La pentalogía de El planeta de los simios. ¡Anís del Mono para todos!
Por fin me dado el capricho, hará un par de semanas, de verme seguidas las cinco películas de la saga original de El planeta de los simios. Que conste que no ha sido en régimen de maratón, pero sí tranquilamente de un viernes a domingo. La idea se me ocurrió hace tiempo, y además recordaba el comentario que había hecho en el programa de Garci el hermano de Javier Marías, Fernando, que fumando en pipa dijo que el conjunto venía a ser una especie de viaje borgeano, y razón no le faltaba.
Según tengo memoria, las vi originalmente en orden y supongo que en no demasiados años de diferencia. Como anécdota personal, no puedo decir que El planeta de los simios sea la primera película que recuerde haber visto, pero sí probablemente fue la primera película que mis padres me dejaron ver de noche y acostarme tarde. A mi hermano sí se la iban a dejar ver y a mí no, pero me emperré y, ventajas de ser el hermano pequeño, me dejaron a mí quedarme también para no oírme, y además creo que amenacé con estar en la cama con los ojos abiertos y no dormirme, que se joda el sargento que no voy a comerme el rancho. Sobre la primera película que vi, no tengo ni idea, aunque guardo el recuerdo de ver en el cine de barrio correspondiente, muy de pequeño, una película moderna de Tarzán, supongo que de alguno de los actores que lo interpretaba en la época, y por supuesto que recuerdo que, acompañando a mi madre a la plaza de abastos al llegar a una calle se veía siempre el cartel que el cine de la esquina colocaba en ese lugar para anunciar el estreno de esa semana, que en ese momento era la de un tipo vestido con una especie de traje blanco de hacer judo que disparaba una pistola de rayos láser mientras por detrás se veía el cabezón de un tipo con un yelmo negro, así que ese sábado mi madre nos dejó a mi hermano y a mí dentro del cine, como solía hacer, ella se fue a hacer sus compras y como siempre a la salida allí estaba esperándonos para llevarnos a casa mientras le contábamos de lo que iba lo que habíamos visto, en ese día en especial La guerra de las galaxias.
Pues por aquellos tiempos, cuando en España sólo existían dos cadenas de televisión, y en la mayor parte de los hogares ni eso porque la segunda cadena emitía en UHF y no se veía muy allá, y su programación era un poco más exquisita, o eso nos decían, la película güena güena la ponían el sábado por la noche en un programa que muy originalmente se llamaba Sábado Cine, y que obviamente nos tragábamos todos en glorioso blanco y negro porque los televisores a color empezaron a llegar un poco después, o era totalmente prohibitivos. La carátula inicial de Sábado Cine fue modificándose con los años, pero mucha gente se acordará de ésta:
Además, antes de Sábado Cine siempre ponían el que fue el programa más longevo de la televisión española, Informe Semanal, donde se hacía un repaso de los asuntos más importantes de las noticias en forma de reportaje en profundidad, ya fuera la guerra del momento, la crisis de la peseta que tocaba ese año o el cambio de gobierno. Primero te veías aquello después de cenar, y conocedor ya de los males del mundo a continuación podías ver la peli y evadirte un poco tras haber hecho algo de penitencia con la cruda realidad.
Que, en este caso, como ya hemos dicho, era El planeta de los simios. Y os estaréis preguntando vosotros: ¿cómo se ponían las películas en televisión? Pues desde luego no con un rayito azul, ni con un deuvedé, ni siquiera con un betamax, por lo menos no en aquellos tiempos. Se hacía el telecine, que básicamente era proyectar la película de verdad con un proyector como el de los cines, de ahí la imagen icónica del proyector, sobre una superficie que era capturada por una cámara de televisión, y a partir de ahí ya normalmente se transmitía como una emisión televisiva convencional. El resultado solía ser toda una risa. Mientras que ahora enchufan el vídeo en formato digital y tiene que ocurrir algún desastre para que algo se rompa, entonces se tenía que estar vigilando las condiciones de emisión, graduar el brillo de la bombilla para corregir si la película no estaba en muy buen estado, y como podéis imaginar lo de las pausas publicitarias era otro jolgorio, porque había que parar la proyección, meter los anuncios, y luego ponerse en el mismo sitio donde se estaba al inicio... si el que lo hacía era realmente hábil o no se había metido más de un carajillo. Para esto se utilizaban una especie de cortinillas que servían de transición entre la publicidad y la película, y que solían consistir en un dibujo con el título de la película. Si todo se hacía bien, la película se reanudaba unos segundos antes de allí donde la habían cortado, lo que era un detalle, pero en más de una ocasión se notaba que se habían zumbado hacia delante más de un minuto, lo que por lo menos en mi casa se traducía en que mi padre empezaba a soltar algunas maldiciones realmente imaginativas, que además he incorporado a mi particular idiolecto. Como estamos hablando de proyección de celuloide convencional (la proyección de cine digital tiene no llega a diez años), se corría el riesgo de lo típico en esos casos: que la cinta se saliese, que se rompiese porque el rollo ya estaba muy deteriorado, o vaya usted a saber qué. En tal caso volvía la cortinilla, a veces con música, y un aviso de "Esperen a la reanudación de la película. Disculpen las molestias". Si veían que la cosa iba para largo, ponían dibujos animados, y en alguna ocasión sencillamente decían que se sentía mucho, que no podían seguir y que intentarían volver a ponerla otro día, cosa que podía que pasara... o podía que no.
En resumidas cuentas, que esto puede que no tenga mucho que ver con la pentalogía de la que voy a hablar, pero es un poco para que nos hagamos idea de que en aquellos tiempos ver una película en la televisión era toda una aventura, si eras pequeño para empezar que te la dejasen ver, y luego siempre con la suspense añadido de si la emisión iba a irse al traste o no. Que tampoco digo que ocurriese todos los días, pero como siempre uno se acuerda de esas veces en las que estaba viendo de chaval tan ricamente una película y le amargaban el día porque aquello no chutaba.
En esas circunstancias, pues, vi yo de guacho la película en cuestión, y como os podéis imaginar, sí, en aquellos inocentes tiempos donde no había spoilers ni nadie que te destripase la película mucho antes de verla, nos vimos el final con la inocencia de una tábula rasa. Creo recordar que mi madre dijo, como suele ser en ella con cierto tono de sorpresa: "Anda... entonces... ¡es que era la Tierra!" Pozí, era la Tierra. Aunque pequeño, por supuesto que entendí el final, ya que pertenezco a una generación de españolitos que tuvo una dieta completamente omnívora de comics, con lo que nos leíamos, sin ningún complejo, los zipi y zapes de turno, mortadelos, la revista Rambla, 1984, el especial Tercera Guerra Mundial de Cimoc, los clásicos de Foster y Raymond y lo que cayese en nuestras manos en el ciclo de transformación y cambio de tebeos que había entre los niños del colegio y del barrio.
Y hecha esta pequeña introducción personal, que el blog es mío y en él hablo de lo que quiero, pasamos a las pinículas:
El planeta de los simios. (Planet of the Apes), 1968.
Como todos sabremos ya, la película está basada en una novela francesa del autor Pierre Boulle, de quien había varios thrillers políticos por casa, de eso me acuerdo bien, y por azares del destino supongo que la suya debe ser la novela de ciencia ficción en francés más conocida del mundo. Sobre si la adaptación es buena o no, habría que decir en primer lugar que la novela en cuestión no es que sea ni mucho menos ninguna maravilla. La leí en su momento en la famosa colección de ciencia ficción de tapas azules editada a mediados de los ochenta por Orbis, naturalmente con un fotograma de la película en la portada, y no es que guarde un gran recuerdo de ella. De hecho en la malhadada adaptación de ella que hicieron en 2001 intentaron, quizá, ser algo más fieles a esa obra, y así salió. Así que probablemente el primer acierto del guión de la película fue tomar la idea principal, que desde luego que es buena, y tirar por donde les pareció mejor.
La novela en primer lugar se sitúa en el futuro, en el 2500, cuando unos astronautas franceses (chauvinistas que son los gabachos, y su derecho tienen), inventan el viaje interestelar y envían una nave a Betelgeuse, a un planeta que puede que albergue vida. Por la dilatación temporal, pasan en la Tierra varios cientos de años cuando llegan. Allí efectivamente se encuentran a una humanidad afásica, mientras que los que hablan y dirigen una sociedad en un estadio tecnológico similar al s XX son unos primates evolucionados. Aparecen los mismos personajes de la película, Zira y Cornelio, y las excavaciones prohibidas que demuestran que en otro tiempo los seres humanos fueron los dueños de ese planeta, educaron a los simios para que hicieran todo el trabajo y al final perdieron ese dominio en favor de sus anteriores esclavos, lo que se ve como una herejía por parte del doctor Zaius. El protagonista, Ulises, después de demostrar su inteligencia a los chimpancés y de aprender su idioma, conoce a una humana de ese planeta, Nova, tiene un hijo con ella y escapa del planeta, con lo que vuelve a la Tierra casi un milenio después de haber salido, y al aterrizar en París se encuentra que los simios dominan también la Tierra. Vuelve a escapar y, hay que tener valor para escribir algo así o directamente tenerlos como sandías, pone el relato de su viaje en unos folios dentro de una botella que arroja al espacio y que fue encontrada por una pareja en una embarcación de recreo, que es como comienza la novela, que acaba con esa pareja riéndose de las ocurrencias del autor de ese texto cómico, ya que ellos mismos son simios y todo el mundo sabe que los humanos no saben hablar ni tienen inteligencia.
Aunque las diferencias son notables, también hay muchas cosas que son iguales, y que se mantienen en la película. Naturalmente, faltaría más, todos los protagonistas pasan a ser americanos (chauvinistas que son los gringos, y su derecho tienen), y es que ni se molestan en que alguno de los compañeros de Chartlon Heston, que poco duran, sean de otro país. Lo primero que llama la atención es que la nave parte en su viaje relativista en 1973, sólo cinco años después de la fecha de la película, con lo que hay que echarle mucha moral para imaginarse que en ese tiempo se va a desarrollar la criónica perfecta y el viaje interespacial. Bueno, es la manía de ciertas obras de ciencia ficción de andar poniendo fechas a todo, y al final te termina pillando el toro. Otra cosa curiosa es el arranque de la película, con el monólogo de Taylor, el protagonista, ya que lo vemos fumando tan ricamente un purito dentro de la nave, para que luego nos riamos de Sigourney Weaver en Avatar echándose un piti en una atmósfera controlada. Ya desde esa primera escena vemos que, en cierto modo, interpreta a un personaje desencantado y bastante cínico que no tiene gran fe en la humanidad ni en sus posibilidades, y es al que parece no importarle lo más mínimo que en efecto, tal como sospechaban, en el viaje se haya producido un efecto de dilatación temporal que los ha llevado más de dos mil años en el futuro, con lo que todas las personas que conocieron ya habrán muerto. Otra cuestión: sólo son cuatro tripulantes, tres varones y una mujer que no llega ni a tener diálogo porque muere antes de llegar, y que se suponía que iba a ser, llegado el caso, "la nueva Eva". No sólo introduce así a lo tonto una posibilidad de poliandria, sino que genéticamente es totalmente erróneo, y que con ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, sabemos gracias a Peter Sellers que la proporción correcta para repoblar un planeta es de al menos siete mujeres por cada hombre. Yo no insinúo nada: es un hecho científico.
