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27.5.11

Libros: Incordie a Jack Barron, de Norman Spinrad

Como comenté hace poco tiempo, a veces el mercado del libro hace cosas muy raras en España. Bueno, tampoco tan raras, no olvidemos lo de los "libros sin tapas" de los EEUU para certificar que han sido destruidos, pero desde luego ocurren cosas poco menos que curiosas. A veces, se encuentra uno saldos de libros, como en el caso del año pasado, que en un El Corte Inglés vi libros de saldo de la editorial Factoría de Ideas, rebajados a una cuarta parte de su valor, cinco luros. Como sabéis, existe un concepto que se llama precio único del libro, con una variación de hasta el 5%, así que el libro no se puede rebajar de precio... pero sí obviamente saldarlo.

Y así fue como el año pasado compré Incordie a Jack Barron, de Norman Spinrad, novela de 1969 considerada como precursora del cyberpunk y ya un clásico de la ciencia ficción.

Como pequeño dato filológico, tenemos que la traducción plantea un pequeño problema hasta cierto punto irresoluble. El original es Bug Jack Barron, y en principio no tiene ningún misterio. "Bug" es bicho, y equivale como verbo más o menos a nuestro "chinchar", que obviamente proviene de chinche. Las chinches molestan cosa mala, así como las moscas, de donde proviene el verbo mosquear. Así pues lo lógico hubiese sido Chinche a Jack Barron, o Mosquee a Jack Barron, pero tanto en la primera traducción de la editorial Acervo como en la actual se ha optado por Incordie a Jack Barron, más neutro porque quizá se interpreta que esos verbos son demasiado coloquiales. Bueno, es una decisión, nadie dijo nunca que traducir fuera fácil. En francés e italiano se optó por Jack Barron y la inmortalidad, que aunque no llega al nivel de destripamiento de argumento de La semilla del diablo, pues se ve un poco como innecesario. Como veis, hay dos traducciones, la de Acervo de hace un montón de años, y la actual. Sólo la segunda recoge el lenguaje procaz en el que se expresan a veces los personajes, mientras que en la primera, supongo que en plena Transición y considerando que la ciencia ficción era consumida sobre todo por adolescentes, se traduce a un lenguaje mucho más neutro, sin tacos y todo mucho más blanco. La nueva traducción, por cierto, también tiene sus detractores. Entre la primera traducción, descafeinada, y la nueva con todos los defectos de las traducciones modernas en las que prima el aprisa, mal y corriendo, que suele ser además marchamo de esta editorial, no ganamos para disgustos.

Pues, si os digo la verdad, no es que me haya entusiasmado gran cosa esta novela. Es curiosa, eso sí.

Se desarrolla en un futuro cercano a ese año 1969, e incluso se menciona que va a llegar el nuevo siglo, así que estaríamos hablando de nuestro pasado. En esa época ya se habían pillado los dedos más de un autor por poner fechas en ese género, así que en todo caso uno puede elucubrar sobre en qué año se encuentran. Ya que el protagonista fue un hippie de Berkeley en sus años mozos, y que se dice que tiene treinta y ocho años, pues quizá nos encontremos como mucho a mediados de los años ochenta. Algunas preocupaciones de la época se ven reflejadas: se ha legalizado el consumo de drogas y se hace una descripción de un anuncio de cigarrillos de marihuana jocosamente parecido a los de café de Juan Valdés, y con la lucha por los derechos civiles de los negros tan reciente parece que los estados del sur se han convertido en un lugar bastante extraño. Spinrad a ese respecto es un tanto pesimista y parece que no prevé ni la existencia del Show de Bill Cosby ni a Obama. Otras previsiones son curiosas, como que hable de un pasado presidente republicano llamado Reagan, y de un futuro candidado demócrata que es Teddy el Pretendiente, en clara alusión al último de los Kennedy, recientemente fallecido para nosotros, mientras que da por muerto a Bob Dylan, y nosotros sabemos que acaba de cumplir setenta años. Vamos, que con lo de Reagan acertó de churro, con lo de Dylan falló y con lo de Ted Kennedy acertó de pleno porque durante muchos años fue el eterno pretendiente.


