header append X-robots-tag "noarchive"

29.4.11

Peli: El Poderoso Thor nos empodera


Sin ser una grandiosa película hay que reconocer que cumple como peli de aventuras y como adaptación del personaje de la Marvel. Probablemente algunos aduzcan que Thor en realidad es un tipo mucho más serio e incluso pomposo, pero hasta en los comics de Lee y Kirby, y en sus seguidores, se deja claro que en su juventud Thor fue un dios colérico, juerguista, dado a algunos excesos y al que, como se dice en mi tierra, todavía no le había entrado el sentidiño. El mismo dios mitológico en parte tiene ese carácter, de ahí que entre otras cosas sea el dios de las tormentas y del ímpetu salvaje.

La historia curiosamente empieza en un punto, para luego volver hacia atrás y recuperar el argumento donde lo había dejado, y de paso darnos un repaso para situar la acción donde se quiere y ofrecer un marco de todo el universo asgardiano, que nos lo presenta muy amablemente Anthony Hopkins como ya había hecho en Alejandro. El personaje de Loki está un poco suavizado, ya que viene a ser el típico incomprendido de alma atormentada, más que el dios del engaño, las triquiñuelas y las travesuras. En los comics es, sencillamente, una mala persona, así de claro. Hablando en plata, un cabrón con pintas. Y con una cara que parecía hecha a golpes.


Sobre los efectos especiales, las escenas de acción y todas esas cosas por las que uno va al cine a ver este tipo de pinículas, está claro que está bastante por encima de la media. Me imagino que incluso estando Kenneth Branagh a la dirección no ha podido evitar esa manía de que la cámara se meta en medio de algunos planos de hostias en las que no se ve un pijo, pero tanto las escenas de Asgard como la ensalada de hostias en el mundo de los gigantes de hielo son de un burro que realmente te da la impresión de que estás ante una escena mítica con dioses jugándose el destino del universo. Ver a Thor haciendo literalmente el animal con Mjolnir, pero lo que se dice haciendo el animal, no tiene precio.

Sale San Stan Lee, como debe de ser. Recordemos que en Lobezno no salió porque no creó a ese personaje.

Un pequeño apunte sobre algo a lo que ya estamos acostumbrados, y es que hay que ser políticamente correctos. De ahí que uno de los amigos de Thor, Hogun, se convierta en chino, aunque la verdad siempre tuvo cierta pinta de huno, y que nada menos que Heimdal se convierta en Idris Elba, más conocido como Stringer Bell en The Wire. A mí esas cosas no me afecta demasiado. Podríamos decir que qué pinta un asiático y un africano en medio de Asgard, ya que es una mitología nórdica, pero se supone que son seres extraterrestres que inspiraron esas leyendas, así que puede colar. Es como extrañarse por Tuvok, el vulcaniano negro. Pues oye, si podemos aceptar que haya unos extraterrestres con orejas de punta e iguales casi a nosotros, pues que haya negros también, como si fuese lo más raro. Vamos a ver: es un tipo que guarda un puente transdimensional vestido con una armadura de purpurina de Caballero del Zodíaco, así que no nos vamos a extrañar de que sea negro. Es como lo de "¡Menudas horas de llegar, y además borracho, Pepe! ¡Me tenías muy preocupada!" "Oye, ¿qué haces con ese hombre en la cama?" "¡No me cambies de tema!"
 Ti vendo unas pastis güenas gúenas.

Las escenas en Midgard, la Tierra, tienen un tono muy distinto, siempre con bastante sentido del humor. Ya sabemos los equívocos de Thor al andar entre débiles mortales, así que es normal que la monte a donde vaya, aunque al poco lo vemos sirviendo la mesa como un buen chico. Es un poco gañán, pero siempre muy noblote. Por supuesto también hay enormes cantidades de fanservice, como el nombre de Donald Blake, la aparición del mismo tipo de Shield que aparece en Iron Man y un arquero que responde al nombre de Clint Burton, y que todo buen fiel creyente sabe que es Ojo de Halcón.

Antes de terminar, un asunto curioso: obviamente en la Tierra conocen la mitología nórdica como tal, con los dioses y sus funciones. De acuerdo. La mitología transcurre en lo que se suele denominar un "tiempo fuerte", un pasado legendario que en realidad no es pasado, sino que abarca la totalidad del tiempo. Por eso, ¿no os resulta extraño que estemos viviendo en el momento de la película algunos de los temas de esa mitología, como el descubrimiento del origen de Loki y sus conspiraciones, que ya aparecen en los mismos libros que consultan algunos de los personajes? Pues bien: eso no es ni de lejos una cagada, sino que es perfectamente lógico dentro del tiempo mítico, donde, como ya he dicho, el tiempo fuerte abarca la totalidad del tiempo, y no hay exactamente un antes y un después, sino que transcurre de modo que el mito y su realización puede, potencialmente, actuar en cualquer momento de la historia de la humanidad.

Hubiese preferido que al menos en una ocasión Thor hubiese salido con su casco alado, pero bueno, tampoco se puede pedir todo.

El 3D... pues bien. Al menos no tiene el mal gusto de la escena "te tiro algo a la cara", conocida como la escena gratuita de bukkake 3D, lo que es de agradecer, la verdad. Claro que también combinan los más modernos efectos especiales con trucos de toda la vida. El bigardo que interpreta a Thor, Chris Hemsworth, debe sacarle como mínimo dos cabezas a Natalie Portman, que a su lado parece un miniyó, peeeero... en la escena de rigor donde se dan el morreo de turno de repente casi no hay diferencia de estatura. El taburete es la tecnología más usada de la historia del cine, que no os digan lo contrario.

En definitiva, según mi opinión, está bastante por encima de las adaptaciones que se han hecho de superhéroes, aunque con algunas que habían bajado mucho la media tampoco es que lo tuviese demasiado difícil para hacer una película de aventuras con acción y algo de humor, nada chirría especialmente y yo por lo menos pagué a gusto mis 9,50 € de entrada. Ahora podría decir, también, que sin embargo es un robo y que me lo voy a cobrar de otra manera a esta panda de cabrones que sólo piensan en ganar dinero en vez de que yo me lo ahorre, no sé, bajándome una de Pajares y Esteso, por ejemplo. Y si no, me guardo los puntos de resentimiento social hasta que reúna suficientes para matar a la vieja prestamista del piso de abajo, que seguro que nadie la quiere ni la echará en falta.

-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 11:21 PM 5 estupefactos enlaces a esta entrada

28.4.11

La autoedición y las vanity presses. Entre la vicisitud, la vergüenza ajena, la comprensión y la compasión

Hoy la entrada viene cargadita de vídeos, así que espero que os vaya bien la banda ancha.

Empecemos por este nuevo clásico contemporáneo que ya todos conocemos:


El nuevo himno del viernes, ya lo creo. Ahora bien: nada más verlo en su día me puse a investigar y descubrí lo siguiente, y es que la chica no es la nueva apuesta de ninguna grande o pequeña discográfica, sino que sencillamente hay un sitio llamado Ark Music Factory que es una vanity press, nombre que se dio en inglés a las editoriales literarias que se encargaban de editar a los autores que, sin haber conseguido editor que arriesgase por ellos, se ofrecían a editarles el libro si ellos se costeaban los costes de impresión y distribución. De ahí lo de ediciones por vanidad, ya que independientemente de la calidad del libro si uno tenía el dinero suficiente para costearse la edición, pues conseguía su sueño previo pago y conseguía ver su título editado. Ahora, como comprobamos, previo pago de unos miles de dólares por parte de los papis, los niños y niñas de familia clase media alta pueden conseguir su sueño de ser por unos momentos como Miley Cyrus o Justin Bieber.

En música las Vanity Labels ya existían desde hace tiempo, y pueden ser casi tan viejas como el mismo mundo de la música grabada, pero con Internet obviamente han encontrado nuevos cauces. Básicamente tú les llevas tu proyecto, ellos dan su opinión sobre él, lo pulen a tu gusto hasta que estés de acuerdo, y entonces se graba, o directamente te hacen una canción ñoña y pastelera y hala, te graban un bonito vídeo a un precio más o menos razonable con el que, supongo, serás durante una temporada el personaje más popular de tu high school (musical). Tampoco es algo que deba escandalizarnos. Según parece un autor que ha conseguido ventas millonarias en España ha reconocido que hizo una especie de borrador de su novela, la llevó a un gabinete de negros a que se lo puliesen y le terminasen de dar forma según sus instrucciones (que debieron ser algo como "que quede algo así en plan Ken follet"), y luego lo mandó a una editorial.


Como se puede ver por estos vídeos, el resultado de estas vanity labels son productos puramente estandarizados, con su vídeo de calidad pues... bueno, profesional. Los he visto mucho peores, desde luego. Aquí tenéis más muestras, para mis amigos que no falte de nada:

La chica del primero es mona, eso no se puede negar. Y del resto no digo nada porque claro, luego empiezan las habladurías y las malas famas.






Vamos, adolescentes guapillas, o no tanto, emulando a quienes todos sabemos. Es fácil detectar el patrón tanto de los modelos a imitar como el tipo de cliente. Yo, como soy muy malo, creo que he descubierto que además entre el primer y último vídeo la productora tiene a unas muchachas no demasiado agraciadas y que lucen un poco atractivo aparato dental, y que ponen al lado de la protagonista para ésta luzca un poco más por contraste. Lo de los afroamericanos raperos que aparecen en plan Obi Wan en las canciones y se montan su momento rap como comprenderéis son los artífices de todo el invento.