Como siempre, hay antecedentes para esta historia. Las fábulas ya nos muestran a animales inteligentes y humanizados e historias en las que los animales echan en cara a los humanos su actitud equiocada, y hay también ejemplos en la literatura de elementos semejantes. Kafka escribió sobre un simio que escribía un informe a la academia, y yo tengo constancia de uno que escribió una versión en sánscrito de El código da Vinci. Karel Kapec escribió La guerra de las salamandras con un argumento algo parecido: se descubre a una especie inteligente en los océanos a la que se domestica hasta que se rebelan y esclavizan a los humanos, y por fin se destruyen entre ellas al repetir los mismos errores que sus amos humanos. Aldous Huxley escribió en 1948 Mono y esencia, donde satirizaba la sociedad humana en escenas en las que los babuinos se comportaban como humanos después de una guerra nuclear, y desde luego en Los viajes de Gulliver, donde el protagonista llegaba a una isla donde los inteligentes eran los caballos, los Houyhnhms, mientras que una humanidad perezosa y estúpida había degenerado en los yahoo, de donde sale el nombre de ese buscador de internet que, como los seres de los que toma el nombre, ha ido de mal en peor.
Sobre esta primera película de la saga poco hay que decir. Es una obra maestra que resiste cuantos visionados quiera uno hacer, y que uno ve con agrado incluso conociendo la traca final, que sigue dejándolo impresionado. También nos ha dejado momentos gloriosos como la frase de "¡Quítame las manos de encima, mono asqueroso!"
Siguiendo la idea básica de la novela los simios están divididos en tres castas según la especie, y visten prácticamente uniformados, en un estadio tecnológico que recuerda a principios del siglo XX. Los chimpancés, los más inteligentes y pacíficos, se dedican a labores científicas y de investigación, los gorilas, no demasiado espabilados, a las de caza y guerra, y los orangutanes son los guardianes e intérpretes de la ley y de las tradiciones otorgadas cientos de años antes por el Legislador, un orangután que cual Mahoma o John Smith, inspirado directamente por Dios, dio las leyes a los simios, y en las que advierte seriamente sobre la necesidad de controlar a los humanos como criaturas que son perversas y que sólo traen para sí y para la tierra destrucción.
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| Un ejemplo para todos los simios. |
La llegada de un humano que sabe hablar impulsa a Cornelio, un arqueólogo, a reafirmarse en sus teorías de que hubo, antes de la simia, una civilización humana más avanzada que la precedió, y que se desarrolló en la así llamada Zona Prohibida, donde cayó la nave de Taylor para hundirse en el agua convenientemente. El doctor Zaius, así como el consejo de orangutanes que gobiernan la sociedad simia, representan el statu quo, la ortodoxia dogmática y doctrinal que no debe ser amenazada ante las innovaciones de los que quieren anteponer sus investigaciones a las necesidades de un pueblo simio que no quiere, piensa ese consejo de sabios, preocuparse con esas sombras del pasado. Los orangutanes, sin embargo, conocen, como sabremos al final de la película, la verdad de todo eso desde hace tiempo, y han decidido callársela al resto de la sociedad simia y mantener esa zona como prohibida para que no se llegue a saber. Representan pues el inmovilismo, el conservadurismo extremo y el paternalismo gerontocrático. La razón contra el oscurantismo de un escolasticismo que se erige como único conocimiento posible, que tacha a todo lo que lo contradiga como "herejía científica" y que está incluso dispuesto a destruir las pruebas que contradigan la verdad oficial, o a dar explicaciones estrafalarias sobre las que no puedan ocultar para hacerlas coincidir con la doctrina perfecta. Los orangutanes denuncian, además "esa insidiosa teoría llamada evolución", lo que no deja de ser gracioso si uno recuerda el famoso Juicio del Mono.
Zira y Cornelio, cuando se den cuenta de que Taylor es un ser tan inteligente como ellos, se pondrán de su parte y lo ayudarán a escapar con una humana, Nova, interpretada por la bellísima Linda Harrison en el que debe ser uno de los papeles menos agradecidos de la historia del cine, porque es que a la pobre no le dejan decir ni una palabra en las dos películas en las que aparece y se ve limitada a poner carita de nada o carita de pena, según la escena. Taylor, que empieza la película siendo un descreído de la humanidad a la que no le importa dejar atrás, se subleva contra el trato que dan los simios a los humanos y decide luchar por ellos y reivindicar su lugar en la historia de ese planeta como especie dominante que fueron, pero sólo para terminar dándose cuenta de que en el fondo su creencia inicial en la humanidad era la correcta y que no hay solución para su especie, ya que descubre que el viaje ha sido circular, que la Zona Prohibida es el área de la ciudad de Nueva York y que después de los humanos destruirse en una guerra nuclear éstos involucionaron en unas criaturas estúpidas a la vez que los simios aumentaron en inteligencia y tomaron su lugar como especie dominante.
El cambio respecto a la novela no sólo mejora la fábula inicial y la hace más contundente, sino que también se corresponde al pathos de la época, donde las historias de guerras mundiales devastadoras llevaban siendo escritas decenios, y así siguieron hasta que acabó la Guerra Fría y esas preocupaciones se substituyeron por otras, y la ciencia ficción empezó a encontrar otros métodos predilectos con los que acabar con toda la raza humana. Hay también otras referencias a la cultura del momento: la película sólo es un año anterior al Apolo XI, y tanto ésta como sus cuatro continuaciones se estrenaron en los últimos años de la Guerra del Vietnam y en el apogeo de la cultura jipi, así que no es de extrañar que al primo joven de Cornelio, Lucio, Taylor le diga "Que sigan ondeando", a lo que el simio le responde "¿Que sigan ondeando qué?", "Las banderas del descontento. Y recuerda: no confíes en los mayores de treinta", una de las más conocidas consignas de los jipis. El subtexto de la guerra nuclear, además, se explica por la presencia en la película de Rod Serling como coguionista, creador de la mítica serie The Twilight Zone y conocido activista antirracista y pacifista, que entre otras cosas tuvo que adaptar el guión varias veces para reducir a las sociedad simia a un estado que no costase demasiado dinero representar en pantalla.
Respecto al aspecto técnico, sigue sorprendiendo hoy día la calidad de la caracterización de los simios, y la capacidad que los actores tienen de, a pesar de un kilo de maquillaje encima, de dotar de expresión a sus rostros. También debemos tener en cuenta que, a pesar de lo que algunos se empeñan, el género de ciencia ficción hace mucho que se desprendió de la que se supone que fue en su momentos su definición, algo así como una ficción basada en realidades científicas o por lo menos plausibles, y nada más. Mire, no: básicamente son historias fantásticas que en ocasiones se basan en algún tipo de proyecciones científicas, pero sin pasar de ahí, y si no recordad los rebotes que se pillaba Asimov, nada menos que Asimov, cuando de joven le forzaban a cambiar un relato según esos parámetros, y no hacerlo como él quería y creía que se debía hacer. Por tanto, aunque el maquillaje y las prótesis sean magníficas, no podemos dejar de notar que... son humanos con pelo encima. Se supone que son chimpancés, gorilas y orangutanes, pero nosotros vemos a unos tipos con un traje de simio, a pesar de que en sus andares tengan un pasito de balancín que indique cierta incomodidad con el bipedismo y que veamos que los chimpancés usan unas botas flexibles que parecen guantes. En esta primera película no importa, pero luego en las siguientes que se metan en camisa de once varas ya llama un poco más la atención por lo que explicaré después. De todos modos esto no importa demasiado, ya que los valores de la película son otros y aceptamos que es una limitación propia de la época, ya que en años posteriores quizá los simios parecerán mucho más simios, pero si lo que te cuentan es una tontá qué nos importará si el macaco de turno parece realmente un simio o no, o el CGI está hecho de maravilla.
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| Mucho CGI, pero luego no tenéis imágenes como ésta. |
Otro "error", si lo queremos ver así, es tanto un error como una posible reflexión sobre la naturaleza del arte y en particular de los medios narrativos. En la novela, como se explicó, los vecinos galos se plantan en Betelgeuse y encuentran una sociedad simia, y el protagonista, el que en la película será Taylor, demuestra su inteligencia primero mostrando sus conocimientos básicos de geometría haciendo dibujos, para que lleguen a la conclusión de que en su mente hay capacidad de razonamiento, y sólo posteriormente aprende la lengua de los simios y consigue comunicarse con ellos. En la película Taylor es herido en la garganta por lo que no puede hablar, así que no consigue comunicarse con los simios a los que él, sin embargo, entiende de maravilla ya que hablan inglés que no veas, e incluso la primera pista que les da de que es inteligente es con una nota que consigue escribirles en nuestro viejo y querido alfabeto latino. Eso sin contar que hay animales tan terrestre como los caballos, y toda una vegetación reconocible en cuanto salen de la árida Zona Prohibida. Macho, Taylor, ¿y no te das cuenta de esos pequeños detalles? Pues... sí, pero no.
Veamos: el cine es una cuestión, como en casi todos los medios narrativos, de convenciones. Si tenemos que explicarlo todo, si todo tiene que ser coherente hasta el milímetro, no acabaríamos nunca y, sobre todo, sería insufrible. Si quieres realidad, te estudias la Segunda Guerra Mundial, e incluso en la historia hay cosas inexplicables, casualidades o momentos ridículos y de sainate que no se atrevería a poner ningún escritor de comedias de enredo. Si en cada episodio de Star Trek no nos tragásemos que hay un milagroso traductor universal que ni siquiera aparecía al principio, cada capítulo sería imposible de explicar o sencillamente la mayor parte del tiempo se gastaría en explicar cómo dos razas extraterrestres se pueden entender. De acuerdo que, si hubiesen tenido al hacer esta película un abogado del diablo, pues se podría haber ideado un sistema o una elipsis temporal en la que Taylor aprendiese a lo largo de cierto tiempo la lengua de los simios, pero de todos modos, ¿empezó la gente a reírse en los cines al ver que los simios hablaban inglés, y luego en la escena de la Estatua de la Libertad todos dijeron "Buá, si se veía venir"? Pues no: ésa es la magia del cine, de las artes escénicas y de la narración, que cuando está bien hecha te cuela sin sentir algunas cosas.
