Libros: Incordie a Jack Barron, de Norman Spinrad
Como comenté hace poco tiempo, a veces el mercado del libro hace cosas
muy raras en España. Bueno, tampoco tan raras, no olvidemos lo de los
"libros sin tapas" de los EEUU para certificar que han sido
destruidos, pero desde luego ocurren cosas poco menos que curiosas. A
veces, se encuentra uno saldos de libros, como en el caso del año
pasado, que en un El Corte Inglés vi libros de saldo de la editorial Factoría de
Ideas, rebajados a una cuarta parte de su valor, cinco luros. Como
sabéis, existe un concepto que se llama precio único del libro, con una
variación de hasta el 5%, así que el libro no se puede rebajar de
precio... pero sí obviamente saldarlo.
Y así fue como el año pasado compré Incordie a Jack Barron, de Norman
Spinrad, novela de 1969 considerada como precursora del cyberpunk y ya
un clásico de la ciencia ficción.
Como pequeño dato filológico,
tenemos que la traducción plantea un pequeño problema hasta cierto punto
irresoluble. El original es Bug Jack Barron, y en principio no tiene
ningún misterio. "Bug" es bicho, y equivale como verbo más o menos a
nuestro "chinchar", que obviamente proviene de chinche. Las chinches
molestan cosa mala, así como las moscas, de donde proviene el verbo
mosquear. Así pues lo lógico hubiese sido Chinche a Jack Barron, o
Mosquee a Jack Barron, pero tanto en la primera traducción de la
editorial Acervo como en la actual se ha optado por Incordie a Jack
Barron, más neutro porque quizá se interpreta que esos verbos son
demasiado coloquiales. Bueno, es una decisión, nadie dijo nunca que
traducir fuera fácil. En francés e italiano se optó por Jack Barron y la
inmortalidad, que aunque no llega al nivel de destripamiento de
argumento de La semilla del diablo, pues se ve un poco como innecesario. Como veis, hay dos traducciones, la de Acervo de hace un montón de años, y la actual. Sólo la segunda recoge el lenguaje procaz en el que se expresan a veces los personajes, mientras que en la primera, supongo que en plena Transición y considerando que la ciencia ficción era consumida sobre todo por adolescentes, se traduce a un lenguaje mucho más neutro, sin tacos y todo mucho más blanco. La nueva traducción, por cierto, también tiene sus detractores. Entre la primera traducción, descafeinada, y la nueva con todos los defectos de las traducciones modernas en las que prima el aprisa, mal y corriendo, que suele ser además marchamo de esta editorial, no ganamos para disgustos.
Pues, si os digo la verdad, no es que me haya entusiasmado gran cosa esta novela. Es curiosa, eso sí.
Se
desarrolla en un futuro cercano a ese año 1969, e incluso se menciona
que va a llegar el nuevo siglo, así que estaríamos hablando de nuestro
pasado. En esa época ya se habían pillado los dedos más de un autor por
poner fechas en ese género, así que en todo caso uno puede elucubrar
sobre en qué año se encuentran. Ya que el protagonista fue un hippie de
Berkeley en sus años mozos, y que se dice que tiene treinta y ocho años,
pues quizá nos encontremos como mucho a mediados de los años ochenta.
Algunas preocupaciones de la época se ven reflejadas: se ha legalizado
el consumo de drogas y se hace una descripción de un anuncio de
cigarrillos de marihuana jocosamente parecido a los de café de Juan
Valdés, y con la lucha por los derechos civiles de los negros tan
reciente parece que los estados del sur se han convertido en un lugar
bastante extraño. Spinrad a ese respecto es un tanto pesimista y parece
que no prevé ni la existencia del Show de Bill Cosby ni a Obama. Otras
previsiones son curiosas, como que hable de un pasado presidente
republicano llamado Reagan, y de un futuro candidado demócrata que es
Teddy el Pretendiente, en clara alusión al último de los Kennedy,
recientemente fallecido para nosotros, mientras que da por muerto a Bob
Dylan, y nosotros sabemos que acaba de cumplir setenta años. Vamos, que
con lo de Reagan acertó de churro, con lo de Dylan falló y con lo de Ted
Kennedy acertó de pleno porque durante muchos años fue el eterno
pretendiente.
Más curioso es lo de los avances tecnológicos. Curiosamente da por
hecho que el teléfono va a evolucionar rápidamente a una versión
combinada de imagen y sonido, el videófono, que es desde hace tiempo un
posibilidad técnica pero que sabemos que no termina de imponerse por
otras cuestiones. Para Spinrad, además, ese videófono es en blanco y
negro, ya sea porque considere que está por evolucionar y tiene que
pasar por una fase monocroma como hizo la televisión, o por el efecto de describir esas
imágenes en blanco y negro superpuestas a la televisión en color que
representa el programa de Jack Barron, y no olvidemos que en esa época la
televisión a color era todavía novedosa en EEUU. El teléfono móvil,
llamado minifono, se considera una tecnología incipiente, y aparece un momento en manos
de Jack Barron. Naturalmente, todo se hace con cintas, se supone que magnéticas, y hay un momento en el que Barron envía una grabación por vía telefónica y tarda noventa segundos en comprimirla.
