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30.3.11

Al final tanta lucha ha dado sus frutos: existe un frikismo cartesiano, racional e ilustrado

Y además editado por Herder. Como debe ser. Si la Biblia ya salió en formato manga, me parece bien. Nietzsche siempre ha sacado lo mejor de cada friki.

No puedo esperar a poder leerlo. De momento podéis ir haciendo boca.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 10:14 PM 6 estupefactos enlaces a esta entrada

28.3.11

El libro sin nombre, de Anónimo. Presentando el paradigma de la literatura orientada a objetos.

La verdad es que hablar de este libro es un poco complicado, complejo incluso. Bueno, no se puede decir que sea bueno, pero desde luego, aunque sea una basura en el fondo, como siempre se puede analizar desde varios puntos de vista. Todo el que se pasa unas cuantas horas delante de un teclado y luego tiene el valor de hacer público lo que ha escrito merece un respeto, o al menos que se tenga en consideración lo que ha hecho bien, por poco que sea.

Es, básicamente, una novela friki. Muy friki, y en más de un aspecto, desde la forma en la que está escrita hasta su forma de editarla y promocionarla. El título es El libro sin nombre y su autor es anónimo aunque se suela hablar de este autor fantasma (en más de un aspecto) refiriéndose a él con el nombre de uno de los personajes de la novela, Kid Bourbon. Empezó su andadura en lulu.com, hasta que una editorial inglesa decidió editarla con bastante éxito, e incluso se habla ya de su posible adaptación cinematográfica, cosa bastante lógica porque como literatura esto no funciona, pero como gilipelícula podría salir algo al menos para unas risas. Eso es lo que tiene el cine: que puedes verlo con amigos y comentarlo, mientras que con libro estás completamente solo. Lo de que el autor siga manteniéndose en el anonimato, pues no sé si obedecerá a alguna necesidad real o a que sencillamente ha visto que le cunde y quiere seguir así. Ni idea. De todos modos el público objetivo de esta obra, dada sus características, me parece considerablemente limitado. Julia Navarro vende más.

Básicamente el argumento es una rallada, un refrito de varias películas de Robert Rodríguez con violencia gratuita, aunque no muy bien narrada, cosa lógica pues sin apoyo visual o sin recursos literarios sólidos la violencia pasa a ser una descripción de tiros más aburrida que un día sin pan, y las matanzas más absurdas con cientos de muertos por parte de un solo tipo sin superpoderes sencillamente no se explican, sino que se recurre a una elipsis y al puro recuento posterior de bajas. El primer capítulo es, casi, una copia del comienzo de Desperado, en un bar que se convertirá en el principal escenario de la novela, el típico y tópico bar infecto que, según Hollywood, es el único que hay en México, aunque la novela según parece es en los Estados Unidos, supondremos que por Texas, Nuevo México o sitio similar, donde sólo hay criminales que campan a sus anchas y tipos que se ponen a disparar a la mínima de cambio.

Los personajes son más o menos todos iguales: tipos duros que apuntan en la cara a todo el mundo y que siempre son "los más duros" hasta que, claro, los matan y ya no son tan duros. Todo tópicos sacados de películas: tipos con tatuajes, uno disfrazado de Elvis, y mujeres que son "las más hermosas". Como en las novelas de caballerías, descripciones sumarias tipo "el más magnífico castillo", "la dama más hermosa que ojos humanos vieran", y a correr. Respecto a la forma de escribir, minicapítulos saltando de una acción a otra, como para no aburrir, pero se nota bastante forzado. Para más inri, la onomatopeya elegida para los disparos y los golpes es nada menos que ¡PUM!, lo que me hizo recordar esa tira de Mafalda en la que Felipe se exasperaba cuando Manolito se atreve a jugar al lejano oeste diciendo "¡Pung!"

El argumento, pues eso, una frikada. Todo suena a muy visto: a películas de Tarantino y sobre todo las de Robert Rodríguez, y todas las referencias que el autor va metiendo para dar muestras de su frikez, en una especie de descarado fanservice en el que se supone que quiere que su lector se regodee. Lo que pasa es que erramos en lo que es una referencia bien llevada. La intertextualidad y las referencias son más antiguas que la tos, pero hay que saber meterlas de forma natural, y nunca dejar que se conviertan en un pegote o en un objetivo en sí mismo. El fanservice es un detalle, no el núcleo. Si además el narrador se molesta en poner los títulos de las películas cuyos motivos nos van apareciendo, pues la cosa adquiere una proporción poco menos que ridícula. Ya veo perfectamente de dónde estás copiando, no presumas de ello. ¿No está esto orientado a frikis? ¿Pues entonces qué sentido tiene aclarar de dónde salen las cosas a los que ya lo saben? A no ser, claro, que queramos dar vuelta a la cultura occidental y descubramos ahora que el manierismo y las obras sin el más mínimo ápice de originalidad y pura copia cutre de modelos sea lo que hay que hacer, y que llevamos todo este tiempo equivocados.

