Libro: Crematorio, de Rafael Chirbes
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| Típica portada "no tiene nada que ver con lo de dentro". |
Leyendo algunos comentarios y críticas sobre el autor de esta novela y de su obra una de las más lapidarias que encontré fue que es "uno de los pocos autores españoles que escribe literatura para adultos". Considerando que el mundo está cada vez más lleno de adultescentes, o adolescentes de quince a cincuenta años como los llamo yo, no sabe uno si reírse con lo acertado del análisis o sencillamente echarse a llorar, pero casi mejor no porque entonces seguro que todos alrededor se ríen de uno como en el patio de la escuela.
Nuevamente, estamos ante una novela que no trata de absolutamente nada. Entendámonos: no trata de una venganza, ni de una búsqueda maravillosa, ni hay ningún premio al final. Nada se resuelve y nada ha ocurrido. Sencillamente se cuenta la intrahistoria de una familia a través de las cavilaciones, muy cercanas al monónologo interior, de los integrantes de esa familia, tanto del presente como del pasado, tomando como partida la muerte de Matías, el hermano intelectual comprometido y político de Rubén, un constructor que desde su pueblo natal de Misent, localidad imaginaria, se constituye en personaje alrededor del que los otros van girando: su hija, su yerno, un antiguo amigo de la infancia y otros personajes que conoció en su ascenso al poder y la riqueza.
La reflexión de Chirbes sobre sus personajes y sobre sus vidas es tan inmisericorde como la visión que tiene de la vida. A pesar de algunas lecturas sesgadas que he visto por ahí, Rubén no es ni mucho menos el típico gañán constructor nuevo rico que anda haciendo alardes de riqueza y que no sabe pronunciar bien algunas palabras que acaba de aprender. Es hijo de un terrateniente de la zona que podía vivir una vida acomodada con los típicos cultivos de la zona, que ha estudiado la carrera de arquitectura y que de joven con su hermano y su amigo el futuro escritor de cierto renombre discutía apasionadamente de política, de filosofía y del sentido del arte. A su manera, también quería ser artista, hasta alcanzar cierta iluminación que lo hizo comprender, a su manera, la realidad de la vida y abrazar un extremado materialismo, a su vez con recuerdos de un idealismo estético. Es un epicúreo, quizá algo exagerado pero no descaradamente snob. Su hermano, desencantado con el mundo, se sumerge en el alcohol y la autodestrucción, mientras que el escritor afronta sus últimos años desesperado y preguntándose si su obra será recordada años después de que él muera. Los personajes femeninos también son tratados de forma descarnada: la madre insensible, la primera mujer de Rubén, y la segunda, que sí es una ignorante sin estilo, y las prostitutas de los clubs de la zona dispuestas a cazar al primero que se quede prendado de su juventud y belleza.
Pero no nos equivoquemos: Chirbes no juzga a sus personajes, o en todo caso los juzga a todos la misma violencia entrando en sus pensamientos más íntimos, en sus dobleces, en sus miedos a la enfermedad, a la muerte, a la soledad y a saber que hagan lo que hagan serán pasto de la metáfora que abarca todo el libro de principio a fin. El título no está elegido al azar, y no se justificaría sólo por la decisión de incinerar a Matías. El crematorio es la vida misma que se consume, el tiempo que todo lo muda y todo lo aniquila. La única forma de, hasta cierto punto, hacer soportable la existencia, es admitirlo, y no obsesionarse con lo inevitable y que no se puede detener: la muerte de los seres queridos, la propia decadencia del cuerpo y el mismo mundo cambiante que destruye los paisajes de la infancia para crear otros nuevos que serán el escenario de unos niños a los que poco les importa que allá donde ellos viven antes hubiese un campo de olivos.
Rubén, el constructor sin escrúpulos, en cierto modo ha llegado a esa epifanía a través del tiempo, a través de sus vivencias, de la muerte de su esposa que acabó siendo una beatilla enferma y de su implacable análisis de la naturaleza humana en ese entorno donde se revela en toda su crudeza y mezquindad: le importa bien poco que dentro de cien años no quede ni una sola de sus construcciones, o que sus descendientes dilapiden la fortuna que el amasó cuando él ya no esté. Aunque pueda parecer el retrato del típico constructor sin escrúpulos, conectado con la corrupción política y las distintas mafias que se mueven por la costa mediterránea, no lo es en absoluto. Es como si lo diese por supuesto, tanto él mismo como el autor. Detrás de toda gran fortuna creada en tan poco tiempo necesariamente debe haber corrupción y algo de violencia en un sistema de poder donde todos aceptan esas violentas y retorcidas reglas del juego, y donde sólo los de mente más fría vencen, mientras otros con menos entendederas son las víctimas de ese mismo juego.
