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7.5.11

Libros: The Battle of Dorking, de Sir George Tomkyns Chesney, y El círculo de Farthing, de Jo Walton

El círculo de Farthing es una ucronía clásica, y además dentro del subgénero "y si los nazis..." Dentro de las ucronías contemporáneas las que dan más morbo son precisamente las que presentas líneas temporales divergentes en la Segunda Guerra Mundial, y en las que la Alemania de Hitler o bien gana o bien no pierde y se llega a algún tipo de armisticio, con las consecuencias que se suelen explorar en ese tipo de relatos. De hecho las ucronías nazis se han convertido en un subgénero dentro de las ucronías, y curiosamente con gran abundancia de autores ingleses, o en este caso canadiense, que ya sabemos que hay buen rollito familiar. Hay incluso un premio especial para las historias alternativas.

En este caso el punto de divergencia con la historia tal como la conocemos es la operación de Rudolf Hess del diez de mayo de 1941, con su misteriosa misión para llegar a algún tipo de acuerdo con los británicos y que los ejércitos alemanes no tuviesen que luchar en varios frentes. Pues según esta novela, la operación tuvo éxito, unos políticos ingleses llegaron a la opinión de que era la mejor opción y consiguieron echar del gobierno a Churchill con una moción de censura, para luego pasar a detener la guerra y alcanzar lo que se llamó la Paz Honorable.

Ocho años después el círculo de políticos que consiguió esa paz, conocido como el Círculo de Farthing por reunirse en la finca de tal nombre (farthing significa cuartro de penique) tiene un encuentro informal en el que tratar varios asuntos, y al que asiste la hija de uno de sus miembros, casada con un judío. Tal como se nos explicará en la novela, la persecución a los judíos continúa, y hay discusiones sobre si realmente los están eliminando o no. El Reino Unido corre el riesgo de convertirse, poco a poco, en un país de tendencias fascistas, a la vez que los judíos empiezan a sospechar que algunas medidas de la Europa continental se les empiecen a aplicar también a ellos, con lo que tienden a emigrar a otras partes del mundo. Hitler está a punto de visitar Inglaterra para el estreno de una ópera de Wagner y en los EEUU, que ha prohibido la inmigración de judíos, el presidente Lindbergh recibe al emperador del Japón, Hiro Hito; esto es claramente un homenaje a la novela La conjura contra América, de Philip Roth, en la que se narra cómo en 1940 Lindbergh, admirador de Hitler, al que siempre quisieron tentarlo con la política, vence a Roosevelt y se convierte en presidente de los Estados Unidos. En la prensa, se habla de la continua guerra que siguen manteniendo los soviéticos y los nazis, y cómo la localidad de Kurks cambia continuamente de manos. Churchill, en la oposición, es cada vez menos escuchado.

Durante esa reunión, aparece muerto el político que había acompañado a Hess de vuelta a Alemania para negociar la paz con Hitler, y que se esperaba que alcanzase un alto cargo en el gobierno que sin duda iba a endurecer la política británica. Porque la novela es, en buena medida, eso, una novela de misterio y resolución de un asesinato. Los capítulos en primera persona por parte de la hija del político, y los de en tercera persona que siguen las indagaciones de los policías, se van alternando mientras vamos sabiendo más de esa realidad alternativa. La verdad es que como novela es un poco flojilla, aunque se deja leer sin demasiados problemas. Además el final desilusiona bastante, y sinceramente me importa bastante poco quién y por qué mataron a ese señor, cuando lo que a uno le da morbo es saber cosas de esa realidad alternativa de la que no se cuenta demasiado. De hecho obviamente me recordó mucho a Fatherland, novela que no he leído, pero sí he visto su adaptación cinematográfica, en la que el imperio nazi, Germania, domina Europa en los años sesenta del s XX y Rutger Hauer de la Gestapo empieza a investigar qué es lo que realmente ha pasado con los judios.


El círculo de Farthing falla en un aspecto crucial, y es la parte narrada en primera persona por la joven inglesa casada con un judío, porque estamos antes los peores vicios de la chick lit, literatura de chicas. Me importa bien poco que diga que esté engordando, lo que viste, la más que vista relación con su mandona madre y sobre todo me pone de los nervios que a cada dos minutos esté pensando en lo mucho que quiere a su David, en lo perfectísimo, amable y cariñoso que es, y que haría cualquier cosa por él. No he no leído Crepúsculo para luego aguantar según qué cosas. Por otro lado es curiosa la catalogación de las personas en atenienses, macedónicos o romanos dependiendo de que sean homosexuales, bisexuales o heterosexuales, y llegué a pensar si eso no sería alguna terminología inglesa de la que nunca he oído hablar, y la verdad es que parece que no, debe ser que en ese universo paralelo la gente habla así. Más curioso todavía es que la protagonista esté muy contenta de que su marido fuera macedónico con su querido hermano mayor, muerto en la guerra, y que haya en la novela tantísimas relaciones atenienses, cuando además se especifica que igual que en nuestro mundo en la Gran Bretaña de la época ese tipo de relaciones estaban mal vistas y perseguidas.