Pero eso no sería lo peor si pensamos que estamos ante una especie de "literatura orientada a objetos", tomando prestado el nombre al paradigma de programación que tan bien permite "reutilizar objetos y código". Explicación: si quieres explicar cómo alguien se indigna, explícalo, di cómo y por qué se indigna, y qué  siente en su indignación, no digas "se enfadó como Aquiles al ver muerto a Patroclo". Tampoco me entendáis mal: es un recurso literario legítimo, como todos, pero como todos tiene su momento y lugar, y en cuanto se abusa de él lo único que se demuestra es que no tenemos más recursos que mostrar al escribir, y que somos muy limitados a la hora de narrar. Vale que no te pongas a describir cómo es la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad, iconos mundialmente conocidos (y puedes hacerlo si quieres, o escribir una descripción emocional), pero referirse a una calle de París como "la típica calle parisina que sale en todas las películas" sería de un cutre que espanta. Ya, ya sé que más de un escritor de berceles lo hace y se forra, pero eso no quiere decir que esté bien hecho. Esto sólo se puede defender desde la falacia de la chorrada tautológica: "No puedes descalificar esta chorrada porque admite desde el primer momento que es una chorrada, y si te gustan las chorradas es una chorrada que mola". Sólo hay un pequeño problema, y es que la definición de "chorrada" es "cosa estúpida o de poco valor". No se puede defender la mierda diciendo que es mierda, ni algo pasa a ser bueno por ser sincero y reconocer él mismo que es malo desde el primer momento. Otra cosa es que uno pueda admirar el desparpajo y desvergüenza de la chorrada en cuestión, como es el caso, pero son elementos externos a la obra, y por lo tanto el análisis de ésta y de su circunstancia son independientes, así como el efecto "es tan malo que es bueno". Por eso de una película idiota del canal SciFi se dice que es tonta y nada más y de En tiempo de brujas de Nicholas Cage se dice que es una mierda, por haberse gastado el dinero de forma incomprensible y aún encima ir de guays y estrenarla en cines. Hay que reconocer que al menos esta novela no te la venden como lo que no es.

También, al defender cierto público según qué cosas se puede hablar de un pura cuestión de coherencia: no vas a pedir que respeten tu inteligencia cuando hace mucho tiempo tomaste la firme decisión de apagar el cerebro permanentemente y no volver a utilizarlo más que para reacciones primarias de adhesión a aquello que te dora la píldora o satisface las mínimas necesidades de esa inteligencia echada a perder. Si uno deja de considerarse a sí mismo un sujeto completo y real digno de que no se burlen de él, sino un simple objeto que se traga acríticamente todo cuanto manierismo facilón le ofrezca la industria del entretenimiento, es que realmente estamos ante un arte orientado a objetos: el público empoderado al que se convence de que elige y de que cada vez tiene un papel más preponderante en el proceso, cuando en realidad más que nunca está de convidado de piedra porque ha renunciado a su primer privilegio, que es a utilizar el intelecto.

Además si sólo evocamos imágenes y referencias de los conocimientos y experiencias estéticas de nuestro supuesto lector no sólo somos unos chapuzas, sino que además corremos el riesgo de provocar el famoso "Error 404", objeto o referencia no encontrada, así que hemos marrado completamente en nuestra intención. Por ejemplo en Family Guy todos los chistes que se refieren a Los días de nuestra vida, u otras series que en España no se vieron o que no tuvieron ningún éxito, pues nos las perdemos, e incluso muchos estadounidenses de cierto rango de edad no entenderán nada porque no las vieron o les parecerán completamente anticuadas. Por eso describir una comisaría de policía simplemente como "era la clásica comisaría como la de Canción triste de Hill Street" pues es correr un riesgo considerable. Muchos lectores españoles se podrán hacer una idea o supondrán cómo puede ser, pero el que no la ha visto, ¿qué? Si la novela fuese anterior, ¿cómo lo habría hecho? ¿Diciendo que es como la de Distrito Apache? ¿El conjunto de lectores potenciales de nuestra novela intersecta lo bastante con el de aquéllos que van a tener preinstalados los objetos a los que voy a invocar? Este tipo de novelas quizá no compile o sea interpretable por todo el mundo, mucho peor incluso que las que tienen fama de ser "difíciles".

Tampoco nos engañemos: toda obra de arte queda tarde o temprano obsoleta, y las narrativas más. Quizá ya alguna gente tenga dificultad para entender algunos usos sociales que vean en películas de hace ochenta años, y una novela de un siglo de antigüedad puede hacer referencia a hechos políticos o personajes de la época perfectamente conocidos en aquel momento hasta el punto de no necesitar ninguna explicación, y que hoy o nos lo aclaran con una nota al pie o un enlace a la Wikipedia o no sabemos de qué están hablando. Las ediciones de La Divina Comedia tiene casi más notas al pie que texto original para entenderla, y Los viajes de Gulliver está escrita prácticamente en clave satírica respecto a una Inglaterra, la del s XVIII, que sólo conocen los especialistas. Eso es así y no se puede evitar, y la única forma de retrasarlo es apelando a motivos y formas que sepamos que ya han soportado el paso del tiempo, como la mitología clásica, y ni eso lo garantiza, además de correr el riesgo de lo que decía Mozart en Amadeus: convertirse la cultura en un coñazo que siempre habla de lo mismo.

Pero una cosa es tener eso en cuenta, que en definitiva se escribe para nuestros contemporáneos y que la posteridad se las apañe, si quiere, con nuestro legado, y otra hacer chistes exclusivamente tan ligados en el tiempo que de un año para otro no se entiendan, como ocurre con los "chistes instantáneos" que se pusieron de moda en las telecomedias estadounidenses y luego en las españolas, de modo que un capítulo de 7 vidas, cuyo chiste era tan fresco y daba tal ilusión de cercanía, a sólo unos pocos años puede resultar incomprensible para uno mismo aunque se acuerde de que en ese momento le había hecho gracia. Vincular de tal manera una obra a la inmediatez y a unas referencias culturales de cuya validez no podremos fiarnos pasadas un par de décadas es tentar a la progeria literaia, el envejecimiento prematuro de la obra que puede llegar a ser incomprensible en muy poco tiempo. Sin ir más lejos hace poco se publicó en España una novela que hacía referencia a Rafael de la Ghetto, sacado de un capítulo que de El príncipe de Bel Air, y que también ha sido la inspiración para el nombre artístico de un cantante de reggetón. (Bueno, ¿alguien esperaba que se pusiesen nombres de personajes de Stendhal?)