Otra compañía rival de Ark Music, y que también cuelga sus vídeos en Internet es Hollywood Dream Music.
Oye, si a Will Smith se le ha metido entre orejota y orejota que va a hacer de su niño una estrella del cine y a su niña estrella de la música, aunque sea a golpe de talonario, ¿por qué cualquier persona a la que le sobren unos cuantos miles, y que tiene todo el derecho del mundo a pensar que su nena es la más guapa y talentosa, no va a intentar hacer lo mismo? Y si es necesario, hasta se monta un grupo.
Algunos diréis: qué espanto, qué vergüenza. Pues en parte sí, podríamos decir que sí que da no poca vicisitud. Sin embargo esto tampoco es tan raro, y si nos atenemos al producto final y lo comparamos con otras cosas pues... Si Dan Brown puede publicar en una editorial con todas las de la ley, Kid Bourbon puede dar el salto y debe poder hacerlo, todo hay que decirlo.

No sé cómo está vuestro nivel de inglés ni qué tal lo entendéis cantado, pero os aseguro que a veces la ignorancia da la felicidad:
No pongáis esa cara, que hay cosas tremendamente famosas que han conseguido un gran éxito de público e incluso crítica que.. que...
Equilicuá:

De acuerdo que lo de "hoy es viernes, mañana será sábado y pasado domingo" es como para ahorcarse con el cable de la lámpara más cercana, pero lo de esta canción también es como para taladrarse los tímpanos, y ahí está tan feliz ella. Incluso Lady Gaga ha apoyado a Rebecca Black, así que ya sabéis que vender un montón de discos o libros, como Gómez-Jurado, te convierte automáticamente en un verdadero juez de la cultura y del buen gusto, amén de otras cuestiones morales.

Ahora retrocedamos unos veinte años, cuando el señor Umberto Eco publicó su segunda novela, El péndulo de Foucault, de enrevesado argumento y en la que algunos de los personajes trabajaban o tenían relación con una editorial de este tipo, y que obviamente se conducía por el sistema tradicional, el antiguo régimen de antes del internete. Estaba especializada en poesía, y su funcionamiento era poco menos que simoníaco: aceptaba manuscritos de aspirantes a poetas, gente con veleidades literarias que sin embargo por su calidad o su poca iniciativa no conseguía publicar sus poemarios en editoriales normales. La editorial, sistemáticamente, elaboraba un informe positivo que hacía llegar al autor, que como podréis imaginar se sentía elevado al séptimo cielo, o como decimos ahora más apropiadamente, se empoderaba, y dicho más castizamente no le cabía un alfiler por el ojete; y entonces llegaba la segunda parte de la carta en la que le informaban de que por desgracia, dado lo arriesgado de su propuesta literaria que quizá no entendería gran parte del público, así como la crítica adocenada, no podían acometer la edición del libro como quisieran, aunque le daban la oportunidad de, si así lo quería, costear los costes de edición. Y casi siempre, por un precio no excesivamente oneroso, el pardillo picaba con cebo, anzuelo y sedal todo incluido. La editorial, desde luego, cumplía su parte, editaba el libro, conseguía incluso vender algún ejemplar a alguna librería despistada, donde terminaría acumulando polvo por los siglos de los siglos, y una buena cantidad de ejemplares se mandaban a los críticos, y si había mucha suerte incluso en algún periódico de provincias se llegaba a publicar una breve reseña, que si era buena bien, y si era mala incluso mejor, pues justificaba el inevitable fracaso del libro, del que la editorial se compadecía amargamente ante al autor, con el consabido "Los genios siempre son unos incomprendidos". La jugada se completaba con el producto estrella de la editorial: la lujosa y carísima Enciclopedia de Autores Italianos, donde el nuevo autor era inmediatamente incluido con una extensa reseña, en la que se le otorgaban casi tantas líneas como a Dante, o incluso más que a Lampedusa. Naturalmente el autor, sin falta, compraba la siguiente edición, y no era de extrañar que en algún caso más de un ejemplar que regalar a sus padres u otros allegados.

Y en eso consistía el negocio. El que lo regentaba se defendía, muy hábilmente, diciendo que al fin y al cabo no estafaban ni engañaban a nadie, que en todo caso era el autor el que se engañaba a sí mismo, y que siempre los que picaban era gente que se podían permitir ese gasto, ya que eran funcionarios o gente de clase media alta que querían ver satisfecha su vanidad literaria. Y como decía sabiamente, no hacían sino vender un pedacito de felicidad y autosatisfacción, y eso bien tiene un precio que se paga gustosamente.

¿Y acaso la vanidad como mal en sí mismo no es un prejuicio religioso hondamente inculcado en nuestra sociedad? El que hace algo bien, ¿es tan malo que quiera recibir cierto reconocimiento y admiración por ello, arriesgándose a la burla y la mala fe de los demás? Quizá Rebecca Black no sea una gran cantante, pero al menos se ha echado al ruedo con una canción original e incluso ha merecido la admiración de Lady Gaga, valga ello lo que valga. Los que la parodian e insultan se ven limitados a una pura labor parasitaria, a un discurso de estricto segundo orden, y para que lo que ellos hacen tenga sentido tiene que existir algo previo de lo que mofarse. Según parece, va a grabar un disco enterito, se supone que con más medios y esperemos que mejores letristas. ¿Quién se ríe al final?

También tengamos en cuenta que hay casos y casos, así que pese al componente sórdido que tiene toda edición por vanidad, ha habido ocasiones en las que ha estado plenamente justificado e incluso es digno de admiración. No es lo mismo Amanda McKittrick Ros, considerada la peor escritora en lengua inglesa de todos los tiempos, (seguid este enlace al Proyecto Guttenberg bajo vuestra propia responsabilidad), que recordar que la primera edición de Tirano Banderas fue una paupérrima edición de cien ejemplares hecha a base de sablazos a los amigos, o que según cuentan los primeros poemarios de Borges los imprimía por su cuenta y que en los gabanes de sus amigos deslizaba ejemplares a ver si se los leían. Las autoediciones y las ediciones costeadas por los autores tienen también su propio pasado glorioso, y también son conocidos los casos de algunos cineastas que consiguieron hacer su primera película empeñando todo lo que tenían para darse a conocer, empezando por Kevin Smith.

Naturalmente, Internet ha cambiado esto bastante. Hace veinte años o más a golpe de talonario por supuesto que podías grabarle un videoclip a tu niño, pero luego como mucho se lo enseñaría a sus amigos en el vídeo casero del salón, porque la MTV pasaría de él completamente. Hoy, tienes youtube, y que sea lo que Peich quiera. En el caso de la literatura, son conocidos los casos de Lulu, a nivel internacional, y de Bubok, algo más casero y en expansión. Técnicamente, no son editoriales, ni siquiera editoriales virtuales, sino simples imprentas. Una editorial tiene una línea editorial y marca unos mínimos tanto de contenido como de calidad, mientras que en estos casos la consigna es "todo vale". Si sabes componer un par de pdfs, puedes decir que has editado un libro, aunque en realidad lo que has hecho es imprimirlo y da el pego frente a un libro comprado en una librería, pero nada más. En el fondo no es muy distinto a cuando hace veinticinco años imprimías a máquina o a ordenador un original a doble espacio y luego encuadernabas las fotocopias en canutillo o espiral. Al final, sabido es, con esos libros tan cucos lo más seguro es que termines haciendo lo mismo que con las fotocopias, regalando o vendiendo por compromiso algunas docenas de ejemplares. Esas dos empresas donde ponen sus esperanzas es precisamente en los servicios de una vanity press clásica, los llamados servicios de alto valor añadido (cuesta poco hacerlo y se facturan a alto precio), y te cobran pero que bien duro una corrección del texto, la maquetación de interior y portada, así como una mínima campaña de prensa e incluso una presentación en un centro comercial o la FNAC a una hora y día donde esos establecimientos tienen la sala de exposiciones siempre vacía. La broma te puede salir por unos pocos miles de euros, y si puedes permitírtelo y quieres sentirte reina por un día, ¿por qué no? Tampoco engañan a nadie, e incluso ponen como ejemplo de éxito que algún autor haya conseguido a través de ellos y de esas campañas de promoción terminar editando en alguna editorial convencional.

Yo, como por poder, podría permitírmelo, desde luego, un día es un día y bien se puede dar uno un capricho, pero hace veinte años que leí a Eco y su reflexión sobre esto, y no niego tampoco que es una cuestión de carácter. Si pudiese pagar el precio de la felicidad lo pagaría, pero sé que no me lo voy a creer ni yo, que es lo que importa, así que ni me lo planteo.

