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7.2.11

Algo más oscuro que la noche, de Thomas Glavinic

Hay que reconocerlo: me la han vuelto a colar. ¿Recordáis cuando leí Fin, que me escoció bastante? Pues bueno, en este caso no ha sido tan grave.

La premisa, a priori, es bastante atractiva: un austriaco llamado Jonas, un hombre corriente de treinta y cinco años, se despierta y toda la gente del planeta ha desaparecido. Sin embargo, la luz y el agua en los meses siguientes parece seguir funcionando con regularidad, y armado con una escopeta y tomando los vehículos que quiera irá deambulando por Viena u otras ciudades tomando lo que desea. Esto,  que todo siga funcionado como antes y que también haya desaparecido todo bicho viviente, incluso los peces de las peceras, lo han visto algunos como una incoherencia, y en cierto modo así puede ser. De hecho, el tipo enferma varias veces, así que deducimos que sigue habiendo virus y bacterias, y que mantiene su flora intestinal. Bueno, sí, es una cierta incoherencia, pero si partimos del hecho de que el tipo se despierta un día y no queda ni perry, casi es lo de menos.

El mejor hallazgo de la novela, y a la vez su peor fallo, es su técnica narrativa. No nos hallamos ante un monólogo interior, ni ante un pormenorizado análisis de los pensamientos y divagaciones del protagonista único, en todo un alarde de dillingerismo. El narrador, en tercera persona, nos describe las acciones del personaje, pero apenas su discurso interior. Y vemos cómo, en muy poco tiempo, el pobre se va volviendo majareta, no por sus pensamientos enajenados, sino por su conducta, cada vez más errática, y por las regresiones infantiles que sufre al reconstruir el hogar de su infancia, o las obsesiones casi solipsistas y los rituales con las cámaras de vídeo, hasta llegar a un final más o menos convencional. Pero esta forma de narrar es también un defecto si, como es el caso, todo se llega a hacer un tanto repetitivo, ya que prácticamente no hay nudo en la narración, todo es más o menos lo mismo, con lo que habría quedado mucho más redondo con mucho menos recorrido o incluso como un relato o novela corta. Si la historia no da más de sí, es que no da más de sí.

Sobre las idas de olla del pobre Jonas, pues destaca el que se da cuenta de que, cuando duerme, emprende una serie de acciones que luego no recuerda, de modo que se refiere a sí mismo como un antagonista al que llama "el durmiente", y que lleva a cabo una serie de rituales o misiones de las que nunca llegamos a saber demasiado, del mismo modo que nunca se nos dará razón ni pista sobre el porqué de esa desaparición absoluta de todo bicho viviente; de ahí el título original, Die Arbeit der Nacht, Los trabajos de la noche. Estamos, por desgracia, ante un caso de "el huevo está vacío", aunque no demasiado escandaloso, ya que al menos se nos da una narración de una persona que, privada de todo contacto humano, deja de ser persona precisamente ante la desolación de saberse solo de forma radical. Neville, el protagonista de Soy leyenda, tiene al menos una misión y se mantiene gracias a su odio y a querer vengar al mundo del pasado, y Robinson Crusoe o el personaje de Tom Hanks en sus islas se saben abandonados a su suerte, pero que la vida sigue en el mundo al que no pueden volver, aunque quizá sean rescatados. Pero Jonas se enfrenta a la nada, a la disolución absoluta del sujeto social y moral, ya que parece aceptar desde el primer momento (sin queja aparente, lo que no deja de ser chocante) que lo que ha sucedido es definitivo y que no hay vuelta atrás. Ante eso, se va plegando sobre sí mismo y sobre sus recuerdos, en una regresión a un estado poco menos que infantil en algunas acciones que lleva a cabo.

Por último, sobre la traducción me han llamado la atención dos cuestiones. Una que, si el personaje se pone a leer unos tebeos de Clever & Smart , poco cuesta poner Mortadelo y Filemón, igual que se traducen tantas otras cosas. Para algo nuestro que triunfa en otros países, pues presumamos un poco de ello. Del mismo modo siempre que tiene sed o asalta un mercado para abastecerse, casualmente coge "limonadas", lo que no deja de sonar un poco a coincidencia a no ser que uno sepa que en alemán "limonade" es la forma genérica de decir "refresco".

