Libro: Lo que hay que tener, de Tom Wolfe
Libro éste que dio la fama, merecidamente, a Tom Wolfe en 1979, que consiguió la consagración algunos años después con ese clásico moderno que es La hoguera de las vanidades. El título original es The Right Stuff, que viene a ser "de una pasta especial", y que para la película en España se tradujo como Elegidos para la gloria. Como muchos se darían cuenta, en el doblaje de la película Armageddon cuando el jefe de la misión ve llegar a los "astronautas", que son Bruce Willis y sus perforadores, sólo dice por lo bajo: "Elegidos para la escoria", y aunque no lo que comprobado me juego el cuello que en la versión original dice: "The wrong stuff", que sonaría muy parecido a "The wrong staff", el personal equivocado.. En esta traducción de Anagrama vemos que se utiliza la expresión "lo que hay que tener", tener ese algo que se tiene o no se tiene para ser un verdadero piloto de pruebas capaz de destacarse en una competición a ver quién es capaz de jugarse la vida probando aviones o las entonces nuevas cápsulas espaciales.
Es, también, una "novela de no ficción", término que a mucha gente le dará un poco igual pero que a mí no deja de sorprenderme, porque por muchas vueltas que le doy ni entiendo lo que es ni comprendo qué necesidad hay de inventarse tal cosa, a no ser para reinventar la pólvora. Se supone que es uno de los resultados del "nuevo periodismo", que empieza a aplicar técnicas literarias a los reportajes periodísticos, que introduce la subjetividad del autor y todo eso. Es decir: que no es periodismo. Literatura sí, e incluso buena en algunos casos, pero entonces deja de ser periodismo. Por otro lado la misma definición de novela de no ficción es tan vaga que entonces toda novela histórica lo sería, no digamos ya las biografías. Fijémonos que es un término que por lo menos en español no ha tenido demasiado éxito, y con razón, porque en ese plan los Episodios Nacionales, las novelas de la Guerra Civil o las que narran hechos reales más o menos novelizados y en los que se cambian algunas cosas "con propósitos dramáticos", técnica que emplean esas supuestas novelas de no ficción, serían todas pertenecientes a ese género, así como las famosas novelas testimonio o las que cuentan hechos vividos por la persona, y sin ir más lejos Un puente lejano de Cornelius Ryan sería una novela de no ficción, ya que no cuenta nada que no ocurriese de verdad. Vamos, que ese extraño concepto de "novela de no ficción" o faction (ficción de hechos) no lo termino de entender, y más cuando ya existían otros tipo novela testimonio o novela documento. Además, que no os vendan la burra: antes de Capote y de Norman Mailer se pegasen en los sesenta sobre quién había escrito primero una novela de no ficción el argentino Rodolfo Walsh había escrito Operación masacre en 1957, precisamente considerada novela testimonio. Para qué inventar géneros cuando ya existen, digo yo. Eso sin contar con el cachondeo que todos conocemos de las famosas películas "basadas en hechos reales", que causan no pocas veces mucha vergüencita ajena.
En el caso de Sinatra has a cold, famoso artículo de Esquire de 1966 vemos cómo el autor, Gay Talese, incapaz de entrevistar a un cada vez más borde Sinatra, se las apaña para crear un artículo tomando como referencia lo que ve de su comportamiento mientras lo sigue, documentándose y hablando con otras personas. El juego literario es brillante por momentos, pero no es una entrevista, sino una composición literaria completamente sesgada y bajo el punto de vista del que la escribe.
Llevando las consecuencias del nuevo periodismo a su límite nos encontraremos con el "periodismo gonzo", cuya última degeneración es lo de "21 días como", y si ya no se tiene el más mínimo decoro el "fake but accurate", donde ya se pretende que cuele que se puede componer la verdad a través de suposiciones, falsificaciones o puras invenciones, que aunque no sean verdad por sí mismas, y que reflejan correctamente esa verdad. El término es reciente, pero hay casos conocidos como la imagen del ave cubierta de petróleo durante la guerra del golfo, que correspondía al desastre del Exxon Valdez, o lo que algunos periodistas gráficos que no querían jugarse el cuello como sus compañeros hicieron en Vietnam, que oían los horrores de la guerra y luego los reproducían en un cacho de selva al lado de Hanoi con un bidón de gasolina para crear humo y cuatro vietnamitas que se hacían los muertos a cambio de un dinerillo.