Más curioso es lo de los avances tecnológicos. Curiosamente da por hecho que el teléfono va a evolucionar rápidamente a una versión combinada de imagen y sonido, el videófono, que es desde hace tiempo un posibilidad técnica pero que sabemos que no termina de imponerse por otras cuestiones. Para Spinrad, además, ese videófono es en blanco y negro, ya sea porque considere que está por evolucionar y tiene que pasar por una fase monocroma como hizo la televisión, o por el efecto de describir esas imágenes en blanco y negro superpuestas a la televisión en color que representa el programa de Jack Barron, y no olvidemos que en esa época la televisión a color era todavía novedosa en EEUU. El teléfono móvil, llamado minifono, se considera una tecnología incipiente, y aparece un momento en manos de Jack Barron. Naturalmente, todo se hace con cintas, se supone que magnéticas, y hay un momento en el que Barron envía una grabación por vía telefónica y tarda noventa segundos en comprimirla.

En todo caso el protagonista tecnológico en la novela es la televisión, y el carismático presentador Jack Barron, un ex hippie que ayudó a fundar el tercer partido político del país, la CJE, y que una vez por semana protagoniza un programa de llamadas, Incordie a Jack Barron, en la que la gente llama y explica lo que le molesta. Las audiencias son extraordinarias, así que Jack Barron está muy bien pagado y goza de fama e influencia. No sé si hay casos anteriores, pero parece un ejemplo temprano de lo que es un personaje reconocible como arquetipo de algunas novelas futuristas o que transcurren en la actualidad, y que presentan a un carismático comunicador, como Spider Jerusalem en Transmetropolitan, el locutor de radio en El quinto elemento y tantos otros. Network (1976), y su locutor iluminado, también nos puede acudir a la memoria.

Sin embargo, no esperemos encontrar una crítica a los medios de comunicación, a la manipulación y al poder de las grandes cadenas. Barron es un manipulador, cierto, y probablemente exagera las historias de los que lo llaman buscando siempre las más lacrimógenas y ñoñas, pero nada más. Viene a ser algo así como El Diario de Patricia y no parece que llegue a los niveles de la peruana Laura Bozzo. Si Spinrad intuyó la telebasura, se quedó muy corto.

El otro elemento que nos sitúa en el futuro es la criogenización de cadáveres y su posterior resurrección para llevar una vida inmortal: la criónica. Un futuro para ellos, claro, ya que la moderna idea de criogenizar cadáveres para revivirlos en el futuro data de 1962, con lo que como quien dice Spinrad está tratando algo que era de absoluta actualidad en ese momento. La Fundación para la Inmortalidad Humana en esa época se supone que ha alcanzado una gran influencia, y el que más y el que menos tiene idea de que, si se lo puede costear, se criogenizará para evadir a la muerte y esperar a los tratamientos de inmortalidad en los que está investigando esa fundación, liderada por el ominoso Benedict Howards, mientras crece el debate sobre si la criónica debe ser sólo para el que se la pueda pagar o por el contrario debe ser nacionalizada.

Hay un detalle que llama la atención, y es que según Spinrad parece que todo el mundo ha aceptado ya que después de la muerte como mucho hay un fundido en negro y se acabó el espectáculo, así que la idea de criogenizarse está aceptada por todo el mundo. No sólo sabemos que eso no ha ocurrido ni de lejos y que es una práctica a la que se somete muy poca gente y más bien un tanto excéntrica, sino que además en la novela no hay ni una sola referencia a la religión. ¿Qué pasa, que todo el mundo se ha hecho ateo de la noche a la mañana? ¿No hay líderes religiosos diciendo que todo es una abominación y que la verdadera vida empieza después de la muerte? Bueno, al menos ahí Spinrad toma una decisión y la mantiene: simplemente es una cuestión que no aparece nunca, así que es respetable como argucia literaria. Sencillamente, no se dice nada. A mí me vale, pero que conste que se ve el truco a la legua. Sobre que la novela sea muy cínica... no tanto si pensamos que a la primera oportunidad el protagonista encuentra el camino recto y decide enfrentarse al mal y al Sistema. Habría sido realmente cínica si, a pesar de todo, llegase a la conclusión de que mientras él consiga lo suyo, y caiga el que caiga, todo le da igual.