Llegamos ya por tanto a la primera reflexión sobre el empoderamiento digital y la aceptación acrítica de eso que se ha dado llama la "economía de la atención", y que se defiende como algo positivo, cuando en el fondo no es sino dar carta de naturaleza a fenómenos como la telerrealidad o el todo vale para ser famoso, para llamar la atención. Que se hable de mí, aunque sea bien. Después nos escandalizamos de fenómenos como John Cobra o similares. Todo vale: insultar al público, a la autoridad, bajarse los pantalones, lo que sea con tal de llamar sobre uno la atención algo más que el otro a quien tienes al lado; da igual el ridículo que hagas o que todos te llamen impresentable, pues si has conseguido eso en ese nuevo paradigma artístico y social, has ganado. No están sino aceptando esas reglas del juego, así como algunas campañas de márketing viral que sobrepasan con mucho cualquier límite de la decencia, el buen gusto o incluso la privacidad. El empoderamiento digital 2.0 es a ese respecto uno de los más claros ejemplos de doblepensar: proclamar una cosa y al momento siguiente decir lo contrario. Según ese credo, con los nuevos medios, la nueva capacidad de todos de dar a conocer sus ideas y sus obras, y de criticar la de los demás, crearán prácticamende de forma espontánea un arte nuevo, unas relaciones de jerarquías horizontales donde lo realmente valioso será elegido por la inteligencia colectiva sin manipulación alguna de intereses comerciales y espurios que quieren manipular esa realidad que está ahí y que se nos mostrará tal cual es. No tienes más que poner tu genial corto en youtube o tu texto magnífico y esperar a que el sistema de recomendaciones funcione como el algoritno de la burbuja o el quicksort y que te ponga ni más ni menos que en lugar que te corresponde, de forma natural y sin mover un dedo. Por otro lado, se admite que se identifica la excelencia con la promoción, con el saber venderse, con utilizar esos medios de forma agresiva e incluso feroz para conseguir que, independientemente de tus méritos, lo que haces consiga una preeminencia por encima de lo demás, desde hacer el ridículo hasta el estajanovismo de la caridad o convertir el mismo dospuntocerismo en el nuevo paradigma del artista comprometido, y de forma análoga en la que hace cuarenta años se supeditaba que te gustara o no un artista a sus posiciones políticas ahora se pretende hacer lo mismo con su nivel de empoderamiento digital, de modo que sólo los que "están de parte de Internet" y se declaran afectos a los nuevos modelos de negocio son los que merecerán nuestro respeto, admiración, y que les hagamos una caridad por medio del paypal, paguemos al colega, que se porta. Lo que importa ya no es realmente lo que haces, sino cómo lo haces, como tantos escritores y otros artistas sobre cuya obra no se habla en absoluto pero sí sobre con qué licencias las publican, o sus posiciones ideológicas respecto a la buena nueva digital. De ahí la admiración ante la picaresca de escritores que manipulan los sistemas de popularidad de Amazon para conseguir más lectores, o las campañas agresivas de publicidad, muchas veces alentadas y admiradas por los guruses de todo a cien que se presentan a ellos mismos como especialistas en redes sociales e internet, y que empiezan dando ejemplo con ellos mismos pues consiguen tener sin grandes esfuerzos a miles de seguidores por medio de ideas que rayan la más vulgar oclocracia, y cuyo éxito sólo es comprensible porque se dirigen a un hombre masa digievolucionado que sólo busca más empoderamiento, y dentro de su ignorancia tiende naturalmente a unos sólo un poco menos ignorantes y más pícaros que ellos para que los guíen y justifiquen.

En segundo lugar lo que sí llama la atención es la absurda teoría del empoderamiento digital que afirma que por medio de estos modernos medios de difusión "ahora todos somos autores". ¿Cómo que ahora? ¿Antes no? Es una pura estupidez que implica la aceptación que el concepto artístico o de autoría, o de creador, tiene algo que ver con hacer público la obra, sea ésta meritoria, un puro divertimento sin más consecuencias o una pura estupidez. Es conceder a la idea de artista y de autor una dimensión puramente exógena: eres autor si los demás saben u opinan que lo eres, es decir, si llamas la atención. El mundo es carnaval, toda la sociedad se convierte en espectáculo y todos debemos convertirnos en vendedores de aceite de serpiente, cualquier truco o mentira es bueno para vender un frasco más que el de al lado. ¿Acaso no basta con saberlo uno, o al menos tener claro lo que uno es y en todo caso poner en segundo plano la opinión de los demás? Es puro pensamiento masa, preñado de no poco revanchismo idiota ante unas ofensas que nunca existieron, como si en el pasado cercano Stephen King u otros autores hubiesen privado al resto de ser artistas por la tontería de no haber sido elegidos para ser publicados. La ecuación publicar igual a artista es tan risible como popular, por no decir populachera.

Los medios técnicos son una cosa, importantes sin duda, pero igual que la katana no hace al samurai no es uno ahora más fotógrafo por tener una cámara digital y poder subir las fotos a Flickr que hace años con una cámara analógica haciendo fotos en los cumpleaños para luego pegarlas en un álbum, o dar el peñazo en reuniones familiares con mil diapositivas de las vacaciones en Lanzarote. Cualquiera, con unos mil euros o menos, se hace hoy con una cámara y un ordenador con los que tiene más capacidad técnica de la que probablemente tuvieron los mayores cineastas hasta hace unas décadas, pero hace un siglo alguna gente sin sonido y sin apenas mover la cámara hizo obras maestras conmovedoras, y muchos ahora con todo eso a su favor y cámaras que graban en las más adversas condiciones lo más que consiguen es hacer bodrios infumables de zombies, cuando Romero con mucho menos, cuatro duros, cuatro actores y mucho talento fue capaz de crear un género, y otros no pasan de hacer películas pseudogrindhouse creyéndose Tarantino. Poder permitirte comprar un caballo no te hace jinete, ni te da clase. Poder imprimir, que no publicar propiamente hablando, con Lulu y Bubok para ver tu nombre y tu título en un anaquel virtual donde tu obra seguramente pasará desapercibida no te hace más autor, artista o escritor que hace treinta años comprarte una Olivetti.

Ahora, nos dicen, todos somos Dylan, o Vargas Llosa, o sir Lawrence Olivier. Pues no, ni de lejos. Para ser Dylan hay que tener el talento y la constancia de Dylan, para ser Vargas Llosa hay que haber leído hasta dejarse las pestañas y haber pulido tu escritura siendo un perfeccionista con gran nivel de autoexigencia, y para ser sir Lawrence Olivier hay que haberse comido mucho escenario hasta poder interpretar bien a Shakespeare. "Cualquiera con vicios de artista puede expresar lo mismo que expresó Bob Dylan sin necesidad de llamarse Bob Dylan. La era de la informática nos ha igualado a todos." No se puede ser más ridículo ni entrenando: es como decir que hacer karaoke medio borracho es tan sublime como oír cantar a Carusso porque básicamente es emitir sonidos articulados desde un escenario, o que el blanco de los ojos nos hace a todos iguales. Y el más mínimo análisis es de risa, o comparando con casos que nada tienen que ver con internet. En el caso del teatro es claro: cualquiera puede ahora, igual que durante décadas anteriores, apuntarse a un grupo de teatro de aficionados. La inversión es sencilla, casi nula, sólo necesitas ganas y tiempo libre y las representaciones se suelen hacer en centros cívicos y culturales, y aun así el teatro de aficionados, aunque importante y muy digno, no alcanza los niveles de las personas que se dedican a ello profesionalmente, no por el hecho de ser profesionales sino porque han hecho de ello su vida y, lo más importante, han sufrido un largo y duro proceso de selección a lo largo de los años, en eso consiste ser profesional. Mucha gente empieza el camino del profesionalismo y termina teniendo que dejarlo. También en Italia hay gente de lo más variopinta que al salir de su trabajo en una oficina, en la obra o en la fábrica, dedica su tiempo de ocio en cantar ópera, y hay sociedades de aficionados por todo el país, algunos de ellos francamente buenos y dignos de ser escuchados en recitales que organizan en sus locales o festivales. Es difícil que lleguen a alcanzar la perfección técnica de un cantante que dedica a ello su vida, y nunca hubo ningún conflicto ni mal entendido entre unos y otros: el cantante profesional no priva a nadie de la gloria, como si ésta fuese un derecho inalienable que nos corresponde a todos y como si al nacer recibiésemos nuestra parte alícuota que luego nos arrebatan los que triunfan, y el aficionado hace muy bien en admirar a sus ídolos y tener las paredes de donde ensayan forradas con fotos de Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo. El conflicto lo ha sacado de donde no lo había el agitprop digital. A mí Bob Dylan, Vargas Llosa y sin Lawrence Olivier no me han quitado nada ni me ofende que se los llame artistas y autores y a los demás no. En todo caso me han dado mucho con su trabajo y esfuerzo, y llamarlos artistas no es sino reconocerles la dedicación de toda una vida y la admiración por su trabajo. Todo lo demás es empoderamiento de patada en la boca.

Y ahora que hablamos de gente que accede a la fama después de colgar sus obras por ahí, ¿cómo se llama ese chico que se ha hecho tan famoso? Ah, sí:


Ahora todos podemos ser Justin Bieber, podríamos decir. Ya, pero sólo Justin Bieber es Justin Bieber. Para decir la bobería de "ahora todos podemos ser Bob Dylan", tiene que existir Bob Dylan, que partió igual que todos los cantantes de su generación por ahí mundo adelante a tocar canciones con una guitarra. Y sólo él se convirtió en Bob Dylan. Es tan estúpido como decir que "el autor no existe" en una recopilación de relatos cuyo gancho es el nombre de un autor reconocido en la portada, tan conocido que es perfectamente identificable y por sí mismo vende. Todos los chicos de su generación podrían haber sido Justin Bieber, pero sólo él con unos pocos años puso sus vídeos en youtube tocando la guitarra y cantando, y haciéndolo de modo que enamoró a las niñas y a sus madres, que tienen tanto derecho a escuchar la música que les gusta como los jevis a menear la cabeza arriba y abajo enseñando los cuernos de la mano apuntando al cielo. El resto puede admitir que se lo ha currado y que con talento y dedicación desde tan temprana edad ha conseguido lo que quería, lloriquear porque no se reconoce tu genio y el mundo es muy malo porque no has triunfado como crees que te mereces, o decir que simplemente ha "tenido suerte y cualquier otro podría haberlo conseguido", y si no directamente colgar un vídeo en youtube llamándolo maricón. Eso también se puede hacer ahora y sale gratis, sacar la mala leche y todo el resentimiento ante un mundo que no comprende nuestro derecho a la desmesurada inflación de la autoestima, que como todos sabemos es un derecho fundamental, faltaría más, y el que diga lo contrario es que "no entiende el mundo después de Google".

