañemos: las circunstancias son muy diferentes ahora que hace quince años, y no digamos ya con las de 1986, cuando DC hizo lo mismo que ha hecho ahora y, reconozcámoslo, lo hizo muy bien y salió para delante. Recordemos que DC a finales de los años setenta estaba un tanto anquilosada, y que lanzó, también entonces, la famosa "Explosión DC", un montón de nuevas colecciones para recuperar cuota de mercado que salió por así decirlo... un pan como unas hostias, hubo que cerrar un montón de ellas y salió justo lo contrario que lo que se esperaba, con lo que hubo la mucho más famosa "Implosión DC", de la que obviamente Marvel tomó ventaja hasta que DC decidió echar un órdago con sus conocidas Crisis en Tierras Infinitas. La jugada, arriesgada, era también sencilla: tomaremos de los personajes sus rasgos básicos y esenciales, lo pondremos todo a partir de cero o de casi cero y, ahí estaba la madre del cordero, contaremos para ello con los mejores autores del momento. Efectivamente: la maxiserie que redefinió el Universo DC fue creada por Wolfman y Pérez, aunque si uno lo piensa no hacía ninguna falta, porque se podía hacer sin inventarse semejante apocalipsis, pero lo importante es lo que vino luego. Para reformar a la así llamada Santísima Trinidad de DC, se contó con tres autores que en ese momento estaban en lo mejor de sus carreras: Frank Miller, que había dejado al mundo acongojado con el Dark Knight, creó el origen y la interpretación definitiva de Batman, un personaje que luego continuó varias décadas con una interpretación sombría en ocasiones un poco agobiante por repetitiva, John Byrne hizo una vuelta salvaje de Superman a los orígenes despojándolo de toda la parafernalia de personajes de los tiempos anteriores (muy divertidos en su momento, pero su tiempo ya había pasado), y George Pérez convirtió por primera vez a Wonder Woman en un personaje interesante de leer por cualquier aficionado a los comics. En general, aunque con ciertos lógicos altibajos, la refundación de DC funcionó maravillosamente, aunque como todo en esta vida no terminó de funcionar a largo plazo y hubo continuas semirefundaciones y reinterpretaciones, algunas con más fortuna que otras.

Lo que ha hecho DC en este año de 2011 viene a ser lo mismo que hizo en 1986, y del mismo modo que en ese año se refundió y reestructuró todo el legado que provenía de la Edad de Plata, se ha hecho lo mismo con otros veinticinco años de historia de los personajes. Pero, como digo, las circunstancias son muy, muy diferentes. Mientras que la recreación de las Crisis y el así llamado universo post-Crisis fue meditado y pensado largo tiempo, y nada se dejó a la imaginación, y aun así hubo fallos e incoherencias, el nuevo Universo DC parece todo lo contrario: apresurado, mal contado y completamente deslavazado. Mientras que entonces se contó con algunos de los mejores autores y con otros que estaban despuntando, ahora en la mayor parte de los casos nos encontramos con gente que parece que ha aceptado todas las indicaciones que les vienen de arriba sin rechistar, por absurdas que sean. Por si fuera poco como nos encontramos en esta era de narración descomprimida para hacernos una idea cabal de cómo ha cambiado cada personaje nos vamos a tirar la mitra.
De momento a Batman ahora le gustan las mujeres, parece. Debe estar pasando por una fase.
Una de dos: o les sale bien la jugada, que lo dudo mucho, o consiguen que esto funcione, pero lo dudo. Como se suele decir: esto ya no tiene remedio, ¿verdad? Mucho me temo que así sea. Lo que no se atrevió a hacer Marvel, substituir toda una línea temporal y de historia por otra, lo hizo DC en su día, y le salió bien, pero mucho me temo que en este caso se pueden caer con todo el equipo.

La cuestión fundamental es ésa: los comics, y en particular los de superhéroes, ya no son un negocio, o mejor dicho ya no lo son como lo eran hace décadas. Hace sólo veinte, o treinta años, lo importante era eso, vender tebeos, y para vender tebeos había que hacer buenos tebeos que enganchasen a los lectores de tebeos. Hoy, tanto Marvel como DC son propiedad de dos conglomerados de entretenimiento, Disney y Warner, que saben perfectamente que donde menos se gana es vendiendo tebeos, y que las tiradas actuales son ridículas con las de hace sólo veinte o veinticinco años. Lo importante son los productos licenciados, las adaptaciones a películas y videojuegos, y todo lo demás. Los personajes icónicos de los superhéroes apenas facturan un 5% en eso tan antiguo de vender comics, así que no es de extrañar que sea una división que vaya manga por hombro. De hecho, se termina poniendo al personaje original al servicio de interpretaciones, en ocasiones, espurias, de ahí la absurda y totalmente inútil idea de forzar la entonces ya tocada continuidad de Superman para hacerla coincidir con algunas cosas de Smallville, con la fatua pretensión de que los muchos espectadores terminasen leyendo los tebeos, idea idiota donde la haya y que no sólo no consiguió lo que pretendía sino que no hizo embarullar más las cosas. Pero los que mandan, como siempre, son los de arriba, y el lector de comics, ya que cada vez da menos dinero, menos va a ver atendidas sus demandas, por lo menos en este tipo de personajes que pueden verse devorados por su propio éxito en otros medios más pujantes.

