header append X-robots-tag "noarchive"

27.2.11

Libro: Lo que hay que tener, de Tom Wolfe

Libro éste que dio la fama, merecidamente, a Tom Wolfe en 1979, que consiguió la consagración algunos años después con ese clásico moderno que es La hoguera de las vanidades. El título original es The Right Stuff, que viene a ser "de una pasta especial", y que para la película en España se tradujo como Elegidos para la gloria. Como muchos se darían cuenta, en el doblaje de la película Armageddon cuando el jefe de la misión ve llegar a los "astronautas", que son Bruce Willis y sus perforadores, sólo dice por lo bajo: "Elegidos para la escoria", y aunque no lo que comprobado me juego el cuello que en la versión original dice: "The wrong stuff", que sonaría muy parecido a "The wrong staff", el personal equivocado.. En esta traducción de Anagrama vemos que se utiliza la expresión "lo que hay que tener",  tener ese algo que se tiene o no se tiene para ser un verdadero piloto de pruebas capaz de destacarse en una competición a ver quién es capaz de jugarse la vida probando aviones o las entonces nuevas cápsulas espaciales.

Es, también, una "novela de no ficción", término que a mucha gente le dará un poco igual pero que a mí no deja de sorprenderme, porque por muchas vueltas que le doy ni entiendo lo que es ni comprendo qué necesidad hay de inventarse tal cosa, a no ser para reinventar la pólvora. Se supone que es uno de los resultados del "nuevo periodismo", que empieza a aplicar técnicas literarias a los reportajes periodísticos, que introduce la subjetividad del autor y todo eso. Es decir: que no es periodismo. Literatura sí, e incluso buena en algunos casos, pero entonces deja de ser periodismo. Por otro lado la misma definición de novela de no ficción es tan vaga que entonces toda novela histórica lo sería, no digamos ya las biografías. Fijémonos que es un término que por lo menos en español no ha tenido demasiado éxito, y con razón, porque en ese plan los Episodios Nacionales, las novelas de la Guerra Civil o las que narran hechos reales más o menos novelizados y en los que se cambian algunas cosas "con propósitos dramáticos", técnica que emplean esas supuestas novelas de no ficción, serían todas pertenecientes a ese género, así como las famosas novelas testimonio o las que cuentan hechos vividos por la persona, y sin ir más lejos Un puente lejano de Cornelius Ryan sería una novela de no ficción, ya que no cuenta nada que no ocurriese de verdad. Vamos, que ese extraño concepto de "novela de no ficción" o faction (ficción de hechos) no lo termino de entender, y más cuando ya existían otros tipo novela testimonio o novela documento. Además, que no os vendan la burra: antes de Capote y de Norman Mailer se pegasen en los sesenta sobre quién había escrito primero una novela de no ficción el argentino Rodolfo Walsh había escrito Operación masacre en 1957, precisamente considerada novela testimonio. Para qué inventar géneros cuando ya existen, digo yo. Eso sin contar con el cachondeo que todos conocemos de las famosas películas "basadas en hechos reales", que causan no pocas veces mucha vergüencita ajena.

En el caso de Sinatra has a cold, famoso artículo de Esquire de 1966 vemos cómo el autor, Gay Talese, incapaz de entrevistar a un cada vez más borde Sinatra, se las apaña para crear un artículo tomando como referencia lo que ve de su comportamiento mientras lo sigue, documentándose y hablando con otras personas. El juego literario es brillante por momentos, pero no es una entrevista, sino una composición literaria completamente sesgada y bajo el punto de vista del que la escribe.

Llevando las consecuencias del nuevo periodismo a su límite nos encontraremos con el "periodismo gonzo", cuya última degeneración es lo de "21 días como", y si ya no se tiene el más mínimo decoro el "fake but accurate", donde ya se pretende que cuele que se puede componer la verdad a través de suposiciones, falsificaciones o puras invenciones, que aunque no sean verdad por sí mismas, y que reflejan correctamente esa verdad. El término es reciente, pero hay casos conocidos como la imagen del ave cubierta de petróleo durante la guerra del golfo, que correspondía al desastre del Exxon Valdez, o lo que algunos periodistas gráficos que no querían jugarse el cuello como sus compañeros hicieron en Vietnam, que oían los horrores de la guerra y luego los reproducían en un cacho de selva al lado de Hanoi con un bidón de gasolina para crear humo y cuatro vietnamitas que se hacían los muertos a cambio de un dinerillo.