Por eso creo que mucha de la pijotería actual de algunos con la VOS es, básicamente, verdadera mala fe. Ya hay que ser muy imbécil para ponerse tontaina al decir que "Es que es absurdo que los vaqueros hablen en español". Lo mismo que en El león en invierno hablen en inglés y no en francés, porque todos los personajes eran francófonos. El colmo de todo esto ya ha sido las películas en latín macarrónico de Mel Gibson y Tarantino empeñado en que sólo Umberto Eco sea capaz de ver sus películas sin subtítulos, cuando luego tiene que recurrir a cosas tan forzadas como que un simple soldado alemán recién salido del pueblo milagrosamente sepa inglés. Si de verdad alguien cree que una película sobre mayas va a ser más "original" o realistas por tener que verla por narices subtitulada porque está en maya, es que algo hemos hecho muy mal y hemos ido hacia atrás más de lo que pensábamos. Y que conste que no tengo nada en contra de la versión original subtitulada y casi todo lo que veo es así, pero las razones de algunos para defenderla y descalificar a los que nos siguen sus delicados vicios intelectuales son de un idiota y un snob, y parten de no tener ni pajolera idea de qué va el acto comunicativo y las artes narrativas, que sería como para mandarlos a un campo de lobotomías si no fuera porque uno sabe que probablemente el efecto sería nulo.
Es la diferencia entre saber hacer las cosas bien o mal: nos pueden poner a unos simios de un planeta supuestamente extraterrestre hablando en inglés y parecernos la cosa más natural del mundo, o que cada ciudadano de un país hable en la lengua que le es propia y que todo parezca impostado.
Pues bien: básicamente esto es lo que tengo que decir de la primera película de la saga. Después... vinieron cuatro más. La pregunta básica es: ¿por qué? Si decía lo que tenía que decir, llegaba a la conclusión que tenía que llegar y el final dejaba todo en claro, ¿por qué seguir? Bueno, eso no es algo que se le pueda plantear a un productor cinematográfico, que en todo caso lo que te responderá será que por qué no.
Naturalmente, uno está en todo el derecho del mundo de considerar como válida sólo la primera y que lo que pasó luego como puros requiebros argumentales que se pueden tomar poco más que como una anécdota, y casi sería lo más juicioso. En realidad, las continuaciones, aunque curiosas, van bajando en calidad y son puro explotation para dar más monos a un público que estaba dispuesto a seguir pasando por taquilla para ver algo que no hacía ninguna falta prolongar más, y que a cada una de las entregas va enmarañando más el conjunto hasta el punto de que si uno se toma en serio lo que pasa en estas películas incluso se termina contradiciendo algunos de los hechos fundamentales de la primera.
Sin embargo, como ciclo también tiene sus virtudes, y si nos atenemos a lo que son, puro seguir ordeñando la idea lo más rápido posible, de modo que las cinco películas se hicieron en sólo seis años, sorprende también cierto grado de coherencia, que desde luego yo me esperaba mucho menor, y efectivamente crean un típico bucle espaciotemporal, como se suele decir, de mucho nabo. Y, si lo comparamos con otros ejemplos de franquicias donde el lío es mucho peor hasta el punto de que eso no hay por dónde cogerlo, la pentalogía de los simios es un ejemplo de claridad y concisión. Sé que lo que voy a decir es un golpe bajo, pero esto no tiene ni punto de comparación con un ejemplo parecido de la década de los ochenta, que de una película que tenía su gracia y coherencia por sí misma se creó un quilombo que ni Stephen Hawkins sería capaz de encontrarle a eso sentido; sí, estoy hablando de Los inmortales (Highlanders), que para empezar a explicarlo hay que referirse como poco a la teoría del multiverso y empezar a hacer ecuaciones diferenciales.
Por último os dejo con lo que estabais esperando: la escena de Los Simpson en la que se ve el musical basado en El planeta de los simios.
Regreso al país de los simios. (Beneath the Planet of the Apes), 1970
El título original era Beneath Planet of the Apes, lo que tenía bastante más sentido. Allí no volvía nadie, sino que unos ya estaban y llegaban otros nuevos. En realidad, se veía lo que pasaba debajo del planeta de los simios, y metafóricamente se insinuaba que se iba a revelar lo que había pasado para llegar a esa situación.
A Chartlon Heston le ofrecieron repetir el papel, pero él dijo que no había ninguna necesidad de hacer una secuela, aunque al final transigió y sale en la última parte de la película, como se explicará luego. Para que la película tire por alguna parte, se inventan que nada más salir la nave que se estrella en la primera película, sale otra para buscarlos. ¿A santo de qué, si era casi una misión sin retorno desde el principio? Recurso argumental forzadísimo sin pies ni cabeza, que deja a un personaje con vida para que repita más o menos los pasos de Taylor, que vemos al principio de la película que se pierde tras un holograma en la Zona Prohibida. Nova, la hermosa humana que no dice ni pío, se encuentra con Brent, el nuevo tipo que va por ahí vestido de Picapiedra, mientras los simios se preparan para ir a la guerra contra alguien que, suponen, está en esa misma Zona Prohibida. El encargado de la misión será el general Ursus, que haría popular la famosa frase "El único humano bueno, ¡es el humano muerto!"
Además veremos que se pasan un poco por el forro el final de la primera película. No es tan grave como lo que pasa entre el final de Resident Evil. Extinction y Resident Evil. Afterdeath, pero parecido. Al finalizar la primera película comprobamos la intransigencia del doctor Zaius porque, aunque primero promete que respetará a Zira y Cornelio, termina volando las pruebas de la cueva y les asegura que acabarán en la cárcel, mientras que en esta segunda película, apenas unos días o una semana después vemos... que no ha pasado nada. De hecho tal como aparece en la película original Zaius lo lógico es que se cebe en ellos y dé un escarmiento, pero sin embargo para no eliminar a esos dos personajes y reutilizarlos se explica que él mismo intercedió por ellos, así que los vemos tan tranquilos en su casita simia sin haber sufrido más represalias. También sabremos por ellos que los chimpancés son pacifistas y vegetarianos. Pues entonces, es que no son los chimpancés más habituales, el pan troglodytes, sino los más pequeños y escasos chimpancés pigmeos o bonobos, porque el chimpancé al que estamos acostumbrados, y que se supone que son los de las películas, no sólo tienen una mala uva poco común, sino que cazan otros animalillos y monos tan ricamente en verdaderas expediciones de caza, y algunos naturistas incluso hablan de facciones de chimpancés que luchan organizadamente entre ellas en lo que más se parece a una guerra humana que se conozca en el reino animal. Por supuesto, como pacifistas que son en la película, los veremos manifestándose pacíficamente en contra de la Guerra del Vietnam, o de la Zona Prohibida.
"¡Muchos gorilas, poca diversión!" "Lo llaman simiedad, pero no lo es."
Pero hay más escenas chanantes, no creáis. La de la sauna en la que Zaius y Ursus muestran sus cuerpos serranos simiescos no tiene nada que envidiar a la de Espartaco.
Aunque desde luego no tiene la fuerza ni consistencia de la primera película, la segunda parte también tiene un lugar en el corazoncito de los aficionados a la ciencia ficción y ha dado algunas imágenes icónicas del género. Brent, buscando a Taylor, se adentra en la Zona Prohibida, donde se encuentran las ruinas de la ciudad de Nueva York, y donde encontrará a la famosa raza de mutantes telépatas que viven bajo esas ruinas y adoran a la bomba Alfa-Omega. Porque todos los que vimos esta película de niños, y sin saber lo que nos esperábamos, recordamos con acojono el momento en el que los mutantes "enseñan su verdadero rostro a Dios", que es esa bomba. Vamos, no sólo recuerdo que en ese momento mi madre dijo "Tú no deberías estar viendo esto", sino que también recuerdo cómo al día siguiente en el recreo de la escuela no se hablaba de otra cosa. Daba como muy mal rollo todos esos mutantes rezando en lo que quedaba de las ruinas de la iglesia de San Patricio, guiados por un tal Méndez. Cuestión aparte era la del concepto ético tan curioso que tenían esos mutantes, que decían lo de "nosotros no matamos a nadie, pero hacemos que se maten entre ellos". Vamos, como despeñar a alguien y decir que lo ha matado la gravedad. Qué cachondos.
En esas ruinas subterráneas de lo que fue Nueva York Brent se encuentra con Taylor, Nova muere, los simios llegan en su guerra contra los humanos, y claro, se monta una que pa qué, con lo que esos simpáticos telépatas guardianes de la bomba deciden detonarla, aunque al final será el mismo Taylor el que pulse el fatídico botón y, como se suele decir, mande a tomar por culo la bicicleta. Como detalle curioso, igual que en esa película en la que Manolete se peleaba con muchos predators, un simple astronauta sabe perfectamente nada menos que detalles sobre la bomba del juicio final, un tipo de bombas que, aunque que se sepa no se han llegado a hacer, son una posibilidad muy real. Pues eso: un comandante metido a astronauta con información actualizada del asunto. Lo curioso es que es ese personaje desencantado y misántropo el que, herido y con su novia asesinada, será el encargado de ejecutar la venganza final del ser humano contra sí mismo y contra la raza que la suplantó como especie dominante. El que al final de la primera película maldice las guerras y la estupidez humana es el que termina con todo rastro de vida sobre la Tierra. Según se cuenta, la idea de que el mismo Taylor fuese el que detonaba la bomba provino de Chartlon Heston.
Edificante película que retrata bastante bien la época y cierto malestar muy propio de ese tipo de narraciones apocalípticas en la que se suele ver la historia humana como un callejón sin salida, como si el destino final del ser humano, lo quiera o no, es autodestruirse. Desde luego no está a la altura de la original y si uno quiere puede prescindir de ella, pero mantiene el tipo en algunos momentos y cierra el ciclo más a lo bestia si cabe.