En el caso de esta obra de Tom Wolfe no hay duda de que el trabajo de documentación es soberbio, y que pudo entrevistarse con casi todos los protagonistas, ya que varios de ellos siguen vivos incluso ahora más de treinta años después. Como Gus Grisson murió joven en el accidente del Apollo 1, jamás pudo defenderse de que en la novela se dé a entender claramente que llegado el momento se acojonó y accionó antes de tiempo la escotilla pirotécnica. Además, el autor, nacido en 1931, vivió como adulto esa época, así que tuvo un conocimiento de primera mano de cómo vivió la sociedad estadounidense el principio de la carrera espacial. También se posiciona claramente en la doble narración de la novela, en la que se cuenta en paralelo los avances aeronáuticos, tomando como protagonista a Yaeguer, el primer hombre que rompió la barrera del sonido, con los siete pilotos elegidos para el proyecto Mercurio, que se convirtieron rápidamente en estrellas mediáticas y, como dice Wolfe, en paladines de la nación contra los rusos en un combate singular de proporciones épicas. De los dos programas espaciales, el militar con aviones que alcanzaban velocidades de vértigo y alturas estratosféricas, y el civil de la NASA que recibió todo el apoyo de la prensa y el gobierno, está claro que las simpatías del autor están en los primeros: en pilotos que hacían despegar el avión y luego lo podían aterrizar solos, mientras que los segundos, quizá injustamente, se dice que hacían lo mismo que podía hacer un mono. Aun así eso se ve que no es cierto: si todo va perfectamente el astronauta no tenía que hace gran cosa y todo podía ir en automático, pero si se presentaba algún problema y había que maniobrar, como se dio el caso, todo el entrenamiento se vio perfectamente justificado. Wolfe no oculta las simpatías por ese programa que luego fue cancelado, el militar, e incluso uno descubre que a los pilotos de avión que alcanzaban esas alturas prodigiosas e incluso llegaban a orbitar, se les consideraba también astronautas.
Aunque la novela no es hipercrítica, tampoco es una obra hagiográfica, como debieron ser los artículos de la época en la revista Life. Los protagonistas, los siete originales, son retratados como todos los pilotos de la época: extremadamente orgullosos, pagados de sí mismos, temerarios y muy machistas, envueltos en una continua competición a ver quién vuela más rápido, quién conduce más rápido estando borracho y quién se liga a más admiradoras. Por otro lado no se priva de presentar todo el programa espacial como un resultado claro de propaganda producto de la Guerra Fría, contextualizándolo en el final de la administración Eisenhower y el mandato de Kennedy, con la Crisis de los misiles y otros acontecimientos que compartieron protagonismo con ese principio de la carrera espacial. Carrera que, queda claro, al principio ganaron los rusos por goleada, ya que Gagarin y Titov se habían cansado ya de dar vueltas a la tierra orbitando cuando los americanos como mucho habían lanzado a un hombre muy alto y luego lo habían hecho caer cerquita. Wolfe habla de los rusos tomando, curiosamente, la terminología de Zamiatin en Nosotros, y habla de la nave Integral y de El Gran Diseñador de esa novela. El análogo de von Braun fue Sergey Pavlovich Korolyov, un genio a su altura, y menos mal que el alemán no decidió pasarse a los rusos, porque entonces sí que no habría habido color. Von Braun es citado más bien poco, y es una pena, porque es una figura un tanto turbia y el prototipo de todos los tópicos negativos del ingeniero, ya que le importaba un pepino la moralidad de sus acciones y sólo iba a lo suyo y a conseguir nuevos avances, fueran V2 para arrasar Londres o crear cohetes con los que llegar a la luna. Tanto en la novela como en la adaptación cinematográfica se dice lo de "Quizá es que sus alemanes son mejores que los nuestros".
La novela cuenta también la rivalidad entre los distintos astronautas, y cómo fue elegido Alan Sephard para la primera misión: votación entre los siete, así que el que todos creían que iba a ser el primero, John Glenn, perdió por tocapelotas y santurrón. Glenn fue el primer norteamericano en orbitar, y su fama eclipsó rápidamente a la de Sephard, que sin embargo puede ser considerado como uno de los astronautas más completos de la historia, ya que superó su síndrome de Ménière, y se convirtió en 1971 en el quinto hombre en pisar la luna. De hecho en la película cuando lo hacen de lado dice: "Me largo a la luna cuanto antes". Shephard también creó la "oración del astronauta", el famoso "Dios mío, por favor, no dejes que la cague (O lord, please don't let us screw up)", citada también en la película Space Cowboys.
El libro es muy interesante, tanto por lo que cuenta, como por el pulso certero con el que está contado todo. Aunque después me decepcionó bastante con Yo soy Charlotte Simmons y Todo un hombre, hay que reconocer que ésta y La hoguera de las vanidades son grandes obras.
Sobre la traducción, mejorable, y más cuando uno ve que ha habido varias ediciones, así que se podrían haber corregido cosas. Si la novela se traduce del inglés no se puede dejar un "up yours" ahí en medio, ni poner un "¡Era glorioso! ¡Enloquecido!" "Crazy!" en ese contexto es claramente "¡Una locura!". Sobre lo de John Calvino, me quedé a cuadros: o es Jean Cauvin (o Calvinus), o lo dejas como lo ponen en inglés, John Calvin, pero en español si pones Calvino, el señor se llama Juan. Estoy por editar la página de la Wikipedia del "corrector de estilo" y ponerle lo de "en peligro de extinción".
Sobre la adaptación cinematográfica de 1983, obviamente no puede entrar en muchos detalles que aparecen en la novela, pero está francamente bien, y eso que dura más de tres horas. Más o menos está todo: la evolución de los dos programas, los primeros vuelos, los primeros accidentes y la competición con los rusos, etc.
Chuck Yeaguer aparece en la película en la escena del bar, ya mayorcete, y aquí lo podéis ver en persona:
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria, Películas






