Otro detalle que me llamó mucho la atención, y que apunté, es el párrafo siguiente cuando Jonas recuerda bajarse imágenes de la NASA de una sonda que fue a Marte: "Lo que contempló entonces no era demasiado espectacular. Creyó incluso que Marte parecía Croacia". Eso ya es faltarse, macho.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 9:51 PM

10 Comentarios:

Anonymous seleucus dijo...

Croacia no sé, pero Kosovo...

La desaparición de todo bicho viviente es lo que pasa al final de "Forever Free", de Haldeman, pero se explica todo. Sin embargo, hay que decir que es un mal final para algo que empezó tan bien como "The Forever War".

8 de febrero de 2011 01:47  
Blogger Necio Hutopo dijo...

Vale, uno más a la pila de potenciales NO lecturas

8 de febrero de 2011 09:48  
Blogger loquemeahorro dijo...

El protagonista de Soy Leyenda, también tenía un perro, lo digo completamente en serio, la diferencia entre tener un perro/gato/lo que sea y no tenerlo, es la de no estar o estar COMPLETAMENTE solo.

Por que aquí ¿Han desaparecido también los animales? Porque no hay peces, has dicho.

Entiendo que no es que hayan muerto todos (no hay cuerpos) sino que que se han ido con la nave nodriza o algo así.

Dime que no acaba con que todo era un sueño.

8 de febrero de 2011 13:29  
Blogger La navaja en el ojo dijo...

Jo, pues a mí me ha apetecido leerla con lo que cuentas de ella. Si tiene muchas páginas y eso de que es repetitiva se acusa mucho, entonces ya no. Pero todo lo demás me atrae bastante. Lo de que describa solo hechos y no haga monólogo interior me recuerda a 'La carretera' ('The Road'), de Cormac McCarthy, que me gustó mucho, tanto como 'Soy leyenda', aunque de otra forma, son dos tipos de disfrute y dos tipos de novela, aunque sean tan parecidas de argumento.

8 de febrero de 2011 14:05  
Blogger Kike dijo...

No, no tiene un perro. Pasa un año intentando hacerse amigo de un perro. Y, cuando lo consigue, se le muere tres días después.

A ver si leemos los originales.

8 de febrero de 2011 14:12  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Bueno, ya sabemos lo que le pasó al perro que tuvo durante un corto período de tiempo, menudos capítulos más crueles. De todos modos Neville sabe lo que ha pasado, asume que el mundo y la humanidad han cambiado pero sólo al final, en el último párrafo, es cuando se rinde al conocimiento de que es, por así decirlo, el último ser humano. Aquí, por decisión del autor, no tenemos ninguna instrospección del protagonista por parte del narrador, lo que no quiere decir que no la haya, ya que es el mismo narrador el que explica ciertas sensaciones del protagonista. Tampoco es por comparar a mala leche, pero Matheson en la mitad de páginas cuenta muchísimo más.

8 de febrero de 2011 14:27  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Bueno, Navaja, eso va en gustos. Cuando pienso que tengo por leerme Pastoral americana o Submundo, pues me pregunto a veces qué pinto leyendo estas cosas, aunque bueno, tampoco hay que tomárselo demasiado a pecho.

8 de febrero de 2011 20:19  
Blogger La navaja en el ojo dijo...

No, ya vi que tenía muchas páginas y no es que eso me eche para atrás por sí solo, pero sumado a lo que cuentas de que se repite y no tiene mucho que desarrollar, ya me desanima del todo.

¿Qué tal quedaría como peli?

9 de febrero de 2011 11:47  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Pues no sé. Visualmente podría quedar muy impactante, y si saben reflejar cómo al tipo se le va la olla y cree ver cosas raras y la relación con "el durmiente", pues podría quedar algo apañao.

9 de febrero de 2011 11:53  
Blogger Ozanu dijo...

A mí, como a Navaja, también me ha llamado la atención.

Respecto a que hayan dejado Clever & Smart, no me chocaría que no lo supiera. Si no sabía lo de "Limonade"...

9 de febrero de 2011 20:21  

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