Huida del planeta de los simios. (Escape from the Planet of the Apes), 1971
Imaginaos al bueno de don Charlton tan ufano él diciéndose: "Hala, y que conste que yo no quería hacer la segunda película que no hacía ninguna falta. A tomar todo por saco. El horrorrr... tirad la bomba y acabemos con todo. El horroooorrr...". Y en una esquina el productor de las cinco películas, Arthur P. Jacobs, sonriendo mientras dice: "Jajajá, no contabas con mi astucia".
Y además, la tercera parte la hacemos más baratita. ¿Que nos hemos cargado ese planeta de los simios del futuro? Pues traemos a algunos de esos simios al pasado, es decir nuestro presente, y arreglado. Total, sólo tenemos que hacer otro requiebro argumental forzadísimo. Primero nos sacamos de la manga a otro chimpancé listo de la muerte, Milo, interpretado nada menos que por Sal Mineo, que quizá no os diga nada el nombre pero es Platón, el verdadero protagonista y ganador de Rebelde sin causa, peli de la que espero hablar en breve. Pues resulta que Milo no sólo entraba y salía de la Zona Prohibida como pedro por su casa, sino que además contaba con los recursos para rescatar la nave de Taylor que se hundió en la primera película, y es tan listo como, para en esa sociedad poco más que industrial, repararla, aprender cómo funciona y, toma ya, hacerla funcionar de nuevo. Casualmente en esos momentos lo estaban visitando Zira y Cornelio, y más casualmente aún cuando vieron la explosión de la bomba del juicio final supieron ponerse los trajes espaciales, lanzar la nave al espacio, ver la destrucción de la Tierra y, entre el mismo viaje y quizá las perturbaciones de la bomba, hala, derechos al pasado.
En esta película, además, el personaje de Cornelio volverá a ser interpretado por Roddy McDowell, ausente en la segunda parte por otras obligaciones, y que repetirá en las dos películas siguientes interpretando a su propio hijo, de nombre también Milo, más conocido como César. Tanto es así que luego repetiría en la serie de televisión haciendo el personaje equivalente de Cornelio, Galen, hasta el punto de que debe ser uno de los actores que más veces ha hecho de simio. McDowell fue un actor británico conocido ya desde los papeles que interpretó en su infancia, fue también Octavio Augusto en la Cleopatra de Mankiewicz y los frikis quizá también lo recuerden como Peter Vincent en Noche de miedo. Otro dato anecdótico es que este actor tuvo problemas con la justicia por coleccionar en su casa copias piratas y en vídeo de películas para su goce personal o por puro afán de conservación. Cómo cambian los tiempos.
Como otra curiosidad, los simios no van a caer en Nueva York, sino en la costa del Pacífico, donde, por lo menos al principio de la película, tendrán algunas escenas realmente graciosas, sobre todo mientras los mantienen en una jaula y se hacen los mudos. Especialmente hilarante es cuando les dan unas naranjas y ellos, cual refinados muchachos de colegio de pago, se ponen a pelarlas con plato, cuchillo y tenedor. Al final obviamente terminan hablando, y uno de ellos, Milo, muere a manos de un gorila que está en la jaula de al lado. La verdad es que la escena da un poco de vicisitud porque obviamente es un ser humano con el típico traje de gorila que se suele ver habitualmente en las películas. Nadie va a negar que un tipo disfrazado de gorila no es divertido, pero se nota mucha diferencia con los gorilas inteligentes que hemos visto hasta entonces, y lo peor aún está por llegar. Llega un momento en el que uno se pregunta si los mismos que están haciendo la película no se estarán tomando ese particular un poco a cachondeo.
Solitos ya Zira y Cornelio, se convierten rápidamente en celebridades, sobre todo después de tener que defender su caso y demostrar su inteligencia y por lo tanto demostrar que son sujetos de derecho, en un juicio que viene a ser la réplica del que sufrió Taylor en la primera película. Visten ropas humanas, dan conferencias, y a la vez son investigados por un grupo de científicos que encuentran incoherencias en la versión que dan de ese mundo futuro y de su fin. Por primera vez, tendremos un relato de primera mano de cómo se llegó a ese planeta de los simios. Lo que no deja de ser nuevamente extraño: en la primera película Zira y Cornelio defienden la teoría de que, quizá, hubo una civilización humana antes que la simia, y de repente, quizá sólo unas semanas después de los hechos de esa película, se saben de pe a pa todo lo que pasó y lo cuentan; primero, se supone, llegó una plaga que acabó con lo animales de compañía más queridos por los humanos, perretes y gatetes, y desolados por la pérdida de sus mascotas empezaron a adoptar a simios que además de hacerles compañía podían ser adiestrados como sirvientes. Los políticos y científicos terminan descubriendo la verdad y llegan a la conclusión de que habrá una catástrofe y que los simios, efectivamente, substituirán al hombre como especie racional dominante. Por si fuera poco, se descubre que Zira está embarazada, y rápidamente llegan a la idea de que puede ser el inicio de una casta de poderosos chimpancés inteligentes que transmitirán sus genes inteligentes a las futuras generaciones, es decir, el verdadero origen del planeta de los simios, aunque eso seguiría sin explicar ni de lejos lo de los gorilas y orangutanes, además de que a mí la idea de un chimpancé montándoselo con gorilas y orangutanes, la verdad, me produce muy poco estímulo sensual. También uno de los científicos humanos propone por primera vez la idea de una línea temporal divergente que pueda conducir a un futuro distinto de aquél que conocemos por las dos primeras películas, un tema clásico dentro de los viajes en el tiempo y la ciencia ficción que tratan sobre si esos viajes en el tiempo son deterministas o si, sin embargo, hay una posibilidad de cambiar al pasado.
Por lo tanto, se decide que Zira, a la que además le han tomado quimera después de descubrir que la señora se dedicaba a hacer vivisecciones con seres humanos, debe abortar, y como es de esperar los dos simios huyen, pero no a Egipto, sino a un barco abandonado, después de pasar por un circo donde el dueño, Ricardo Montalbán ante de ser Khan, les da cobijo un tiempo y donde Zira da a luz y conoce a una chimpancé que también acaba de tener un chimpancito. Lo gracioso es que la chimpancé también es una persona con traje de chimpancé, pero con un aspecto mucho más parecido a los de verdad, y claro, se supone que los otros personajes también lo son, pero el cantazo al ver uno al lado del otro es de campeonato. Tampoco es algo que uno diga que es para llorar, pero es un poco absurdo ponerse así a uno mismo en evidencia, o es que, repito, se lo tomaban con guasa. La suspensión de la credibilidad y comprender que el maquillaje y la caracterización no puede ocultar que en realidad que estamos ante seres humanos con unos trajes peludos no resiste si nos empeñamos en reventar nosotros mismos la ilusión. Las crías de chimpancé, además, parece que son de verdad. Pero bueno, como ya dije las películas van paulatinamente cuesta abajo, cada vez se preocupan menos de ser verosímiles y van a lo que van, a dar monos al respetable.
Ya después de escapar Zira y Cornelio y esconderse en un barco a desguazar, allí son cazados y balaceados por los malvados humanos mientras intentan salvar la vida de su rorro, la gran esperanza de la dominación simia que muere bajo su madre, que después lo tira al mar, cosa que no se entiende muy bien porque no costaría mucho recuperar el pequeño cadáver. Y, siguiendo la tradicion iniciada en las dos primeras partes, hay que dar un final que deje sorprendido al público, aunque en este caso es difícil no verlo venir: Armando está en el circo al lado de la jaula de los monos y habla con un pequeño monito que a los pocos segundo empieza a decir: "Mamá... mamá...", y aunque no os lo creáis se nota que han hecho un cortapega casero de celuloide para simular el movimiento de los labios del bicho. Se nota muchísimo, pero como ya os digo son películas que van a lo que van, esos pequeños detalles ya parece que ni importa demasiado que se noten.
Por cierto, Zira, que ya te vale. Qué mal ejemplo para las
generaciones venideras. No sólo experimentaba con humanos en plan Mengele, sino
que además a la primera oportunidad da el cambiazo del monito. Eso, en todo
caso que se muera la cría de la chimpancé menos evolucionada, y que sobreviva la de pura raza aria que surgirá para ser el nuevo führer que guiará a mundo.
La rebelión de los simios (Conquest of the Planet of the Apes) (1972)
Aquí volvemos a tener otra vuelta de tuerca y, al menos, cambian un poco de tercio. Pasamos del presente coetáneo a un futuro cercano de esa cotidianidad. Es decir: la película se ambienta en el año... ¡1991! En ese tiempo los Estados Unidos (en el resto del mundo ni sabemos lo que ha pasado, ni nos importa), se ha convertido en un estado policial y con tonos fascistas donde la gente viste de negro y tiene muy mala leche. La policía, básicamente, va vestida como la Gestapo y casi toda la película transcurre en una especie de centro financiero como en los que algunos estamos acostumbrados a trabajar, con sus espacios abiertos de hormigón, sus escalinatas y sus edificios por todas partes, que para la época daba un cierto aire futurista, y que no era un decorado, sino un lugar real. Todo hay que decirlo, otra constante en las películas futuristas son esas plazas casi soviéticas, y extrañas esculturas o estructuras que en medio de la nada permanecen ahí sin propósito conocido, como si los hubiesen puesto simplemente por joder y, por si acaso hay un desastre y todo se va al carajo, que los pocos supervivientes humanos o viajeros en el tiempo del pasado se devanen los sesos para entender para qué coño estaba eso ahí. Como los cubos o lucernarios de Plaza de Castilla y su correspondiente pirulo, sin ir más lejos.
Foto tomada del blog de José Fariña.
Tal como predijo Zira, en 1983 todos los veterinarios que se dedicaban a cuidar de las mascotas se quedaron sin trabajo por un virus venido del espacio, y los seres humanos pasaron a tener como mascotas a simios, a los que luego han educado para ser mano de obra para trabajos serviles, así que los veremos vestidos con monos de trabajo, trabajando de camareros, fregando suelos y comprendiendo órdenes sencillas en el lenguaje humano. (Los monos trabajando con un mono de trabajo. Jaja. ¿Lo
pilláis? ¿No? Pues sigo, panda de desaboríos.) Otro dato curioso: chimpancés y orangutanes ya van vestidos con los colores que luego predominarán en su forma de vestir, el verde y el anaranjado. Aquí también veremos a manifestantes como en la segunda parte, pero en este caso parece que se trata de sindicalistas que se quejan de que la mano de obra esclava simia causa problemas a los trabajadores humanos, con pancartas como "Contratad a humanos, no antropoides", y "Los simios son esquiroles".