Curiosamente, lo que pretenden que nos iguale a todos es la adquisición material de un algo, un aparato que nos convierte de forma mágica en algo que por nosotros mismos no podemos ser. La idea del talismán dirigido a la máquina, al ordenador hecho fetiche. El mismo pensamiento infantil del que se cree que poniéndose una chupa de cuero es un rockero. Eso es lo que parecen querer decirnos: lo importante no es tocar la guitarra, sino pasearla bien y hacerse fotos con ella. Parecer es mucho más importante que ser, sobre todo si tú te lo crees y llegas a dar el pego ante los demás. Para ser escritor, por supuesto, basta que te fotografíen en blanco y negro sosteniéndote la cabeza con el puño y con la mirada profunda y empoderada.

Y aún más: si todo esto nos iguala, ¿cómo es que queda excluido aquél que no puede conseguirse ese mínimo? La brecha digital en el fondo no es sino una extensión de la principal y verdadera, la brecha económica. Si te puedes permitir gastarte unos miles de euros te haces un vídeo de calidad profesional, consigues rodar una película o promocionar un libro para satisfacer tu vanidad y, quién sabe, si suena la flauta dar la campanada y hacerte famoso, aunque sea haciendo un poco el ridi como esta niña del viernes pegajoso. ¿Y los que no se pueden costear ni siquiera eso? Desde luego en España, con tantísima gente viviendo al día y tantos más incluso asomándose al umbral de la pobreza, ¿quién se puede dar el lujazo y el capricho de soltar dos o tres mil euros sólo para darle de comer a su ego? El flipamiento digital sueña con un mundo en el que hayan desaparecido las discográficas y las editoriales, y sólo quede Internet como única realidad, la única vanity press que iguale las oportunidades de todos... los que se puedan pagar el ser agresivos en esa sociedad y economía de la atención. Nadie dice que el sistema actual sea justo, pero se han dado casos auténticos de salir de la nada personas que contaban con lo puesto. Si aplicamos esa concepción moralista que tienen algunos dospuntoceristas de "Fiat iustitia, et pereat mundus", llegará el apocalipsis cultural y justiciero del que renacerá una cultura ideal y desinteresada donde hayan perecido los que no sientan íntimamente el arte como los románticos de la Sociedad de Bebedores de Agua en La Bohème, y todo interés creamatístico y comercial haya desaparecido. ¿Pero quién estará en condiciones de aprovecharse de esa tábula rasa? ¿Qué pasará con todos los que queden excluidos de participar en esa nueva cultura porque sencillamente tendrán los medios técnicos a su alcance pero no tendrán posibilidad de sacarles partido en un sistema de competencia económica en el que serán los más débiles, o incluso con los que quedarán excluidos de esos medios técnicos como lo están de tantas otras cosas más? ¿Acaso ellos no tienen talento, y no son autores también?

Al final, la dura realidad se impone. Ser un gran artista es igual de duro que siempre, y nada regala nada. Internet es sólo un medio, y lo que se gana por un lado, que no digo que sea poco, lo compensa de sobra la dificultad de que tienes muchas más personas que persiguen como tú darse a conocer, probablemente dispuestas a hacer cualquier cosa o cualquier ridiculez porque los miren a ellos y no a ti. O que promocionarte realmente bien, el quid de la cuestión ayer como ahora, sigue estando al alcance de muy pocos y es muy caro, a no ser algunas alternativas que pueden parecer muy ingeniosas pero que no dejan de ser un verdadero Carnaval, y se supone que esto consiste en la pureza del arte brillando por sus propios medios sin elementos espurios como son la economía y la payasada, ¿no? Como siempre, tenemos contraejemplos. Hace quince años los frikis que iban por las calles, para salir en la televisión, necesitaban de programas como Esta noche cruzamos el Mississipi o Crónicas Marcianas, con los casos bien conocidos de la Veneno y el Pozí. A día de hoy, cierto es, los frikis no necesitan de esos medios para tener sus quince minutos de fama efímera. Eso sí que está al alcance de cualquiera: sólo hay que tener un total desprecio por la propia autoestima y aceptar ciegamente la sociedad del espectáculo, la economía de la atención y del vale-tudo.




El que quiera, que se engañe a sí mismo y que se crea empoderado por una tecnología en la que él no contribuyó lo más mínimo aparte de pagar la factura del adsl, absorto en su ciudadanía digital, algo tan absurdo como sentirse alguien por compartir nacionalidad con Goya, Beethoven o Proust. Pero que no olvide que podremos pagar por una conexión a internet y creer que es una cornucopia, o que nos va a hacer más listos y más guapos, pero que de momento podrás comprar una cámara de vídeo y creerte Orson Wells, pagarte un videoclip o una presentación de un libro, pero no hay lugar sobre la Tierra en donde se venda algo de claridad al contemplar el mundo, inteligencia, talento ni pastillas rojas que te saquen de tu sueño alucinado del que, ya lo sabía Platón, pocos quieren despertar realmente, y del que muchos creen haber despertado cuando en realidad sólo sueñan dentro de su sueño que han despertado.

Aunque, al fin y al cabo, todo es ilusión, todo es vanidad. Recordad lo que decía Conan: "Que los maestros, los sacerdotes y los filósofos reflexionen acerca de la realidad y la ilusión. Yo sólo sé esto: que si la vida es ilusión, yo no soy más que eso, una ilusión, y ella, por consiguiente, es una realidad para mí. Estoy vivo, me consume la pasión, amo y mato; con eso me doy por contento." Y el Eclesiastés: Vanitas vanitatum, omnia vanitas. Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Pues no diría yo que no, aunque como Oscar Wilde aseguraría, no hay nada más profundo que la piel, nadie se enamora de los huesos de una persona, sus venas o sus músculos, sus vísceras, y son éstos los que dan andamiaje a su cuerpo y su figura. Todo es vanidad, todo ilusión, y hace ya mucho tiempo que empezamos a sospechar que no hay otra cosa debajo. Cada uno persigue su sueño, decimos como algo positivo, pero nunca añadimos que los sueños no son sino vanas fantasías del espíritu que se evade de sí mismo y no quiere despertar, pues la vigilia a nadie complace. Cuando sueña un dios, cuando piensa un mendigo.

Dejad que Rebecca Black siga su sueño, ella que puede, amargados. Bendita inocencia. 

  Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

  Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

  Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida?  Un frenesí.
¿Qué es la vida?  Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.


-SuperSantiEgo

Etiquetas: , ,

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 11:08 PM 5 estupefactos enlaces a esta entrada

27.4.11

Peli: El bujarrón avispón verde

Ya, es que el chiste es inevitable. Me tendréis que disculpar.

En este casi voy a dar un poquito de vuelta. ¿Os acordais de El Señor de los Anillos? En la novela la relación de Frodo y Sam es totalmente paternofilial, y claramente clasista y paternalista: Sam es un pobre muchacho iletrado de clase baja, jardinero de Frodo, un terrateniente maduro y culto que lo protege, y llegado el momento el pobre hobbitt simplón será el que lo proteja a él. En la película son de la misma edad, no hay diferencias de clase sino simplemente que uno es algo más proletario, y Sam sigue a Frodo como un perro fiel poniendo ojitos de cordero degollado. Diréis: blanco y en recipiente de muestras, lo que todos estamos pensando. Bueno, pues quizá, los chistes son inevitables, pero sobre todo porque la gente ve lo que quiere ver, como en Clercks 2.

Pues bien: la idea del Green Hornet ha sufrido con el paso del tiempo. El concepto no se ha modificado, como en ESDLA, pero a día de hoy puede que chirríe. Hace ochenta años lo del señorito blanco con su mayordomo y adlátere chino podía colar, relación señor y siervo, era otra época, pero en nuestros tiempos... Vamos a ver: Kato, un genio chino que se lo deberían rifar como mínimo en el MIT, decide quedarse al lado de un pendejo millonario que, seamos francos, querríamos partirle la cara desde el minuto uno de la proyección. Ahí hay algo que falla. ¿Bromance, diréis? Pues sí, podría ser, pero nadie quiere dejar pasar la ocasión de ser un malpensado y hacer chistecitos, que curiosamente se ven incluso favorecidos ante la tolerancia de las relaciones homoeróticas.
Cameron sabe lo que le toca con esos dos haciendo como que la acosan.

Después, claro, competirán por la atención y los favores de Cameron Díaz, e incluso se zurrarán entre ellos la badana, pero sabemos claramente que en realidad sólo sienten celos el uno por el otro. Todo hay que decirlo: vale la pena ver la pinícula sólo por ver en bragas a Cameron Díaz en 3D. Que sí, que ya la hemos visto todos en fotos en la piscina y todo eso, ¿pero qué posibilidad tenéis de verla en 3D y así? Muy pocas, así que al cine. Ya, es una razón muy primaria, pero hoy no doy para más. De hecho el que salga así sin venir a cuento en esa escena es la definición misma del fanservice. No aporta nada, excepto ver a la muchacha en ropa interior. También podríamos decir que es un personaje lavanda por analogía al matrimonio lavanda, porque el personaje es perfectamente prescindible y si quitásemos todas las escenas suyas de la película se entendería igual. Sólo está para disimular y que no se note la tensión sexual no resuelta entre los dos personajes masculinos, que como dijimos antes, incapaces de manifestar físicamente su amor, se meten una mano de hostias que hace recordar la de Cato y el inspector Clouseau, que a su vez parodiaban a estos dos personajes en parte.