El error de este "nuevo" universo es que está hecho pensando en gente, o posibles lectores, a los que no les gustan los tebeos, y además están hechos por profesionales que están muy por debajo de las expectativas que todavía tienen algunos lectores veteranos. Cada vez da más la impresión de que los que siguen valiendo algo en esa forma de expresión artística, por lo menos en los EEUU, cada vez son más reacios a trabajar en esas circunstancias tan poco favorables.

Podría explicar lo que no me gusta de cada una de las series que he leído, pero tampoco podría decir mucho más en claro. Desde luego hay cosas que no, así no se va a ninguna parte ni se consigue nada. En dos números de la JLA prácticamente sólo ha habido hostias sin demasiado sentido, el primer número de Supergirl es, eso, hostias, el primero de Catwoman, pues vale, echa un polvo con Batman, y en general todo muy flojo, falsamente molón, nadie tiene derecho a estar gordo, y eso sí, con apabullantes coloreados por ordenador que no consiguen ocultar que no hay un rumbo fijo y no se sabe a dónde se quiere llegar. De otras colecciones después de leído el primer número sólo puede uno pensar que de qué puñetas va o qué pasa ahí. Lo de Green Arrow no tiene nombre: la gracia del personaje es que es un cuarentón progre perdido, así que si le quitan eso se queda en otra copia de Batman. En el de Wonder Woman me quedé a cuadros al ver que pasaba por allí lo que parecía un extraterrestre azulado vestido inexplicablemente con un uniforme inglés de la Primera Guerra Mundial, hasta que resultó ser Hermes, y tantas cosas más en las otras colecciones que le hacen a uno exclamar un sonoro "pero qué coño pasa aquí".
Molonidad nivel experto.
Erotismo no subliminal.
Probablemente todo se resuma en la nueva interpretación de Superman, el primero de los superhéroes y como yo suelo decir uno de los más difíciles de tratar hasta el punto de que es tan difícil hacer una buena historia de él como fácil hacer una mala de Batman. Las dos series clásicas, Action y Superman, narrarán los inicios del personaje por un lado y por otro tal como es ahora, por primera vez con un diseño de uniforme que rompe con la visión del personaje en muchas décadas. Lo primero que nos tendrán que explicar, espero es a santo de qué Superman necesita ir con armadura, pero bueno, ésos son los riesgos de dejar a Jim Lee rediseñar un personaje, algo que en su caso debería estar prohibido por ley. En la serie de Action, guionizada por Morrison, vemos algo que es curioso, porque efectivamente es una vuelta a los orígenes: Superman todavía no vuela, y no lucha contra superamenazas sino contra mafiosos comunes. Será una vuelta a los orígenes, no hay duda, pero la pregunta es si eso ahora tiene mucho sentido. Y lo de este personaje, precisamente, demuestra la improvisación de toda esta movida de nuevo universo y que hace pensar que ha sido todo hecho sin demasiada lógica: hace sólo un año se nos presentaba una miniserie donde se volvía a contar el origen de Superman de forma "definitiva", sólo para echarlo por tierra con esta nueva versión. Naturalmente eso no importa gran cosa, ya que cada uno de los orígenes, de éste al de Birthright, Man of Steel de Byrne o todos los demás tal como fueron contados en su momento no son realmente los "definitivos", sino según la teoría de Moore sencillamente el último en ser contado, y pueden ser disfrutables cada uno por separado y según sus méritos sin tener encima la obsesión de si es o no la versión "oficial" que en ese momento marca la editorial poseedora de los derechos del personaje.
¡Cuidao que voy y no freno por nadie!
La impresión que me llevo en general es algo parecido a la misma aparición del universo Image hace ya justo casi veinte años, que se presentó como alternativa a los otros dos universos superheroicos tradicionales, con su coloreado por ordenador, entonces novedoso, sus continuos pin-ups y posturitas, y sobre todo, en general, sin pies ni cabeza, hasta el punto que lo que ha sobrevivido de él ha sido gracias a personal contratado para hacer de aquello algo mínimamente legible. Una de las cosas que llamaba la atención de esos comics era que todo parecía ocurrir en medio de la nada o de extrañas instalaciones secretas que poco o nada tenían que ver con el mundo real. Pues algo así recuerda a estos primeros números del nuevo universo DC: parece ocurrir en un mundo en el que difícilmente nos puede llegar a interesar lo que vemos, y si lo mejor que nos pueden ofrecer para caracterizar bien a los personajes es la bochornosa escena de "Jo, papá, ¿no vas a venir nunca a verme jugar al football?" entonces es que tenemos un problema.

Si la jugada es en general, como sospechamos algunos, intentar atraer a los comics a los que generan actualmente ese 95% de ganancias, no creo que sea la estrategia más sensata, porque sencillamente no creo que ni de la forma anterior ni con ésta se conviertan en consumidores de comics. El que es lector irá a ver Iron Man 3 aunque no le terminase de gustar la segunda parte, pero el que espectador que vio las películas de X-Men y las disfrutó como películas de acción huirá despavorido cuando vea que tiene que hacer poco menos que un doctorado para entender lo que ha ocurrido en los últimos veinte años en el subuniverso mutante de Marvel.