Los he visto más sutiles
Lo que sí que no me parece bien es la endeblez de los personajes principales. Porque Barron está al borde de ser un personaje un poco Mary Sue, sobre todo porque no se nos explica nada bien la fascinación que todo el mundo siente por él, y que yo, todo sea dicho, soy incapaz de sentir o de comprender. La novela también se ha tildado de machista, y la verdad es que no me extraña, sobre todo siendo de una época tan sensible en ese aspecto, y más cuando el mismo Spinrad siempre se ha definido a sí mismo como un hippie anarquista. Porque el personaje de la mujer de Barron da un poco de vergüenza ajena, de tan enamorada y sumisa que es ante la figura masculina que le tiene sorbido el seso, así como según parece le ocurre a todas las demás hembras que se cruzan en su camino. Barron en principio es un hippie que parece que ha traicionado sus ideales y que se dedica a la buena vida, pero a la mínima oportunidad se convierte en héroe. A mí no me cuadra en absoluto. Como la época era la que era, y la novela fue serializada en la revista británica New Worlds, a la sazón dirigida por Michael Moorcok y financiada en parte por el Arts Council, y como se atrevía a hablar descarnadamente de la política e incluso incluía alguna pequeña descripción sexual, pues se montó un pequeño escándalo e incluso una cadena de librerías se negó a distribuirla por considerarla pornográfica. Leído más de cuarenta años después y como ya estamos un poco de vuelta de todo, casi da risa. Dentro de un género que en esos momentos quería alcanzar la madurez literaria y en el que esos desplantes todavía tenían justificación, se entiende, pero dentro del marco general de la literatura anda que no se habían escrito ya cafradas de todo tipo.

Desde el principio ya empieza uno a mosquearse cuando el que va a ser el antagonista de Barron, Howards, después de leer el informe que le traen de él, hace un extraño psicoanálisis a distancia tanto de Barron como de la que entonces es su ex mujer, y trama un plan un poco de pata de banco, que milagrosamente funciona. A partir de ahí el enfrentamiento entre los dos viene a ser más un medírsela a ver quién la tiene más grande que otra cosa, porque casi empieza como una riña entre adolescentes que va tomando cada vez un cariz más dramático, más o menos a ver quién es más cazurro. A mí me resultó bastante poco creíble toda la relación entre los tres personajes principales, y la trama de ocultación de la inmortalidad y de su concepto de suma cero en la que unos deben morir para que otros vivan no sólo me pareció previsible, sino además no muy bien llevada. Por si fuera poco en esa etapa la ciencia ficción con la nueva ola y las visiones peligrosas intentaba justificarse como literatura de calidad, y hay algunos intentos de monólogo interior o flujo de consciencia, que son totalmente superfluos respecto al tono de la novela y su estructura, así que como mucho queda para hacerse un poco el moderno, y resulta hasta pesado. Sencillamente no pega.

Así que no puedo decir que me haya entusiasmado, pero oye, es una lectura interesante y un estadio a tener en cuenta en la evolución de un género.

En el epílogo final de esta edición Moorcok nos regala una autolamida de glande en toda regla escrita en 1999, y en la que nos aclara, por si no lo conociésemos ya de largo, que está completamente encantado de haberse conocido, y de tiene que llevar su ego en carretilla.

Aquí tenéis a Spinrad hablando sobre la anunciada adaptación en película de esta novela, que dudo mucho que se llegue a hacer por más de una razón.


-SuperSantiEgo

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24.5.11

Hablemos en serio por una vez de un diseño práctico y funcional de las instituciones democráticas.

Yo, de momento, creo que se están pasando con las externalizaciones.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 12:22 AM 0 estupefactos enlaces a esta entrada

9.5.11

"¿Y vosotros qué pensáis?"

No deja de ser curioso cómo algunos blogueros que proclaman el fin del periodismo tradicional, y que ellos y sus amigos son el futuro, a la hora de la verdad no hagan sino practicar una forma de informacionismo cobarde y pueril en el que por medio de pequeñas píldoras de supuesta sabiduría apelan ni más ni menos que a su audiencia, a la que tan bien conocen, para que ésta dé vía libre a su bilis, a la exhibición de su empoderamiento vulgar y de su ignorancia, de la que se sienten tan orgullosos, y que ellos y sus líderes proclaman como único futuro posible. Porque ellos aman la "democracia". La oclocracia, más bien.