Cojonudo: te llegan unos simios del futuro que te cuentan lo que va a ocurrir, esperas a ver si pasa lo de los perros y los gatos, y cuando ves que sí decides después educar a los simios que sabes que se te van a rebelar y que el ser humano se va a ir al carajo... Te avisan, ¿y qué haces? Pues seguir los pasos, uno a uno, de lo que te han advertido que va a acabar con tu especie. Brillante. Sencillamente brillante. ¡Si es que nos merecemos todo lo que nos pase!
Detalle cachondísimo de dos amigas tomando algo en la terraza de un bar, cuando una le dice a la otra: "Es curioso: ahora que sé que el tabaco no perjudica, ya no disfruto fumando". El dormilón de Woody Allen, es sólo un año posterior, donde también sabremos que en el futuro se demostrará que el chocolate es buenísimo y que fumar lo recomiendan los médicos como relajante.
Sobre los simios de esta cuarta parte, se supone que son especímenes o bien capturados en la selva o ya nacidos en cautividad, y a diferencia de César, el chimpancé tan inteligente como un humano, andan mucho más encorvados y su comportamiento es instintivo sobre todo. Son maltratados, tratados con crudeza y torturados para, por condicionamiento pavloviano, obedecer a los seres humanos y quedar paralizados de terror cada vez que alguno les grite "¡No!" Naturalmente nosotros seguimos viendo a seres humanos disfrazados con un traje de pieles y una máscara, pero se supone que deberían tener la forma de verdaderos simios. Que ya son ganas, digo yo, de tener a un gorila o a un orangután de mascotas, con lo que deben de comer, el ruido que hacen y eso, que huelen a mono.
En esa sociedad futura, que por lo visto en el guión original se parecía bastante a una distopía corporativa a la que se vería sólo tres años después en Rollerball, Armando sigue teniendo el circo y reparte por esa plaza octavillas acompañado por César, de momento el único chimpancé inteligente y que realmente sabe hablar. Por un pequeño incidente César se ve obligado a quedarse en ese lugar y hacerse pasar por uno más de los chimpancés, mientras que los malvados gobernadores de esa zona económica empiezan a sospechar si no andará por ahí el hijo de aquello simios inteligentes que vinieron del futuro. Mientras, César, en origen un buen chico, empieza a malearse cosa mala por el trato brutal al que lo someten los humanos a él y a los de su especie, y más todavía cuando torturan y matan al que fue como su padre para intentar sonsacarle información. Como si fuese un Espartaco o Lenin, empieza a maquinar, falsifica papeles, entrena y adoctrina a los simios de la zona y los prepara para un levantamiento que termina siendo una batalla campal sobre la que se erige como el líder de la rebelión simia.
Aquí vamos a tener otro problema, pues como ya dije al empezar a darle vueltas a las cosas podemos terminar por desestabilizar los hechos anteriores o desvirtuarlos. Si la rebelión de los simios es anterior a la Tercera Guerra Mundial, podríamos fácilmente deducir que quizá se lanzaron bombas atómicas para destruir a los simios, por ejemplo, con lo que el mensaje de la primera película quedaría diluido considerablemente. Que los simios se rebelen antes de esa guerra, de todos modos, no termina de convencer demasiado. La solución de la película es poner la venda antes de la herida: en un memorable discurso final en el que César habla a su pueblo embelesado, que suponemos que lo entiende, profetiza que la rebelión continuará, hasta que el ser humano se extermine mutuamente, y sobre las ruinas de la civilización surgirá gloriosamente la civilización de los simios. El plano final, muy bueno, es el de un César con la mirada enfebrecida, el rostro ensangrentado e iluminado por las llamas de la revolución.
De hecho, el final original era bastante más bestia, ya que después de su discurso César contemplaba sin mover un dedo cómo un conjunto de gorilas mataba a palos al gobernador:
Les pareció demasiado bruto y terminaron quitándolo después de la reacción desfavorable del público tras los primeros pases. Ya empezamos a dar signos de blandurria, y así nos ha ido después.
Y en esta película, me acuerdo como si fuera ahora, que debieron ponerla un domingo por la tarde o algo así, se fue la emisión, y nos pusieron el cartelito de marras un buen rato, un cuarto de hora como mínimo mirando el dibujo en negativo de unos monos empoderados. Así de simple. A veces me pregunto qué pasaría con todos esos dibujos y cartelitos y adónde fueron a parar. Seguro que los tiraron, no me extrañaría.
Batalla por el planeta de los simios (Battle for the Planet of the Apes), 1973
Cuesta abajo y sin frenos, y aun así, como en los casos anteriores hay cosas divertidas y a señalar, pero aquí ya las cosas empiezan a no tener sentido en absoluto, si es que alguna vez lo tuvieron.
En primer lugar empezamos bien. La película arranca en el año 2670, la época del Legislador del que supimos sobre todo en la primera película, y cuya imagen se proyectaba en el cielo en la segunda como medida de defensa por parte de los telépatas mutantes. El Legislador, una figura histórica carismática como la de Licurgo en el año 3978, cuando se sitúa la primera película, está dando una lección a sus alumnos y cuenta la historia de Cornelio y Zira, y cómo desde el futuro dieron un Salvador al mundo, César, cuya historia les va a contar. Otro dato realmente curioso es que el Legislador es John Houston, grandísimo director y un cachondo mental de los que ya no quedan, que en casos así se apuntaba a un bombardeo, y como diría también Orson Wells todo dólar ayuda a pagar las facturas. Yo soy incapaz de imaginarme a Noé con otra cara que no sea la de John Houston.
Esta película se sitúa se supone diez años en el futuro,
pero luego oímos que el orangután encargado de la armería lleva veintisiete
años en el cargo. Tampoco voy a decir nada sobre la esperanza de vida de los
grandes simios. Recapitulemos: en la película anterior vemos la rebelión de los
simios liderado por el único simio que sabe hablar, y en la otra anterior el
miedo es que sea el padre de una raza de chimpancés inteligentes. En esta
última película vemos primero que ya todos saben hablar, que ya van vestidos
como en la primera película, con lo que deducimos que la moda no va a cambiar
en dos mil años y que los simios no tienen sentido de la estética, y sobre todo que César
no es el padre de ninguna estirpe de supersimios porque maldita la falta que hacía. Vamos, que si los monos se
ponen a hablar es porque quieren y punto. No sólo eso, sino que algunos de sus
intelectuales dan clases sobre la teoría de la relatividad y asuntos similares.
Mola: estás tan tranquilo en tu rama pensando en comer fruta y follar,
totalmente a tu aire, te secuestran, te ponen un mono de trabajo, oyes hablar,
aparece un congénere que se empodera cosa mala, hay una guerra nuclear, y así
en el ínterin terminas siendo profesor universitario. Y todo eso sin internet.
Vamos a ver: la culpa no la tiene la primera película, ya
que era una fábula, pero como queramos intentar comprender esto podemos acabar
un poco mal de la cabeza. Inicialmente podríamos entender que tanto los seres
humanos como los simios que se encuentra Taylor son mutantes, o seres
evolucionados. Como dije antes, lo de ciencia ficción es un término
que ya no se va a cambiar, pero lo de que haya “ciencia” de verdad es más que
discutible como mínimo en el 90% del género, que en todo caso propone
fantasías con cierto aire científico, o toma la ciencia como excusa o punto de
partida para sus elucubraciones literarias. En 2000 años ninguna especie sufre
un cambio tan radical, a no ser que estimemos otro tópico del género que es la
evolución acelerada impulsada por mutaciones forzadas en un entorno radiactivo,
cosa que tampoco es demasiado científica porque las mutaciones de ese tipo
serían casi siempre teratogénicas. Otra opción hubiese sido que Taylor llegase a
varios cientos de miles de años en el futuro, lo que ya explicaría esos cambios
en las especies, cosa que ya vio uno de los padres de la ciencia ficción,
Wells, que en La máquina del tiempo da a entender perfectamente que ni los eloi
ni los morlocks son ya realmente humanos, y que el viajero del tiempo es el
único ser humano, tal como nosotros lo entendemos, de esa época. También hay
que entender que en esta década, aunque ya aparecían referencias a las
mutaciones y a la genética en la ciencia ficción desde hacía tiempo, todavía no había incorporado
mucha de la terminología de la biogenética, ni ese campo del conocimiento era
tan popular como ahora, donde todo el mundo ha oído hablar de Dolly, de los
alimentos transgénicos y de ADN mitocondrial.
Pero esta última
película, ya hecha in extremis porque se esperaba que la anterior cerrase el
ciclo definitivamente, da a entender que no, los simios se ponen a hablar y
listo. ¿Por qué no lo hicieron antes? Quizá fueran tímidos y no empezaron antes
de ver que uno de los suyos lo hacía, aparte de que sus gargantas no tienen esa
capacidad. No sólo eso, sino que, incluso sin el final bruto que luego fue
eliminado, se da a entender que César va a guiar una revolución a sangre y
fuego, una guerra sin cuartel contra la humanidad. Y aquí de repente los vemos
a todos viviendo juntos, con tensiones pero casi en plan comuna. Los humanos de
todos modos parecen estar en cierta situación de inferioridad, y tienen
prohibido decir “no” a los simios en recuerdo de los tiempos de esclavitud. Los
simios entre ellos se lo pueden decir, igual que los afroamericanos se llaman entre ellos “negro”.
Por si fuera poco como el actor negro de la anterior película no quiso repetir
papel, aparece otro que dice que es su hermano, y solucionado. Las películas no
sólo fueron bajando en calidad y en aceptación por parte de la crítica y el
público, sino que además cada vez contaron con menor presupuesto, y vaya si se
nota.
El argumento
busca una excusa para que haya una expedición a lo que ya se conoce como la
Zona Prohibida, las ruinas radiactivas de la ciudad de Nueva York, donde viven
los supervivientes de esa sociedad de malas personas y peores ciudadanos que
vimos en la anterior película, escondidos bajo tierra y empezando a sufrir los
efectos de la radiación. Uno de los lugartenientes del gobernador se llama
Méndez, el primero de la estirpe de los Méndez cuyo último representante se ve
en la segunda película. También aparece la bomba Alfa-Omega, que vaya usted a
saber lo que hace ahí en medio de Nueva York en esa época.
Tampoco pasa nada
realmente memorable: termina habiendo una batalla a campo abierto entre los
humanos de la Zona Prohibida y los simios, con la participación de algún cañón
y un autobús, y al final, después de comprobar cómo la corrupción y la ambición
pueden afectar a los mismos simios, termina la narración del reinado de César
con una situación de supuesta igualdad entre humanos y simios. Volvemos
entonces al s XXVII para ver que, en efecto, el Legislador está contando sobre
esos tiempos pretéritos a una audiencia de niños, tanto humanos como simios,
aunque sigue planeando en el aire si ese entendimiento durará o terminará
resultando en el desastre. El último plano es el de una estatua de César por
cuya mejilla se desliza una lágrima.
