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22.9.11

Libro: Vineland, de Thomas Pynchon

Como ya sabréis, Pynchon es uno de los escritores vivos más famosos del mundo, y en parte su fama se debe no sólo a su calidad literaria, sino que además apenas si se sabe nada de él desde hace muchísimos años y no hay ninguna foto suya, de ahí que en Los Simpson apareciese con una bolsa de papel tapándole la cabeza, y sólo se tienen algunos hechos fragmentarios de su biografía, como que asistió a las clases de Nabokov, pero que el ruso no se acordaba de haberlo tenido como alumno. Quizá tenga fobia social, o sencillamente es que pasa de toda la mierda de famoseo y lamidas de ojete que comportaría ese estatus de celebridad. No tengo ni idea. Cuando esté en su situación ya veré lo que hago.

Otra cosa que llama la atención es que, a pesar de su fama de escritor un tanto críptico y difícil, enmarcado en lo que se viene llamando "literatura posmoderna", es un autor de éxito más que consirable y sus libros se venden muy bien. Su última obra, Contraluz, es un tochaco que, según dicen, hay que tener mucho callo literario para leer.

Desde luego no soy ningún especialista en la obra de este autor y ésta es la primera obra suya que leo, así que tengo que guiarme un poco por la intuición literaria. Arriesgándome a equivocarme me parece que el tipo es, por lo menos en esta obra, un verdadero cachondo literario. En cierto modo, es lo que más se puede admirar de un autor: alguien que trabaja sin red, y sin darle miedo adentrarse donde algunos no temen ni acercarse y una vez tras otra recorren los mismos caminos trillados.

También hay que aclarar que, aunque la obra es en gran parte humorística y sarcástica, también es cruel. Pynchon habla de una época que conoció en persona, los alocados años sesenta de los jipis, que terminaron por ver hundidos sus sueños a mediados de los años ochenta con la conservadora Era Reagan, que coincidió en España con la era de los yuppies patrios que, después de los tiempos de antifranquismo y chaqueta de pana se dedicaron a la famosa "cultura del pelotazo", al "después de mí el diluvio" y el individualismo que se resume en la terrible frase "¿qué hay de lo mío?". Escrita en 1990, esta novela se cachondea duramente de todo ese movimiento flower power idealizado por la cultura pop. Se cachondea, pero también, creo yo, con cierto cariño salvaje.

El argumento, en principio, no es demasiado complicado: Prairie, una adolescente, vive en el imaginario condado californiano de Vineland con su padre, Zoyd, que obedece a la típica imagen de un jipi prototípico, cantante que fue de un grupo llamado Billy Barf y los Vomitones y que en ese 1984 (fecha quizá no elegida al azar), se dedica a sobrevivir haciendo trabajillos y cobrando una pensión del gobierno por incapacidad mental psiquiátrica, por lo que una vez al año hace alguna excentricidad como vestirse de mujer y atravesar el cristal de un bar. La madre de Prairie, otra jipi llamada Frenesí, los abandonó cuando era muy pequeña. Pues bien: como si fuese una nueva Odisea, Prairie igual que Telémaco emprenderá un viaje para encontrar a su madre y descubrir los oscuros entresijos de cómo y por qué se conocieron sus padres y después se separaron.

Decir que la novela es un desfase es decir poco. A Pynchon se la bufa que lo que cuente no tenga a veces ni pies ni cabeza más allá de su aspiración de construir una narración coherente con el espíritu de lo que está narrando. Es, sencillamente, un viaje alucinado por una América simbólica llena de tópicos de películas y de la propia mitología americana. Un escritor realista describe la realidad tal como cree que es, mientras que en este caso se describe como el autor la percibe, o como decide que la perciben sus alucinados y alucinantes personajes, igual que hacía Philip K Dick. Por tanto tendremos a un malo, Brock Vond (sí, Vond), que persigue a Frenesí, una jipi que se dedicaba a hacer películas experimentales y a filmar manifestaciones reprimidas por la policía, y que sin embargo siente una irremediable atracción erótica por algunas figuras de autoridad, se supone que por ser ella misma fruto de una familia de liberales extremos, anarquistas de los tiempos de Roosevelt, y que termina siendo empleada por el FBI precisamente para destruir y contraprogramar el movimiento al que ella perteneció. Prairie se encuentra también con LD, una ninja educada en un templo de los mismos Estados Unidos donde se entrenan a una especie de furias femeninas capaces de dar "el golpe de la palma vibrante" que te causa la muerte varios años después de ser infligido, y que también vimos en Los hombres que miraban fijamente a las cabras. Saldrá también un agente de narcóticos internado en un sanatorio para adictos a la televisión, una banda de motoristas reconvertida en orden religiosa de monjas y... bueno, creo que os hacéis una idea con esto que os digo, así que sólo añadiré la idea de los tanatoides, una especie de muertos vivientes o almas en pena con los que se especula sobre la posibilidad de que tomando una pastilla se pueda mejorar la deuda kármica. La novela, por medio de Prairie, que no ha conocido esa época, presenta como si fuese un esperpento valleinclanesco una sociedad y un proyecto cultural y ético, el jipismo, que se ve como grotesco e infantil, oponiéndose a Nixon sólo para, veinte años después, verse superado por una sociedad neoconservadora de Reagan igual de grotesca que incluso deja de luchar contra los efectos de ese movimiento contracultural porque lo considera ya completamente desprestigiado y pasado de moda, mientras que los que lo vivieron y proclamaron cosas como la "república del rock and roll" intentan reubicarse en plena madurez en un mundo en el que nunca llegaron a vivir más que de fantasías. Pynchon se recrea a veces en lo ridículo del movimiento, pero tampoco deja títere con cabeza con sus opositores.