Claro que a lo mejor es que ese riesgo de progeria literaria ni nos importa, que bien podría ser el caso, o es que a muchos ni se les pasa por la cabeza. Entre las referencias frikis a películas populares y esa tendencia a la inmediatez este libro, además, puede ser incomprensible para cualquiera que no comparta esas referencias, y sobre todo que no las tenga en tan alta estima, de modo que parezcan eso, un pegote. Muchos chistes de Family Guy los entiendo perfectamente, pero no me hacen maldita la gracia, o porque la forma en la que está llevada la referencia es una completa estupidez. A mí desde luego haber pillado todas sus frikadas no me hace mejor esta novela, empezando porque todo es un refrito, estéticamente los tópicos de frontera de las películas de Robert Rodríguez y luego que Santa Mondega (vale, el nombre es chulo), es exactamente como la Boca del Infierno de la serie Buffy, a la que por supuesto también hay una referencia. Incluso hay una fiesta de disfraces para que varios protagonistas de la novela se puedan vestir de los personajes preferidos de los cómics y las películas preferidos del autor, y soltar más chascarrillos. No sé, es como si hubiésemos bajado un escalón, además muy alto, en la evolución cultural. Todas esas referencias que se citan en la novela son a su vez refritos de otras cosas, consciente o inconscientemente, por parte de sus autores, y se puede excavar sin problemas la genealogía de Indiana Jones, de Supermán, de Terminator y de Buffy, pero no andan haciendo hincapié en ellas de forma obsesiva como en este caso, como si quisieran demostrar continuamente su pedigrí. ¿Qué pasa? ¿Que le da miedo que no se note que es todo muy friki, como si esa exhibición fuese lo único atractivo que es capaz de aportar, y que privada de ese caparazón se vea que el resto, lo de dentro, está más bien hueco, o una simple sucesión de frikadas para paladares nada exigentes? Vale, nadie te va a negar que has escrito una novela mazo friki, pero eso me da igual. ¿Es buena, aportas algo nuevo o consigues crear algo memorable? No. Pero que conste que no le tengo ninguna manía a esta novela, más que nada al nuevo paradigma que representa y a sus inevitables defensores, que tarde o temprano saldrán a rebuznar.

Por lo demás, como frikada y curiosidad se puede leer, por muchas cosas absurdas que haya. La subtrama de los dos policías es superflua respecto a la trama, pero necesaria para luego el tramposo final, y nos regala un momento absurdo en el que un policía sonsaca a una bibliotecaria utilizando un nombre supuesto sin ninguna necesidad, que para eso es policía, digo yo. Una mujer pasa en coma cinco años en una casa sin la adecuada asistencia médica y se levanta luego tan campante, que hasta tiene sentido si uno lo piensa al final, y eso porque atas los cabos, pero al resto de los personajes no les parece raro, y eso a mí sí que me parece raro. Y, porque sí y porque no se le ocurre nada mejor para meter un subargumento parecido a 30 días de oscuridad, el autor dice que en ese pueblo hay cada cinco años un eclipse total de sol, cosa muy rara que nadie puede explicar ni lo intenta, y así lo deja. Normal que nadie pueda, digo yo. Esto no hay suspensión de la credibilidad que lo soporte, porque las obras de arte, incluso cuando absurdas, deben tener una coherencia interna, y si no mirad los dibujos de La Pantera Rosa. Por lo demás, pues se tortura a gritos a gente en medio de un hotel sin que pase nada ni nadie llame a la policía, que andan por ahí como patos mareados para no entorpecer las burradas de los tipos duros, se pegan tiros a hombres lobo en medio de la gente sin que nadie se inmute y la tónica normal es acción y diálogos sin pies ni cabeza. Respecto al personaje misterioso de Kid Bourbon, mcguffin de toda la trama, asesino de masas y cuya motivación última se desconoce, al revelarse su origen y motivación uno sólo puede decir que para eso mejor lo dejaba como personaje ignoto y misterioso.

La traducción, espantosa. Yo lo entiendo: te dan esto, ¿y para qué molestarse demasiado en hacerlo bien, si su público natural no se va a dar ni cuenta de las incorrecciones que metas?

Es una trilogía, pero tiene toda la pinta de ser mucho más de lo mismo, así que no creo que repita. En el blog Literatura torcida también se ocuparon de este fenómeno en dos entradas.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 8:25 PM 5 estupefactos enlaces a esta entrada

26.3.11

Editado nuevo worstseller

Y además viene con nuevo blog debajo del brazo.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 4:17 PM 4 estupefactos enlaces a esta entrada

22.3.11

2033, película mexicana de ciencia ficción

La vi con bastante ilusión esperando que me gustase, pero... cuando no puede ser no puede ser.



Es una curiosidad, pero le embarga a uno la sensación por un lado de que, igual que en España, los que sabían dedicarse a este arte ya se han ido casi todos fuera, lo que le deja a uno la idea de que está ante un producto de factura de aficionados, y además metiéndose en un género donde las comparaciones son odiosas, porque suele rebosar tanto de dinero que luce como de todo tipo de medios técnicos. Algo parecido pasó en España con las productoras que hicieron Dagón y Faust, o recientemente La herencia Valdemar y su continuación. Manolete, si no sabes, ¿pa qué te metes?

