El libro sin nombre, de Anónimo. Presentando el paradigma de la literatura orientada a objetos.
La verdad es que hablar de este libro es un poco complicado, complejo incluso. Bueno, no se puede decir que sea bueno, pero desde luego, aunque sea una basura en el fondo, como siempre se puede analizar desde varios puntos de vista. Todo el que se pasa unas cuantas horas delante de un teclado y luego tiene el valor de hacer público lo que ha escrito merece un respeto, o al menos que se tenga en consideración lo que ha hecho bien, por poco que sea.
Es, básicamente, una novela friki. Muy friki, y en más de un aspecto, desde la forma en la que está escrita hasta su forma de editarla y promocionarla. El título es El libro sin nombre y su autor es anónimo aunque se suela hablar de este autor fantasma (en más de un aspecto) refiriéndose a él con el nombre de uno de los personajes de la novela, Kid Bourbon. Empezó su andadura en lulu.com, hasta que una editorial inglesa decidió editarla con bastante éxito, e incluso se habla ya de su posible adaptación cinematográfica, cosa bastante lógica porque como literatura esto no funciona, pero como gilipelícula podría salir algo al menos para unas risas. Eso es lo que tiene el cine: que puedes verlo con amigos y comentarlo, mientras que con libro estás completamente solo. Lo de que el autor siga manteniéndose en el anonimato, pues no sé si obedecerá a alguna necesidad real o a que sencillamente ha visto que le cunde y quiere seguir así. Ni idea. De todos modos el público objetivo de esta obra, dada sus características, me parece considerablemente limitado. Julia Navarro vende más.
Básicamente el argumento es una rallada, un refrito de varias películas de Robert Rodríguez con violencia gratuita, aunque no muy bien narrada, cosa lógica pues sin apoyo visual o sin recursos literarios sólidos la violencia pasa a ser una descripción de tiros más aburrida que un día sin pan, y las matanzas más absurdas con cientos de muertos por parte de un solo tipo sin superpoderes sencillamente no se explican, sino que se recurre a una elipsis y al puro recuento posterior de bajas. El primer capítulo es, casi, una copia del comienzo de Desperado, en un bar que se convertirá en el principal escenario de la novela, el típico y tópico bar infecto que, según Hollywood, es el único que hay en México, aunque la novela según parece es en los Estados Unidos, supondremos que por Texas, Nuevo México o sitio similar, donde sólo hay criminales que campan a sus anchas y tipos que se ponen a disparar a la mínima de cambio.
Los personajes son más o menos todos iguales: tipos duros que apuntan en la cara a todo el mundo y que siempre son "los más duros" hasta que, claro, los matan y ya no son tan duros. Todo tópicos sacados de películas: tipos con tatuajes, uno disfrazado de Elvis, y mujeres que son "las más hermosas". Como en las novelas de caballerías, descripciones sumarias tipo "el más magnífico castillo", "la dama más hermosa que ojos humanos vieran", y a correr. Respecto a la forma de escribir, minicapítulos saltando de una acción a otra, como para no aburrir, pero se nota bastante forzado. Para más inri, la onomatopeya elegida para los disparos y los golpes es nada menos que ¡PUM!, lo que me hizo recordar esa tira de Mafalda en la que Felipe se exasperaba cuando Manolito se atreve a jugar al lejano oeste diciendo "¡Pung!"
El argumento, pues eso, una frikada. Todo suena a muy visto: a películas de Tarantino y sobre todo las de Robert Rodríguez, y todas las referencias que el autor va metiendo para dar muestras de su frikez, en una especie de descarado fanservice en el que se supone que quiere que su lector se regodee. Lo que pasa es que erramos en lo que es una referencia bien llevada. La intertextualidad y las referencias son más antiguas que la tos, pero hay que saber meterlas de forma natural, y nunca dejar que se conviertan en un pegote o en un objetivo en sí mismo. El fanservice es un detalle, no el núcleo. Si además el narrador se molesta en poner los títulos de las películas cuyos motivos nos van apareciendo, pues la cosa adquiere una proporción poco menos que ridícula. Ya veo perfectamente de dónde estás copiando, no presumas de ello. ¿No está esto orientado a frikis? ¿Pues entonces qué sentido tiene aclarar de dónde salen las cosas a los que ya lo saben? A no ser, claro, que queramos dar vuelta a la cultura occidental y descubramos ahora que el manierismo y las obras sin el más mínimo ápice de originalidad y pura copia cutre de modelos sea lo que hay que hacer, y que llevamos todo este tiempo equivocados.