El recurso es simple: pequeñas entradas con anécdotas polémicas que permitan crear hombres de paja para ensañarse, y practicar la sana costumbre del apedreo. Se proclama el deseo de contribuir al conocimiento y al debate, pero en el fondo a lo que se apela es a la descarga emocional y sobre todo al motín, a la revuelta. Toda discusión prolongada se evita tanto para no aburrir al personal, que ya sabemos que "no presta demasiada atención" y no la mantiene más allá de un par de minutos, y sobre todo para no expresar ninguna opinión fuerte sobre nada, salvo contadas ocasiones. Simplemente hay que plantar la semilla y hacer una breve y sutil indicación de hacia dónde van los tiros, del mismo modo que en la tierra una pequeña hendidura es aprovechada por la lluvia para crear un cauce. Así se permite que la gente se explaye en los comentarios y se le da pie con nuestra perla de sabiduría, nuestra cita sacada fuera de contexto o lo que sea, y que de este modo el respetable se exprese de forma tajante excluyente todas las burradas que llevan dentro. El "debate" se convierte en incendio. "Construir juntos el conocimiento", en demagogia distribuida. Esta forma de pseudointelectual bloguero prefiere, más que exponer sus opiniones, si es que las tiene, escudarse en las opiniones de los demás, que manipula y dirige. "¿Y vosotros que pensáis?", suelen preguntar muchas veces. Pues verás: lo que pienso yo ya lo sé, y se supone que si visito ese blog es para ver lo que piensa otro, no para hacerle yo el trabajo y después, involuntariamente, contribuir a su circo.

Toda opinión meditada o que intente tomar una postura razonable es catalogada de disidente, de tibia o sencillamente irrelevante. Cualquier apelación a un conocimiento justificado y real sobre la cuestión a tratar es identificada como elitismo y prepotencia, en contraposición a la verdad cristalina que surgirá del pueblo sólo con que se le deje tratar la cuestión de forma radical, pura y sin prejuicios académicos de ningún tipo. Proclamamos la excelencia de la discusión intelectual por medio de un declarado anti intelectualismo. Doblepensar en estado puro, y manufacturación del consenso: cuanto más se supone que se alienta el "debate" menos cortapisas se pone a los que intentan monopolizarlo con violencia verbal, con opiniones de blanco o negro y recomendando a los que quieran disentir realmente que se vayan haciendo a la idea de que donde mejor están es en la espiral del silencio.

Tampoco es que la mayéutica sea una mala tradición filosófica, de hecho es una de las más nobles al hacer las preguntas correctas que lleven a la verdad a la que cualquiera puede ser guiado. Lo malo es que esto es el lado oscuro de la mayéutica: hacer las preguntas de forma tendenciosa, presentar casos absurdos e irreales que solivianten a las mentes impresionables, o el "ahí dejo eso" para provocar la mala uva y el despiporre.

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7.5.11

Libros: The Battle of Dorking, de Sir George Tomkyns Chesney, y El círculo de Farthing, de Jo Walton

El círculo de Farthing es una ucronía clásica, y además dentro del subgénero "y si los nazis..." Dentro de las ucronías contemporáneas las que dan más morbo son precisamente las que presentas líneas temporales divergentes en la Segunda Guerra Mundial, y en las que la Alemania de Hitler o bien gana o bien no pierde y se llega a algún tipo de armisticio, con las consecuencias que se suelen explorar en ese tipo de relatos. De hecho las ucronías nazis se han convertido en un subgénero dentro de las ucronías, y curiosamente con gran abundancia de autores ingleses, o en este caso canadiense, que ya sabemos que hay buen rollito familiar. Hay incluso un premio especial para las historias alternativas.