Además en este caso, por mucho que digan guionista y director, todo suena demasiado visto. Una distopía futura controlada por drogas, con un dictador parecido a Mussolini con ecos de Bradbury, Orwell y Huxley, pero que es tan poco creíble como aquel cagarro de Equilibrium, película que también era mala pero bueno, al menos había tiros y hostias y veíamos morir por enésima vez a Sean Bean. Es este caso, por si fuera poco, se basan, aunque remotamente, en la propia historia mexicana, la famosa revuelta de los cristeros donde parte de la nación entró en guerra cuando, de facto, la religión quedó restringida de la noche a la mañana a una práctica privada, lo que confiere a México la curiosa particularidad de ser una nación que mantuvo durante décadas una extraña guerra fría con el Vaticano, atemperada únicamente por la proverbial capacidad de la iglesia católica para adaptarse y por el Estado de no hacer cumplir sus leyes cuando le conviene. Aparte de esta pequeña muestra de originalidad, no demasiado bien llevada, todo sigue recordándonos a cosas ya vistas, como cuando los jovenzuelos de la clase dirigente y despótica se divierten yendo de cacería humana a las afueras, algo ya visto creo que en un relato de Frederik Pohl, adaptado por Alfonso Font en sus Cuentos de un futuro imperfecto.

Se supone pues que este estado totalitatio es una especia de dictadura laicista que reprime a los creyentes. Esto ha hecho pensar a más de uno que estamos ante una película encubierta de propaganda cristiana, y no sé si será el caso o simplemente les pareció una buena idea al principio y ha salido lo que ha salido. La verdad es que el producto final no me pareció lo bastante interesante como para pararme demasiado a pensarlo. Todo está demasiado cogido por los pelos y nada es creíble, empezando por el protagonista y sus vicisitudes, el hijastro del Mussolini de turno que se convierte de forma muy abrupta y muy poco convincente en un adepto de la revolución.

Como algo positivo, pues la ambientación está conseguida, nos creemos hasta cierto punto que estamos en un mundo de un futuro cercano, hay detalles en la moda de las ropas y las localizaciones más futuristas de ciudad de México son explotadas para dar esa sensación deshumanizada y opresora. Las armas, curiosamente, no son ya de fuego, sino que parecen funcionar por algún impulso magnético, y los automóviles son silenciosos como si ya todos fueran eléctricos.

En definitiva, un intento meritorio pero muy fallido. Por si fuera poco, nos amenazan con que es una trilogía y que estamos ante el Episodio II, así que falta una película que explique cómo empezó todo y luego el desenlace. El director, cuando habla de su criatura, lo hace teniendo detrás un libro de George Lucas. Joder, disimulad un poco, ¿no?

Como otro detalle que quizá algunos no conozcan, los mexicanos se encargaron de apiolarse al nieto bastardo de Napoleone Buonaparte; aunque todo hay que decirlo: él mismo se lo buscó.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 8:40 PM 4 estupefactos enlaces a esta entrada

20.3.11

Burke and Hare. Vuelve John Landis

Vuelve John Landis diez años después y no me preguntéis por qué con una película inglesa que ni siquiera se ha estrenado en los EEUU. Bueno, ya sabéis cómo va eso, y que para algunas cosas son bastante cerraditos con su mercado cultural, lo que se dice un poco catetos de toda la vida. Cómo John Landis ha acabado haciendo una película precisamente al otro lado del charco, pues no lo sé.


En este caso tenemos lo que se llama una comedia negra o comedia un tanto bárbara, que relata en clave de comedia los famosos asesinatos de Burke y Hare en Edimburgo, acaecidos en el primer tercio del siglo XIX. Como se puede ver por esas imágenes, lo de los ingleses recreando la cochambre de principios de ese siglo lo tienen completamente dominado. Y eso que en esos momentos era una de las naciones más avanzadas del mundo; imaginaos cómo era el resto.

El narrador de la película, y que nos pone en antecedentes, es nada menos que el verdugo, que nos explica cómo el colegio de médicos dirigido por un fugaz pero inmenso Tim Curry se hace con el monopolio de los cadáveres de mendigos y otros seres sin recursos para sus clases de anatomía, lo que deja al doctor Knox y sus clases privadas en clara desventaja. Como bien explica el verdugo, la carestía de un producto crea automáticamente nuevas formas de suministrarlo por otras vías, así como nuevas oportunidades de negocio. Y ahí es donde entran dos inmigrantes irlandeses que van a aprovechar esa oportunidad. Los protagonistas son Simon Pegg (Burke), y Andy Serkis (sí, Gollum), que fue elegido para el papel después de que el penúltimo Doctor Who se cayese del proyecto.

Como comedia, cumple, y sobre todo como comedia bárbara, con los dos mequetrefes intentando ganarse un nombre y una fortuna con el comercio de cadáveres, a la vez que intentan hacerse los importantes con sus intereses románticos. Como curiosidad, en el idioma inglés el verbo "burking", asfixiar a alguien oprimiéndole el pecho, toma el nombre de este asesino, Burke, al que se le achacó la autoría intelectual de los hechos, y que supuestamente ése fue uno de los métodos que utilizaba para hacer que las víctimas no pareciesen demasiado asesinadas. Como invitado especial, tendremos nada menos que a Christopher Lee, que se deja matar con el poderío que en él es propio. Como curiosidad cuando los dos son detenidos en la película son sometidos nada menos que al "dilema del prisionero", o por lo menos una versión bastante chapuza de ese dilema, lo que conduce a Burke al cadalso. Como estamos ante una comedia que se basa sólo en los hechos, no pretende ser una película histórica, al final se nos miente y se nos dice que el doctor Knox emigró a los EEUU, lo que no es cierto, y que Hare montó con su mujer una empresa de pompas fúnebres, cuando en realidad fue liberado unos años después y murió, se supone, en la miseria. También se nos dice en el último momento que uno de los doctores asistentes que vemos en las disecciones es nada menos que un joven Charles Darwin, cosa que no tengo ni idea de si es cierta.