Pero eso no sería lo peor si pensamos que estamos ante una especie de "literatura orientada a objetos", tomando prestado el nombre al paradigma de programación que tan bien permite "reutilizar objetos y código". Explicación: si quieres explicar cómo alguien se indigna, explícalo, di cómo y por qué se indigna, y qué siente en su indignación, no digas "se enfadó como Aquiles al ver muerto a Patroclo". Tampoco me entendáis mal: es un recurso literario legítimo, como todos, pero como todos tiene su momento y lugar, y en cuanto se abusa de él lo único que se demuestra es que no tenemos más recursos que mostrar al escribir, y que somos muy limitados a la hora de narrar. Vale que no te pongas a describir cómo es la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad, iconos mundialmente conocidos (y puedes hacerlo si quieres, o escribir una descripción emocional), pero referirse a una calle de París como "la típica calle parisina que sale en todas las películas" sería de un cutre que espanta. Ya, ya sé que más de un escritor de berceles lo hace y se forra, pero eso no quiere decir que esté bien hecho. Esto sólo se puede defender desde la falacia de la chorrada tautológica: "No puedes descalificar esta chorrada porque admite desde el primer momento que es una chorrada, y si te gustan las chorradas es una chorrada que mola". Sólo hay un pequeño problema, y es que la definición de "chorrada" es "cosa estúpida o de poco valor". No se puede defender la mierda diciendo que es mierda, ni algo pasa a ser bueno por ser sincero y reconocer él mismo que es malo desde el primer momento. Otra cosa es que uno pueda admirar el desparpajo y desvergüenza de la chorrada en cuestión, como es el caso, pero son elementos externos a la obra, y por lo tanto el análisis de ésta y de su circunstancia son independientes, así como el efecto "es tan malo que es bueno". Por eso de una película idiota del canal SciFi se dice que es tonta y nada más y de En tiempo de brujas de Nicholas Cage se dice que es una mierda, por haberse gastado el dinero de forma incomprensible y aún encima ir de guays y estrenarla en cines. Hay que reconocer que al menos esta novela no te la venden como lo que no es.
Es, básicamente, una novela friki. Muy friki, y en más de un aspecto, desde la forma en la que está escrita hasta su forma de editarla y promocionarla. El título es El libro sin nombre y su autor es anónimo aunque se suela hablar de este autor fantasma (en más de un aspecto) refiriéndose a él con el nombre de uno de los personajes de la novela, Kid Bourbon. Empezó su andadura en lulu.com, hasta que una editorial inglesa decidió editarla con bastante éxito, e incluso se habla ya de su posible adaptación cinematográfica, cosa bastante lógica porque como literatura esto no funciona, pero como gilipelícula podría salir algo al menos para unas risas. Eso es lo que tiene el cine: que puedes verlo con amigos y comentarlo, mientras que con libro estás completamente solo. Lo de que el autor siga manteniéndose en el anonimato, pues no sé si obedecerá a alguna necesidad real o a que sencillamente ha visto que le cunde y quiere seguir así. Ni idea. De todos modos el público objetivo de esta obra, dada sus características, me parece considerablemente limitado. Julia Navarro vende más.