En el caso de esta obra de Tom Wolfe no hay duda de que el trabajo de documentación es soberbio, y que pudo entrevistarse con casi todos los protagonistas, ya que varios de ellos siguen vivos incluso ahora más de treinta años después. Como Gus Grisson murió joven en el accidente del Apollo 1, jamás pudo defenderse de que en la novela se dé a entender claramente que llegado el momento se acojonó y accionó antes de tiempo la escotilla pirotécnica. Además, el autor, nacido en 1931, vivió como adulto esa época, así que tuvo un conocimiento de primera mano de cómo vivió la sociedad estadounidense el principio de la carrera espacial. También se posiciona claramente en la doble narración de la novela, en la que se cuenta en paralelo los avances aeronáuticos, tomando como protagonista a Yaeguer, el primer hombre que rompió la barrera del sonido, con los siete pilotos elegidos para el proyecto Mercurio, que se convirtieron rápidamente en estrellas mediáticas y, como dice Wolfe, en paladines de la nación contra los rusos en un combate singular de proporciones épicas. De los dos programas espaciales, el militar con aviones que alcanzaban velocidades de vértigo y alturas estratosféricas, y el civil de la NASA que recibió todo el apoyo de la prensa y el gobierno, está claro que las simpatías del autor están en los primeros: en pilotos que hacían despegar el avión y luego lo podían aterrizar solos, mientras que los segundos, quizá injustamente, se dice que hacían lo mismo que podía hacer un mono. Aun así eso se ve que no es cierto: si todo va perfectamente el astronauta no tenía que hace gran cosa y todo podía ir en automático, pero si se presentaba algún problema y había que maniobrar, como se dio el caso, todo el entrenamiento se vio perfectamente justificado. Wolfe no oculta las simpatías por ese programa que luego fue cancelado, el militar, e incluso uno descubre que a los pilotos de avión que alcanzaban esas alturas prodigiosas e incluso llegaban a orbitar, se les consideraba también astronautas.

Aunque la novela no es hipercrítica, tampoco es una obra hagiográfica, como debieron ser los artículos de la época en la revista Life. Los protagonistas, los siete originales, son retratados como todos los pilotos de la época: extremadamente orgullosos, pagados de sí mismos, temerarios y muy machistas, envueltos en una continua competición a ver quién vuela más rápido, quién conduce más rápido estando borracho y quién se liga a más admiradoras. Por otro lado no se priva de presentar todo el programa espacial como un resultado claro de propaganda producto de la Guerra Fría, contextualizándolo en el final de la administración Eisenhower y el mandato de Kennedy, con la Crisis de los misiles y otros acontecimientos que compartieron protagonismo con ese principio de la carrera espacial. Carrera que, queda claro, al principio ganaron los rusos por goleada, ya que Gagarin y Titov se habían cansado ya de dar vueltas a la tierra orbitando cuando los americanos como mucho habían lanzado a un hombre muy alto y luego lo habían hecho caer cerquita. Wolfe habla de los rusos tomando, curiosamente, la terminología de Zamiatin en Nosotros, y habla de la nave Integral y de El Gran Diseñador de esa novela. El análogo de von Braun fue Sergey Pavlovich Korolyov, un genio a su altura, y menos mal que el alemán no decidió pasarse a los rusos, porque entonces sí que no habría habido color. Von Braun es citado más bien poco, y es una pena, porque es una figura un tanto turbia y el prototipo de todos los tópicos negativos del ingeniero, ya que le importaba un pepino la moralidad de sus acciones y sólo iba a lo suyo y a conseguir nuevos avances, fueran V2 para arrasar Londres o crear cohetes con los que llegar a la luna. Tanto en la novela como en la adaptación cinematográfica se dice lo de "Quizá es que sus alemanes son mejores que los nuestros".