En todo caso el protagonista tecnológico en la novela es la
televisión, y el carismático presentador Jack Barron, un ex hippie que
ayudó a fundar el tercer partido político del país, la CJE, y que una
vez por semana protagoniza un programa de llamadas, Incordie a Jack
Barron, en la que la gente llama y explica lo que le molesta. Las
audiencias son extraordinarias, así que Jack Barron está
muy bien pagado y goza de fama e influencia. No sé si hay casos
anteriores, pero parece un ejemplo temprano de lo que es un personaje
reconocible como arquetipo de algunas novelas futuristas o que
transcurren en la actualidad, y que presentan a un carismático
comunicador, como Spider Jerusalem en Transmetropolitan, el locutor de
radio en El quinto elemento y tantos otros. Network (1976), y su locutor
iluminado, también nos puede acudir a la memoria.
Sin embargo, no esperemos encontrar una crítica a los medios de
comunicación, a la manipulación y al poder de las grandes cadenas.
Barron es un manipulador, cierto, y probablemente exagera las historias
de los que lo llaman buscando siempre las más lacrimógenas y ñoñas, pero
nada más. Viene a ser algo así como El Diario de Patricia y no parece
que llegue a los niveles de la peruana Laura Bozzo. Si Spinrad intuyó la telebasura, se quedó muy corto.
El otro elemento que nos sitúa en el futuro es la criogenización de
cadáveres y su posterior resurrección para llevar una vida inmortal: la
criónica. Un futuro para ellos, claro, ya que la moderna idea de
criogenizar cadáveres para revivirlos en el futuro data de 1962, con lo
que como quien dice Spinrad está tratando algo que era de absoluta
actualidad en ese momento. La Fundación para la Inmortalidad Humana en esa
época se supone que ha alcanzado una gran influencia, y el que más y el
que menos tiene idea de que, si se lo puede costear, se criogenizará
para evadir a la muerte y esperar a los tratamientos de inmortalidad en
los que está investigando esa fundación, liderada por el ominoso Benedict
Howards, mientras crece el debate sobre si la criónica debe ser sólo
para el que se la pueda pagar o por el contrario debe ser nacionalizada.
Hay un detalle que llama la atención, y es que según Spinrad parece
que todo el mundo ha aceptado ya que después de la muerte como mucho hay
un fundido en negro y se acabó el espectáculo, así que la idea de
criogenizarse está aceptada por todo el mundo. No sólo sabemos que eso no ha
ocurrido ni de lejos y que es una práctica a la que se somete muy poca
gente y más bien un tanto excéntrica, sino que además en la novela no hay ni una sola referencia a la
religión. ¿Qué pasa, que todo el mundo se ha hecho ateo de la noche a la
mañana? ¿No hay líderes religiosos diciendo que todo es una abominación y que la verdadera vida empieza después de la muerte?
Bueno, al menos ahí Spinrad toma una decisión y la mantiene:
simplemente es una cuestión que no aparece nunca, así que es respetable
como argucia literaria. Sencillamente, no se dice nada. A mí me vale, pero que conste que se ve el truco a la legua. Sobre que la novela sea muy cínica... no tanto si pensamos que a la primera oportunidad el protagonista encuentra el camino recto y decide enfrentarse al mal y al Sistema. Habría sido realmente cínica si, a pesar de todo, llegase a la conclusión de que mientras él consiga lo suyo, y caiga el que caiga, todo le da igual.
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| Los he visto más sutiles |
Desde el principio ya empieza uno a mosquearse cuando el que va a ser el antagonista de Barron, Howards, después de leer el informe que le traen de él, hace un extraño psicoanálisis a distancia tanto de Barron como de la que entonces es su ex mujer, y trama un plan un poco de pata de banco, que milagrosamente funciona. A partir de ahí el enfrentamiento entre los dos viene a ser más un medírsela a ver quién la tiene más grande que otra cosa, porque casi empieza como una riña entre adolescentes que va tomando cada vez un cariz más dramático, más o menos a ver quién es más cazurro. A mí me resultó bastante poco creíble toda la relación entre los tres personajes principales, y la trama de ocultación de la inmortalidad y de su concepto de suma cero en la que unos deben morir para que otros vivan no sólo me pareció previsible, sino además no muy bien llevada. Por si fuera poco en esa etapa la ciencia ficción con la nueva ola y las visiones peligrosas intentaba justificarse como literatura de calidad, y hay algunos intentos de monólogo interior o flujo de consciencia, que son totalmente superfluos respecto al tono de la novela y su estructura, así que como mucho queda para hacerse un poco el moderno, y resulta hasta pesado. Sencillamente no pega.
Así que no puedo decir que me haya entusiasmado, pero oye, es una lectura interesante y un estadio a tener en cuenta en la evolución de un género.
En el epílogo final de esta edición Moorcok nos regala una autolamida de glande en toda regla escrita en 1999, y en la que nos aclara, por si no lo conociésemos ya de largo, que está completamente encantado de haberse conocido, y de tiene que llevar su ego en carretilla.
Aquí tenéis a Spinrad hablando sobre la anunciada adaptación en película de esta novela, que dudo mucho que se llegue a hacer por más de una razón.
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria


