La novela está llena de referencias a la cultura popular. Algunas son fácilmente comprensibles y reconocibles, pero hay que reconocer que otras sencillamente se me escaparon, y aunque uno pueda consultar por ahí o en la misma wiki que se ha hecho sobre la obra del autor y donde te analizan párrafo a párrafo las posibles referencias,  ya sabéis lo que pasa: si te tienen que explicar un chiste, pues por mucho que entonces lo entiendas, no hace gracia. Esto podría hacernos pensar si no estaríamos ante un nuevo caso de literatura orientada a objetos. Pues sí y no. Ese paradigma literario está presente en mayor o medida en toda obra, ya que el autor da por supuesto que su coetáneo va a entender de aquello de lo que está hablando; cuando Proust citaba "el caso Dreyfuss" daba por sentado que todos sus lectores sabían de ese escándalo, mientras que ahora en según qué país se lea eso habrá que explicar en una nota de qué se trata. La apuesta formal de Pynchon en este caso es arriesgada, pero casa bien con el espíritu de la obra, personajes que tararean la canción de Disney de Chip y Chop, referencias a canciones de los años sesenta y setenta, así como películas, que, curiosamente, se citan de forma poco habitual para una novela, con el año de estreno entre paréntesis después del título.

Pynchon, como escritor de esa nebulosa etiqueta llamada narración posmoderna, usa y abusa a veces de esas referencias, pero como ya dijimos en su momento el mismo Faulkner utilizaba nombres de personaje de tebeo que se acababan de crear y que podrían ser ahora completamente desconocidos. Sin embargo, y esto es lo importante, las referencias a películas, programas de televisión y canciones no son unas simples banderas de reconocimiento friki o descarado fanservice para que los cazadores de referencias se sientan recompensados como quien hace el pasatiempo de encontrar las siete diferencias, sino que es un recurso estilístico, arriesgado y perecedero, eso sí, para contar lo que quiere contar de la manera desquiciada que lo quiere contar.

A pesar de todo esto, no es una lectura fácil. Es una narración densa y que puede despistar al lector, así que reconozco que quizá no la disfruté tanto como debiera por la forma fragmentaria en la que lo leí. Este tipo de obras se resiente si no se hace una lectura intensa que te permita empaparte bien de la historia que toma unos vericuetos a veces bastante extraños y que cuenta adelante y atrás en el tiempo la historia de ese peculiar grupo de jipis entre los que vivían los padres de Prairie. Como decía el sosias, precisamente de Faulkner, en Amanece que no es poco: "si te leen mal la novela, te la joden". Es así de triste pero así de cierto: igual que no se puede disfrutar realmente de una película viendo sólo cinco minutos al día, hay obras literarias que exigen por parte del lector mucha más atención y tiempo que otras que se pueden leer tranquilamente en el metro sin perder demasiado el hilo, y por desgracia no sólo disponemos cada vez de menos tiempo sino que además nuestra atención está en otras cosas y preocupaciones y tendemos a lecturas más intrascendentes y satisfactorias según nuestras propias y limitadas condiciones vitales. En fin, es lo que hay.


-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 11:13 PM

3 Comentarios:

Blogger Necio Hutopo dijo...

Y será tan famoso el escritor este que yo ni lo conocía...

23 de septiembre de 2011 11:15  
Blogger Ozanu dijo...

¿Y la traducción ayuda a entender mejor algunas de esas referencias o tendremos que acabar consultando la wiki de los aficionados?

P.D: Palabra de verificación: "repplist", que parece familia de "reply".

24 de septiembre de 2011 00:25  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Hay muchos más escritores buenos de lo que parece y con obra digna de ser leída. Lo que hace menos admisible si cabe que a veces perdamos el tiempo leyendo según qué cosas, aunque también a uno le puede pedir el cuerpo algo que no sea demasiado saludable, que humanos somos.

La traducción yo la veo bien. Las referencias o las pillas, o a veces te das cuenta de que hay una y no la pillas. Otras muchas son demasiado crípticas, y sus exegetas a veces me parece que hilan demasiado fino y terminan viendo lo que quieren ver. De preguntarle al autor por ellas obviamente nada de nada, ya que no te da ni la hora.

26 de septiembre de 2011 00:45  

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