La novela cuenta también la rivalidad entre los distintos astronautas, y cómo fue elegido Alan Sephard para la primera misión: votación entre los siete, así que el que todos creían que iba a ser el primero, John Glenn, perdió por tocapelotas y santurrón. Glenn fue el primer norteamericano en orbitar, y su fama eclipsó rápidamente a la de Sephard, que sin embargo puede ser considerado como uno de los astronautas más completos de la historia, ya que superó su síndrome de Ménière, y se convirtió en 1971 en el quinto hombre en pisar la luna. De hecho en la película cuando lo hacen de lado dice: "Me largo a la luna cuanto antes". Shephard también creó la "oración del astronauta", el famoso "Dios mío, por favor, no dejes que la cague (O lord, please don't let us screw up)", citada también en la película Space Cowboys.

El libro es muy interesante, tanto por lo que cuenta, como por el pulso certero con el que está contado todo. Aunque después me decepcionó bastante con Yo soy Charlotte Simmons y Todo un hombre, hay que reconocer que ésta y La hoguera de las vanidades son grandes obras.

Sobre la traducción, mejorable, y más cuando uno ve que ha habido varias ediciones, así que se podrían haber corregido cosas. Si la novela se traduce del inglés no se puede dejar un "up yours" ahí en medio, ni poner un "¡Era glorioso! ¡Enloquecido!" "Crazy!" en ese contexto es claramente "¡Una locura!". Sobre lo de John Calvino, me quedé a cuadros: o es Jean Cauvin (o Calvinus), o lo dejas como lo ponen en inglés, John Calvin, pero en español si pones Calvino, el señor se llama Juan. Estoy por editar la página de la Wikipedia del "corrector de estilo" y ponerle lo de "en peligro de extinción".

Sobre la adaptación cinematográfica de 1983, obviamente no puede entrar en muchos detalles que aparecen en la novela, pero está francamente bien, y eso que dura más de tres horas. Más o menos está todo: la evolución de los dos programas, los primeros vuelos, los primeros accidentes y la competición con los rusos, etc.


Chuck Yeaguer aparece en la película en la escena del bar, ya mayorcete, y aquí lo podéis ver en persona:



-SuperSantiEgo

Etiquetas: ,

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 9:15 PM 8 estupefactos enlaces a esta entrada

25.2.11

Entrevista con el francotirador de Villabotijos de Abajo

Parece un hombre tranquilo, cordial y amable, y al verlo nadie diría que hace dos años se subió al campanario de su pueblo y acabó con la vida de dieciséis de sus vecinos. Me espera en su celda, la misma en la que probablemente pasará los siguientes veinte años. En su mirada no consigo ver ni el menor asomo de arrepentimiento o sentimiento de culpa. Viste sus ropas de preso con discreción, y a pesar de sus cincuenta y tres años sigue moviéndose con la agilidad de un chiquillo, igual que con la misma ingenuidad de un colegial despreocupado sembró el terro aquel fatídico día en su pueblo.

-Muchas gracias por escucharme -me dice cuando me siento en la silla frente a él, vigilados por un guarda armado-. Me alegro de que por fin un medio serio como The Banana Tribune quiera escuchar cómo pasaron realmente las cosas.

-Siempre estamos al servicio de la verdad. Aquí estoy para escucharle. Dígame, señor Pérez: ¿qué lo llevó, ese fatídico día de mayo, a subirse al campanario y a disparar indiscriminadamente contra sus vecinos?
Se lo piensa un momento, parece que va a hablar pero se detiene, y mira con deseo el fusil del funcionario, como recordando tiempos mejores.

-Puede llamarme Emilio, si quiere.

-Respóndame, don Emilio. ¿Por qué lo hizo?

-Lo he dicho mil veces, pero nadie me cree.

-Hombre, es que es un poco difícil de tragar. Entiéndalo. Se sube usted al campanario, y hala, a pegarle tiros a todo lo que se mueve.

-Pasó un perro y no le disparé. El perro del Ambrosio era.

-Hombre, un detalle. Pero luego el perro se murió de depresión, tras la muerte de su amo.

-Qué desgracia. Pero bueno, ¿qué más daba ya? Ambrosio yo creí que…

Lo miro a los ojos, que me responden con una mirada de inocencia. Y pienso que esto es lo que hemos creado entre todos, y todos somos responsables. No digo nada y espero a que él continúe su historia.