Como curiosidad adicional, compré la novela, editada por Factoría de Ideas, en un kiosco en el que la vi no recuerdo y a dos o tres leuros, de saldo. Poco antes había comprado por unos cinco Incordie a Jack Baron, y justo antes de empezar la serie Fast Forward habían saldado también la novela en la que se basa, así que tuvieron que volver a imprimirla a toda prisa, y a saber lo que pasó con esa edición con la cancelación de la serie. Es una editorial que nos tiene acostumbrados a ese tipo de cosas, lo que demuestra lo fino que anda el mundillo de hacer libros.

También he leído, casi inmediatamente después, The Battle of Dorking, considerada como la primera obra de historia alternativa propiamente dicha e iniciadora también de la ciencia ficción militar. En realidad se la considera de este modo a posteriori, ya que su autor, un militar ya cansado de que no le hicieran caso en sus encendidas cartas avisando de los peligros del desarme y del poder cada vez mayor del Segundo Imperio Alemán, escribió esta novela corta, que sí tuvo un gran impacto y difusión. Data de 1871, el año en el que Darwin escribió La descendencia del hombre, en el que se publicó Mujercitas, Amadeo de Saboya fue rey de España demostrando que lo de este país es de opereta desde hace mucho, Garibaldi por ahí andaba haciendo de las suyas, el año de la Comuna de París y en el que las provincias de Alsacia y Lorena son entregadas al Segundo Imperio Alemán, acabado de crear después de partirle literalmente la cara a Napoleón III. Bajo el reinado de Guillermo I con su cuate Otto von Bismarck Alemania empezó a convertirse en la famosa "potencia central" europea, a la que era muy difícil pensar que se le podría toser, y una fuerza económica e industrial en competencia directa con Inglaterra a la que superó en algunos frentes, el centro cultural europeo con una producción científica y artística impresionante y, bueno, un motivo de preocupación para los isleños de siempre, a los que nunca les gustó la idea. Y en algunos aspectos no iban desencaminados.

Lo que sí que es esta novelita es el inicio de un subgénero de ciencia ficción, o de historia alternativa o especulativa, llamado "literatura de invasión", y que fue bastante popular en Gran Bretana y otros países entre esta primera muestra y la Primera Guerra Mundial. En estas novelas se narraba la guerra, invasión y derrota de un país por parte de una potencia extranjera, y sus consecuencias. Básicamente eran bastante sensacionalistas, y apelaban siempre al miedo, a ciertos sentimientos xenófobos y al alarmismo. Imaginaos, novelas en las que tipos hablando alemán o japonés te invaden y te ponen con el culo mirando a Cuenca.

Esta novela en particular no es sino una advertencia contra el pacifismo, el desarme y la falta de previsión ante una posible guerra con Alemania, y no pude evitar recordar a mi tío el inglés que estuvo en la Segunda Guerra Mundial, que se acordaba de cuando los pacifistas ingleses, como Russell, pedían desarmes unilaterales como medida para aplacar el militarismo de Hitler. En esta línea temporal alternativa los alemanes empiezan a anexionarse media Europa, y con esos recursos y tropas auxiliares a su disposición consiguen derrotar a la Royal Navy y desembarcar con un poderoso ejército al que el debilitado ejército inglés no puede hacer frente por mucho que lo intente, y aunque movilice milicias. El protagonista de la novela es uno de estos milicianos, un trabajador de la City que se alista y hace lo que puede, que no es mucho. La narración trata de sus peripecias desde que lo movilizan hasta que en Dorking los alemanes vencen a los pobrecitos ingleses, y empieza el reinado del terror. Como novela, no os voy a engañar, no es que valga gran cosa, y no deja de ser en su mayor parte un relato de hazañas bélicas bastante soso en el que lo único interesante, nuevamente, es de lo que menos se habla. Lo más interesante es que aparece un recurso literario que no es que sea único de la ciencia ficción, pero sí es muy útil en ese género: una persona narra desde su vejez hechos de su juventud como advertencia para las generaciones futuras. Es decir: se habla de lo que para nosotros es el futuro pero desde un tiempo posterior en el que esa narración ya es el pasado o un tiempo legendario. El protagonista, ya anciano, habla de una Inglaterra sumida en la apatía y sierva del Imperio Alemán, en la que los jóvenes ya no saben lo que son las libertades personales y el comercio libre de mercancías, orgullo de una nación que ya no existe, y muchos escapan del país para poder prosperar. Es decir: está escribiendo desde el año 1921 de esa línea temporal alternativa y recordando cómo era su país, su caída y explicando en lo que se convirtió luego. El Imperio Británico, desde luego, se descompuso, la India y Canadá se independizaron y Gibraltar, quién nos lo iba a decir, terminó siendo tudesca:

Kartoffeln, geh nach Hause!

Irlanda, por supuesto, se sume en el caos y en una guerra civil que todavía continúa cuando el narrador cuenta su historia. Así me gusta, señor Chesney: mala leche hasta el final.