La novela, en más de un sentido, no está escrita precisamente para paladares poco acostumbrados a emociones tan fuertes, o si queremos decirlo así tan adultas en un tiempo en el que, no se sabe cómo, se ha llegado a la conclusión de que "lo adulto" es la más ramplona violencia y el sexo al por mayor, el "epic win" forzado y el "chico conoce a chica", y donde la "provocación" de la que algunos alardean está tan por debajo de las burradas que escribieron sin tapujos algunos autores franceses hace cien o doscientos años que es que da risa. Tampoco evita Chirbes ciertas citas cultas: cuando los personajes se ponen a elucubrar sobre música, autores o un poco de teoría estética, o se sabe un poco de qué están hablando o simplemente confundirá a más de uno que considerará eso un tostón, cuando en realidad todo contribuye a esa imagen omnipresente en la novela, la vida que todo lo hace arder, todo lo cambia y todo lo destruye para crear algo nuevo. En cierto modo la novela exuda una estética cercana a la ética que describe: una ética de la corrupción, tanto de la corrupción moral como de la física, la vida que renace a través de sus cenizas y de sus propios desechos, la hermosura y la fealdad de lo orgánico a lo que se opone e intenta modear, sin conseguir detenerlo, ciertos atisbos de racionalidad, de civilización y de arte, siempre condenados a fracasar y a ser consumidos y reutilizados por una realidad que siempre se está autoregenerando, autoconsumiendo y autodestruyéndose en una continua metáfora del cambio muy heracliteana: todo cambia, nada permanece.
Respecto a la adaptación en serie de televisión realizada por Canal + jugando a ver si puede ser la HBO española, pues está muy bien. Sólo que esta novela es, pura y llanamente, imposible de convertir a película o serie de televisión. Así que, aunque los personajes se llamen igual y tengan los mismos parentescos, básicamente lo único que se parece es el título y que va de un constructor. Que cuidado, la serie está muy bien, pero para hacer eso no había por qué pagar los derechos de la novela, de la que, eso sí, se extraen algunos diálogos que quedan tan cual y poco más. Pero si Chirbes se ha ganado un buen dinero y esto consigue que además se conozca más su obra, pues me alegro, aunque el que haya leído la novela se quedará con un palmo de narices con las investigaciones policiales de la serie sobre los negocios turbios de Rubén, y el que haya visto la serie y se acerque a la novela no va a encontrar con lo que espera ni de lejos. Desde luego, un curioso caso de "adaptación".
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria




























7 Comentarios:
Y bueno, sin conocer la serie ni la novela poco puedo decir, pero haciendo caso a sus palabras, me da a mi que adaptaciones más "curiosas" ha habido en los rediles del señor...
De Crematorio solo conozco la serie, pero la vi con alguien que ya había leído la novela y me decía que se parecía pero no. Pero me pareció una gran serie un tanto sopranesca y que merecía leerse la novela. También me gustó el aire ese que flota en la serie en que a nadie le gusta mancharse con el arquitecto/constructor pero ninguno rechaza su dinero aunque a él le desprecien.
Y el final de la serie (que no sé si es igual que el del libro) tiene un contraste brutal que me encanta, retrata la crueldad de la gente de un modo muy sencillo y cómo casi nadie es fiel cuando ya no le beneficia.
No sé si ya había comentado por aquí, pero me encanta el blog.
p.s. Palabra de verificación: restos
Muy apropiado, jejeje.
Pues si veo alguna obra de este señor en la biblioteca, la pediré.
¡Queremos que hables del reboot de DC, hombre ya!
Estoy esperando a que salgan todos los títulos del mes para hacer una cata en condiciones y entonces hablar de ellos. De momento la opinión es muy poco favorable.
Me has despertado la seguridad.Me suena haberla visto en la biblioteca de mi barrio y dentro de unos días, que renevo libros, no la dejaré escapar.
Me parece una forma sabia de hacer la serie. No he entendido nunca que las adaptaciones de cosas que son demasiado literarias para ser llevadas al cine o a la TV, se hagan respetando a tope el material original. Si hay que cambiar mucho para que valga para el nuevo, medio, pues nada. Por otra parte, ya que partía de la novela, pero se alejaba tanto, podría haber tomado solo los personajes y las situaciones de partida y haber sido una serie larga en la que hubiese un desarrollo mucho más allá de lo planteado en la novela. Lo único que no me gustó de la miniserie fue eso: que fuese mini porque, después de presentarme un panorama que me había encantado, se resolvió sin más, de forma muy anticlimática. O sea que yo habría preferido que fuee aún más distinta del libro.
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