-Ya me lo llevaba temiendo hacía tiempo, años… -dice en voz baja-. Sabía que un día iba a pasar. Alguna gente pensaba que era de broma, pero yo estaba seguro que era verdad. ¿Usted me entiende?

-Hombre, no mucho. Lo que hizo fue una salvajada. Hala, con la carabina al campanario y a tiros con todo el mundo.

-¡Es que iban a por mí!

-¿Quiénes?

-¡Ellos!

-Ya: ellos. Sus vecinos, que casi todos eran unos yayos.

-Iban arrastrando los pies y…

-Ya…

-Los vi moverse todos juntos…

-Es que era una procesión.

-Y luego iban haciendo esos ruidos tan raros…

-Rogativas, las llaman.

-Yo vi aquello y claro…

-Hala, sin pensárnoslo dos veces: me subo al campanario y a pegar tiros.

-Es que venían todos hacia mí.

-Normal: se dirigían a la iglesia después de la procesión.

-¿Usted cree que me pasé?

-Un poco. Vamos, pero es una opinión personal. Lo importate es lo que dijo el juez, que ellos saben de esas cosas.

-Pues yo le juro que creía que había llegado.

-¿Qué? ¿Que había llegado qué?

-Pues eso, que había llegado. ¿Qué quería que hiciera? ¿Dejarme que me pillasen? Pues no: cogí dos hogazas de pan, los chorizos y unas botellas de vino, todos los cartuchos y me atrincheré en un lugar alto a esperar ayuda. Es lo que hay que hacer en un Apocalipsis Z, ¿no?

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 10:33 PM enlaces a esta entrada

18.2.11

Libro: El último anillo, de Kiril Yeskov

Leíla hace unos tres años, y la verdad es que como comprenderéis no hago aquí comentarios de todos los libros que leo. Básicamente lo hago cuando el libro me gusta mucho, cuando es tan malo que es que ya es bueno y cuando hay algo que me llama mucho la atención y merece ser comentado.

La verdad es que del libro oí hablar bastantes años antes de que se publicase, por medio de un amigo, Alberto Cairo, que en alguna HispaCon o sitio similar había oído hablar de un ruso que había escrito una parodia de El Señor de los Anillos desde "el punto de vista orco". Tampoco me hice mucha idea de lo que podría salir de ahí, pero me imaginé más o menos algo parecido a lo que dijeron en su momento los chicos de La página definitiva. En el caso de la película, está incluso más claro: por ejemplo el bueno de Saruman no quiere sino comenzar una discreta revolución industrial y vienen unos ecolejetas a estropeársela por un detalle trivial de respeto a los derechos humanos.

Cuando salió el libro traducido en español, lo pedí y me lo compré en la edición de Bibliópolis, y eso que habían salido ya algunas críticas no demasiado elogiosas. No es que sea malo, pero quizá se queda a medio camino. No es exactamente una parodia, aunque también algo de ello haya, sino una inversión, imperfecta, de la óptica de la novela original. También es, quizá, demasiado prolijo, y la trama de género casi de espionaje se queda un poco corta, o no termina de llegar a donde debe.

Es, efectivamente, una especie de continuación apócrifa de ESDLA, pero tomando como base una extraña teoría de la conspiración en la que se supone que lo que realmente ocurrió no tiene que ver demasiado con lo que nos cuenta Tolkien, cuya versión sería una especie de interpretación tipo Pravda de lo que ocurrió, en la que se sataniza a un enemigo vencido que, en realidad, eran los buenos. Y ahí es donde veo yo el primer problema de esta interpretación, porque si como parodia bruta y cachonda no funciona ya que no es ése el tono que se busca, como en El sopor de los anillos, no se termina de entender bien cuál es la intención del autor al construir esta novela en la que hay algunos hallazgos, como que Aragorn sea poco más que un cazafortunas que ha dado un golpe de mano a un antiguo imperio aprovechándose de una antigua leyenda o cuento que aseguraba que los verdaderos reyes estaban por venir y que la actual dinastía sólo calentaba el trono a un supuesto legítimo heredero, pero luego el resto termina siendo, curiosamente, demasiado maniqueo. Al revés, pero igual de maniqueo. Por regla general las parodias suelen ser una expresión de amor por lo parodiado, pero en este caso no sé realmente lo que pretende el ruso con esta supuesta desmitificación de un mito, totalmente innecesaria porque no hay nada que desmitificar: las aventuras de la Tierra Media no son ciertas ni falsas, son pura fantasía y no hay que corregir nada. Sobre la guerra civil habrá discusiones basadas en datos, pero sobre la Guerra del Anillo lo que dice Tolkien, acertado o no, ideológicamente todo lo sesgado que uno quiera, va a misa.