Sobre lo demás, es una película más del montón, que no termina de convencer ni como comedia, con Seth Rogen haciendo un guión a su mayor gloria, que tampoco funciona muy allá como comedia involuntaria por lo ya mencionado y que como película de acción es correctita y rutinaria con un desarrollo visto mil veces y ninguna sorpresa ni nada que destacar, olvidándose como siempre que la fantasía debe tener su propia coherencia interna: me puedo creer que el chino, que es un pedazo máquina en todo, tenga una especie de sentido de radar como Daredevil, y que coreografíe sus yoyas perfectamente como si previera los movimientos del enemigo en autocad, pero como bien es sabido en el mundo todo se pega menos la hermosura, así que no veo razón alguna para que luego el personaje principal al final y de repente, sin venir a cuento más que por una escritura relajada del guión, muestre la misma habilidad sin saber cómo ni por qué, sin entrenamiento ni un manual de instrucciones. ¿Es que se contagia? Sobre que el chino sea el genio, el que realmente sabe pelear y en definitiva el que de los dos vale algo la pena mientras el otro es, básicamente, un niño rico gilipollas hasta el final de la película, apenas si se saca partido.

Curiosamente rescataría de la película al personaje antagonista, el mafioso interpretado por Christoph Waltz, que mantiene dos diálogos brillantes que son una verdadera joya. Primero la discusión con un cártel rival sobre la importancia de la imagen en la estrategia de construir una identidad corporativa como líder de una banda de crimen organizado, y después el dilema ético de tener que matar al mafioso coreano personalmente porque es su amigo, y cualquier otra cosa sería descortés. Llega uno identificarse con esa alma sensible, un artista del crimen clásico que se ve incómodo en un mundo frívolo que sólo atiende a lo exterior. Al final, cuando le dan lo suyo, casi le da a uno pena su final, aunque en el último momento traiciona su esencia y se viste también de espantajo para estar a la altura de las circunstancias.

Afortunadamente no parece que vaya a haber segunda parte.

-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 9:25 PM 6 estupefactos enlaces a esta entrada

25.4.11

El águila de la novena legión. Malos tiempos para el peplum

nBueno, de hecho es que el peplum como tal ya no existe, ese fastuoso cine de romanos (y griegos, persas y asimilados, que ahí de todo cabía) del cual algunos nos declaramos seguidores, parece que nunca renacerá. Es lógico: tuvo su tiempo, y como diría Heráclito agua pasada no mueve molino.


¿Os acordáis de Centurión, esa virguería que comenté no hace mucho? Pues esto viene a ser su involuntaria continuación, ya que el protagonista y nuevo general de la avanzadilla romana es el hijo del que comandaba esa legión se supone que masacrada en Britania, y que quiere recuperar el águila que perdió su padre. Ésta esta basada, eso sí, en una serie de novelas juveniles de Rosemary Sutcliff que nunca jamás leeré, así que no sé ni cómo están ni si en la película se tiran por la ladera o es una buena adaptación.

Y ahora reflexionemos: de acuerdo, quizá el peplum ya no exista como lo conocimos, ¿pero qué me decís del western, las pelis de vaqueros de toda la vida? Se siguen haciendo, no hay duda, incluso algunas son bastante buenas, pero no se parecen en nada a las clásicas y sobre todo, como discutí hace tiempo con un amigo, hay un elemento que se echa en falta: no hay indios. Aproximadamente desde Bailando con lobos, los indios desaparecen, no se asoman ni como antagonistas ni como aliados de los blancos, que da la impresión que se extendieron por ese nuevo país como si estuviese vacío. Ya no salen prácticamente ni como puro elemento histórico, como segundo plano vendiendo pieles o algo ahí al fondo. Nada. Lo políticamente correcto, lo llaman.

Así pues, no hay indios. Prohibido. Malo. ¿Qué hacemos? Pues nos los inventamos. O hacemos la típica película de indios y vaqueros... con romanos y bárbaros, y si no con terrestres y alienígenas, como en Avatar. Si miramos esta película no es ya sólo que encontremos la misma estructura que una película no muy buena del ejército contra indios, sino que incluso la imaginería es claramente idéntica. El prota llega al típico fuerte que... ¿cómo os lo diría yo?, en el que caben cuatro gatos. De acuerdo que quizá no podamos pedir una cantidad de extras fabulosa, como en los buenos tiempos de Los Diez Mandamientos o Tierra de Faraones, pero es que en las últimas producciones me da la impresión de que el mundo parece deshabitado, y eso transmite una impresión de cutrerío y desangelamiento que da como penita. El fuerte de los romanos parece el fuerte de los clicks. Una miserable legión ocupaba muchísimo más espacio, eran como ciudades móviles con sus calles, y de hecho fueron el origen de más de una ciudad. Tanto CGI y tanto presupuesto abultadísimo que no sabe uno en lo que se lo gastan, ¿y no pueden hacer que eso parezca algo más que una banda de amigos? Que os habéis gastado en esto veinticinco millones, y yo no los veo por ninguna parte, vive el cielo.

Por eso en la segunda escena de acción cuando salen del fuerte (escena que lo quiera uno o no recuerda a Astérix) y hacen una tortuga (perdón, tortuguita), para luchar contra los bretones es para morirse, porque la tortuguita no era para luchar en corto, sino a distancia, de modo que cuando una horda de bretones (disfrazar a la gente de bárbaro es más barato que de romano) ataca a la tortuguita por todas partes parece la típica escena de coche patrulla asaltada por una turbamulta o marea de zombies, y se pregunta uno por qué no se limitan a cortarles los pies a los romanos, por ejemplo. Pero claro, es que son bárbaros y la cabeza no les da para más. Ya, ya sé que es una película y hay ciertas licencias, pero la lógica y la física elementales siguen funcionando, ¿no? Por eso se queda uno de piedra cuando deshacen la tortuguita y forman un circulito con los escudos hacia fuera, mientras que fuera por cada romano hay como mínimo tres bretones empujando. ¿Explicación? Espinacas, supongo. Los bretones, que sabían saltar por encima de la tortuguita un momento antes apoyándose en sus compañeros, inexplicablemente no hacen lo mismo para entrar dentro del círculo. Llegado a este nivel de despropósito, como nadie sabría cómo hacer para explicar que los romanos se salven, suena un cuerno y todos los bretones se piran. ¿Por qué? Porque van a hacer sitio al malvado jefe de los bretones, que ataca con una escuadra de... ¡carros de guerra armados con cuchillas!

Lo cual podría hacerle a uno pensar: eso es que el malvado rey persa les ha mandado en secreto carros de guerra a los bretones contra el malvado imperialismo romano, y de paso me imagino que algunos instructores para enseñarles tan complicado arte. Pues no: esa gente tenía carros de guerra, dudo que con cuchillas, pero en todo caso no les habría venido mal algún asesor militar que les enseñase a tener un poco de sentido común, ya que aunque con los carros consiguen alguna muerte realmente espectacular, si no hubiesen relajado la presión sobre el circulito se los habrían cargado a todos, mientras que así más de uno escapa, empezando por el general protagonista, aunque con un fea herida en la pierna. A pesar de tan lamentable estrategia, le conceden una medalla y un retiro honorable. Hay que tocarse los...

Bueno, abreviemos un poco: en su colvalecencia con su tito, interpretado por un Donald Sutherland que sale haciendo pequeños papelitos donde sea para seguir pagando las facturas, conoce a Billy Elliot, que hace de esclavo que va a morir a manos de un gladiador, pero que se niega a morir luchando, de modo que Aquila, el prota, se enamora de tan gallardo gesto. Con su nuevo amigo y esclavo, decide cruzar el Muro de Adriano y conseguir en misión comando tras las líneas enemigas lo que una legión entera no conseguiría. Pues eso, como en Rambo o en algunas de las de John Ford. Lo del Muro de Adriano, como siempre también muy bueno: a ver, si medía unos cuatro metros, no era la Gran Muralla China, y las puertas por las que pasan están guardadas, vemos aquí, por cuatro tipos con pinta de amargados. Menuda protección. A partir de este momento ya la estructura de western es clarísima. Primero se encuentran a un superviviente de la legión destruida, que ha formado por allí una familia, y que les enseña el lugar donde los suyos cayeron. Los pictos, como les sobra el dinero y los recursos, no han expoliado a los cadáveres de sus armaduras, cascos y armas, para que los huesos allí tirados queden más molones.

Gracias al superviviente, se enteran de quién tiene el águila, aunque se descubre que Billy Elliot ya lo sabía y básicamente lo ha estado mareando de un lugar a otro. El romano, en vez de cargárselo sin más miramientos, se pone a discutir con él hasta que llegan los indios. Porque son indios. Se comportan como los indios, bailan como los indios y tienen pinta de pawnees, arapahoes o mohicanos. Eso sí: como son pictos, los guerreros jóvenes que andan por ahí de patrulla van pintados de azul. Todo el cuerpo, uniformemente como si fueran pitufos. Siempre, incluso cuando duermen. Como para ser alérgico, o los problemas de que no transpire bien la piel. A veces los del departamento artístico no tienen medida.

Pues nada, lo que os podéis imaginar: el romano y Billy Elliot se chinan, se enfadan entre ellos, procedimiento estándar de recuperar el águila y luego persecución mortal a lo largo de Escocia. Y, como es normal en estos casos, siempre está nublado, llueve y no se ve ni un rayo de sol. Jamás.

En su huida, primero a caballo y luego a pie seguidos por los decididos indios, terminan en un riachuelo en el que Billy Elliot deja al herido Aquila para ir a buscar ayuda. Pasa un tiempo indeterminado (elipsis guarra donde las haya), y poco antes de que lleguen los arapahoes, lógicamente cabreados, se presenta Billy con... una veintena de los antiguos legionarios, que mira que es grande Escocia pero oye, parece que todos vivían allí al lado y además todos con sus escudos y armaduras, que se las han quedado de recuerdo en medio de un entorno hostil donde los odian, como para que te vea todo el maturrango una visita. Y todos juntos esperan a los indios formando una fila, con la espada por encima del escudo... igualito que en 300. Igualito.