En este caso el punto de divergencia con la historia tal como la conocemos es la operación de Rudolf Hess del diez de mayo de 1941, con su misteriosa misión para llegar a algún tipo de acuerdo con los británicos y que los ejércitos alemanes no tuviesen que luchar en varios frentes. Pues según esta novela, la operación tuvo éxito, unos políticos ingleses llegaron a la opinión de que era la mejor opción y consiguieron echar del gobierno a Churchill con una moción de censura, para luego pasar a detener la guerra y alcanzar lo que se llamó la Paz Honorable.

Ocho años después el círculo de políticos que consiguió esa paz, conocido como el Círculo de Farthing por reunirse en la finca de tal nombre (farthing significa cuartro de penique) tiene un encuentro informal en el que tratar varios asuntos, y al que asiste la hija de uno de sus miembros, casada con un judío. Tal como se nos explicará en la novela, la persecución a los judíos continúa, y hay discusiones sobre si realmente los están eliminando o no. El Reino Unido corre el riesgo de convertirse, poco a poco, en un país de tendencias fascistas, a la vez que los judíos empiezan a sospechar que algunas medidas de la Europa continental se les empiecen a aplicar también a ellos, con lo que tienden a emigrar a otras partes del mundo. Hitler está a punto de visitar Inglaterra para el estreno de una ópera de Wagner y en los EEUU, que ha prohibido la inmigración de judíos, el presidente Lindbergh recibe al emperador del Japón, Hiro Hito; esto es claramente un homenaje a la novela La conjura contra América, de Philip Roth, en la que se narra cómo en 1940 Lindbergh, admirador de Hitler, al que siempre quisieron tentarlo con la política, vence a Roosevelt y se convierte en presidente de los Estados Unidos. En la prensa, se habla de la continua guerra que siguen manteniendo los soviéticos y los nazis, y cómo la localidad de Kurks cambia continuamente de manos. Churchill, en la oposición, es cada vez menos escuchado.

Durante esa reunión, aparece muerto el político que había acompañado a Hess de vuelta a Alemania para negociar la paz con Hitler, y que se esperaba que alcanzase un alto cargo en el gobierno que sin duda iba a endurecer la política británica. Porque la novela es, en buena medida, eso, una novela de misterio y resolución de un asesinato. Los capítulos en primera persona por parte de la hija del político, y los de en tercera persona que siguen las indagaciones de los policías, se van alternando mientras vamos sabiendo más de esa realidad alternativa. La verdad es que como novela es un poco flojilla, aunque se deja leer sin demasiados problemas. Además el final desilusiona bastante, y sinceramente me importa bastante poco quién y por qué mataron a ese señor, cuando lo que a uno le da morbo es saber cosas de esa realidad alternativa de la que no se cuenta demasiado. De hecho obviamente me recordó mucho a Fatherland, novela que no he leído, pero sí he visto su adaptación cinematográfica, en la que el imperio nazi, Germania, domina Europa en los años sesenta del s XX y Rutger Hauer de la Gestapo empieza a investigar qué es lo que realmente ha pasado con los judios.


El círculo de Farthing falla en un aspecto crucial, y es la parte narrada en primera persona por la joven inglesa casada con un judío, porque estamos antes los peores vicios de la chick lit, literatura de chicas. Me importa bien poco que diga que esté engordando, lo que viste, la más que vista relación con su mandona madre y sobre todo me pone de los nervios que a cada dos minutos esté pensando en lo mucho que quiere a su David, en lo perfectísimo, amable y cariñoso que es, y que haría cualquier cosa por él. No he no leído Crepúsculo para luego aguantar según qué cosas. Por otro lado es curiosa la catalogación de las personas en atenienses, macedónicos o romanos dependiendo de que sean homosexuales, bisexuales o heterosexuales, y llegué a pensar si eso no sería alguna terminología inglesa de la que nunca he oído hablar, y la verdad es que parece que no, debe ser que en ese universo paralelo la gente habla así. Más curioso todavía es que la protagonista esté muy contenta de que su marido fuera macedónico con su querido hermano mayor, muerto en la guerra, y que haya en la novela tantísimas relaciones atenienses, cuando además se especifica que igual que en nuestro mundo en la Gran Bretaña de la época ese tipo de relaciones estaban mal vistas y perseguidas.