Aunque los nombres están cambiados, son todos reconocibles, y no me acuerdo de ninguno, pero no falta nadie: Faramir, Aragorn, Gandalf, Saruman, Galadriel... Eso sí: los orcos son orquinos, una raza meridional de seres humanos que, chúpate esa, tienen un régimen casi constitucional, una avanzada ciencia y grandes universidades, acosados por unos vecinos del norte que practican la magia irracional y que quieren detener el avance de esa herejía a toda costa. Gandalf es el paladín de la Solución Final para esa situación, mintiendo como sea o inventándose casus belli sacados de la manga, mientras que Saruman se gira de chaqueta y quiere ver el advenimiento de la nueva era. Los elfos son, básicamente, una panda de fanáticos ecologistas militarizados que usan flechas venenosas y que practican la tortura, a la vez que mantienen un férreo control sobre los distintos gobiernos títeres de humanos, que ven de reojo a los orquinos como una posible liberación.

El problema, quizá, es ése: una excesiva inversión que mantiene el supuesto esquema maniqueo que se pretende, se supone, criticar. Si a esto le añadimos que el libro es un buen tochaco y que la trama a veces es un poco enmarañada con tanta conjura de los espejos que son como los Palantir para destruir o no el origen de la magia, pues la lectura en algún momento se hace un poco pesada una vez han pasado las primeras páginas en las que uno ve a los personajes al revés de como los conocía. El autor, biólogo, se ha dejado llevar un poco, me parece a mí, por el "empoderamiento" al que a veces tienden los que, más que ser verdaderos escépticos o científicos, son exhibicionistas de sus convicciones científicas, y ha terminado convirtiendo su obra, más que en una lectura agradable, en un panfleto antimagufo y proprogreso. Por si fuera poco, se nos narra esa desmitificación desde un futuro en el que, efectivamente, la magia ha terminado desapareciendo, y ha triunfado la ciencia. Pero eso no es muy lógico, ya que por otra parte se supone que, al menos en esa época, la magia funcionaba de verdad, así que tan desencaminados no iban los que la practicaban.

En definitiva: como curiosidad está bien, pero nada más.

Además, algunos amigos me han mandado este enlace, donde se comenta la novela, y hay algo en lo que no estoy de acuerdo. Que digan que pueden tener problemas por derechos de autor es más que discutible, y no me creo que sea ésa la razón por la que no se haya publicado en inglés. En primer lugar la parodia está protegida en todas las legislaciones, y desde luego el objeto parodiado puede ser perfectamente reconocible. Las parodias no pueden ser ni evitadas ni pagan derechos, así que Mel Brooks cuando hizo su Loca historia de las galaxias no pagó nada a Lucas ni le pidió permiso, y Al Jankovic, si pide permiso a los músicos a los que parodia, es simplemente por cortesía y porque no quiere ofender a alguno que quizá sea demasiado susceptible, porque no tiene ninguna obligación de advertirles que van a ser parodiados. Así que esta parodia, me parece, no tiene ningún problema legal, y las traducciones a otros idiomas o la obra original podrían haber sido sometidas a la misma persecución, y no ha sido el caso. Repito: hay parodias de todo tipo, y no pasa nada. Eso por no hablar de otro tema, como el pastiche porno, que tampoco recibe ninguna demanda.