Los crímenes de Burke y Hare han servido de inspiración en varias obras literarias, como el relato El ladrón de cadáveres de Robert Louis Stevenson, y también han sido narrados, con mayor o menor fidelidad a los hechos y respetando o no los nombres de sus protagonistas, en varias películas, de las que sin duda citaremos la protagonizada por Boris Karloff. Son, sin duda, el prototipo de los ladrones de cadáveres que hemos visto en tantas novelas y películas. Recientemente también se ha hecho una novela gráfica:



Históricamente tiene importancia también porque estos asesinatos provocaron un escándalo que hizo que se crease una ley que regulaba el acceso de cadáveres para la experimentación médica, y de este modo evitar que eso mismo pudiese volver a pasar.

Como última curiosidad, en el moderno museo anatómico de la universidad de Edimburgo podéis contemplar los huesos de Burke, que acabó después de su ejecución él mismo en una mesa de disección.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 11:19 PM 3 estupefactos enlaces a esta entrada

18.3.11

En tiempo de brujas. Meigas fóra!

La verdad es que en general coincido con la crítica que de Season of the Witch ha hecho Kike. Pues sí, se deja ver para echarse unas risas y como suelo decir yo para ver un domingo tonto por la tarde puede valer si la toma uno con sentido del humor: tiene una trama previsible pero aceptable, espadazos, magia y un final más o menos épico.


Lo que no se termina uno de explicar es dónde se fundieron los 40 millonazos que dizque se gastaron en hacer esto, porque como se suele decir, el dinero no luce. Si le dijeran a uno que costó 10 millones pelaos, te lo creerías igual. También la crítica se ha ensañado con ella por lo lógico: si pones a un actor conocido como Nicholas Cage, respaldado por Ron Perlman de secundario de lujo y coprota, y además lo estrenas en cines, pues es normal que la crujan. Si esto mismo nos lo hubiesen colado como pura serie B en el canal SciFi, pues nadie se habría cebado tanto.

Una vez dicho lo importante, divirtámonos un poco despellejándola, pero sin acritud, sólo por las risas, como con Centurión. En primer lugar Nicholas y Ron nos son presentados como dos cruzados en el siglo XVI. Cruzados, todo hay que decirlo, que de caballeros tienen poco, y no me refiero a sus modales sino que van a patita, a puro pinrel cruzando el desierto bajo un sol de justicia con sus cotas de mallas y todo eso. Algo así como la escena de El señor de los anillos o la de La momia en medio del desierto. Y luego se ponen a correr como en 300 contra el enemigo, y hala, a despanzurrarse a gusto. Ni estrategia, ni dosificar las fuerzas ni nada, todo a hostias (detalle a retener). Fijaos en el avance a la distancia a la que están los dos ejércitos, que es que deben llegar ya cansados. Y ni un sólo caballo, que son caros, y sigo sin entender dónde han ido los 40 millones. No sólo eso, sino que van pasando los años y seguimos viendo a los dos muchachos siempre de infantería pasando por distintas batallas y asedios, cada vez con el truqui de vista general donde se ve a una multitud que huele a píxel que tira para atrás y luego al acercarse la cámara ya son los cuatro gatos a los que enfoca la cámara.

Nicholas tiene una crisis de identidad y religiosa cuando sin querer mata a una víctima colateral. Un cruzado, en el s XIV, se carga a alguien sin querer y le da la neura. Tócate los pies, Mari Pili. Y "desertan", y cuando llegan a Europa, a un lugar indeterminado que supondremos que es Inglaterra porque hablan inglés, aunque tampoco pondría la mano en el fuego, los detienen por desertores en una ciudad donde los reconocen (les llegaría la noticia por correo electrónico, supongo), ciudad ésta asolada por una plaga que es algo así como la peste negra pero que parece un cáncer fulminante creado por ingeniería genética. Ahí ya la cosa se pone un poco dura, porque mucho quejarse de que en España en las películas la gente del s XIII habla igual que un muchacho de Vallecas, y cierto es, pero es que aquí tampoco cuidan mucho las formas que digamos, ni siquiera un poco de disimulo con cierto tono arcaizante, tampoco pedimos más, y cuando pactan con las autoridades religiosas que los liberen a cambio de llevar a una bruja a un monasterio, piden literalmente que "se retiren los cargos". Claro, y apelar a la quinta enmienda, ya puestos. Luego nos enteraremos que la gente iba a las Cruzadas por tres, cinco o diez años.

Siguiendo con el aspecto lingüístico, que ya os digo que no sé muy bien en qué país se supone que es todo esto, ya que los nombres son más bien centroeuropeos, empezando por el protagonista, Behmen, nos vuelven a descolocar cuando oímos que todos, incluido el cura, rezan en inglés, pero luego los exorcismos los hacen, como está mandado, en latín, supongo que por influencia de Supernatural.

Bueno, al final llegan al monasterio de marras que según la Wikipedia está lleno de "monjes de élite", lo que lo deja a uno ojiplático, y se monta un cirio pascual que pa qué, con monjes zombies con habilidades ninjas, y donde siguiendo fielmente la teoría de la molonidad, todo se arregla con el suficiente número de hostias de canto, y si es necesario haciendo lucha libre con el mismísimo Satán. Escena final pasada de rosca, pero qué queréis, ya con el despropósito que es todo si te lo tomas con humor hasta tiene su gracia.