Como curiosidad adicional, compré la novela, editada por Factoría de Ideas, en un kiosco en el que la vi no recuerdo y a dos o tres leuros, de saldo. Poco antes había comprado por unos cinco Incordie a Jack Baron, y justo antes de empezar la serie Fast Forward habían saldado también la novela en la que se basa, así que tuvieron que volver a imprimirla a toda prisa, y a saber lo que pasó con esa edición con la cancelación de la serie. Es una editorial que nos tiene acostumbrados a ese tipo de cosas, lo que demuestra lo fino que anda el mundillo de hacer libros.

También he leído, casi inmediatamente después, The Battle of Dorking, considerada como la primera obra de historia alternativa propiamente dicha e iniciadora también de la ciencia ficción militar. En realidad se la considera de este modo a posteriori, ya que su autor, un militar ya cansado de que no le hicieran caso en sus encendidas cartas avisando de los peligros del desarme y del poder cada vez mayor del Segundo Imperio Alemán, escribió esta novela corta, que sí tuvo un gran impacto y difusión. Data de 1871, el año en el que Darwin escribió La descendencia del hombre, en el que se publicó Mujercitas, Amadeo de Saboya fue rey de España demostrando que lo de este país es de opereta desde hace mucho, Garibaldi por ahí andaba haciendo de las suyas, el año de la Comuna de París y en el que las provincias de Alsacia y Lorena son entregadas al Segundo Imperio Alemán, acabado de crear después de partirle literalmente la cara a Napoleón III. Bajo el reinado de Guillermo I con su cuate Otto von Bismarck Alemania empezó a convertirse en la famosa "potencia central" europea, a la que era muy difícil pensar que se le podría toser, y una fuerza económica e industrial en competencia directa con Inglaterra a la que superó en algunos frentes, el centro cultural europeo con una producción científica y artística impresionante y, bueno, un motivo de preocupación para los isleños de siempre, a los que nunca les gustó la idea. Y en algunos aspectos no iban desencaminados.

Lo que sí que es esta novelita es el inicio de un subgénero de ciencia ficción, o de historia alternativa o especulativa, llamado "literatura de invasión", y que fue bastante popular en Gran Bretana y otros países entre esta primera muestra y la Primera Guerra Mundial. En estas novelas se narraba la guerra, invasión y derrota de un país por parte de una potencia extranjera, y sus consecuencias. Básicamente eran bastante sensacionalistas, y apelaban siempre al miedo, a ciertos sentimientos xenófobos y al alarmismo. Imaginaos, novelas en las que tipos hablando alemán o japonés te invaden y te ponen con el culo mirando a Cuenca.

Esta novela en particular no es sino una advertencia contra el pacifismo, el desarme y la falta de previsión ante una posible guerra con Alemania, y no pude evitar recordar a mi tío el inglés que estuvo en la Segunda Guerra Mundial, que se acordaba de cuando los pacifistas ingleses, como Russell, pedían desarmes unilaterales como medida para aplacar el militarismo de Hitler. En esta línea temporal alternativa los alemanes empiezan a anexionarse media Europa, y con esos recursos y tropas auxiliares a su disposición consiguen derrotar a la Royal Navy y desembarcar con un poderoso ejército al que el debilitado ejército inglés no puede hacer frente por mucho que lo intente, y aunque movilice milicias. El protagonista de la novela es uno de estos milicianos, un trabajador de la City que se alista y hace lo que puede, que no es mucho. La narración trata de sus peripecias desde que lo movilizan hasta que en Dorking los alemanes vencen a los pobrecitos ingleses, y empieza el reinado del terror. Como novela, no os voy a engañar, no es que valga gran cosa, y no deja de ser en su mayor parte un relato de hazañas bélicas bastante soso en el que lo único interesante, nuevamente, es de lo que menos se habla. Lo más interesante es que aparece un recurso literario que no es que sea único de la ciencia ficción, pero sí es muy útil en ese género: una persona narra desde su vejez hechos de su juventud como advertencia para las generaciones futuras. Es decir: se habla de lo que para nosotros es el futuro pero desde un tiempo posterior en el que esa narración ya es el pasado o un tiempo legendario. El protagonista, ya anciano, habla de una Inglaterra sumida en la apatía y sierva del Imperio Alemán, en la que los jóvenes ya no saben lo que son las libertades personales y el comercio libre de mercancías, orgullo de una nación que ya no existe, y muchos escapan del país para poder prosperar. Es decir: está escribiendo desde el año 1921 de esa línea temporal alternativa y recordando cómo era su país, su caída y explicando en lo que se convirtió luego. El Imperio Británico, desde luego, se descompuso, la India y Canadá se independizaron y Gibraltar, quién nos lo iba a decir, terminó siendo tudesca:

Kartoffeln, geh nach Hause!