De hecho la explicación podría ser mucho más sencilla: primero, el mundo literario de habla inglesa es considerablemente paleto, y bastante refractario a las traducciones y a los autores extranjeros, aunque hay que reconocer que cuando les da, les da fuerte, como en el caso de Stieg Larsson. Por si fuera poco esta endogamia, en el caso de la literatura fantástica es mayor si cabe, con editoriales como Tor intentado encasillar a autores y lectores en nichos cada vez más especializados y absurdos. Así que quizá es, simplemente, falta de interés. No es una novela que pueda interesar al público general, y el friki que lee novelas de fantasía no creo que sienta demasiada emoción por leer una especie de deformación de la historia de Tolkien que aún encima pretende tener un mensaje que, o bien no te interesa, o bien es totalmente irrelevante, ya lo que se busca es leer una buena historia.


-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 7:43 PM 6 estupefactos enlaces a esta entrada

8.2.11

Nuestra pandilla, de Philip Roth

Obra menor del conocidísimo Philip Roth, y que hay que contextualizar en su época para intentar comprenderla. Porque es un libro paródico, una sátira mordaz, de la época de Nixon, en el libro Triky (Tramposo) E Dixon, y escrito en pleno mandato de este señor, 1971, poco antes de que el señor en cuestión se cubriera de gloria y tuviese que ser el primer presidente que tuvo que abandonar con oprobio su mandato y recibir un perdón especial para no armar más escandalera. El libro tiene, por tanto, cuarenta años, ha llovido ya y muchas son las cosas que han pasado desde entonces.

Nixon es, sobre todo para la generación que nació en los años cincuenta en los EEUU, su bestia negra, y sólo hay que ver cómo lo tratan los nacidos en esa época, que no conocieron las victorias de la Segunda Guerra Mundial y que vieron cómo la época de Kennedy y la Década Prodigiosa se cerraba con el mandato de un señor sin carisma que representaba una forma de gobernar y un discurso que en ese momento se consideraba por muchos, al menos por los sectores considerados progresistas, a punto de extinguirse, aunque la historia luego confirmó que le quedaba cuerda para rato.

La verdad es que a mí es una figura que ni me va ni me viene mucho, y por la que no siento especial simpatía ni antipatía. Pero sí cierto interés humano, ya que representa la perseverancia, ya que el tipo siguió erre que erre hasta que consiguió ser presidente contra todo pronóstico, sólo para darse cuenta de que se le había pasado el arroz y que iba a ser protagonista de un episodio vergonzoso de su país, además de ser incapaz de ganar ni detener la Guerra del Vietnam. No sé hasta qué punto es veraz el retrato que de él hace Oliver Stone en su película, pero desde luego creo que transmite muy bien esa incapacidad de controlar su propio destino y cómo, por mucho que en ese momento fuera el hombre más poderoso del mundo, apenas si podía decidir lo que pasaba a su alrededor. Eso no quita que fuera un cabronazo, pero humano y frágil al fin y al cabo.



Hasta cierto punto, como todo perdedor o fracasado, el tiempo ha terminado otorgándole una cierta dignidad en la derrota. Primero, enfrentándose nada menos que al que estaba llamado a ser un mito después de muerto, John F Kennedy, con el que se enfrentó en el primer debate televisado de la historia, con lo que, además, se inauguró la era de la imagen en la que él ya empezaba a no encajar: Nixon ganó entre los que oyeron el debate en la radio, mientras que Kennedy lo hizo entre los que vieron el debate televisado. Aun así, lo de fracasado también es muy discutible: en su primer mandato fue un presidente extraordinariamente popular, de ahí la portada del libro, y en la reelección de 1972 barrió a su oponente demócrata, que se presentó con un programa de gobierno muy cercano a la socialdemocracia. El candidato demócrata, os lo creáis o no, se llamaba McGovern. De todos modos su renuncia en 1974 por el Watergate ensombreció su anterior popularidad y sólo un año después la derrota / nos fuimos porque quisimos de Vietnam, la caída de los acuerdos monetarios de Bretton Woods y la crisis del petróleo hizo que, según la versión más popular de la historia, los Estados Unidos se diesen cuenta de que ni eran invencibles ni la ilusión de continuo desarrollo y bonanza económica durarían como la habían conocido. Nixon, justa o injustamente, recibió el sanbenito de representar todo lo negativo de ese lustro y simboliza lo que a partir de entonces es el Sistema, el gobierno corrupto que actúa de espaldas al pueblo según la tradición hipi, neohipi y demás derivados.