Bueno, os lo podéis imaginar: hay hostias, los indios pelean como indios, con una especie de tomahawks, y al final el mozo romano con su gran amigo Billy Elliot devuelve el águila, le da la libertad a su querido amigo el bretón y convencido de que lo importante no es si uno es bárbaro o romano, sino la nobleza del espíritu, se van los dos juntos a correr nuevas aventuras.

-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 8:29 PM 11 estupefactos enlaces a esta entrada

21.4.11

Pinches griegos...

¿Es que de todo tienen que hacer filosofía, corcho?
 
El remordimiento de Orestes, de William-Adolphe Bouguereau
 
-Ha llegado un hombre que se parece a Orestes.
-A Orestes sólo se parece Orestes.
-Luego, ha llegado Orestes.

Esquilo. La Orestíada.

-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 10:16 PM 2 estupefactos enlaces a esta entrada

20.4.11

Roma (2005). De aquellos polvos vienen estos Spartacus

Y entonces todo el mundo dijo "ésta es sin duda la mejor serie de la historia", y todos se regocijaron.



No sé, parece que con lo de la HBO hay algo parecido al efecto marvelzombie o similares: da la sensación de que todo lo que hacen es oro molido o algo así. Que la serie está muy bien y se nota que se han gastado una cantidad de dinero obscena en hacerla, pero eso no quita que también tenga sus fallitos además de sus muchos aciertos, y que se note un montón la diferencia entre la primera y la segunda temporada.

En primer lugar, para lo de "es que es una serie adulta". Vamos a ver: id a cagar a la vía cuando pase el tren. Salen tetas y violencia tipo chorro de sangre. Vamos, adultísimo: lo que quiere ver cualquier adolescente. Además, en serio: hace muchos años que tenemos edad legal para comprar o bajarnos porno, así que no voy a negar que no me alegre de ver a Polly Wallker enseñando conejo casi desde la primera escena del primer capítulo, pero no me vendo por tan poco, igual que hasta en las películas malas de hostias siempre había un forzadísimo "momento tetas" que no hace buena la película.

Que de verdad que está muy bien, y se nota que han hecho un gran esfuerzo por hacer una Roma más creíble, alejada del modelo "mármol inmaculado" de las producciones de Jólibud al uso, donde se podían comer sopas en el suelo del foro e iban todo poco menos que vestidos de seda, y hasta las legiones que volvían de la guerra parecían recién salidas del paquete. Muchos han dicho lo de "qué verídico, se ve Roma con pintadas por todas partes", pero basta con ver Quo Vadis (1951) para comprobar que ese detalle ya estaba contemplado en las pelis de hace años. También se refleja bien el sistema social, la relación con los esclavos que llevan su correspondiente chapa de identificación como ahora los perros, la familia (así así), los ritos religiosos, e incluso la organización del ejército. Desde ese punto de vista, boina, la verdad es que si lo hubiesen propuesto podrían haber hecho una serie que no sólo habría igualado, sino quizá incluso superado a la mítica Yo, Claudio, basada a su vez en un libro excepcional.

Pero precisamente lo que no quisieron hacer los que controlaban esta serie era hacer un producto serio y adulto de verdad, de modo que todo lo que se gana por verosimilitud por un lado se pierde por otro, ya que al final resulta que el final de la república romana básicamente se debe a unos sucesivos encoñamientos que terminan dirigiendo toda la acción, y es algo que va de mal en peor a lo largo de la serie, hasta extremos realmente grotescos. De acuerdo que lograron evadirse del antiguo Jólibud y de su irreal visión de Roma, pero sólo para caer en algunos de los peores vicios y ridiculeces de la actual producción audiovisual, y lo que por un lado ganan en verosimilitud los personajes lo pierden radicalmente por otro. Sobre todo los personajes realmente históricos, mientras que Tito Pullo y Lucio Voreno, los hilos conductores de la narración, salen más o menos bien parados.

Vamos a ver: ¿qué es eso de César hostiando a Servilia? Porque si fuera para definir cierta faceta violenta del personaje, de acuerdo, pero es la excusa para lo de siempre, apelar a los más manidos argumentos de la venganza. Servilia jura vendetta, y además se enzarza en una lucha con Atia, la sobrina de César, que parece sacada de El Padrino, porque sólo les falta tirarse granadas de mano. Y ésa es otra: si se molestan en reflejar correctamente algunas cosas, ciertas formas sociales, el liberal consumo de drogas como el opio, que incluso Octavio lleva la "bulla" de jovencito, ¿cómo me voy a creer que a esa señora no le importe que todo el mundo sepa que es más puta que las gallinas, como una femme fatale de nuestra época? Antonio le abre la cabeza a un tipo, ¡en medio del Senado! Eso por no hablar de otras desviaciones históricas que ya son el despiporre, como cuando César mete a galos con trencitas y a otros bárbaros nada menos que como senadores. Ya, me diréis: es que es una película. O un universo paralelo, ya puestos, porque si me quieren vender esto, y vaya si lo hacen, como respetuoso con la Historia, si hubiese no ya hecho eso, sino siquiera expresado la idea de hacerlo, no lo habría asesinado una facción del senado, sino que la misma plebe lo habría hecho pedazos. Apenas unos años antes habían tenido una guerra pero que muy seria porque no querían dar la ciudadanía al resto de los italianos, así que ver a unos tipos con barba y trencitas disfrazados de senadores es como si me metes en medio un argumento de extraterrestres. Nos está saliendo lo comido por lo servido, y no sé si no estaremos también perdiendo.

En resumen: las típicas chorradas que se supone que hacen algo "molón", y supuestamente "adulto", cuando en realidad son unas infantiladas del quince. Nada de ambiciones y planes cuidadosamente planeados, que también salen pero parece que son lo de menos frente a los distintos encoñamientos. Eso por no hablar de diálogos y escenas de verdadero sonrojo. Atia a Pompeyo: "Quiero que te cases con mi hija, pero bueno, mientras lo decidimos si quieres te la vas follando y catas la mercancia". Que sí, que las calles de Roma aparecen muy puercas y las armaduras parecen de verdad, ¡pero así no se comportaba una patricia romana, joder! La seducción de Octavia a su hermano, también muy natural: "¿Qué, follamos?" Y Atia luego se enfada, claro, pero es que en la sociedad romana el incesto estaba incluso peor visto en la nuestra, por menos de eso la habrían emparedado en su habitación para que muriese de hambre. La noche de bodas entre Octavia y Antonio también es de traca: "Pues nada, que tendremos que follar, ¿no?" Claro que luego en la segunda temporada la cosa va de mal en peor, y alcanza cotas de gran surrealismo cuando Octavio ve por primera vez a Livia Dusila y le dice de buenas a primeras que le diga a su marido que se tiene que divorciar de ella, porque quiere que sea su mujer, y aquí paz y después gloria, algo sólo superado cuando le dice, como quien comenta que está lloviendo, que de vez en cuando la azotará, pero no porque lo haya ofendido o porque se haya portado mal, sino porque le va el rollo sadomaso. Rollo sadomaso que luego veremos que tampoco pasa de ser unos cuántos tortazos así cuando están ya muy metidos en faena, tampoco pasa la cosa de ahí.

En ese sentido uno se queda bastante extrañado. ¿Para qué te molestas en desmarcarte del pasado visual y de ciertos preconceptos del cine de romanos, sólo para caer en los tópicos más cutres del moderno cine de acción y de personajes más chulos que un ocho? ¿Para qué intentas reflejar algunos de los usos sociales y sexuales de la época, si luego se comportan en ocasiones como ganstas de película de bajo presupuesto? ¿Que quieres matar a Bruto en la Batalla de Filipos porque queda más dramático? Pues me puede parecer hasta bien, pero que me lo pongas en plan torero y "dejadme solo" cargando él a solas contra una legión... Eso es heroísmo de niño de primaria, y nuevamente lo estamos flipando, ya que los legionarios romanos no eran tontos y sabían perfectamente que a los generales y a otras personalidades importantes no se las mataba, sino que se las apresaba para pedir rescate, o en este caso para ser juzgado y ejecutado. Curiosamente hay gente que ha hecho notar que ponen a Cesarión como hijo no de César, sino de un legionario romano. Bueno, históricamente no se sabe si lo era o no, aunque se supone que sí y César lo reconoció como tal, pero al fin y al cabo lo que sí es cierto es que la propaganda de Octavio lo presentó como un bastardo, así que esa licencia está como mínimo en una zona histórica gris. Eso sí: cuando murió Cleopatra no era un muchachito de unos nueve años, sino todo un mocetón de diecisiete, y como ya sabemos murió a manos de Octavio. Pero aquí no. Claro, porque matar niños da pena. Muy "adulto", como las niñas que pedían que Anakin no se convirtiese en Darth Vader por Hayden Christensen es muy guapo.

Respecto a los personajes plebeyos que dan cierta coherencia y unidad a la serie, también tienen sus descompensaciones. El único que mantiene cierta línea es Tito Pullo, mientras que con Lucio Voreno también hacen algunos juegos malabares. Primero es centurión, muy bien. Luego, prefecto de los evocati, algo así como el jefe de la policía, y me parece bien, entra dentro de lo posible por el enchufe trifásico. Luego, magistrado. Ehhh... Hombre, ya me parece un exceso que sepa leer y escribir, hasta ahí paso, pero para ser magistrado en Roma había que saber un rato largo de leyes, y no se aprenden leyendo un par de rollos, eso seguro. Es como si a cualquiera de nosotros, incluso siendo abogado, nos pusiesen de repente en la Audiencia Nacional: cantaría en la primera sentencia, y los romanos no eran tontos y lo de los juicios se lo tomaban muy a pecho. Después, directamente a senador. Bueno, ya me lo creo todo: plebeyos y bárbaros en el Senado. Ya, si terminó habiendo un caballo senador, pero todavía faltaba para eso. Y eso sólo en la primera temporada, porque en la segunda termina siendo el capo de un collegium, una organización mafiosa que controla en Aventino. Eso sí que es haber sido cocinero antes que fraile.