Básicamente el argumento es una rallada, un refrito de varias películas de Robert Rodríguez con violencia gratuita, aunque no muy bien narrada, cosa lógica pues sin apoyo visual o sin recursos literarios sólidos la violencia pasa a ser una descripción de tiros más aburrida que un día sin pan, y las matanzas más absurdas con cientos de muertos por parte de un solo tipo sin superpoderes sencillamente no se explican, sino que se recurre a una elipsis y al puro recuento posterior de bajas. El primer capítulo es, casi, una copia del comienzo de Desperado, en un bar que se convertirá en el principal escenario de la novela, el típico y tópico bar infecto que, según Hollywood, es el único que hay en México, aunque la novela según parece es en los Estados Unidos, supondremos que por Texas, Nuevo México o sitio similar, donde sólo hay criminales que campan a sus anchas y tipos que se ponen a disparar a la mínima de cambio.
Los personajes son más o menos todos iguales: tipos duros que apuntan en la cara a todo el mundo y que siempre son "los más duros" hasta que, claro, los matan y ya no son tan duros. Todo tópicos sacados de películas: tipos con tatuajes, uno disfrazado de Elvis, y mujeres que son "las más hermosas". Como en las novelas de caballerías, descripciones sumarias tipo "el más magnífico castillo", "la dama más hermosa que ojos humanos vieran", y a correr. Respecto a la forma de escribir, minicapítulos saltando de una acción a otra, como para no aburrir, pero se nota bastante forzado. Para más inri, la onomatopeya elegida para los disparos y los golpes es nada menos que ¡PUM!, lo que me hizo recordar esa tira de Mafalda en la que Felipe se exasperaba cuando Manolito se atreve a jugar al lejano oeste diciendo "¡Pung!"
El argumento, pues eso, una frikada. Todo suena a muy visto: a películas de Tarantino y sobre todo las de Robert Rodríguez, y todas las referencias que el autor va metiendo para dar muestras de su frikez, en una especie de descarado fanservice en el que se supone que quiere que su lector se regodee. Lo que pasa es que erramos en lo que es una referencia bien llevada. La intertextualidad y las referencias son más antiguas que la tos, pero hay que saber meterlas de forma natural, y nunca dejar que se conviertan en un pegote o en un objetivo en sí mismo. El fanservice es un detalle, no el núcleo. Si además el narrador se molesta en poner los títulos de las películas cuyos motivos nos van apareciendo, pues la cosa adquiere una proporción poco menos que ridícula. Ya veo perfectamente de dónde estás copiando, no presumas de ello. ¿No está esto orientado a frikis? ¿Pues entonces qué sentido tiene aclarar de dónde salen las cosas a los que ya lo saben? A no ser, claro, que queramos dar vuelta a la cultura occidental y descubramos ahora que el manierismo y las obras sin el más mínimo ápice de originalidad y pura copia cutre de modelos sea lo que hay que hacer, y que llevamos todo este tiempo equivocados.
Pero eso no sería lo peor si pensamos que estamos ante una especie de "literatura orientada a objetos", tomando prestado el nombre al paradigma de programación que tan bien permite "reutilizar objetos y código". Explicación: si quieres explicar cómo alguien se indigna, explícalo, di cómo y por qué se indigna, y qué siente en su indignación, no digas "se enfadó como Aquiles al ver muerto a Patroclo". Tampoco me entendáis mal: es un recurso literario legítimo, como todos, pero como todos tiene su momento y lugar, y en cuanto se abusa de él lo único que se demuestra es que no tenemos más recursos que mostrar al escribir, y que somos muy limitados a la hora de narrar. Vale que no te pongas a describir cómo es la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad, iconos mundialmente conocidos (y puedes hacerlo si quieres, o escribir una descripción emocional), pero referirse a una calle de París como "la típica calle parisina que sale en todas las películas" sería de un cutre que espanta. Ya, ya sé que más de un escritor de berceles lo hace y se forra, pero eso no quiere decir que esté bien hecho. Esto sólo se puede defender desde la falacia de la chorrada tautológica: "No puedes descalificar esta chorrada porque admite desde el primer momento que es una chorrada, y si te gustan las chorradas es una chorrada que mola". Sólo hay un pequeño problema, y es que la definición de "chorrada" es "cosa estúpida o de poco valor". No se puede defender la mierda diciendo que es mierda, ni algo pasa a ser bueno por ser sincero y reconocer él mismo que es malo desde el primer momento. Otra cosa es que uno pueda admirar el desparpajo y desvergüenza de la chorrada en cuestión, como es el caso, pero son elementos externos a la obra, y por lo tanto el análisis de ésta y de su circunstancia son independientes, así como el efecto "es tan malo que es bueno". Por eso de una película idiota del canal SciFi se dice que es tonta y nada más y de En tiempo de brujas de Nicholas Cage se dice que es una mierda, por haberse gastado el dinero de forma incomprensible y aún encima ir de guays y estrenarla en cines. Hay que reconocer que al menos esta novela no te la venden como lo que no es.