Desde entonces, aunque siga siendo una figura de estudio histórico, su imagen se ha incorporado a la cultura popular mucho más que la de otros presidentes que han medio caído en el olvido. Los malos, los villanos, tienen un carisma muy superior de lo que ellos mismos sospechaban cuando iban de buenos. Probablemente a Nixon, tan conservador y puritano él, le habría dado un síncope al ver cómo se iba a utilizar su imagen en el futuro.

La banda de los Nixon en Dark Kight (1986), de Frank Miller, nacido en 1957.

 Nixon en Watchmen. (1986), de Alan Moore, nacido en 1953. Británico, pero cuenta.

El gallinófilo en un episodio de South Park.

Milhouse Mussolini Vanhouten, llamado así por el segundo nombre de Nixon. Matt Groening, nacido en 1954.
Y, por supuesto, no me olvido:

Nixon en Futurama, donde vemos que el en el futuro el bueno de Richard conseguirá alcanzar todas sus aspiraciones políticas.

Volviendo al libro, está escrito en 1971, un año antes de la reelección y tres años antes del Watergate. La crítica es ácida porque lo pone como un verdadero meapilas, un santurrón que se reúne con su gabinete vestidos de jugadores de fútbol americano y sobre todo un reprimido. Muchas referencias, está claro, se nos escapan, porque seguro que en los nombres jocosos de los periodistas (Erecto, Lameculos), los que conocieron la época podrán reconocer a los comentaristas políticos de esos años, mientras que nadie recuerda el nombre de su vicepresidente, Spiro Agnew, y se refieren a él como el vicepresidente Comosellame. En cierto modo el libro, de tan delirante, más que ser realmente cómico resulta un poco como un monólogo de Gila o de Tip y Coll, con el presidente y su séquito preocupados por el ataque de los boy scouts o la invasión del gobierno propornográfico de Dinamarca, con unas racionalizaciones que, si uno se lo piensa un poco, no son sino lo mismo que ahora mismo proponen algunos dospuntoceristas. Para mi gusto el momento más hilarante es cuando Dixon, acusado por los boy scouts de ser un réprobo aficionado al coito, decide mentir y declarar que es homosexual, y le tienen que explicar que los gays también mantienen relaciones sexuales.

Vamos, se nota que Philip Roth, entonces un escritor de treinta y ocho años que un par antes había empezado a conseguir la fama, le tiene ganas, como muchos escritores e intelectuales de la época. Sin embargo, el humor humaniza, y en cierto modo hace la figura de Nixon más cercana. Es como Aznar, que uno recuerda los guiñoles y los muñegotes de Canal + y hasta le cae bien, del mismo modo que en La Aznaridad, al poner Vázquez Montalbán al personaje a nivel de calle, se puede terminar viéndolo con otros ojos. No es que esté diciendo que pasado el tiempo Nixon nos tenga que caer bien ni debamos exonerarlo de sus errores, pero una vez se enfrenta uno con el ser humano con todas sus falencias y errores y lo compara con los propios, es imposible no contemplarlo con cierta piedad, e incluso con alguna comprensión. El humor humaniza, y que Nixon se haya convertido en una figura paródica de la cultura popular lo ha convertido en cierto modo en un icono de su país, aunque no sea con componentes positivos, y eso ya es algo. El humor, también, hasta cierto punto perdona, de ahí que el famoso TDT Party huya de él y, como mucho, quiera pasar como graciosos algunos de sus excesos verbales.

En resumidas cuentas un librito corto que se lee con agrado aunque no sea ni de lejos lo más representativo del autor, y que permite indagar un poco en un momento del pasado no tan lejano.

-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 10:12 PM 9 estupefactos enlaces a esta entrada

7.2.11

Algo más oscuro que la noche, de Thomas Glavinic

Hay que reconocerlo: me la han vuelto a colar. ¿Recordáis cuando leí Fin, que me escoció bastante? Pues bueno, en este caso no ha sido tan grave.