Irlanda, por supuesto, se sume en el caos y en una guerra civil que todavía continúa cuando el narrador cuenta su historia. Así me gusta, señor Chesney: mala leche hasta el final.

Por lo demás, nada interesante. Es exagerada y, cuando se llega a ver y oír a los soldados alemanes, éstos son zafios, groseros y un rato antes han matado por error al hijito del amigo en cuya casa se esconde el protagonista, que momentos antes nos lo ha descrito como el típico niño encantador con tirabuzones y vestido con traje blanco de marinerito. Quizá sea más interesante el mismo prólogo de la edición de... 1914, que es la que he leído yo del Archive.org, precisamente el momento en el que se da por terminada la edad de oro de este género, a día de hoy bastante olvidado. De hecho la novela de invasión que ha sobrevivido raramente se identifica con ese género: La guerra de los mundos, de H G Wells. Como bien es sabido, Wells era un progre de cuidado y crítico con el imperialismo británico, así que esa obra, más que una novela de aventuras en la que los heroicos humanos repelen a los malvados marcianos, no es sino una novela de invasión que ironiza con la posibilidad de que los británicos probasen su propia medicina y si, igual que hicieron ellos en Tasmania con el pueblo menos avanzado de la Tierra, los extraterrestres llegasen aquí y sin mediar palabra empezasen a hacer espacio para sus población y a plantar sus cultivos. En realidad, la victoria de los humanos es totalmente circunstancial, por las microorganimos, algo que Wells tomó de la misma historia humana pues en gran parte la aniquilación de algunos pueblos aborígenes se debió a la introducción de enfermedades desconocidas en algunos territorios, sólo que en este caso las víctimas son los invasores.

Aun así, la literatura de invasión sigue dando sus frutos de vez en cuando, en literatura o cine, aunque hay que reconocer que es un género peliagudo porque bordea lo políticamente correcto, y tanto hace más de un siglo como ahora en gran parte no deja de ser agitprop y alarmismo, muchas veces con mensajes xenófobos. En España hace poco se publicó La tierra del Sur, engendro semiautopublicado en el que imitando el estilo de Tom Clancy se nos narraba, en un futuro muy cercano, y desde una postura ideológica no muy alejada de Intereconomía, la invasión de una imaginaria isla española por parte de Marruecos, y el posterior conflicto armado entre el cristiano y ejemplar reyno de España, nuevamente pepero, y la pérfida morisma. Un amigo mío se lo había comprado por curiosidad, y me lo dejó diciéndome: "No te molestes en devolvérmelo. No tengo ninguna necesidad de que eso esté en mi casa". Yo reconozco que no pude pasar de la página 50, porque estaba francamente mal escrito, sé que alguna gente cree que un libro puede ser bueno cuando no es en su mayor parte sino especificaciones técnicas de armamento, pero no es mi caso, el tufo ideológico era despreciable (y eso que me gustó en su día Los rojos ganaron la guerra, la ucronía de Fernando Vizcaíno Casas), y sobre todo que cuando leí lo de "entonces comprimió sus pensamientos" dije que hasta ahí había llegado y que yo en este mundo no estoy para sufrir más de lo necesario. Bueno, ese amigo que me la regaló y Golias (mi colega, no el personaje), me contaron algunas de las burradas más grandes del libro, y cómo en la batalla naval del final sin saber a santo de qué hay por ahí un buque lleno de independentistas y gente mala según el autor, únicamente para darse el gustazo de que un misil los mande al fondo del mar. Vamos, lo que se dice literatura de calidá.

-SuperSantiEgo

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