Sinceramente no sé si el género de superhéroes ha tocado fondo o no, pero en general es cada vez más difícil encontrar algo que valga la pena leer. Como dije antes, parece que todo autor que valga la pena prefiere contar otras cosas por su cuenta, a veces tangencialmente con seres poderoros o sencillamente historias fantásticas y de ciencia ficción, con las que tan estrechamente está emparentado ese género que puede que haya entrado definitivamente en decadencia o sencillamente está cambiando a una forma con la que algunos nos sentimos cada vez menos cómodos. Desde que nacieron las editoriales independientes y el género de superhéroes pasó a ser cada vez menos hegemónico, y los sistemas de distribución mejoraron considerablemente, el tipo de historias se ha diversificado, así que no hay obligación ninguna, como nunca la hubo, de leer historias de superhéroes, o de seguir farragosas continuidades con un espíritu erudito y enciclopédico muchas veces agotador. El que quiere meterse en estos fregados, todo hay que decirlo, es porque quiere.

Otro problema que tienen los comics actualmente es, desde luego, el precio. Se han encarecido extraordinariamente. No olvidemos que hace sólo veinte años los comics normales, los de batalla, apenas si costaban todavía 75 centavos, y que poco después subieron a 1 dólar, y que se imprimían en un papel malísimo, con manchas de tinta y, en general, una pobre impresión. Por eso durante los años ochenta se experimentó con nuevos formatos, se intentó importar con poca fortuna el concepto europeo de novela gráfica hasta adoptarlo a las ediciones prestige, y había unas ediciones en mejor papel llamadas baxter, hoy desaparecidas pues desde la irrupción en el mercado de Image los comics pasaron rápidamente a 1'95, y no han parado de subir hasta ponerse ya entre los 2'99 y los 3'99. Cierto es que la media del lector y comprador de comics ha subido mucho con lo que también tienen un mayor poder adquisitivo, pero no son precios para generar afición, y menos con unos requisitos de entrada como el fanatismo por los personajes y estar dispuesto a estudiarse su historia, que muy poca gente está dispuesta a soportar.

Por último, una cuestión a respecto de los nuevos comics digitales, ya que DC con esta nueva refundación pasa a venderlos en paralelo tanto en papel como en formato digital. No me convence por una sencilla razón, y es que no sólo el formato digital es ridículamente caro en comparación con la copia física en papel, sino que creo que no se entiende el cambio de puede suponer, y además favorecer, las suscripciones baratas digitales. Por un lado, como ya indiqué, estamos en un tiempo de ridícula narrativa descomprimida que ha convertido poco menos que en obsoleto el concepto de número mensual. Eso tenía sentido en los tiempos en que en tres o cuatro números, como mucho, te contaban una historia completa de principio a fin, pero parece que eso ya ha pasado de moda completamente, o sencillamente es que no quieren o no saben hacerlo ya. 52 colecciones nuevas, así, del tirón. Si alguien tiene curiosidad por leerlas todas, se tiene que gastar unos 150 dólares, que no es ningún chiste. Marvel ya ha creado un sistema de tarifa plana mensual en el que se podrán leer todos los comics de catálogo de la editorial cuando los tengan todos digitalizados, o como suelo decir yo de broma por cinco cochinos dólares al mes podrás leer tebeos Marvel hasta que te sangren los ojos. Lo que no es serio es que si uno se compra en digital los doce números de Camelot 3000 le salgan al mismo precio o casi más caro que la edición en tapa dura. Algunas colecciones y series clásicas puede que DC o Marvel no les vaya a sacar demasiado rendimiento en papel, pero si las vende por colecciones completas a un precio redondo malo será que la gente no se las descargue. Tienen un catálogo inmenso que está ahí muerto de risa, y que podrían sacar bajo un nuevo formato.

Creo que ése es el camino, y además por supuesto hay que poner sagas clásicas en abierto para captar nuevos lectores. Desde luego siempre habrá compradores y coleccionistas de comics, eso es innegable, que celebrarán toda cuanta edición especial, muñequito y cachivache aparezca con la sana intención de vaciarles los bolsillos, pero también existe el lector de comics, el que fundamentalmente quiere leer, y además suele querer leer mucho. Los comics en tableta tipo iPad o Android se ven más que aceptablemente bien, ya sea online o por medio de archivos jpg, así que es absurdo no poner a estas alturas la posibilidad, razonablemente barata, de que el devorador de comics pueda saciar su vicio tanto de comics nuevos como de catálogo, a un precio más que razonable, y aunque consistiera en hacerse la competencia a uno mismo por medio de ese nuevo formato mejor eso que perder clientes. La cuestión es ésa: leerlos. Si luego quieres tener figuritas y ediciones especiales, o las colecciones guardadas en plástico y cajas especiales, pues también te proporcionaremos tu droga favorita, no te preocupes.

En definitiva sobre el nuevo universo DC, que aún tenemos que esperar un poco para ver si es sólo una nueva vuelta de tuerca a los personajes, o un desastre cocinado mal y a toda prisa donde cada uno de los personajes clásicos ha sido substituido por su correspondiente poochie.

-SuperSantiEgo

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23.10.11

Relato: Ellos gritaron mi nombre


Relato bastante meditado desde hace algún tiempo. Editado en Feedbooks de manera que se puede leer en epub, en un Kindle o en un pdf si sigue siendo muy vicioso de la celulosa. La imagen elegida como cubierta, como verá el que lo lea, sí que se puede entender que tiene cierta relación con el contenido.