Las
interpretaciones son varias. Una defiende que, en efecto, se pudo dar un cambio
en la historia, y que al menos esa última película presenta una sociedad que no
va a evolucionar al planeta de los simios de la primera película, sino que
presenta una realidad alternativa de paz entre las especies, y un Legislador
benevolente. Sin embargo la explicación oficial de los que fueron los
guionistas originales de las películas es que todo es una gran paradoja
temporal determinista, idea reforzada por las adaptaciones en cómic basadas en
los guiones anteriores a los montajes finales de las películas, que apoyan que
el conflicto final es inevitable. Claro que eso es casi peor, ya que entonces
tenemos que suponer que poco después de lo que vemos aquí se va a montar una
tangana más que considerable, que los simios y los humanos volverán a estar en
guerra y que ese tipo que parece tan simpático y sabio, el Legislador, empezará
a despotricar y decir barbaridades contra los humanos cual contertulio de
Intereconomía al oír nombrar a Zapatero, y que estos humanos, definitivamente
diezmados, involucionarán a seres sin habla. Es decir: uno de los hechos más importantes
de la historia de ese bucle temporal no lo vemos ni por el forro, aunque sí que
es coherente con el borrado de la memoria histórica que han llevado a cabo los
orangutanes, que desde la primera película se da a entender que conocen la
verdad, por lo menos los de alto rango, y que practican una política
straussiana de nobles mentiras.
Y así acaba la
quinta pinícula. La verdad es que quemaron muy rápidamente el concepto, en seis
años cinco películas. Pero, como siempre, no hay razón para no seguir intentándolo.
Un año después, en 1974, se estrena una serie de televisión que vuelve a tomar
la historia desde el principio con nuevos astronautas que llegan a la Tierra.
No tiene ya nada que ver con las películas, sino que es un relanzamiento desde el
principio. Además cambian más cosas: el personaje de Cornelius se convierte en
Galen, aunque lo sigue interpretando el mismo actor, y el general Ursus es
Urko. Fue un fracaso, y se canceló a media temporada. La misma suerte corrió en
1975 la serie de dibujos animados que intentaba cambiar más cosas, y que
gracias al medio animado se permitía presentar una sociedad simia más avanzada e
industrializada, cosa que debió terminar de confundir a un público que, no me
extraña, debía estar de los monos ya bastante hasta las narices. Todo termina
por cansar.
Los monos, pues,
tuvieron su reinado en el primer lustro de la década de los setenta, que se
extendió con sus correspondientes réplicas por todo el mundo, y desde luego
dejaron un poso en la cultura popular, lo que se demuestra con la multitud de
parodias y referencias que aparecen en otras obras, además de los últimos
intentos de volver a sacarle cuartos a la franquicia y resucitarla.
Sobre las
adaptaciones en cómic de las películas también habría algo que decir. Pero
primero habría que explicar que, también en esto, las cosas han cambiado una
barbaridad. Hace más de cuarenta años no había las facilidades de hoy día,
donde es muy sencillo que el encargado o encargados de la adaptación pueden ver
un montaje preliminar de la película, reciba el guión y cuente con todo tipo de
fotos y material que fácilmente se puede enviar digitalizado a cualquier parte
del mundo, siempre con la confidencialidad necesaria, claro. Pues en esos
tiempos no: el guionista de la adaptación contaba con un resumen del guión
cinematográfico o como mucho se lo dejaban leer, y el dibujante recibía muy
poca información visual de la que tirar. No sólo eso, sino que hay que tener en
cuenta que el lanzamiento del cómic se busca que sea inmediatamente posterior
al estreno de la película para aprovechar su tirón, e igualmente eso lleva un
tiempo, y hace décadas bastante más. Es decir: el cómic se tenía que estar
haciendo en plena fase de postproducción de la película, y de ahí que en muchas
ocasiones en el cómic haya escenas que luego desaparecen en la película, o que
no se llegan a filmar, y no pocas veces en la sala de montaje se cambiaba el
final o a saber lo que pasaba tras los primeros pases de prueba. Si a eso
añadimos que una vez firmado el acuerdo entre la cinematográfica y la editorial
el intercambio de información sería seguramente casi nulo, lo que se consiguió
en más de un caso fue que la adaptación en cómic fuera realmente sorprendente
en la mayor parte de las ocasiones, tanto en el aspecto visual como en algunos
puntos del argumento. Por lo anteriormente descrito en la actualidad y con más
medios las adaptaciones son mucho más fieles y se pueden ajustar mucho más a la
película, pero por eso mismo son mucho más aburridas y predecibles. Lo curioso de todo esto es que la colección de Marvel sobre los simios es tardía, empieza en 1974 cuando precisamente la fiebre sobre los monos empieza a decaer en cine pero aumenta con las reposiciones de las primeras películas en televisión, así que tampoco se explican demasiado bien esas desviaciones, sobre todo gráficas.
Durante los
setenta la encargada de realizar estas adaptaciones fue Marvel, con resultados
realmente chanantes en la mayor parte de los casos. Es relativamente fácil
encontrar por internet los tomos recopilatorios en blanco y negro que creo que
corresponden a las ediciones británicas. Como nota al margen, y para aumentar
la culturilla de esos tiempos pasados recordemos que a día de hoy el mercado
del libro y del cómic en habla inglesa está casi completamente globalizado, y
que una preorden de Previews o en Amazon cuenta lo mismo se haga desde Wyoming,
Sussex, Nueva Zelanda o Villabotijos de Abajo, pero en aquellos tiempos de cada
edición de Spider-man o de Superman se calculaba el número de ejemplares para
el mercado interno estadounidense, y adiós muy buenas. Que el niño de Camberra
o de Liverpool pudiese leer perfectamente el #1 de Los Cuatro Fantásticos no
quiere decir que le llegasen a un mes vista los ejemplares americanos, que en
todo caso habrían sido artículos de importación, y por lo tanto más caros y menos
atractivos en un mercado orientado eminentemente a un público infantil, y
aunque existía el sistema de suscripciones internacionales el cambio de moneda,
el engorro del pago y los gastos de envío podían llegar a convertir el producto
en prohibitivo. El resto de los países de habla inglesa tenía por tanto que
negociar los derechos como si fueran Francia o España, con la única ventaja de
no tener que hacer adaptación del idioma, de ahí que hubiesen ediciones o
revistas de los personajes americanos en formatos a veces muy alejados de sus
ediciones originales. En el caso de Inglaterra el mercado interno de los comics
estaba dominado por revistas semanales muy baratas en blanco y negro y en
papel malísimo tipo periódico (e incluso tamaño periódico tabloide, pues se vendían
doblados) con impresiones borrosas y llenas de churretones de tinta que
manchaban las manos, que contenían comics de personajes ingleses tipo Dan Dare o reediciones de comics
americanos, como fue el caso que originó el famoso convoluto de Capitán Marvel /Marvelman. De hecho durante bastantes años los lectores ingleses conocieron a
los personajes Marvel a través de una revista semanal en forma de antología
llamada Mighty World of Marvel, donde para abaratar costes se alternaban
algunas páginas en color con otras en blanco y negro y algunas con colores
simplificados. Y nosotros nos quejábamos de las colecciones de Vértice y
Bruguera... Posteriormente, dada la demanda, empezaron a distribuirse los
comics americanos en el Reino Unido, y durante un tiempo se podía ver el precio
en libras debajo del expresado en dólares. A día de hoy, teniendo dinero, si no
te compras cualquier cosa editada en EEUU es porque no quieres. Panini sigue reeditando en Reino Unido algunos de los comics Marvel más populares, supongo que por razones de precio.
Veamos algunas de las cachondas portadas de Marvel:
Si no os salen las cuentas es porque no sólo los comics tienen escenas que no se llegaron a rodar o eliminadas, o quizá se las inventaron, sino que además Marvel, siempre tan eclécticos, en los comics de la época de Killraven mezclaron el Universo Marvel, el Planeta de los Simios y la Guerra de los Mundos y oye, se quedaron tan anchos. El último ya es un verdadero desmelene. Parte del material se publicó bajo el sello Epic directamente en blanco y negro.
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| Homenaje. |
Esto también tuvo
otra consecuencia, y es que al ser Marvel, y no DC, la que se hizo con los
derechos, la segunda no se quiso quedar sin su parte del pastel de “rollito
postapocalíptico”, así que encargó a Jack Kirby, uno de los dibujantes más
importantes que ha habido, crear un cómic de argumento similar para aprovechar
la moda. Aunque se suele decir que la inspiración para el Kamandi de Jack Kirby
es El planeta de los simios, no es justo porque hay muchos otros modelos en los
que inspirarse como he comentado, y además el propio Kirby reutilizó una historia corta que habíadibujado en 1957, anterior a la novela de Boulle, en la que un viajero del tiempo se encontraba en
un futuro en el que, precisamente, los animales hablaban, eran inteligentes y
se comportaban como humanos. Algo parecido pasó con Warlord: se creó para
competir con Conan en el género de espada y brujería y de tipos con espada
vestidos con taparrabos de pieles, pero tanto la ambientación como el tono son
bastante distintos.
Para acabar con
el asunto de los comics, habría que recordar que, una vez ya totalmente
enfriada la fiebre simia hasta su relanzamiento en 2001, sólo sobrevivió
precisamente por medio de los comics editados por Malibú en la década de los noventa, la mayor parte en
blanco y negro y, se supone, respetando la continuidad de las películas, aunque eso habría que verlo.
![]() |
| Ya veo yo cómo respetamos la continuidad, ya. |
![]() |
| Love, sex and respect. |
![]() |
| A falta de una, de la segunda película hay dos adaptaciones diferentes. |
Respecto a las
dos películas que se han hecho sobre la franquicia o universo de los simios
dominando la Tierra no iba a decir mucho, pero como veo que el artículo me está
quedando un poco corto las voy a comentar brevemente.
El planeta de los
simios (Planet of the Apes), 2001
Lo que se dice
acumular un error tras otro. Primero, si te vas a comparar con una película que
ya se considera un clásico, mejor átate los machos e intenta ofrecer algo que
esté a la altura. Con esta película me empecé a sospechar que realmente Tim
Burton era sobre todo humo y poca chicha.