Lo dicho: para un día tonto y pasar un rato tonto, pues puede valer.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 9:17 PM 2 estupefactos enlaces a esta entrada

13.3.11

Libro: Santuario, de William Faulkner

La portada no es sutil, no.
Lo primero que uno debe tener claro al leer una novela de William Faulkner es que no sólo era un genio, sino que además lo sabía y va a hacer, literal y literariamente, lo que le dé la santísima gana. Todas esas profecías sobre el futuro de la literatura como texto semiguiado por el público (la literatura no tiene público, merluzos, sino lectores, eso para empezar), se dan de tortas con un ejemplo como el siguiente, el primer título que le dio la fama al futuro premio Nobel y considerado como uno de los más importantes narradores del siglo XX. No he leído obra de él que no sigan el mismo esquema: el señor Faulkner te coge por las solapas, te da un meneo y a partir de ahí te lleva por donde quiere. Porque le da la gana, porque él lo vale.

Si no ya me explicaréis qué sentido tiene que uno empiece por la primera página y aparezca un tipo, sin venir a cuento, bebiendo en un pequeño manantial de un bosquecillo, en el que aparece, tampoco sin venir demasiado a cuento, uno de los protagonistas de la novela, Popeye. Faulkner te descoloca desde el primer momento y luego te va colocando lo que él cree que debes saber en el orden que le parece mejor. Su juguete, sus reglas. Algo así como cuando uno lee el tochaco de Luz de agosto (relectura en breve), y en las primeras cien, sí, cien, páginas, no pasa naaaaaada. Pero nada, el tío no arranca porque no le da la gana, y cuando arranca entiendes por qué ha hecho eso y qué sentido tiene. Era mucho, don William.

Es, también, un escritor un tanto atípico dentro de la narrativa estadounidense, muy influido por los autores europeos que lo precedieron, y cuyas técnicas aplica con maestría. Recordad: El sonido y la furia está contada en parte desde el punto de vista de un retrasado mental. También es un escritor deudor del pasado europeo, y es posible que nos recuerde al naturalismo en su visión descarnada y durísima del ser humano, como un ser incapaz de no hacer el mal a sí mismo y a los que le rodea, no por maldad sino porque es incapaz de levantarse por encima de sus miserias. De ahí también las descripciones expresionistas de los personajes, dignas de un esperpento de Valle Inclán, esos ojos que parecen botones de goma, esas ropas gastadas y deshilachadas, esa pobreza cutre y sórdida, esas descripciones de lugares cerrados y agobiantes.

El libro es, según los estándares de la época, bastante bruto, porque entre otras cosas es la historia de una violación, además con agravantes. La primera edición fue a cargo de Dark Sun, una editorial de libros en inglés afincada en París. La protagonista, Temple Drake, es una estudiante de diecinueve años algo alocada que en una de sus juergas, y queriendo comprar alcohol ilegal, termina con su noviete en una extraña casa medio derruida donde vive un peculiar grupo de trapicheadores locales. Lo que pasa en ese lugar, y la posterior huida de Popeye con la chica, a la que retiene en un burdel después de entablar con ella una relación enfermiza por ambas partes, se reconstruye a lo largo de la novela y del juicio a algunos de los que estaban en esa casa, con la famosa escena de la mazorca de maíz, que en la época causó bastante escándalo, y eso que Faulkner se guardó muy mucho de no poner nada demasiado explícito y dejar que el lector atase todos los cabos, que por supuesto es algo mucho más morboso. La narración está por tanto desordenada hasta cierto punto, sabemos lo que pasa hasta un momento pero luego hay un conjunto de horas cruciales que serán reconstruidas a medida que avance la novela, así como el destino final de Popeye, un psicópata de manual totalmente determinado a ser un criminal y una persona completamente infeliz al haber nacido con malformaciones propias de la sífilis que le transmitió su madre, y que acepta su propia maldad y su destino con un completo nihilismo y desafección hacia una vida que no le ha dado nada. Su apodo, Popeye, demuestra también que lo de incluir elementos recientes de la cultura popular en novelas y otras obras no es cosa de hace cuatro días como algunos creen, ya que ese personaje sólo había sido creado un par de años antes. Para la película tuvieron que cambiarlo a Tigger por problemas de derechos.

¿Y por qué la novela se llama Santuario? Nuevamente, con Faulkner tonterías las justas, ni siquiera se sabe en la estremecedora escena en la que el padre de Templeton recoge a su hija del estrado, sino sólo en la última página. Porque don William sabe lo que hace. Años después Faulkner escribiría Réquiem por una monja, cuya protagonista es Temple Drake ya casada.


Con esta novela empezaría también la relación de Faulkner con Hollywood y el mundo del cine. Porque según parece, este autor tenía una merecida fama de pesetero, e incluso intentó camuflar esta controvertida novela como un simple trabajo alimenticio (ya, en una editorial de París). Aunque el argumento está más que aguado y la actriz desde luego ha dejado los diecinueve años hace mucho, armó bastante revuelo, y se considera una de las películas que colmó el vaso y provocó la aparición del famoso Código Hays, un código de autocensura que consiguió que en las últimas películas de Tarzán que protagonizó Mauren O'Hara enseñase bastante menos cacha que en la primera, que iba medio en porreta, por ejemplo. También, no lo olvidemos, blindó el cine nacional estadounidense a los estrenos de películas extranjeras, que ya nos conocemos todos y sabemos cómo funciona esto.