El relato tiene unas 7800 palabras, y luego el que sea muy vicioso puede leer el comentario que escribí, de 3300 palabras.

Hala, circulando, que aquí no hay más que contar.

Ah, también le he metido una revisión a La puerta al fondo del pasillo. Ahora acaba igual que antes.

-SuperSantiEgo

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17.10.11

Libro: Maldito karma, de David Safier

Los más curtidos del blog recordarán que en este bloj familiar no es ésta la primera vez que se habla de una novela que trata sobre la reencarnación. Hace no mucho hablamos de la novela china La vida y la muerte me están desgastando, de Mo Yan, y los muy veteranos recuerden incluso el comentario que hice sobre Tiempos de arroz y sal.

De algo parecido va esta novela alemana de un hasta ahora escritor de guiones de televisión, que según cuentan por ahí ha vendido más de un millón de ejemplares en su país natal, y que se ha convertido también en un bercele en otros países europeos. De hecho la primera cosa que nos debe hacer sospechar es que bueno, lo que se dice bueno del libro, no oiremos gran cosa, aparte de que es eso, un bercele que ha vendido mucho y que es "muy divertido".

Siguiendo la costumbre de este blog que últimamente se está imponiendo, haremos una crítica doble o en cierto modo posmoderna. ¿El libro es bueno según qué criterios y bueno para quién?

Desde luego, para mí no. Lo único que se le puede agradecer es que sea corto, porque efectivamente se lee rápido y no sufre uno demasiado. Ésta sin embargo es una de las cualidades que mucha gente espera de un título, que se lea rápido, sin ninguna dificultad, que apele en todos los aspectos, desde el argumento hasta la forma llanota en la que está escrito, a todos los mínimos común denominadores de la actual literatura de fácil y de rápido consumo, hacer caja y pasar al siguiente lo más rápido posible. Todo en el libro y en su factura se orientan a ese objetivo de crear un producto fácil de digerir, de rápida lectura y que además deje en buena parte de los lectores la impresión de que han leído un libro de cierto calado moral o ético, cuando en realidad, si me lo permitís, la misma idea de que esto merezca esa impresión es que es de echarse a reír pero un buen rato. En fin: tengamos en cuenta que vivimos en un mundo en el que Paulo Coelho y Zafón venden libros como churros, así que todo puede ocurrir.

La protagonista de la novela es Kim Lange, el típico personaje femenino insubstancial, marisabidilla y un poco repelente que viene a ser el molde en el que se miran todas las heroínas de la llamada chick lit, en este caso variante mística oriental. Aunque los autores de este subgénero suelen ser casi todas mujeres, más de uno ha hecho notar que David Safier replica perfectamente los resortes del género. Qué queréis que os diga: algo muy malo debe estar pasando en nuestra civilización para que buena parte de la población tenga como heroína existencial a Bridget Jones y no al señor Meursault. Este tipo de personaje se erige, por definición, como un Canon Sue: personaje al que le tienen que pasar cosas buenas porque sí, porque él lo vale, caprichoso y en la mayor parte de las ocasiones bastante desagradable. Os preguntaréis que quién quiere identificarse con un personaje así, y yo os responderé que en esta sociedad narcisista, mucha gente. Kim es físicamente no espectacular pero resultona, tiene un buen trabajo como presentadora de televisión, y está casada con un hombre ideal que es definido como parecido a Brad Pitt, y una niña preciosa de cinco años completa el cuadro familiar. Sin embargo es una trepa en su profesión, no ha dudado en poner zancadillas y dar puñadas para llegar a donde está y además de no ser una madre demasiado solícita ha engañado a su marido, tan buenazo él como amo de casa. Precisamente vuelve a hacerlo con otro presentador que es todo un chulazo el mismo día que le dan un premio, el mismo día que muere porque al asomarse al balcón de su hotel el resto de una estación espacial rusa la volatiliza.

Como de momento la memoria no me falla no pude sino acordarme de una de esas series raras que empecé a ver por casualidad, y que no las vio ni el tato, en este caso Dead like me, donde en el primer capítulo la protagonista, que a partir de entonces ejercería como recolectora de almas, la palmaba precisamente por culpa de una tapa de inodoro que caía, efectivamente, de una nave espacial rusa.


Tampoco es que diga que es un plagio ni nada, pero no sé, se parece demasiado y no puedo evitar recordar que el autor hasta ahora ha sido guionista de televisión. Al poco de empezar la novela muere la protagonista, pero eso ya lo esperábamos porque hemos leído la solapa y porque todo el mundo sabe de qué va la novela. La protagonista tendrá pues que ir reencarnándose en varios seres y, como le explica el mismo Buda, que se le aparece, ir "ganando karma" (como si recolectara moneditas en un videojuego, vamos), para reencarnarse en una persona y acceder al nirvana. Parecido a las dos novelas que he mencionado antes, podríamos decir, pero ni por asomo.