Aunque obviamente
no se puede juzgar lo que habría sido de un proyecto que no se llegó a
concretar, casi todas las propuestas que hubo desde finales de los ochenta
suenan, por lo menos en papel, bastante más atractivas que lo que al final se
hizo. Además pasaron por el proyecto gente como Oliver Stone, Columbus y
Cameron, y el Chuache estuvo durante bastante tiempo propuesto para ser el
protagonista, cosa que a más de uno, yo incluido, le habría parecido de perlas.
Como se explicó
al principio, la novela no era gran cosa, y se intentó acercarse más a ella y
darle un final parecido al de la obra literaria. Otras actualizaciones tampoco
fueron demasiado afortunadas. Como siempre, la película muy bien hecha, muy
bonita la dirección artística, la música bien, y sin duda muy bien realizada.
Pero eso ya no tiene mérito: en Hollywood y con dinero, es casi imposible que
la película esté mal hecha, pero eso no quita que películas muy bien hechas y
técnicamente irreprochables sean una carroña.
Supongo que se
confiaron demasiado, y que pensaban que había un público friki ávido de
tragarse una nueva película de los micos cabreaos, fuese lo que fuese. Y en
cierto modo era así: la película, sin ser un éxito clamoroso, ganó mucho
dinero, aunque por lo visto no bastó como para encargar inmediatamente una
secuela. Se hizo ya con los parámetros propios del Hollywood del momento: gran promoción,
mercaderías de todo tipo, muñequitos, comics que continuaban la historia y todo
cuando sacacuartos se pueda uno imaginar. Además con esta película se empezó a
utilizar ampliamente la tontá de “reimaginar”, como si fuera algo distinto a
hacer un remake o relanzamiento. Ganas de inventarse palabras sin necesidad
alguna y de creer que con un truco tan burdo se puede engañar a alguien.
La película
empieza en el futuro, en una gran nave de exploración que utiliza chimpancés y
otros simios como pilotos para enviarlos en misiones peligrosas con cápsulas.
El protagonista de la película, el casi siempre hierático Mark Wahlberg, es uno
de los cuidadores de los micos, y cuando uno de ellos se pierde en una especie
de agujero de gusano no se le ocurre mejor idea de ir a buscarlo, y se pierde
también. Primer indicio de que estamos antes una película “moderna” con los
típicos personajes estereotipados que, en realidad, se mueven por puros
impulsos, la mayor parte de las veces irracionales y absurdos. Tenemos que tragarnos
que a esas alturas no se sabe ni elegir personal en costosísimas misiones de
exploración sideral y que el protagonista es tan listo que pone el peligro su
vida por salvar a un mono. Empezamos a tratar al público un poco como idiota y
como débiles emocionales. Mil formas hay de solucionar el arranque de la
película sin llegar a ese bochorno.
El protagonista,
Leo, cae en este nuevo planeta de los simios, que recuerda obviamente al de la
novela y la película. Estamos, como en la novela, en un planeta extraterrestre,
y la verdad es que el aspecto selvático y alienígena está bien conseguido. Hay
una zona prohibida considerada sagrada, por nombre Calima, de donde se supone
que surgió la raza de los simios con sus tres especies, y
una ciudad simia donde en un momento vemos una divertida escena en la que unos jóvenes simios hacen botellón. Los seres humanos están por ahí
ruralizados en plan los Picapiedra y esclavizados, pero saben hablar y dominan
el arte de la depilación corporal, tal como nos demuestra Estella Warren, cuya
carrera cinematográfica nunca terminó de cuajar y que se empeña en salir en
subprodutos como una reciente adaptación de La bella y la bestia que era de a carcajada
por plano. Se supone por el reloj de la nave que, además, es el año 5021. Y
efectivamente: a Leo no le parece raro que los monos hablen inglés, y a los
espectadores tampoco les parece raro, ni que en todos esos miles de años, por
pura culturilla general, sepamos que tanto el inglés que hablasen los simios
como el de los humanos sería totalmente irreconocible, lo que se aplicaría
igualmente a la primera versión de la película. Y me parece muy bien: si queremos ir a la Escuela de Idiomas o estudiar lingüística general ya nos buscaremos la vida, pero al cine se va a otra cosa.
El error de la
película es que no es ni chicha ni limoná, y sobre todo que el tiempo ha
pasado. Las virtudes de la original es que, por mucho que fuera una película de
ciencia ficción, trataba de forma madura temas maduros, y no temía presentar un
futuro desolador para el ser humano con un final sin concesiones. Sólo hay que ver las películas desde la original de los simios y 2001 y a lo largo de la década de los setenta: películas de ciencia ficción con temas originales y complejos que se apoyaban en los cada vez mejores efectos especiales, tendencia que después de truncaría. Burton
simplemente hace un producto más de guión prácticamente hecho a troquel: los
pobres humanos se unen en una causa común por la libertad unidos por el
carismático y americano líder de mentón cuadrado, y aunque los simios en general tienen mala uva y
Charlton Heston aparece para execrar de ellos como si fuera el Legislador, hay
algunos que son buenos, pacifistas y de buen corazón, y se unen a la causa
humana. La típica película con argumento para adolescentes de quince a
cincuenta años, como Avatar. Si lo pensamos fríamente, el guión de esta
película se parece más a Rambo III o a la típica película de acción rutinaria
que a su predecesora a la que supuestamente remakea o reimagina. Al final hay
una batalla, bastante graciosa, y descubrimos lo que oculta Calima cuando vemos
que son los restos de la gran nave estrellada en el planeta y de la que salieron
los micos de la nave, que se empoderaron y dieron para el pelo a los pocos
supervivientes humanos, y se descubre también que Calima significa Caution, Live
Animals. Aquí me falla la memoria y no he encontrado dónde confirmarlo, pero me
suena que se dice que los simios que llevaba la nave han sido modificados
genéticamente para ser más inteligentes, lo que explicaría un salto evolutivo,
aunque nuevamente estamos hablando de un período de tiempo demasiado escaso.
Los simios tienen un aspecto mucho más animal, los gorilas son actores
especialmente voluminosos y los orangutanes bastante grotescos. Cuesta
bastante, además, imaginarse que unos pocos monos de mierda pudieran vencer a
seres humanos bien armados y mucho más inteligentes, pero quizá en aquel planeta
hostil estaban mejor preparados para triunfar, y tendremos que creernos lo que
nos dicen, así como que aparezcan caballos que nadie nos explica de dónde salen. La caracterización de los simios, así como sus armaduras y armas,
muy logradas, todo hay que decirlo. Aunque seguimos percibiendo que son humanos
disfrazados, el maquillaje es más realista y la forma de moverse es totalmente
simiesca. Técnicamente hemos avanzado, pero eso en la película es tan innegable como
que hemos retrocedido en las pretensiones artísticas y en la infantilización de
un público encantado de ser infantilizado.
Mucho se ha
criticado el final de esta película, pero en realidad es criticable tanto su
final como su prefinal. En medio de la batalla se acude a un deus ex machina y
llega Pericles, el mono perdido en la primera escena, y la batalla acaba
espontáneamente. La solución del conflicto es, por tanto, inexistente, y los
simios, por las buenas, renuncian a su forma de vida, a esclavizar a los
humanos y ven la luz de la coexistencia pacífica. Qué fácil es dejar de ser nazi si uno se lo propone un poco. El final consiste en que Leo vuelve
a la Tierra en una mierda de cápsula (¿para qué coño quieren entonces las naves
grandes?) y se encuentra que el malvado general Thade parece ser que ha
conquistado la Tierra, tiene su cara en el monumento a Lincoln y todo está
infestado de simios. Es el final de la novela, básicamente, pero mientras que
en la novela se entiende perfectamente el concepto de evolución histórica
paralela, aquí no se entiende nada, opinión que se han atrevido a expresar
algunos de los actores que participaron en la película. ¿Cómo coño llegó Thade
a la Tierra? Burton, demostrando lo que algunos pensamos, que no tiene en el
fondo la cabeza demasiado bien amueblada, dice que el final no se tiene por qué
entender, y que en todo caso además era un elemento de suspense que quizá se
habría arreglado o explicado en una secuela. Oiga, eso es literalmente admitir
que tampoco se tiene explicación. Crear un elemento de incertidumbre está
bien... si el autor sabe por qué lo hace y a dónde conduce. Que no, que no me
comparen esto con el final de El imperio contraataca o con el de Los Soprano,
porque no es lo mismo, y mucho menos con el de 2001, Odisea del Espacio, porque
ahí, si no se entiende (discutible esto también), es porque está hecho así a
mala idea, sea la idea buena o mala lo de acabarla así a mala idea.
Bienvenidos al
Hollywood moderno, al epítome de la Teoría de la Molonidad con el que por fin
entendemos por qué Perdidos terminó como terminó. Lo importante no es crear un
producto acabado y coherente pensado y madurado de principio a fin, sino
aglutinar elementos que molen y tirar para adelante como sea, sin importarte
demasiado si casan entre ellos o tienen algún sentido. Y no hacemos un final
que dé sentido a la película, sino que ponemos... algo... sin importarnos
demasiado si explica o culmina lo narrado, y ya vendrá alguien después y lo
explicará, o cortará por lo sano. Como ya dije, como entre Resident Evil. Extinction y
Resident Evil. Afterdeath. ¿Qué hacemos con todos estos clones tan molones que
salen al final de la tercera parte? Pues en la cuarta en la primera escena
vemos cómo todos se inmolan alegremente en una misión suicida, y listo.
El origen del
planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes), 2011
Nuevamente: ¿es
una película bien hecha? Indudablemente. Los CGIs de los micos empoderados
cuelan perfectamente y por primera vez vemos a un simios rebelarse y que
realmente parecen simios auténticos.
Por lo demás,
aunque ésta se supone que quiere ser el pistoletazo para una nueva franquicia
de películas, mal andamos en más de un aspecto. Hay cosas que ya he visto en
otras películas, y ya entonces no me gustaron. Es una mezcla del argumento de
La rebelión de los simios, Soy leyenda y Doce monos. Si ya repateaba la
interpretación anticientífica de Soy leyenda en la que unos científicos “en su
arrogancia” al querer curar el cáncer terminaban liberando un virus que mutaba
horriblemente a toda la humanidad, aquí pasa algo parecido, pero más absurdo si
cabe. Aquí el problema ya no es que el ser humano sea gilipollas y se extermine
voluntariamente tirándose pepinos nucleares, sino que la humanidad se va al
guano por no seguir los más elementales protocolos científicos presentes
incluso en una fábrica de lejía.