Por lo demás, pues se nota que esta serie es el eslabón perdido entre Gladiéitor y Spartacus. Sangre y arena. En algunas escenas veremos también los famosos surtidores de sangre en plan polo de fresa derretido, así como algunos detallitos gore, que también sabemos que son muy adultos. He aquí la escena clave:


La escena lo tiene todo. Desde el momento "Scotty", que recuerda a esa escena de Star Trek en la que Scotty no pierde la compostura hasta que insultan a la Enterprise, el momento Gladiéitor en el que se va cepillando a todos los que van saliendo, y las espadas de adamántium que ya sabemos que existen desde los tiempos de Espartaco gracias a la serie anteriormente citada: tajo que das, caballero mutilado. Luego sí, me han puesto una estructura temporal que era en la que se hacían los primitivos juegos de gladiadores, no el Coliseo que no existió hasta ochenta años después, pero ya puestos y llegados a estos niveles de despropósito, ¿por qué no? Si la cuestión es molar, el Coliseo mola un montón. Ponme el Coliseo en tiempos de César, ya puestos. Porque esta serie intenta jugar la carta de la fidelidad histórica, y vaya si lo consigue en apariencia, pero si lo analizas un poco puede que quede incluso mal parada si la comparas con Demetrio y los gladiadores, con el Coliseo (o parece que lo es o pretende serlo) ahí tan bonito en tiempos de Calígula treinta años antes de que lo construyesen. Total, es una película...

De estos polvazos viene Spartacus. Porque Spartacus sí que sabe: ni historicidad ni leches, ni tonterías de ningún tipo. A tumba abierta: tetas y culos y chorros de sangre en amaneceres cutres hechos con CGI, y tíos depilados con láser. Se han quedado con lo mejor, con lo esencial. En ese sentido es una serie mucho más sincera, que le da al pueblo lo que quiere: sexo y violencia. Quitémonos las caretas y dejemos de fingir que nos interesa nada más, la lógica de la acción de los personajes o algo que se parezca.

Por lo demás, probablemente estemos ante una de las series más misóginas de la historia, a no ser que estemos de acuerdo con que las mujeres son todas una malas putas ninfómanas y rencorosas, que ya sabemos que no es algo que debamos decir, aunque todos lo pensemos. Los personajes masculinos también tienen lo suyo, pero Pompeyo y César mantienen su dignidad, Antonio es un brutote simpático, Bruto un tipo serio y complejo que se debate entre su amor por César y el que siente por la tradición republicana, Cicerón algo pusilánime pero termina encontrando valor para enfrentarse a Antonio, Octavio pena da y con semejante madre lo raro es que no saliese todavía más rarito, y tanto Tito Pullo como Lucio Voreno pues también caen más o menos bien. Sin embargo: Atia es más puta que las gallinas, y no me refiero precisamente a su generoso uso del chumino, Servilia una amargada oscurantista, Octavia una malcriada gilipollas fácilmente manipulable, Cleopatra una zorra de cuidado, Livia Drusila una pija, la esclava Irene sufre del síndrome de Estocolmo porque termina enamorándose del que asesinó a lo bestia al que iba a ser su marido (esa escena también tiene lo suyo, ríete de la declaración de amor de Eurice a Petronio en Quo Vadis), y la segunda pareja de Tito, Gaia, otra mala pécora de cuidado, la mujer de Lucio Voreno una infiel que lo engaña delante de toda la comunidad de vecinos (y nadie le dice nada, curiosamente, debe ser que en Roma nadie chismorreaba), y luego su hija una desagradecida, que vale que a ella y a sus hermanos les pasó lo que les pasó en parte por su culpa, pero luego bien que fue a buscarlos como un buen chico.

Ah, y otra cosa importante: ¿a santo de qué coño viene la subtrama judía, que no conduce a ninguna parte ni tiene la más mínima consecuencia para el desarrollo de la historia? Vale, seguro que había algún productor, guionista o lo que fuese judío, pero es que no pega ni con cola.

Y entonces diréis: será que no te ha gustado. No, si está bien, se deja ver muy bien. Pero me jode que me quieran meter esto como histórico, que en parte lo es y nadie niega que no hayan hecho un esfuerzo de ambientación más que notable, y luego me metan semejantes chorradas o vicios de lo peor del audiovisual moderno.

-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 6:18 PM 0 estupefactos enlaces a esta entrada

17.4.11

Así que hay una sinfonía basada en El Señor de los Anillos y yo sin enterarme

Es que estoy en la parra.




-SuperSantiEgo

Etiquetas: ,

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 5:51 PM 2 estupefactos enlaces a esta entrada

14.4.11

Antonio y Cleopatra, de Colleen McCullough. La novela peor traducida que he tenido la desgracia de echarme a la cara

Como he indicado en más de una ocasión, a este paso este idioma se va a la mierda. Lenta, pero inexorablemente.

Lo de esta novela publicada por una editorial importante, y además de una autora conocida, de las más famosas de novela histórica, es la constatación de que hace ya tiempo que las editoriales, excepción hecha de alguna que sigue manteniendo el tipo, han renunciado a ser lo que eran, editoriales, y se han convertido en puros impresores de papel. Y de paso reconocen que no tienen vergüenza, ni la han querido tener nunca.

En primer lugar, estamos ante una novela de romanos. Y novelas de romanos hay desde hace siglos y en español hay una forma de adaptar y poner todo lo que es en latín, lengua muerta con la que mantenemos una relación de parentesco lingüístico que explica esa familiaridad al adaptar las palabras. Por tanto, Cato es Catón, no Cato, pero eso tampoco sería tan grave si al menos fuera una decisión equivocada, aunque coherente, pues en ocasiones aparece de una manera y luego de otra. La incompetencia e incultura del traductor, y la irresponsabilidad del que debería haber supervisado su trabajo, se hace evidente cuando vemos que se ponen algunos nombres y topónimos en su versión latina que se deja tal cual lo hace el inglés, pero otros en su forma tradicional española. Así se habla de la Galia, o de algunas partes de Italia, pero también de Illyricum, no de la Ilírica como sería lo lógico. Vamos, un mezcladijo.

El despiporre llega cuando leemos sobre los Muros Servian (Servian Walls). Una forma bastante idiota de llamar a las Murallas Servianias, la verdad. Pero eso no es nada cuando Octavio amenaza con mandar a su mujer a Ox Heads. Así, Octavio hablando en inglés. Porque si la novela está en inglés todos sabemos que existe la convención de que los diálogos se producen en latín o en griego cuando se nos indica, y en la versión traducida pasa lo mismo en español, pero eso ahí en medio sólo indica que el traductor se quedó con el culo torcido sin saber interpretar la frase y que no tuvo ni tiempo de visitar la Wikipedia, donde se habría coscado de que no es sino un barrio del Palatino, Cabezas de Buey, como quien dice hoy "Te mando a la Moraleja". Pero no, así en medio, si él no lo entiende se deja y listo, o lo dejó para luego y ni se acordó. Y luego nadie se da cuenta en la editorial y llega así a manos de los lectores. Y seguro que muchos ni se dan cuenta, o no les importa demasiado. Todo tiene explicación.

Luego hay otras que también claman al cielo, como "facilidades" por instalaciones, o la burrada de clientes-reyes, cuando eso siempre ha sido reyes cliente, más fácil imposible, y como siempre ni coherencia, en el caso de singular a veces aparece "rey cliente". Incluso en algo tan simple como cuando Octavia se acuerda de cuando llamaba a su hermano menor "pequeño Cayo". Vamos a ver: ninguna hermana mayor llama a su hermano menor "pequeño Pepe", o "pequeño Juan", sino Pepito o Juanito, mientras que el francés y el inglés lo hace de forma analítica, "petit Nicolas", o "little John". Así que en todo caso sería Cayito.

Y es que es una detrás de otra. Un señor dice que no puede "cambiar las mentes" de su tripulación, y en otro momento Antonio dice que el pueblo romano es "pragmático y sensible". Vamos, que llora en la ópera, pero con mucho sentido común. El traductor no controla ni los más elementales falsos amigos. En otro momento Octavio extiende la mano hacia su interlocutor y dice "Ahí". En inglés quizá "There" tenga cierto significado como "hecho" o "ya está", pero si a nosotros nos dicen un "Ahí" sin venir a cuento responderemos: "¿Ahí? ¿Ahí dónde?" Ay.

También hay verdaderas innovaciones. Se ponga el vulgo empoderado como quiera, lo de "quince años atrás" no es correcto, como no lo sería "it does fifteen years", pero el traductor se cura en salud y pone las dos juntas, y que cada uno elija: "hace quince años atrás". Y tan pichi. Que conste que lo del traductor tiene delito, es indudable, pero más lo tiene si cabe el que lo contrató seguramente pagándole una mierda, que ni tiempo le dejó a repasar lo que había hecho, y sobre todo el que mandó eso a imprenta sin hacerle el mínimo análisis de calidad. Y después los lectores, que deberíamos empezar, sencillamente, a devolver esos libros como objetos defectuosos, y que salga el sol por Antequera.