Desde el punto de vista formal, a ver si os suena: aunque la novela podría estar sin demasiado problema escrita sin más que alguna línea en blanco para separar un poco la acción, se divide en los famosos minicapítulos de la bien conocida como literatura chopped, todo bien cortadito y hecho de retales. Según un mi amigo, los capítulos de este tipo de novelas tienen la longitud exacta para ser leídos en el tiempo medio que un ser humano tarda en plantar un zurullo, lo que define también a este tipo de libros como "literatura de excusado", y llegado el caso, si uno se queda sin papel, cada capítulo tiene el número de páginas adecuado para sacarnos de un apuro, y dada la calidad del libro tampoco sentiremos que estamos cometiendo un crimen de lesa cultura. Además, estamos de nuevo ante un tipo de literatura orientada a objetos. Todas las referencias están claramente orientadas a una llamada al recuerdo ya existente en la mente del lector: referencias a David Hasselhoff, los personajes son descritos por su semejanza a famosos actores, y todo así. No esperéis ninguna referencia a nada más complicado que un programa de televisión o alguna película popular reciente, no vaya a ser que el lector potencial de este tipo de novelas que además quiere cerrar el libro cada noche bien seguro de que está leyendo algo con cierta enjundia moral o religiosa, podría empezar a sospechar que no, ni de lejos, o que el malvado autor es un maleducado que insinúa que sabe algo que él no. Por si fuera poco, los párrafos son todos mínimos, y algunos de ellos apenas si ocupan una línea y están compuestos por una frase.

Como en una novela de Corín Tellado.

Ya sabéis a lo que me refiero.

Por tanto, como uno puede esperar, y dado que no tiene muchas páginas y que además nos lo venden en un tipo de letra bastante grande, se lee en poco más que un rato. Eso sí: tiene un montón de capítulos, así que parece que cuenta mucho pero no, ni de lejos.

Si algo puede definir a esta novela es sin duda la palabra frivolidad. Es frívola desde todos los aspectos, desde el puramente formal al mismo tratamiento superficial de una religión y de todo lo que plantea. Desde su primera reencarnación Kim se verá ayudado por Casanova, que lleva unos doscientos años sin levantar cabeza y sin ascender en la escala del karma. Tal como lo plantea el autor todo esto no sólo es de una sencillez insultante que como ya digo recuerda a recoger puntos en un videojuego para ganar "una vida extra", sino que además es... pues eso, totalmente frívolo, como el mismo personaje que en todo momento se mueve por el puro capricho, y no medita apenas sobre su vida y sobre cómo ha llegado a su situación. Parece que lo hace, pero todo no es sino la rabieta del que quiere seguir vivo y volver a recuperar su vida, aunque sea forzando el argumento totalmente, y dedica el mismo tiempo a pensar en volver con su amada hijita que a las fantasías de volver a sentir el empuje varonil del chulazo televisivo que fue su último amante. El budismo es, por cierto, la extinción del deseo, pero bueno, sólo por recordarlo.

Primero es una hormiga, luego un conejillo de indias, una ternera, un perro... Lo que no entiende uno es muy bien dónde está el humor, porque las ocurrencias son tan manidas y previsibles como una película mala de hace mil años. Su obsesión es volver con su familia, pero todo es muy forzado, sobre todo con algunas chorradas que hace ella como perra y Casanova como gato para evitar que la que fue su mejor amiga se case con el que fue su marido. Porque ésa es otra: la novela en algunos aspectos lo tiene todo. Kim y ésa su mejor amiga fueron de adolescentes a un viaje a Venecia, donde ella conocería a su futuro marido, y la versión que da de los italianos sobones, casi violadores y de navaja fácil no puede ser más tópica al límite de lo ofensivo, sólo para que el sosias de Brad Pitt pueda hacer el rescate heroico y Kim quede prendada del chico. Literatura de calidad, como veis. Esta amiga se queda embarazada y termina abortando, y después de los otros dos casarse casi le levanta al marido a su amiga en un amago de polvete, con lo que la amistad queda rota, y una vez muerta Kim la atractiva rubiaca se cierne sobre el desprevenido viudo cual aguilucho lagunero sobre ratoncillo desprevenido. Sí, alguna vez Kim reflexiona sobre si quizá no fue del todo buena en su vida y que quiere volver a abrazar a su pequeña, pero lo que le jode, lo que de verdad la jode, es que su anterior amiga se vaya a pinchar a su marido. El autor sabe muy bien cuál es su público.

Después de un par de ridiculeces más que hacen que la rueda de la vida y de las encarnaciones parezca más que nada La Ruleta de la Fortuna, Kim gana bastante karma para pasar al nirvana. No es que a mí me importe un pito el nirvana, el budismo y su teología, pero la frivolidad y ramplonería con el que trata todo eso es realmente insultante desde el más elemental punto de vista de respeto por la inteligencia. Pero Kim dice que no, que no quiere hacerse una con el todo como los buenos perritos calientes y que quiere volver a la Tierra.

Pausa. Veamos lo siguiente:


Yo creía que era a ésta película a lo que me recordaba, pero no, aunque ésa me hizo cierta gracia en realidad era esta otra protagonizada por Warren Beatty, El cielo puede esperar:


Tampoco está mal que el argumento de esta novela nos recuerde a cosas ya vistas, al fin y al cabo es inevitable pues ya hay muchas novelas y películas sobre gente que va al cielo y vuelve y cosas así, pero es que parece como si al autor le importase bien poco que se notase o no. También podría uno pensar que se citaría lo que es un bodhisattva en el budismo, pero para qué, sería pedirle peras al olmo.