La premisa, a priori, es bastante atractiva: un austriaco llamado Jonas, un hombre corriente de treinta y cinco años, se despierta y toda la gente del planeta ha desaparecido. Sin embargo, la luz y el agua en los meses siguientes parece seguir funcionando con regularidad, y armado con una escopeta y tomando los vehículos que quiera irá deambulando por Viena u otras ciudades tomando lo que desea. Esto,  que todo siga funcionado como antes y que también haya desaparecido todo bicho viviente, incluso los peces de las peceras, lo han visto algunos como una incoherencia, y en cierto modo así puede ser. De hecho, el tipo enferma varias veces, así que deducimos que sigue habiendo virus y bacterias, y que mantiene su flora intestinal. Bueno, sí, es una cierta incoherencia, pero si partimos del hecho de que el tipo se despierta un día y no queda ni perry, casi es lo de menos.

El mejor hallazgo de la novela, y a la vez su peor fallo, es su técnica narrativa. No nos hallamos ante un monólogo interior, ni ante un pormenorizado análisis de los pensamientos y divagaciones del protagonista único, en todo un alarde de dillingerismo. El narrador, en tercera persona, nos describe las acciones del personaje, pero apenas su discurso interior. Y vemos cómo, en muy poco tiempo, el pobre se va volviendo majareta, no por sus pensamientos enajenados, sino por su conducta, cada vez más errática, y por las regresiones infantiles que sufre al reconstruir el hogar de su infancia, o las obsesiones casi solipsistas y los rituales con las cámaras de vídeo, hasta llegar a un final más o menos convencional. Pero esta forma de narrar es también un defecto si, como es el caso, todo se llega a hacer un tanto repetitivo, ya que prácticamente no hay nudo en la narración, todo es más o menos lo mismo, con lo que habría quedado mucho más redondo con mucho menos recorrido o incluso como un relato o novela corta. Si la historia no da más de sí, es que no da más de sí.

Sobre las idas de olla del pobre Jonas, pues destaca el que se da cuenta de que, cuando duerme, emprende una serie de acciones que luego no recuerda, de modo que se refiere a sí mismo como un antagonista al que llama "el durmiente", y que lleva a cabo una serie de rituales o misiones de las que nunca llegamos a saber demasiado, del mismo modo que nunca se nos dará razón ni pista sobre el porqué de esa desaparición absoluta de todo bicho viviente; de ahí el título original, Die Arbeit der Nacht, Los trabajos de la noche. Estamos, por desgracia, ante un caso de "el huevo está vacío", aunque no demasiado escandaloso, ya que al menos se nos da una narración de una persona que, privada de todo contacto humano, deja de ser persona precisamente ante la desolación de saberse solo de forma radical. Neville, el protagonista de Soy leyenda, tiene al menos una misión y se mantiene gracias a su odio y a querer vengar al mundo del pasado, y Robinson Crusoe o el personaje de Tom Hanks en sus islas se saben abandonados a su suerte, pero que la vida sigue en el mundo al que no pueden volver, aunque quizá sean rescatados. Pero Jonas se enfrenta a la nada, a la disolución absoluta del sujeto social y moral, ya que parece aceptar desde el primer momento (sin queja aparente, lo que no deja de ser chocante) que lo que ha sucedido es definitivo y que no hay vuelta atrás. Ante eso, se va plegando sobre sí mismo y sobre sus recuerdos, en una regresión a un estado poco menos que infantil en algunas acciones que lleva a cabo.

Por último, sobre la traducción me han llamado la atención dos cuestiones. Una que, si el personaje se pone a leer unos tebeos de Clever & Smart , poco cuesta poner Mortadelo y Filemón, igual que se traducen tantas otras cosas. Para algo nuestro que triunfa en otros países, pues presumamos un poco de ello. Del mismo modo siempre que tiene sed o asalta un mercado para abastecerse, casualmente coge "limonadas", lo que no deja de sonar un poco a coincidencia a no ser que uno sepa que en alemán "limonade" es la forma genérica de decir "refresco".

Otro detalle que me llamó mucho la atención, y que apunté, es el párrafo siguiente cuando Jonas recuerda bajarse imágenes de la NASA de una sonda que fue a Marte: "Lo que contempló entonces no era demasiado espectacular. Creyó incluso que Marte parecía Croacia". Eso ya es faltarse, macho.

-SuperSantiEgo

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 9:51 PM 10 estupefactos enlaces a esta entrada