Pero lo mejor me lo guardo para el final. Aunque mucho acémila defiende esas traducciones directas como evoluciones de la lengua o dicen estupideces parecidas en argumentaciones completamente ad hoc, basta no ser un imbécil integral para darse cuenta de que esas traducciones a las bravas no están mal hechas por un prurito purista, sino porque son malas traducciones, y son malas traducciones porque la frase resultante no quiere decir lo mismo que la original, a veces ni se acerca, con lo que el significado original queda trastocado y deformado, cosa poco recomendable. No es lo mismo un pueblo sensible que un pueblo sensato. Traducir "all the time" por "todo el tiempo" no expresa el sentido original de la frase, que no es "todo el tiempo", sino "en toda ocasión / muy a menudo /continuamente". "Usually" no suele ser usualmente y "absolutely" no es absolutamente, sino "por supuesto / indudablemente", dependiendo de lo que quede mejor en cada momento. Esa doctrina del "todo vale", curiosamente, no hace sino defender la interpretación literal, que es algo totalmente superado, y lo hace únicamente porque así quedan permitidas todas las falencias e ignorancia tanto de la lengua de origen como de la de destino por parte del que eso defiende. Defender semejantes burradas no es sino admitir que uno no sería capaz de hacerlo mejor, y total qué mas da.

Por eso es de traca cuando un rey cliente habla con el triunfante Octavio y le dice haciéndole la pelota que siendo como es tan joven, sin duda gobernará Roma durante muchas décadas, y Octavio responde:

-Absolutamente.

Yo sé de qué va, pero me pregunto cuánta gente creerá que en ese momento Octavio lo que está haciendo es insinuar que su régimen va a ser absoluto, como un buen rey del s XVII. No puede ser que para entender bien una traducción al español uno tenga que tener un buen nivel de inglés para saber dónde están los errores y que no te la metan doblada.

Ésos eran los errores más graves, pero había más. Claro, luego los muchachos empoderados ven eso y diles tú que no son unos magníficos traductores paladines de la cultura, pues basta con con tomar los subtítulos en inglés, pasarles un traductor automático e incrustarlos para subirlos luego a seriesyonkis, mientras el mongolo de Amador Savater les aplaude como una foca amaestrada y los llama héroes de la cultura. Ahora todo el mundo, gracias a la tecnología, intenné y la doctrina 2.0, puede ser si quiere un traductor, dicen los empoderados culturales. Cierto, y ya no se necesitan cosas como saber el idioma del que traduces ni nada, ni siquiera tampoco muy allá aquél al que traduces tampoco Tanta inteligencia colectiva y no da ni para hacer una traducción decente de un capítulo de Los Simpson. Ignorancia para todos, que ningún niño se quede atrás.

Y ya que estoy, hablaré un poco de la serie de Masters of Rome de la señor McCullough, que se supone se cierra con este séptimo volumen, aunque después del sexto había prometido no continuar.

Para empezar haré un pequeño comentario filológico que me parece curioso, y es que las novelas obviamente están escritas originalmente en inglés, y por lo tanto suponemos que todos los diálogos se producen en latín, como es lógico, y cuando no lo son se nos dice que hablan en griego, arameo u otras lenguas, pero obviamente todo aparece en inglés o en cuyo caso la lengua a la que se haya traducido el libro. Sin embargo la autora se toma la licencia de dejar algunas palabras o expresiones en latín, como meum mel (mi cariño, honey), y sobre todo algunos tacos o exclamaciones, como las inocuas edepol! o ecastor!, y algunas algo más fuertes como cacat! (mierda), mentula (polla, gilipollas), y cunnus, (coño, idiota). En sentido estricto es una licencia no demasiado correcta, ya que sabemos que hablan en latín, así que los tacos tendrían que salir siempre en inglés, del mismo modo que Tolkien apenas definió el oestron porque éste ya estaba representado por el inglés. Como hipótesis, creo que la autora no sólo lo hace porque le apetece poner algunas palabras en latín, sino porque así cuela, a lo tonto, unas cuantas palabrotas que si las pone en inglés podrían resultar ofensivas para algunos, ya que mentula y cunnus serían más o menos los equivalente de dick (pito, nabo, estúpido), y cunt (coño, y que como insulto suena bastante fuerte), y así puede darse el lujo de poner a César arengando a sus tropas llamándolos de ese modo, mientras sus legionarios se enorgullecen de que su general los trate con tanta familiaridad.

Como ya he dicho en alguna ocasión, a mí la novela histórica no me tira demasiado, porque veo inevitable que el autor termine escorando y, o bien ya ni siquiera intente recrear de algún modo a los personajes de la época, o bien más o menos lo haga pero termine metiendo más de lo que debe de su cosecha, haciendo decir a los personajes históricos lo que no deben. En este caso el punto flaco de nuestra amiga Colleen es la chochera declarada que tiene por el personaje central de César, que hay momentos en los que uno sospecha que le va a dar una tarantinada y va a salvarlo y que se cree una línea temporal alternativa en la que gobierna cien años. De hecho, a mi modo de ver, los tres primeros volúmenes son los mejores, pues narran el comienzo de la descomposición de la república y el enfrentamiento entre Cayo Mario y Sila, de los que hace un buen retrato literario: personalidades complejas, llenas de ambición, ambivalencias y a la vez capaces de verdaderas canalladas por conseguir el poder, y ambos consumidos al final por la vejez y la enfermedad y asumiendo que el tiempo los había vencido. En cuanto aparece el personaje de César, la cagamos, porque César es perfecto, una verdadera Mary Sue en ocasiones insoportable, todo virtudes como si realmente fuese un elegido de los dioses, de modo que reconozco que cuando llega el momento que todos sabemos que va a llegar recordé que en latín la definición de justicia es: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi, o sea la constante y perpetua voluntad de darle a cada uno lo suyo, y al César, lo que es del César: veintisiete puñaladas. Era de justicia.

Para que os hagáis una idea llega un momento en que resulta bastante cargante la insistencia de la autora de asegurarnos que a César por detrás ni el bigote de una gamba, e incluso reconoce que su interpretación de que César decidiese llevar botas altas, propias de la realeza etrusca, no correspondía a sus posibles deseos de ser proclamado rey, sino porque tenía varices, es algo puramente inventado. Hay algún momento en el que César parece que está a punto de empezar a soltar la declaración de derechos humanos, aunque le queda a uno claro que sí que lo piensa, y cuando decide, pues nada, una gracieta como mutilar a miles de galos en plan terrorismo absoluto para dejarles claro que así se las gasta Roma, parece que le duele a él más que a ellos y que en el fondo lo considera una barbaridad, para que veamos lo bueno y humanitario que es. Pues hijo, si tan mal te parece y tanto cargo de conciencia te da... ¡no lo hagas, joder!

Otra pequeña pega, cuando se llega ya a la época de César, es que si él es perfecto, todos los demás personajes son un poco burros. Cicerón, un pusilánime, Pompeyo un engreído, Antonio un bandarra y Catón el joven un impresentable. Poco a poco se van perdiendo los papeles, aunque desde luego el conjunto es realmente magnífico, y si uno obvia un poco esos detalles o no le molestan demasiado puede disfrutar realmente estas novelas, pues el aspecto histórico y social está perfectamente reflejado, así como la religión numénica, la organización del ejército, las relaciones sociales y familiares, etc.  La serie Roma (2005), sigue un poco esa línea, aunque se toma muchísimas licencias más. Por su contribución a la difusión de la cultura clásica y al conocimiento popular del mundo antiguo se le otorgó a Colleen McCullough un doctorado honoris causa.

Esta última novela quizá ahonda en una de las pequeñas fallas que tiene el ciclo completo, y es que no debemos olvidarnos que la obra que dio fama mundial a esta autora es El pájaro espino, la historia de un cura que se enamora de una... y ya sabéis cómo sigue. Vamos, que las relaciones amorosas entre los distintos personajes sí que están un poco modernizadas, ya que por lo que sabemos lo más probable es que casi todas las uniones que se produjeron entre esas familias patricias obedecieron fundamentalmente a motivos estratégicos y políticos, y que tanto ellos como ellas tuviesen la idea de que el amor romántico era poco más o menos que una locura mental transitoria, y que Octavia estuviese enamorada o no de Antonio no importaba ni lo más mínimo. De todos modos el tratamiento de esos matrimonios y amoríos es inevitable, y no sólo le gustará a ella escribirlos, sino que también tienen una legión de lectores partidarios de leer eso de esa manera. Vamos, que abundan ciertos momentos de "quedarse fascinado con", que quizá sean más adecuados a la época de La dama de las camelias que al s I a C. Aun así la escritora lo hace bien, de modo que al menos no se cae en el ridículo, aunque un par de veces lo bordee en este último libro en la relación de Antonio y Creopatra y de Octavio con Livia Drusila.

Mención aparte merece el personaje de Cesarión, porque es tan parecido a su padre, tan listo, tan guapo y con tan grandes ideas para hacer feliz a todo el mundo en Alejandría y en Egipto, que uno llega a preguntarse si la autora tiene una manía especial en crear a personajes perfectos que luego van a ser vilmente asesinados, cosa que sabemos que terminará ocurriendo. Además según se cree, fue uno de los tutores de Cesarión el que lo convenció de que fuese a entrevistarse y pedirle clemencia a Octavio, mientras que en la novela va de suyo propio, con lo que demuestra que muy listo no es, porque obviamente su primo le da lo suyo de él como a su padre de él se lo dieron.

Al final gana Octavio, se queda con todo y le ponen su nombre a un mes. Y parecía tonto cuando lo cambiamos por un botijo.


Qué mono, Roddy McDowall, ¿verdad?

Claro que, como todos sabemos, en realidad debería haber sido así, todo mucho más molón:


-SuperSantiEgo

Etiquetas: ,

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 11:47 PM 11 estupefactos enlaces a esta entrada