Por tanto Kim coge una rabieta, rechaza el nirvana y convence a Buda para que le deje poseer el cuerpo de una mujer que acaba de fallecer. Y que resulta ser una gordísima diabética. Pronto se da cuenta de que, por mucho que lo intente, no puede explicar a nadie lo que le ha pasado ni quién es en realidad, porque se pone a canturrear. Afortunadamente, lo que son las casualidades, termina de señora de la limpieza de su antiguo amante, el chulazo televisivo, al que le explica cómo hacer un programa buenísimo, con lo que él descubre que lo que realmente le gustan las gordas, mira por dónde. Si todo esto se tratase con ironía y cachondeo, pues tendría gracia, pero sencillamente no, todo es forzado, todo está orientado a satisfacer la nebulosa mental del lector de este tipo de obras y a la Bridget Jones que se supone que hay dentro de toda mujer, gay y heterogay.

Cuando la cosa no cuaja la gorda, que no me explico por qué no empieza a adelgazar, ya que Kim podría no tener un descarado caso de compulsión por comer comida basura como el cadáver que habita, consigue hacerse la niñera de su hija, así por las buenas. Los personajes Canon Sue es lo que tienen: lo digo, lo pienso, y lo pongo en práctica, que el narrador cual providencia divina ya proveerá. En estos momentos se da cuenta de que la vida de su familia casi ha mejorado sin ella: su ex amiga la mala parece que realmente quiere al nada desconsolado viudo, se lleva bien con su madre, que hasta que ella murió fue una alcohólica, y también parece ser una buena madre para la niña, que ya tiene siete años. Eso a Kim parece importarle más bien poco: lo mío, pa mí. El autor conoce a su público y sus necesidades narcisistas.

Entonces es cuando ocurre la escena más absurda de toda la novela, tanto que no sé cuántos kafkas otorgarle porque se sale de la escala del absurdo más ridículo. Pues veréis: Kim planea romper el matrimonio de su otrora amiga y su Brad Pitt (y racionaliza que eso no le dará karma, con dos narices). Entre una de sus ideas geniales le pide a Casanova, que a la sazón es un gato que ronda la ex casa de Kim porque está enamorado de la rubia imponente que se ha casado con su marido, que se lance encima de éste y que... dioses, es que me da vergüenza incluso repetirlo... le haga un chupetón. Y eso es lo que nos cuenta el narrador: que el gato se le lanza al cuello, le muerde (¡?) y le hace un chupetón, con lo que la rubia cuando lo ve entrar con tal muestra de cariño en el pescuezo le monta una buena bronca.

Yaquicemos* esto un poco. ¿Vosotros qué haríais si al entrar en casa, como si fuera un Alien, os saltase a la yugular un gato callejero que, tal como dice el narrador, os muerde en el cuello? ¿Entraríais en casa con un... chupetón gatuno, que además sería de un tamaño más bien ridículo, o por el contrario iríais corriendo a un hospital para que os pusiesen la antitetánica, la antirrábica e incluso la triplevírica ya para estar seguros? Si un gato te muerde, sangras, no te hace un chupetón. Alucinante, el párrafo. Pero eso no es lo peor, no, porque días después la gorda hace algunos avances al Brad Pitt, hasta que consigue pillarlo desprevenido y lo besa justo cuando la rubia los ve. El marido entonces dice algo que es inenarrable, pues la acusa tanto de conspirar contra él por lo del beso, como por el episodio del gato. Es decir: el tipo de repente tiene una intuición genial, se da un tajo imponente con la navaja de Occam y llega a la conclusión... no sé... de que la gorda entrenó a un gato callejero para que le saltase al cuello y le hiciese un chupetón, otra explicación no le veo. Si uno en esos momentos estaba bastante seguro de que estaba leyendo una obra discutible en todos y cada uno de los aspectos formales y de contenido, a partir de entonces ya le queda duda de que estamos ante un caso de extraordinario jetismo literario. Curiosamente, no he visto por ahí a nadie que denuncie tal sinsentido argumental, de diálogo y de la más elemental lógica. La gente, parece, ya ni sufre ni padece.

Despedida la gorda e incapaz de dar con su familia que se ha ido por ahí, recurre de nuevo al chulazo televisivo, que por lo visto no tiene nada mejor que hacer que ayudarla y que se va con ella y el gato a Venecia porque deducen que es allí a donde se han ido. La novela no tiene una maldita descripción ni nada que se le parezca, pero el autor vuelve a meterle otra pulla a los italianos y hace un par de chistes malos sobre la ciudad, sobre la conservación de sus monumentos y sobre que huele mal. Me pregunto si en Italia también habrá sido todo un éxito de ventas o allá se conforman con Mocchia. Kim, ahora la gorda, aprovecha para volver a jincarse al chulazo televisivo, que una cosa es que sepa que a quien realmente quiere es al que fue su marido y otra muy distinta que aquello que ya se deberían estar comiendo los gusanos no lo disfruten los cristianos.