También, al defender cierto público según qué cosas se puede hablar de un pura cuestión de coherencia: no vas a pedir que respeten tu inteligencia cuando hace mucho tiempo tomaste la firme decisión de apagar el cerebro permanentemente y no volver a utilizarlo más que para reacciones primarias de adhesión a aquello que te dora la píldora o satisface las mínimas necesidades de esa inteligencia echada a perder. Si uno deja de considerarse a sí mismo un sujeto completo y real digno de que no se burlen de él, sino un simple objeto que se traga acríticamente todo cuanto manierismo facilón le ofrezca la industria del entretenimiento, es que realmente estamos ante un arte orientado a objetos: el público empoderado al que se convence de que elige y de que cada vez tiene un papel más preponderante en el proceso, cuando en realidad más que nunca está de convidado de piedra porque ha renunciado a su primer privilegio, que es a utilizar el intelecto.
Además si sólo evocamos imágenes y referencias de los conocimientos y experiencias estéticas de nuestro supuesto lector no sólo somos unos chapuzas, sino que además corremos el riesgo de provocar el famoso "Error 404", objeto o referencia no encontrada, así que hemos marrado completamente en nuestra intención. Por ejemplo en Family Guy todos los chistes que se refieren a Los días de nuestra vida, u otras series que en España no se vieron o que no tuvieron ningún éxito, pues nos las perdemos, e incluso muchos estadounidenses de cierto rango de edad no entenderán nada porque no las vieron o les parecerán completamente anticuadas. Por eso describir una comisaría de policía simplemente como "era la clásica comisaría como la de Canción triste de Hill Street" pues es correr un riesgo considerable. Muchos lectores españoles se podrán hacer una idea o supondrán cómo puede ser, pero el que no la ha visto, ¿qué? Si la novela fuese anterior, ¿cómo lo habría hecho? ¿Diciendo que es como la de Distrito Apache? ¿El conjunto de lectores potenciales de nuestra novela intersecta lo bastante con el de aquéllos que van a tener preinstalados los objetos a los que voy a invocar? Este tipo de novelas quizá no compile o sea interpretable por todo el mundo, mucho peor incluso que las que tienen fama de ser "difíciles".
Tampoco nos engañemos: toda obra de arte queda tarde o temprano obsoleta, y las narrativas más. Quizá ya alguna gente tenga dificultad para entender algunos usos sociales que vean en películas de hace ochenta años, y una novela de un siglo de antigüedad puede hacer referencia a hechos políticos o personajes de la época perfectamente conocidos en aquel momento hasta el punto de no necesitar ninguna explicación, y que hoy o nos lo aclaran con una nota al pie o un enlace a la Wikipedia o no sabemos de qué están hablando. Las ediciones de La Divina Comedia tiene casi más notas al pie que texto original para entenderla, y Los viajes de Gulliver está escrita prácticamente en clave satírica respecto a una Inglaterra, la del s XVIII, que sólo conocen los especialistas. Eso es así y no se puede evitar, y la única forma de retrasarlo es apelando a motivos y formas que sepamos que ya han soportado el paso del tiempo, como la mitología clásica, y ni eso lo garantiza, además de correr el riesgo de lo que decía Mozart en Amadeus: convertirse la cultura en un coñazo que siempre habla de lo mismo.