Faulkner continuaría su relación con Hollywood, bastante lucrativa, en títulos en los que uno no esperaría encontrárselo, la verdad. En Tierra de faraones le preguntó a Howard Hawks que si podía poner al faraón hablando como un general de la guerra civil, porque lógicamente no tenía ni idea de cómo hablaba un faraón, y lo podemos ver colaborando en Gunga Din o en la adaptación de El sueño eterno de Raymond Chandler, de la que confesó que nunca terminó de entender lo que pasaba en ella, y en la que trabajó en colaboración de Leigh Brackett, uno de los que metió baza en el guión de El imperio contraataca. Bueno, nada que no sepáis de lo de Kevin Bacon y los seis grados de separación.

Faulkner fue, curiosamente, lo que hoy día llamaríamos un "autor de culto", lo bastante exitoso como para seguir publicando y con un pequeño público fiel, pero sin gozar nunca de demasiado reconocimiento, hasta que de repente como quien dice le cae el Premio Nobel en 1949 y todo el mundo cae en la cuenta que ha creado todo un microcosmos literario en el famoso condado imaginario de Yoknapatawpha. El whisky se lo pagaba sobre todo con su trabajo en Hollywood, y según parece le daba fuerte al frasco. Conocida es también su rivalidad con Heminway, por así decirlo en los antípodas de su proyecto literario. Después de su reconocimiento mundial, se convirtió en uno de los referentes de la novelística, sobre todo por autores como García Márquez, o Juan Benet en España.

Pues lo dicho: hay que leer a Faulkner. Pero ojito con plagiarlo, que ya sabéis que en este blog es verdadera devoción lo que sentimos por... ¡Faulkner!


-SuperSantiEgo

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8.3.11

Libro: Escape To Hell and Other Stories, de Muamar el Gadafi

Por primera, y espero que última vez, hablaré de un libro que no he terminado de leer. Tiene 190 páginas y me he plantado en la 60, porque como ya os he dicho cuando alcance el título nobiliario que el destino me depara la divisa que adornará el escudo familiar y que repetirán mis descendientes será "Tonterías, las justas".

Tonterías las justas, señor Gadafi. Que sea un dictador y que mate a gente, pues mire, nadie es perfecto, pero escribir estas chorradas, publicarlas y pretender que los demás lo lean, eso ya no.

Hasta donde leí, mierda del culo, y ojeé un poco lo que venía a continuación y vi que era más de lo mismo. Básicamente lo que dice Gadafi se resume a "Yo sólo soy un pobrecito beduino que no sabe de muchas cosas, pero tengo una profunda sabiduría ancestral", "La ciudad y el modo de vida occidental es mu mu mala, la gente insulta a su padre en los semáforos sin darse cuenta y a los niños los raptan para robarles los riñones", "Lo chulo es vivir en el desierto en contacto con la naturaleza, respirando aire puro bajo las estrella en comunión con Alá". Inenarrable.

Sobre el prólogo de Pierre Salinger del principio en plan "qué buenecito es Gadafi y qué mal lo entiende la gente", pues nada, hay que ver cómo alguna gente se cubre de gloria.



Casi me da pena el hombre. Bueno, no, pena no, pero desde luego me lo imagino conmocionado pensando que su pueblo ya no lo ama, y él pensaba que lo idolatraba, que era algo mutuo, y que todos esos amigos tan simpáticos que venían a comprarle petróleo y gas natural ahora no le responden las llamadas y amenazan con intervenir nada menos que en una guerra civil, cosa no muy habitual. A que va a ser por el petróleo, seguro que empieza a pensar en un súbito ataque de lucidez.

Como se suele decir en esos casos, lo peor es la cara de tonto que se le queda a uno.
Loooooocoooooo... míííía.
-SuperSantiEgo

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6.3.11

Libro:Tau Cero, de Poul Anderson

Pa relajarme un poco respecto a las salvajadas que suelo leer en ocasiones se me ocurrió leer esta novelita, considerada un clásico de la ciencia ficción y firmada por uno de los nombres más conocidos del género.

Bueno, para relajarse no está mal. No es gran cosa pero te entretiene un rato sin ser nada del otro mundo.

Lo que me ha encabronado, pero bien, es el prólogo de Miquel Barceló, uno de los popes o gurús españoles de la ciencia ficción que creen tener la última palabra sobre el género y que durante varias décadas han dirigido las colecciones de ciencia ficción de este país imponiendo su criterio, mejor o peor, como bien les ha venido en gana, y lo que es peor: intentando justificar sus filias y fobias personales, reconozcamos que inevitables, como una especie de criterio científico e incuestionable. Barceló nos "regala" en cada título un prólogo infumable del típico señor que no puede evitar ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro, vicio que muchos achacan también, por ejemplo, al director de El Mundo. Ya me referí a él cuando hablé de Hiperión, con sus ridículas explicaciones de que "Simmons escribe en inglés" y su concepto de "amor prohibido". Pues bien, aquí nos vuelve a agasajar con una sesión de autolamida de glande para que veamos lo gran persona que es y lo muy agradecidos que deberíamos estarle por hacer que esta obra que él considera un clásico absoluto pueda estar al alcance de nosotros los mortales. En fin, hay gente así, qué se le va a hacer. Hace poco ya me referí a un caso parecido con el antólogo del libro de relatos Necronomicón, y el boludito de Casciari me ha hecho muy feliz de mi decisión de que ni se me pasara por la imaginación comprar su revista de autores conocidos en su casa a la hora de comer, aunque habría sido una "experiencia digital muy 2.0 y muy bonota", no lo dudo, revista en la que se dedica igualmente a salir en todos los relatos antes y después comentando recomentando, no se le vaya a olvidar a alguien en algún momento que ÉL, y sólo ÉL, es el artífice de todo aquello.