El final es digno de un sainete malo de narices, con la niña subiéndose por un andamio de la iglesia donde se casaron sus padres y la gorda poniéndose en peligro para salvar a su enemiga. ¿Recordáis Corazón, de Edmundo de Amicis? Pues infinitamente peor. Al final reconocen todos a la gorda como Kim y la familia feliz se reúne de nuevo. El gato Casanova muere, y se supone que hace la misma jugada que su amiga, de modo que se hace okupa del cadáver de un gordo y se da a entender que termina dándole grandes cantidades de salami a la rubia divorciada que era el objeto de su deseo. El nirvana también menuda mala follá que se gasta: si lo rechazas... hace que vuelvas al mundo como gordo. Seguro que esto tiene mensaje y todo, pero se me escapa cuál pueda ser.

Decir que la novela es mala es preguntarse también para qué y para quién es mala o podría ser buena. Como ya dije, es absurdo ignorar que vivimos en un mundo donde Paulo Coelho y Zafón son considerados escritores sólo por el hecho de vender millones de libros. Pensar que Goethe escribió en la misma lengua que el autor de esta chorrada lo hace como poco a uno pensar en las muchas ventajas del esperanto. Ahora bien: como producto de mercadotecnia no se puede negar que es impecable, y de ahí su éxito. Posee el equilibrio justo de inanidad, frivolidad y nada absoluta que es irresistible para un público que ni quiere ni puede pasar de leer este tipo de productos facilones que los hace sentir bien consigo mismos, y que adoptan una cierta pátina de intelectualidad o misticismo y que en el fondo no alcanzan muchas veces ni el nivel del más cutre telefime de después del noticiario de la tarde, los famosos telefilmes lacrimógenos y mal hechos que suelen estar "basados en un hecho real".

Por último, una cuestión final, y es que a pesar de la inanidad y frivolidad del producto, parece ser que el autor es un poco capillitas y lo de que la amiga mala abortase hace insinuar que, al final, su reencarnación será todavía más abajo en la escala evolutiva como consecuencia de su acción. Es decir: la novela es la nada absoluta, pero ya de paso deja caer a lo tonto una andanada de su gremio como quien no quiere la cosa. Eso también hace ganar puntos al autor y su engendro, ya lo creo que sí.

Y bueno, así estamos en la República de las Letras, esperando a que lleguen los bárbaros de una vez por todas y acaben con nuestra miseria.

*Vayamos por partes, como decía Jack.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 10:42 PM 4 estupefactos enlaces a esta entrada

2.10.11

Otras cinematografías. Tres ejemplos recientes

Como a todo hijo de Adán, me gusta una buena pinícula hecha a la antigua usanza en Jólibu, pero hay que reconocer por un lado que allí se están durmiendo en los laureles desde hace mucho tiempo y que en otras muchas partes también saben cocer habas y, llegado el caso, hacer una película como Dios manda, y en muchos casos mejor que allá donde se supone que nacen todas las películas. Será también cosa de la globalización, supongo.

En esta ocasión vamos a hablar de tres películas recientes, dos inglesas y una pakistaní, las tres comedias. La comedia, todo lo sabemos, es un género desenfadado, irónico y alegre, que intenta crear en el espectador un estado de ánimo lúdico y divertido. Por eso se pregunta uno cómo Jólibu, que tiene en su haber a realizadores como Ernst Lubitsch, Willy Wilder e incluso Mel Brooks tiene el cuajo de querer presentarnos como innovadoras propuestas de comedia como Resacón en las Vegas o La boda de mi mejor amiga, que están más vistas y gastadas que no sé ni cómo expresarlo. Respecto a la primera, Despedida de soltero con Tom Hanks es más arriesgada, innovadora y gamberra, y ya ha llovido, y respecto a la segunda os la resumo en una frase: "mujer blanca de treinta y tantos fracasada en el amor y los negocios ve peligrar su relación con su mejor amiga que se va a casar, pero termina aprendiendo que el amor se puede compartir, que se merece a alguien mejor que el tipo con el que folla de vez en cuando y además encuentra las fuerzas para volver a arriesgarse en los negocios". Ay, Macarena. Vamos, igualito que El bazar de las sorpresas. La escena clave, suponemos que la más divertida de esa película según guionistas y director, es la de varias mujeres yéndose por la pata abajo todas juntas, en especial una gorda cagando en un lavabo. Manca finezza? Andare al diavolo! No sé exactamente qué, pero esta civilización hay algo que está haciendo muy mal.

También mucho hablar de colas largas, de encontrar cosas nuevas en internet, pero al final el que se promociona y consigue llegar a ser conocido por el público es el que termina llevándose la taquilla. Que te enteres de que una película existe es el primer paso de que algún día la puedas llegar a ver, pero si no sabes ni que existe mal empezamos. Por eso muchas veces uno cuando recupera una película de hace unos años, de la que no se llegó ni a enterar de que existía, se pregunta que por qué vio aquel otro bodriete en vez de aquello. Se supone, o suponía porque creo que cada vez menos gente se lo cree, que las cosas iban a cambiar con el internete, pero cada vez parece más claro que el público es el mismo, los gustos más o menos los mismos y que todo ha cambiado para seguir más o menos igual. Lampedusa sabe cómo funciona el mundo mucho mejor que Edance, pero de largo. Cada uno podrá combatir contra esa tendencia como mejor pueda, pero me parece a mí que sencillamente es que no llega.