Pero una cosa es tener eso en cuenta, que en definitiva se escribe para nuestros contemporáneos y que la posteridad se las apañe, si quiere, con nuestro legado, y otra hacer chistes exclusivamente tan ligados en el tiempo que de un año para otro no se entiendan, como ocurre con los "chistes instantáneos" que se pusieron de moda en las telecomedias estadounidenses y luego en las españolas, de modo que un capítulo de 7 vidas, cuyo chiste era tan fresco y daba tal ilusión de cercanía, a sólo unos pocos años puede resultar incomprensible para uno mismo aunque se acuerde de que en ese momento le había hecho gracia. Vincular de tal manera una obra a la inmediatez y a unas referencias culturales de cuya validez no podremos fiarnos pasadas un par de décadas es tentar a la progeria literaia, el envejecimiento prematuro de la obra que puede llegar a ser incomprensible en muy poco tiempo. Sin ir más lejos hace poco se publicó en España una novela que hacía referencia a Rafael de la Ghetto, sacado de un capítulo que de El príncipe de Bel Air, y que también ha sido la inspiración para el nombre artístico de un cantante de reggetón. (Bueno, ¿alguien esperaba que se pusiesen nombres de personajes de Stendhal?)
Claro que a lo mejor es que ese riesgo de progeria literaria ni nos importa, que bien podría ser el caso, o es que a muchos ni se les pasa por la cabeza. Entre las referencias frikis a películas populares y esa tendencia a la inmediatez este libro, además, puede ser incomprensible para cualquiera que no comparta esas referencias, y sobre todo que no las tenga en tan alta estima, de modo que parezcan eso, un pegote. Muchos chistes de Family Guy los entiendo perfectamente, pero no me hacen maldita la gracia, o porque la forma en la que está llevada la referencia es una completa estupidez. A mí desde luego haber pillado todas sus frikadas no me hace mejor esta novela, empezando porque todo es un refrito, estéticamente los tópicos de frontera de las películas de Robert Rodríguez y luego que Santa Mondega (vale, el nombre es chulo), es exactamente como la Boca del Infierno de la serie Buffy, a la que por supuesto también hay una referencia. Incluso hay una fiesta de disfraces para que varios protagonistas de la novela se puedan vestir de los personajes preferidos de los cómics y las películas preferidos del autor, y soltar más chascarrillos. No sé, es como si hubiésemos bajado un escalón, además muy alto, en la evolución cultural. Todas esas referencias que se citan en la novela son a su vez refritos de otras cosas, consciente o inconscientemente, por parte de sus autores, y se puede excavar sin problemas la genealogía de Indiana Jones, de Supermán, de Terminator y de Buffy, pero no andan haciendo hincapié en ellas de forma obsesiva como en este caso, como si quisieran demostrar continuamente su pedigrí. ¿Qué pasa? ¿Que le da miedo que no se note que es todo muy friki, como si esa exhibición fuese lo único atractivo que es capaz de aportar, y que privada de ese caparazón se vea que el resto, lo de dentro, está más bien hueco, o una simple sucesión de frikadas para paladares nada exigentes? Vale, nadie te va a negar que has escrito una novela mazo friki, pero eso me da igual. ¿Es buena, aportas algo nuevo o consigues crear algo memorable? No. Pero que conste que no le tengo ninguna manía a esta novela, más que nada al nuevo paradigma que representa y a sus inevitables defensores, que tarde o temprano saldrán a rebuznar.