El científico
supersabio de la hoxtia va a curar el alzheimer de su padre con una terapia
génica, pero no se da cuenta ni hace las pruebas más elementales para darse
cuenta que el gas que va a hacer luego listos a los simios es, a saber cómo, un
supervirus que va a exterminar a la humanidad por accidente. De la guerra
nuclear a la chapuza: así no se puede uno comparar a un clásico. Y, como dije
antes, ahora lo que se lleva es la jerigonza biogenética. A todo el mundo le
suenan términos como “retrovirus” o “terapia génica”, pero parece que sólo de
oídas. Que una terapia génica salga así de repente al aire como un virus letal
es como pensar que por comerte los famosos tomates a los que se les ha
incorporado un gen de hormiga para que no se pudra, se te va a criar todo un
hormiguero en el intestino. Claro que el adolescente de quince a cincuenta años
no se fija en esas cuestiones sin importancia. De hecho claro que sería estúpido hacer ese tipo de pruebas, porque eso es tan poco probable como que tras mezclar todos los productos de debajo del fregadero el amasijo resultante tome conciencia de sí mismo y te dé por las buenas el número ganador de la lotería.
Pero no sólo eso,
sino que como siempre hay excusas argumentales muy endebles. En una instalación
con el mejor personal en la que se experimenta con animales nadie se da cuenta
de que una chimpancé está embarazada y da a luz. Yupi. Y luego el protagonista
se lleva a César, el monito, sin problemas. De veras: a poco que lo piense uno
seguro que puede dar alguna explicación mejor que sitúe juntos a los actores
principales y que no sea sonrojante ni fuerce de esa manera la más elemental
lógica.
Si de nuevo
pensamos fríamente, esta película tiene un guión mucho más parecido a
cualquiera de las múltiples versiones que se han hecho de “película de desastre
biológico” que a la idea original de El planeta de los simios. El Hollywood moderno
no arriesga en los argumentos así los maten. En este caso los simios ocuparán
el nicho ecológico humano por incomparecencia de sus posibles competidores, que
se habrán casi extinguido por un virus mortífero que se extenderá por avión por
todo el mundo, casi exactamente como ocurría en Doce monos. Anda, mira, doce
monos, nunca mejor traído. Y, también es casualidad, el virus mortal para los
humanos dota de inteligencia a los macaquillos. De paso, evitamos toda emoción
fuerte o poner a los protagonistas, simios incluidos, fuera de cualquier
conflicto moral en el que se pueda ver reflejado el espectador. César en el
fondo es un buen chico que quiere ganarse la libertad sin dañar a nadie, e
incluso se apiada de la vida de uno de los cuidadores que no era malo. El que
ejerce de malo es otra figura omnipresente en casi todas las películas: el
ejecutivo repelente que sólo va a la pela y que termina siendo poco más que una
caricatura de la persona que sólo busca el lucro en vez de la realización
personal y el bien de los demás. Es un personaje tan unidimensional que debe de
escribirse solo, y a este nivel de exigencia mental no es de extrañar que nos
lo encontremos en todas las películas. Es la narración orientada a objetos, en
la que se reciclan elementos reutilizables sin necesidad de aportarles ni lo más mínimo de cosecha propia.
Respecto a una posible secuela, me imagino que el mono feo de narices y tan resabiado como Koba, así con ese nombre, será el que termine radicalizando el sentimiento nacional simio. El bonobo en cuestión, por cierto, tiene un inquietante parecido con Oliver, un caso de chimpancé particularmente inteligente.
Respecto a una posible secuela, me imagino que el mono feo de narices y tan resabiado como Koba, así con ese nombre, será el que termine radicalizando el sentimiento nacional simio. El bonobo en cuestión, por cierto, tiene un inquietante parecido con Oliver, un caso de chimpancé particularmente inteligente.
También hay
algunos homenajes a las películas antiguas, como la primera vez que César grita
“¡No!”, y el “¡Quítame tus sucias manos de encima, mono asqueroso!”. Hay
también una referencia a una nave que se ha perdido en el espacio, así que se
abre la posibilidad de hacer otra película que sea reimaginación o
regurgitación de la primera parte de la pentalogía original.
Mala, no es que
sea mala, pero no es más que otra película que machaconamente repite los cuatro
esquemas de siempre, y que en todo lo que pueda ser peliagudo ni se moja y se
la coge con papel de fumar. Parece que sólo queda claro lo peligrosísimo que es
desafiar a la naturaleza y experimentar con lo que no se debe.
Y básicamente eso es lo que tenía que decir sobre El planeta de los simios. Otro día si tal ya entro en más detalle.
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Películas















































12 Comentarios:
Increíble, me lo he leído todo. Muy interesante e ilustrativo. No he podido evitar comentarlo. Salud!
Anda, lo que son las cosas de no tener mucho que hacer en la oficina... Que me leí la entrada entera y sin rechistar...
Pues mira, creo que concuerdo con casi todo, salvo con la última película... Que vamos, se dejas ver, que el hecho de que protagonista se llame Cesar puntúa doble y la cosa de la primer palabra simia como un NO tiene hasta posibilidades insurreccionales... Además, te dan la idea del virus, que puede explicar cómo los simios del mundo mundial evolucionan todos y no esperar que la reducida comunidad de San Francisco sean , per se, el originen de todo... pero no invalida en ningún momento que sea la humanidad la que, finalmente, se cargué a sí misma tirándose bombas... por lo demás, si algún fallo le veo a la película, es que el hemisferio Sur no existe en su plan de vuelo... pero fuera de ahí, se deja ver y es mucho mejor que la Burton que, por otro lado, no es que fuera tan difícil...
¡Me lo he leido enterito! ¡¡Hurra por mí!!
PD: la palabra de verificación es "bargopan".
Gracias al captcha se me ha ido un comentario sólo un poco más corto que la entrada al carajo. ¡Viva Blogger!
En fin, que coincido con tus apreciaciones de la saga original. Que recuerdo haber visto la serie de televisión (que tenía dos protas humanos, ¿verdad?). Y que la de Tim Burton me pareció un mojón humeante.
Y una bola extra: en la letra de la canción La rebelión de los humanos de Los Nikis, se mezclan los nombres de los protagonistas de películas y serie, pues se menciona a Charlton, a Aurelio y a Zira por un lado y a Urko por otro.
Hace varios años, nosotros también hicimos la prueba de vérnoslas todas seguidas, a lo largo de varias semanas (tampoco en plan maratón). La verdad es que la calidad iba cayendo de forma tremenda. Nos costó llegar al final.
¡Virgen santa! ¡Pedazo de entrada!
La verdad es que yo sólo he visto la primera, y jamás me he interesado en ver las siguientes porque me parecía verdaderamente completa. Por tu análisis, quizás le dé una oportunidad a la segunda.
Particularmente, siempre me ha encantado el personaje del Doctor Zaius, villano realmente creíble, muy a pesar de que sea en teoría un orangután parlante. Varios malos de películas modernas no son sino caricaturas.
Sobre las VOS, la excusa de “es absurdo oír a tirios hablar como troyanos” es una chorrada. Por esa regla de tres, también es absurdo que Romeo y Julieta hablen en inglés, o que en La Eneida se entiendan los dos ya citados entre sí y luego con los italianos. Es la típica excusa que dice quien no le importa emplear falacias. En cierta sesión de cine doblado al castellano, un asistente le presentó esta excusa al organizador del evento como protesta, y este último le preguntó si él leía a Dostoievski en ruso y a otros en sus respectivas lenguas. El asistente prefirió no continuar con la discusión.
Sobre la película de Burton, recuerdo que sólo vi los primeros minutos y pensé lo mismo: porque quiere mucho al monito, va tras él como un imbécil. Me parece recordar que en la versión americana de Godzilla también hay un personaje similar, que se siente conectado al lagarto gigante (¡¡!!). Debió de ser la moda de entonces crear personajes basados en el simpar amante de los animales Jimmy Olsen.
La típica película con argumento para adolescentes de quince a cincuenta años, como Avatar.
Esta frase habría que enmarcarla.
Bienvenidos al Hollywood moderno, al epítome de la Teoría de la Molonidad con el que por fin entendemos por qué Perdidos terminó como terminó. Lo importante no es crear un producto acabado y coherente pensado y madurado de principio a fin, sino aglutinar elementos que molen y tirar para adelante como sea, sin importarte demasiado si casan entre ellos o tienen algún sentido.
Y lo peor es que ha creado escuela. En los webcómics, la norma es directamente hacer algo que mole, salga el sol por Antequera.
Ya sobre la última película, como alguien te dijo en el artículo de Perdidos, refleja simplemente el espíritu de la época. Ahora se ha puesto de moda hablar de la naturaleza y el impacto medioambiental, pero como ya dijo Goebbels, y ya es desgracia que este cabronazo llevara razón, la comprensión de las masas es limitada y hay que llegar al más tonto, así que lo que podría ser ambientalismo se transforma en ecolojetismo.
¡Y no hablemos ya de la sanidad! Como esa gente insistiendo que es bueno que los niños no sean vacunados, para que adquieran habilidades musicales mientras incuban el sarampión. Para huir a una cueva y no querer saber nada más de esta estúpida humanidad.
Igual está mal que yo lo diga, pero cuando escribí lo de "Adolescentes de quince a cincuenta años" pensé que acababa de dar en el clavo.
¡Qué valor! Yo las vi cuando la dieron por la tele hace milenios y a partir de la segunda me parecieron tan malas que ni ganas de revisarlas. Lo que sí que vi fue la serie, entonces me gustaba, ahora seguro que me parecería el horror.
Detalle frikicinéfilo: Roddy McDowell comenzó haciendo de "niño adorable" en las películas de Lassie y en "Qué verde era mi valle"... Para acabar haciendo de simio, pobrecillo.
¡Qué valor! Yo las vi cuando la dieron por la tele hace milenios y a partir de la segunda me parecieron tan malas que ni ganas de revisarlas. Lo que sí que vi fue la serie, entonces me gustaba, ahora seguro que me parecería el horror.
Detalle frikicinéfilo: Roddy McDowell comenzó haciendo de "niño adorable" en las películas de Lassie y en "Qué verde era mi valle"... Para acabar haciendo de simio, pobrecillo.
Todo lo que ayude a pagar las facturas está bien.
Además, no podemos negar que siguió siendo una monada.
Un detalle curioso es que el famoso final de la primera película ya lo había usado el propio Rod Serling en uno de los primeros episodios de The twilight zone, I shot an arrow into the air.
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