La primera comedia de la que voy a hablar es El infiel (2010), británica:


El argumento no puede ser más delirante: un padre de familia anglopakistaní descubre que en realidad es judío y que fue adoptado por una familia musulmana. Para conocer a su padre, muy enfermo, cuenta con la ayuda de un taxista judío estadounidense interpretado por Richar Schiff, el Toby Ziegler de El ala oeste de la Casa Blanca. Las situaciones absurdas se suceden a la vez que se toma con bastante ironía y mala leche a los fundamentalistas islámicos, ya que además su hijo se va a casar con una mujer de una de esas familias. Lo mejor son los chistes étnicos, cuando el taxista le enseña a decir correctamente el "oy vey", una frase en ídish muy común, y todos los equívocos propios de una situación tan disparatada, además de las ironías como si es un crimen de odio que un judío haga chistes sobre judíos. Lo peor, pues quizá la resolución final y la identidad del talibán extremista.

Como dato curioso, el protagonista es Omid Djalili, un conocido comediante británico que no es ni pakistaní ni musulmán. Es de origen iraní y sus padres, y supongo que él también, son bahaístas, una fe derivada del Islam pero escindida de éste. Para que os hagáis una idea reconoció inmediatamente la existencia de Israel y su sede central se encuentra en Haifa.

Dentro de esta onda pero ya un poco más pasado de vueltas estaría la siguiente, Cuatro leones (2010):


Ni más ni menos que varios musulmanes radicales, o eso creen ellos, que quieren montar su propia Al Qaeda particular en el Reino Unido, e incluso dos de ellos parten a Pakistán para ser entrenados como terroristas, y lo que hacen allí tiene un resultado que conoceremos al final de los títulos de crédito. Como en la película anterior la crítica al radicalismo religioso se centra en los personajes, que de tan cerriles resultan casi simpáticos, sobre todo el más puritano de todos... y que se llama Barry. Creen que la yihad, básicamente, es un videojuego, e inmolarse un Epic Win. Claro que, siendo cual es el argumento, y que aun a pesar de ser unos perfectos idiotas en el fondo se toman en serio lo que quieren hacer, el final, aunque sigue presentando algunos toques de comedia delirantes, pues... acaba de forma un tanto triste. Como decía aquel filósofo, la maldad y la estupidez vienen a ser la misma cosa, y yo añadiría que por lo menos se puede uno reír con los estúpidos y los malvados.

Para que os hagáis una idea de algunos de los diálogos de la película, si es que entendéis bareback perfidoalbionés:


Como cuestión negativa, pues que ya me estoy cansando, y mucho, de la cámara saltarina mexicana del sur de Sri Lanka. ¿Podéis dejar de mover la cámara? ¿Es que tenéis Parkinson? Qué manía, puñetas. Respecto al argumento, además de que nos mete el contraste entre los dos hermanos, el integrado fundamentalista y el tradicionalista moderado, resulta muy poco creíble la relación entre Omar, el único medio normal del grupo, y su mujer y su hijo, que parece que apoyan sus ansias de martirio porque sí, y además con lo peligroso que sería contarle a un guaje de cinco años lo que va a hacer su papá, como para que lo vaya contando por ahí.

Por último, Tere Bin Laden (2011), una película pakistaní protagonizada por Alí Zafar, algo así como el Ricky Martin de la zona. 


No os preocupéis: a pesar de que la escena inicial de títulos de crédito tiene una canción, no es una película con múltiples números musicales, como suele ser habitual en la zona. Respecto a los movimientos de cadera de las descocadas bailarinas, y la misma temática y cachondeos varios con los regímenes musulmanes y las costumbres ancestrales de la zona, os podéis imaginar que en Pakistán la película les hizo la misma gracia que les saliera un orzuelo, y su distribución en el país de origen y en los demás países musulmanes ha sido restringida. Supongo que no les sorprendería demasiado.

El protagonista es un guanabí pitiyanki que por un error se ve imposibilitado de viajar al país de sus amores para ser un gran periodista como Clark Kent, así que no le queda más remedio que quedarse en el suyo hasta que se le ocurre la genial idea de disfrazar a un criador de pollos como a Ben Laden y conseguir una exclusiva que lo catapulte al estrellato internacional. Digamos que mala leche no es lo que tiene la película, sino lo siguiente, ya desde la primera escena y los problemas para echar una meada con las ropas tradicionales del país, además de diálogos como "¿Has visto a una mujer con burka?" "No sé. No me suelo fijar en las mujeres con burka". Todos los personajes son una risa: el jefe del protagonista, el locutor de radio revolucionario, la maquilladora, el criador de pollos hablando en árabe... Lo peor, quizá que también tienen que forzar un poco el final y hacerlo un poco flower power para que no desentone con el resto de la película.

Está entera en youtube con subtítulos para los diálogos en urdu, hindi, panyabí y árabe. No tiene pinta de ser una copia pirata, sino la película entera subida para darle mayor difusión, ya que como he dicho antes su distribución ha sido dificultada en medio mundo.


En California siguen haciendo cosas buenas y hay que aprovecharse de ellas, pero también las hay en otras partes del mundo.


Además ayer en el cine nos pusieron este avance de una película, que me estoy pensando muy seriamente ir a ver... por supuesto en 3D:





Delfines, niños, personas discapacitadas, delfines discapacitados, Morgan Freeman... es que lo tiene todo.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 11:42 AM 4 estupefactos enlaces a esta entrada