Por lo demás, como frikada y curiosidad se puede leer, por muchas cosas absurdas que haya. La subtrama de los dos policías es superflua respecto a la trama, pero necesaria para luego el tramposo final, y nos regala un momento absurdo en el que un policía sonsaca a una bibliotecaria utilizando un nombre supuesto sin ninguna necesidad, que para eso es policía, digo yo. Una mujer pasa en coma cinco años en una casa sin la adecuada asistencia médica y se levanta luego tan campante, que hasta tiene sentido si uno lo piensa al final, y eso porque atas los cabos, pero al resto de los personajes no les parece raro, y eso a mí sí que me parece raro. Y, porque sí y porque no se le ocurre nada mejor para meter un subargumento parecido a 30 días de oscuridad, el autor dice que en ese pueblo hay cada cinco años un eclipse total de sol, cosa muy rara que nadie puede explicar ni lo intenta, y así lo deja. Normal que nadie pueda, digo yo. Esto no hay suspensión de la credibilidad que lo soporte, porque las obras de arte, incluso cuando absurdas, deben tener una coherencia interna, y si no mirad los dibujos de La Pantera Rosa. Por lo demás, pues se tortura a gritos a gente en medio de un hotel sin que pase nada ni nadie llame a la policía, que andan por ahí como patos mareados para no entorpecer las burradas de los tipos duros, se pegan tiros a hombres lobo en medio de la gente sin que nadie se inmute y la tónica normal es acción y diálogos sin pies ni cabeza. Respecto al personaje misterioso de Kid Bourbon, mcguffin de toda la trama, asesino de masas y cuya motivación última se desconoce, al revelarse su origen y motivación uno sólo puede decir que para eso mejor lo dejaba como personaje ignoto y misterioso.
La traducción, espantosa. Yo lo entiendo: te dan esto, ¿y para qué molestarse demasiado en hacerlo bien, si su público natural no se va a dar ni cuenta de las incorrecciones que metas?
Es una trilogía, pero tiene toda la pinta de ser mucho más de lo mismo, así que no creo que repita. En el blog Literatura torcida también se ocuparon de este fenómeno en dos entradas.
Además si sólo evocamos imágenes y referencias de los conocimientos y experiencias estéticas de nuestro supuesto lector no sólo somos unos chapuzas, sino que además corremos el riesgo de provocar el famoso "Error 404", objeto o referencia no encontrada, así que hemos marrado completamente en nuestra intención. Por ejemplo en Family Guy todos los chistes que se refieren a Los días de nuestra vida, u otras series que en España no se vieron o que no tuvieron ningún éxito, pues nos las perdemos, e incluso muchos estadounidenses de cierto rango de edad no entenderán nada porque no las vieron o les parecerán completamente anticuadas. Por eso describir una comisaría de policía simplemente como "era la clásica comisaría como la de Canción triste de Hill Street" pues es correr un riesgo considerable. Muchos lectores españoles se podrán hacer una idea o supondrán cómo puede ser, pero el que no la ha visto, ¿qué? Si la novela fuese anterior, ¿cómo lo habría hecho? ¿Diciendo que es como la de Distrito Apache? ¿El conjunto de lectores potenciales de nuestra novela intersecta lo bastante con el de aquéllos que van a tener preinstalados los objetos a los que voy a invocar? Este tipo de novelas quizá no compile o sea interpretable por todo el mundo, mucho peor incluso que las que tienen fama de ser "difíciles".
Tampoco nos engañemos: toda obra de arte queda tarde o temprano obsoleta, y las narrativas más. Quizá ya alguna gente tenga dificultad para entender algunos usos sociales que vean en películas de hace ochenta años, y una novela de un siglo de antigüedad puede hacer referencia a hechos políticos o personajes de la época perfectamente conocidos en aquel momento hasta el punto de no necesitar ninguna explicación, y que hoy o nos lo aclaran con una nota al pie o un enlace a la Wikipedia o no sabemos de qué están hablando. Las ediciones de La Divina Comedia tiene casi más notas al pie que texto original para entenderla, y Los viajes de Gulliver está escrita prácticamente en clave satírica respecto a una Inglaterra, la del s XVIII, que sólo conocen los especialistas. Eso es así y no se puede evitar, y la única forma de retrasarlo es apelando a motivos y formas que sepamos que ya han soportado el paso del tiempo, como la mitología clásica, y ni eso lo garantiza, además de correr el riesgo de lo que decía Mozart en Amadeus: convertirse la cultura en un coñazo que siempre habla de lo mismo.