Por lo demás, nada interesante. Es exagerada y, cuando se llega a ver y oír a los soldados alemanes, éstos son zafios, groseros y un rato antes han matado por error al hijito del amigo en cuya casa se esconde el protagonista, que momentos antes nos lo ha descrito como el típico niño encantador con tirabuzones y vestido con traje blanco de marinerito. Quizá sea más interesante el mismo prólogo de la edición de... 1914, que es la que he leído yo del Archive.org, precisamente el momento en el que se da por terminada la edad de oro de este género, a día de hoy bastante olvidado. De hecho la novela de invasión que ha sobrevivido raramente se identifica con ese género: La guerra de los mundos, de H G Wells. Como bien es sabido, Wells era un progre de cuidado y crítico con el imperialismo británico, así que esa obra, más que una novela de aventuras en la que los heroicos humanos repelen a los malvados marcianos, no es sino una novela de invasión que ironiza con la posibilidad de que los británicos probasen su propia medicina y si, igual que hicieron ellos en Tasmania con el pueblo menos avanzado de la Tierra, los extraterrestres llegasen aquí y sin mediar palabra empezasen a hacer espacio para sus población y a plantar sus cultivos. En realidad, la victoria de los humanos es totalmente circunstancial, por las microorganimos, algo que Wells tomó de la misma historia humana pues en gran parte la aniquilación de algunos pueblos aborígenes se debió a la introducción de enfermedades desconocidas en algunos territorios, sólo que en este caso las víctimas son los invasores.

Aun así, la literatura de invasión sigue dando sus frutos de vez en cuando, en literatura o cine, aunque hay que reconocer que es un género peliagudo porque bordea lo políticamente correcto, y tanto hace más de un siglo como ahora en gran parte no deja de ser agitprop y alarmismo, muchas veces con mensajes xenófobos. En España hace poco se publicó La tierra del Sur, engendro semiautopublicado en el que imitando el estilo de Tom Clancy se nos narraba, en un futuro muy cercano, y desde una postura ideológica no muy alejada de Intereconomía, la invasión de una imaginaria isla española por parte de Marruecos, y el posterior conflicto armado entre el cristiano y ejemplar reyno de España, nuevamente pepero, y la pérfida morisma. Un amigo mío se lo había comprado por curiosidad, y me lo dejó diciéndome: "No te molestes en devolvérmelo. No tengo ninguna necesidad de que eso esté en mi casa". Yo reconozco que no pude pasar de la página 50, porque estaba francamente mal escrito, sé que alguna gente cree que un libro puede ser bueno cuando no es en su mayor parte sino especificaciones técnicas de armamento, pero no es mi caso, el tufo ideológico era despreciable (y eso que me gustó en su día Los rojos ganaron la guerra, la ucronía de Fernando Vizcaíno Casas), y sobre todo que cuando leí lo de "entonces comprimió sus pensamientos" dije que hasta ahí había llegado y que yo en este mundo no estoy para sufrir más de lo necesario. Bueno, ese amigo que me la regaló y Golias (mi colega, no el personaje), me contaron algunas de las burradas más grandes del libro, y cómo en la batalla naval del final sin saber a santo de qué hay por ahí un buque lleno de independentistas y gente mala según el autor, únicamente para darse el gustazo de que un misil los mande al fondo del mar. Vamos, lo que se dice literatura de calidá.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 11:16 PM

5 Comentarios:

Blogger Necio Hutopo dijo...

Definitivamente, tiene ud. mi admiración por la capacidad de leer géneros a los que yo, ni borracho, me acercaría

8 de mayo de 2011 12:58  
Anonymous Manuel Ángel dijo...

Para cine de invasión, Amanecer Rojo, cuando rusos, nicaragüenses y cubanos invaden los USA. Y encima, no contentos con ese engendro, los mismos autores hacen Homefront, que ahora son los coreanos, ayudados por una potencia extranjera los que invaden a los USA. Siempre me pregunto donde está el sistema defensivo de la nación para que ocurra esto. Por cierto, dicen las malas lenguas que los malos eran los chinos, pero dado que tienen demasiada deuda pública americana puediera haber pasado que no les sentara demasiado bien, así que la china les tocó a los coreanos.

8 de mayo de 2011 19:15  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Hombre, es que he puesto un enlace a mi crítica de Amanecer Rojo, pero es que no os fijáis.

8 de mayo de 2011 20:21  
Anonymous Golias dijo...

Acabo de recordar que un amigo de mi padre nos dio un montón de libros, y entre ellos está "Patria". La próxima vez que te pases por aquí avisa que te lo dejo.

8 de mayo de 2011 22:09  
Blogger Ozanu dijo...

Que la chica de la primera novela se encuentre entusiasmada porque su marido se arrejuntó con su hermano mayor es muy estupefaciente. Existe un término del manganime, específico para este tipo de ficción homosexual pensada para un público femenino: yaoi.

Precisamente, ayer vi La vida futura, una película de Korda basada en una novela de Wells y en la que colaboró el escritor. Por no desvelar, diremos que es antibelicista y antinacionalista, ya sea un imperio o un pueblucho.

8 de mayo de 2011 22:17  

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