Que conste que hay grandes antólogos con buenas ideas y con mucha gracia para su trabajo, como Asimov o Ellison, pero en el caso de que se pasen de graciosos suelen ser completamente insoportables.

Volviendo a la novela en cuestión, como digo está entretenida y poco más. De hecho mi amigo y antiguo compañero de fanzine, Alberto Cairo, se despacha con ella bastante más, y por motivos similares a los que yo podría exponer sobre lo que es más reprobable en la novela. Desde luego ya al principio de la novela encontrarse este párrafo que el mismo Alberto señala no es como para esperarse nada bueno a partir de entonces.

"Él habló en voz baja por miedo a sonar brusco:
-¿Crees que tú y yo formaremos una pareja?
-Sí. -Su tono se hizo más firme-. Puede que parezca inmodesta, sea o no una mujer del espacio. Pero estaré más ocupada que la mayoría, especialmente durante las primeras semanas de viaje. No tendré tiempo para rituales y matices. Podría acabar en una situación que no me gustase. A menos que piense por adelantado y haga algunos preparativos. Y eso es lo que hago.
Él se llevó su mano a los labios.
-Es un honor para mí, Ingrid. Aunque puede que seamos muy distintos.
-No, sospecho que eso es lo que me atrae de ti. -Su palma se dobló sobre la boca y rozó las mejillas-. Quiero conocerte. Eres más hombre que nadie que haya conocido antes."
 Ay.

Desde luego estamos ante una obra del subgénero conocido como hard, ciencia ficción dura que muchas veces se olvida que la ciencia ficción, se pongan como se pongan sus más acérrimos defensores de los excesos y miserias de un género que a veces se olvida que esto no deja de ser literatura, no deja de ser eso, literatura. Todo lo que es la parte "humana" de la novela está un poco cogida de los pelos, y aunque se supone que estamos un par de siglos como mínimo en el futuro los protagonistas actúan, como mucho, como tipos algo hipies sesenteros, que la novela es de 1970. Las relaciones se rompen y se crean en la nave durante su periplo con una frivolidad un poco extraña, sólo superada por el absurdo de que en Cómo conocí a vuestra madre una de las protagonistas haya sido la novia de otros dos y no se cree ninguna tensión o problema en el restringido grupo de amigos, y eso que como comedia disparatada se puede permitir muchas licencias. Aquí algo parecido: "Oye, que te dejo después de estos años de relación aunque te sigo queriendo". "Ah, bueno, vale. Lo superaré". Coñe, invéntate una sociedad promiscua, un nuevo estadio de entender las relaciones y la sexualidad, no me acabes la novela con los dos protagonistas paseando cogiditos de la mano como buena pareja heterosexual monógama. Pues aquí estos dos protagonistas después de tener ese diálogo digno de Crepúsculo luego se encabronan en la novela como dos quinceañeros, y al final terminan juntos en una pirueta psicológica que lo deja a uno con el culo torcido. Sobre el tipo con mentalidad de madero que curiosamente tiene mano izquierda para manipular psicoanalíticamente a los científicos de la nave y crear la figura del capitán idealizado en una absurda interpretación de antropología parda, sólo puedo decir que como que no me lo creo mucho. Ni de lejos. Lo de la supremacía sueca que entonces parece dominar la Tierra porque fue el país elegido para garantizar la paz mundial, así como el nacionalismo estadounidense, los desarrolla muy poco.

[Destripes graves de argumento a partir de aquí:]

Sobre el argumento propiamente cienciaficcionero de la novela, pues bien, yo ahí tengo manga ancha y no está mal. Nos suena, eso sí, porque el argumento lo hemos visto luego reciclado en series de televisión como Stargate Universe y otras: una nave que no puede detenerse y sus tripulantes que se enfrentan a la idea de tener que acabar sus vidas allí encerrados. Cada vez, por problemas técnicos, se ven obligados a acelerar más y más acercándose asintóticamente a un valor en el que tau tienda a cero, con lo que los efectos relativistas se agudizan, la nave aumenta de masa y el tiempo pasa en el exterior a un ritmo acelerado, hasta que tienen que asumir que probablemente cualquier civilización humana ya habrá desaparecido. Se pasan tanto de frenada que terminan contemplando nada menos que la muerte del Universo, que parece ser que obedece al modelo del universo pulsante, en el que una vez llegado a la muerte por entropía de todas las estrellas la gravitación volverá a reunir en un sólo punto infinitesimal toda la materia del universo para general un nuevo universo a través de una Gran Explosión. Y esta gente sobrevive. Como Galactus. Y encuentran un planeta habitable parecido a la Tierra, cuya descripción se me antojó muy parecida a Pandora, la de Avatar.

Ya os digo que se deja leer si uno en ese momento decide no ser muy exigente, pero nada más. Contiene todos los defectos de ese género y subgénero: comportamientos estereotipados, algún diálogo delirante y sobre todo esa tendencia que el mismo Asimov denunció y de la que era consciente de ser a veces un representante, ya que se puso como ejemplo de esa tendencia "campbelliana" de crear narraciones heroicas protagonizadas por científicos forzadamente racionales que aplicando la ciencia y el pensamiento frío y calculador conseguían salir de cualquier situación desesperada, ya sea una invasión extraterrestre... o la misma extinción del universo.

La traducción, como casi siempre mejorable. "Honestamente tengo asumir que", con dos cojones en vez de "Sinceramente tengo que suponer que". Miquel, deja de hacerte pajas mentales y revisa mejor los textos.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 9:14 PM 4 estupefactos enlaces a esta entrada