Pero una cosa es tener eso en cuenta, que en definitiva se escribe para nuestros contemporáneos y que la posteridad se las apañe, si quiere, con nuestro legado, y otra hacer chistes exclusivamente tan ligados en el tiempo que de un año para otro no se entiendan, como ocurre con los "chistes instantáneos" que se pusieron de moda en las telecomedias estadounidenses y luego en las españolas, de modo que un capítulo de 7 vidas, cuyo chiste era tan fresco y daba tal ilusión de cercanía, a sólo unos pocos años puede resultar incomprensible para uno mismo aunque se acuerde de que en ese momento le había hecho gracia. Vincular de tal manera una obra a la inmediatez y a unas referencias culturales de cuya validez no podremos fiarnos pasadas un par de décadas es tentar a la progeria literaia, el envejecimiento prematuro de la obra que puede llegar a ser incomprensible en muy poco tiempo. Sin ir más lejos hace poco se publicó en España una novela que hacía referencia a Rafael de la Ghetto, sacado de un capítulo que de El príncipe de Bel Air, y que también ha sido la inspiración para el nombre artístico de un cantante de reggetón. (Bueno, ¿alguien esperaba que se pusiesen nombres de personajes de Stendhal?)
Claro que a lo mejor es que ese riesgo de progeria literaria ni nos importa, que bien podría ser el caso, o es que a muchos ni se les pasa por la cabeza. Entre las referencias frikis a películas populares y esa tendencia a la inmediatez este libro, además, puede ser incomprensible para cualquiera que no comparta esas referencias, y sobre todo que no las tenga en tan alta estima, de modo que parezcan eso, un pegote. Muchos chistes de Family Guy los entiendo perfectamente, pero no me hacen maldita la gracia, o porque la forma en la que está llevada la referencia es una completa estupidez. A mí desde luego haber pillado todas sus frikadas no me hace mejor esta novela, empezando porque todo es un refrito, estéticamente los tópicos de frontera de las películas de Robert Rodríguez y luego que Santa Mondega (vale, el nombre es chulo), es exactamente como la Boca del Infierno de la serie Buffy, a la que por supuesto también hay una referencia. Incluso hay una fiesta de disfraces para que varios protagonistas de la novela se puedan vestir de los personajes preferidos de los cómics y las películas preferidos del autor, y soltar más chascarrillos. No sé, es como si hubiésemos bajado un escalón, además muy alto, en la evolución cultural. Todas esas referencias que se citan en la novela son a su vez refritos de otras cosas, consciente o inconscientemente, por parte de sus autores, y se puede excavar sin problemas la genealogía de Indiana Jones, de Supermán, de Terminator y de Buffy, pero no andan haciendo hincapié en ellas de forma obsesiva como en este caso, como si quisieran demostrar continuamente su pedigrí. ¿Qué pasa? ¿Que le da miedo que no se note que es todo muy friki, como si esa exhibición fuese lo único atractivo que es capaz de aportar, y que privada de ese caparazón se vea que el resto, lo de dentro, está más bien hueco, o una simple sucesión de frikadas para paladares nada exigentes? Vale, nadie te va a negar que has escrito una novela mazo friki, pero eso me da igual. ¿Es buena, aportas algo nuevo o consigues crear algo memorable? No. Pero que conste que no le tengo ninguna manía a esta novela, más que nada al nuevo paradigma que representa y a sus inevitables defensores, que tarde o temprano saldrán a rebuznar.
Por lo demás, como frikada y curiosidad se puede leer, por muchas cosas absurdas que haya. La subtrama de los dos policías es superflua respecto a la trama, pero necesaria para luego el tramposo final, y nos regala un momento absurdo en el que un policía sonsaca a una bibliotecaria utilizando un nombre supuesto sin ninguna necesidad, que para eso es policía, digo yo. Una mujer pasa en coma cinco años en una casa sin la adecuada asistencia médica y se levanta luego tan campante, que hasta tiene sentido si uno lo piensa al final, y eso porque atas los cabos, pero al resto de los personajes no les parece raro, y eso a mí sí que me parece raro. Y, porque sí y porque no se le ocurre nada mejor para meter un subargumento parecido a 30 días de oscuridad, el autor dice que en ese pueblo hay cada cinco años un eclipse total de sol, cosa muy rara que nadie puede explicar ni lo intenta, y así lo deja. Normal que nadie pueda, digo yo. Esto no hay suspensión de la credibilidad que lo soporte, porque las obras de arte, incluso cuando absurdas, deben tener una coherencia interna, y si no mirad los dibujos de La Pantera Rosa. Por lo demás, pues se tortura a gritos a gente en medio de un hotel sin que pase nada ni nadie llame a la policía, que andan por ahí como patos mareados para no entorpecer las burradas de los tipos duros, se pegan tiros a hombres lobo en medio de la gente sin que nadie se inmute y la tónica normal es acción y diálogos sin pies ni cabeza. Respecto al personaje misterioso de Kid Bourbon, mcguffin de toda la trama, asesino de masas y cuya motivación última se desconoce, al revelarse su origen y motivación uno sólo puede decir que para eso mejor lo dejaba como personaje ignoto y misterioso.
La traducción, espantosa. Yo lo entiendo: te dan esto, ¿y para qué molestarse demasiado en hacerlo bien, si su público natural no se va a dar ni cuenta de las incorrecciones que metas?
Es una trilogía, pero tiene toda la pinta de ser mucho más de lo mismo, así que no creo que repita. En el blog Literatura torcida también se ocuparon de este fenómeno en dos entradas.
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria




























7 Comentarios:
Ese es el problema que acabé teniendo con los webcómics: daban por hecho que uno tenía que leer todo el WEE, o todos los webcomics de un portal anglosajón cualquiera para entender el último chistecito que se le ocurriera al frikiautor. En un caso en concreto, se notó que el autor se aficionó de mala manera a Padre de familia: de hacer un conjunto de chistes más o menos coherentes (gags característicos para algunos personajes, uso de referencias pero con gracia) pasó al esquema "petergriffinesco" de mencionar cuantas anécdotas de series, noticias y lo que fuera, siempre en pasado (¡Es lo peor que me ha pasado desde...!).
Después, lo más chocante es que se justifiquen con series como Los Simpson. En esta hay referencias y parodias en casi todos los capítulos, pero al menos en la mayor parte de estas uno puede reírse aunque no sepa la película de donde se hayan sacado la escena.
Por último, tengo que admitir que es la primera vez que veo una obra comercial cuyo nivel literario se aproxima a mis primeras frikadas.
Lo de comercial o no comercial es relativo. Todo empieza siendo un manuscrito que lee un tipo de una editorial.
De verdad eso está publicado... Pero vamos, alguien se está burlando, ¿no?
Sobre los webcomics también es cierto: empiezan a hacer bromitas y referencias entre los propios autores y terminan entiendiéndose sólo ellos, como cuando estás en medio de una familia ajena y todo el mundo se parte de risa comentando anécdotas de las que no sabes nada.
Me apunto el concepto de literatura orientada a objetos, es algo que tengo que soltar en algún sitio antes de morirme ;)
De la novela, no la conocía ni quiero conocerla, gracias por ahorrarme el trabajo. Desde que he descubierto que mi tiempo es finito intento ahorrarlo al máximo.
Vaya mierda de comentario de Libro para mi pierde toda credibilidad alguien que le gusto la porqueria de el ultimo anillo, el peor libro que he leido en mi vida, El libro sin nombre esta claro que no es un best seller pero varias personas que estamos en contacto lo hemos leido y nos ha hecho gracia y es muy entretenido, ya podeis borrar mi comentario cuando querais.
Dada tu capacidad lectora, que de la de escritura ya no digo nada porque a la vista está, lo que delata una muy deficiente educación, no me extraña que te pueda gustar El libro sin nombre.
Si de la crítica que hice a El último anillo deduces que me gustó no me extraña que flipases colorines con un libro sin pies ni cabeza ni que te pareciese muy divertido. Probablemente por la calle vas viendo unicornios rosa.
Saluda a tus amigos de mi parte y dedicaos a cosas más productivas para vuestro nivel mental, como daros de cabezados contra la pared, y dejad lo de leer libros, que os sienta muy mal y no termináis de entender cómo va.
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