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28.10.10

Nocillero no. Lo siguiente

Me preguntaban en la entrada anterior que qué era un nocillero. Pues es difícil de decir claramente, y se podría arreglar con un "Google es tu amigo", pero como uno no es un desagradable pues lo va a intentar explicar con un ejemplo:

Artículo a leer. Sírvase seguir leyendo después. Yo le espero echándome un piti virtual.

Pues eso es un nocillero posmoderno hijo del pensamiento débil. Palabrería como nuestro amado
G Sanz, lo que importa es que parezca importante, sesuso y profundo, y aunque un charco apenas cubra si las aguas están turbias bien pueden parecer abisales: pangeico, topomaquia, batalla de lugares simbólicos, tecnología literaria punta, frases que podría haber firmado Vattimo, como "El mundo ha cambiado: es discontinuo, metamórfico; la información es fragmentaria y problemática, y la narrativa más precisa es la mutante, la que ha comprendido eso y sabe reflejarlo estructuralmente." Cien años llevamos con estas chorradas, desde las vanguardias mal digeridas, y lo que nos queda según parece. Dada no significa nada. No, ya, si ya lo sabíamos. Pero qué hartitos nos tienen a algunos esta gente.

"No se puede hablar sobre genoma o globalización en una novela a lo Galdós. Es como hacer astrofísica con gafas, en vez de con telescopio." Símiles cientifistas que no vienen a cuento, y sobre todo la demostración de que los posmo son no sólo los nuevos metafísicos, sino también los nuevos gnósticos: ya que el objeto de nuestro estudio es mágico, oscuro, tenemos que ir hacia él por lo más oscuro, aprehender noeticamente lo literario en sí debe ser por medio de una tecnología de la mente que consiga transcender nuestra propia finitud para alcanzar lo inefable, que por su propia naturaleza no puede ser comunicado; esto es, la mirada ciega a lo incognoscible que nos atenaza en la cárcel del ser abriéndonos una puerta a aquello que, por no poder ser verbalizado, niega e imposibilita la misma labor literaria a la vez que la faculta, de modo que la literatura es una escalera por la cual ascendemos a una posición metaliteraria, y como tal escalera una vez alcanzado nuestro objetivo debemos dejarla atrás.


Efectivamente, si uno no entiende ni por asomo, ni por lo más remoto, ni el genoma, ni la globalización, ni mucho menos el mundo en el que vive, siempre puede hablar así y disimular su infinita cutrez mental e intelectual.
Ya que la realidad es cambiante, poliédrica y metamórfica (vamos, que no tenemos ni puta idea de nada, y como estudiar sociología, antropología y análisis del discurso es muy cansado, pues cachondeo), y eso lo aceptamos así porque nos interesa y nos viene muy bien, pues proclamamos unilateralmente que esa es la medida de todas las cosas. Y tan campantes. Y además como todo vale, vale todo, nada se puede comprender ni saber, ni hay nada más allá de la pura intersubjetividad del hype, pues tanto da que da lo mismo, el cambalache, todo es igual, nada es mejor (excepto nosotros, que somos muy humildes e intuitivos y al menos sabemos que el mundo es cambiante, poliédrico y metamórfico), lo mismo es un burro que un gran profesor, lo mismo un sabio que un director del Instituto Cervantes en Alburquerque, y tanto da En busca del tiempo perdido que Nocilla lab. Juego revuelto, y ganancia de pescadores.

O eso, o es que a estos pobres incomprendidos no los entendemos en sus dinámicas de convergencia, que también podría ser.

Anda, si se me ha olvidado al final explicar lo que es un nocillero. Bueno, otra vez será.


La única contestación sensata al "todo vale" es el vale-tudo:


-SuperSantiEgo
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Escrito por SuperSantiEgo at 10:22 PM 7 estupefactos enlaces a esta entrada

Microrrelato con doble lectura

-Cariño, si me hiciera emo, ¿me seguirías queriendo?

-No. Dejaría de quererte.

-Gracias. Es lo que quería oír.

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Escrito por SuperSantiEgo at 9:33 PM 0 estupefactos enlaces a esta entrada

27.10.10

Libro: Invisible, de Paul Auster. Leer prescindiendo de todo hype.

El problema de leer algo por encima de la media provoca a veces que se crea que uno lo ha leído o lee todo, y muy a mi pesar me temo que he de volver a los abismos de la Fuerza con bastantes libros, obras maestras y grandes autores de los que no llegaré ni a conocer el nombre.

Pues no, no había leído nada de Paul Auster y no sabía muy bien ni de qué palo iba el caballero, aunque alguna noticia tenía de que estaba bastante bien considerado el el lar patrio y que alguna vez se había pasado por aquí a comer jamón de bellota y chumar Mahou. Aunque no siempre lo hago, a veces me documento un poco sobre lo que estoy a punto de leer, pero depende mucho de los casos y de las circunstancias, y esta vez tocó que no, y la verdad es que creo que voy a seguir haciéndolo porque así uno tiene una experiencia al menos bastante "pura" dentro de lo que cabe, del mismo modo que el otro día discutía con @Multimaniaco que se empieza a hacer frecuente que algunos aficionados a los comics se nieguen a saber de las nuevas series o números nada más que existen y quiénes son los autores, porque los portales de sobreinformación dan tal cantidad de avances y hype que llega un momento que sencillamente te descangallan toda la emoción y la novedad. Muerte al hype y al expolio.

¿Que qué me ha parecido Invisible? Pues no sé si es por haber leído antes al sesudo y profundo Thomas Mann de La montaña mágica, y ya sabemos que las comparaciones son odiosas y el contraste muy malo, pero es que me ha parecido nada. Bueno, no. Malo, tampoco. Nada. Que me ha dado igual como que me ha dado lo mismo.

Después de acabar el libro, me he tomado lo que se suponía era el primer plato, y he ido al hype. Es decir: me he leído las primeras reseñas antes de que el libro fuera publicado el año pasado, y algunas de las típicas críticas hechas con la solapa y como mucho la nota de prensa de la editorial. Y se encuentra uno con el típico hype, pero de manual: antes de que nadie hubiese leído una sola línea, ya se hablaba de una nueva obra maestra, y se había filtrado que había erotismo del fuerte y novedosas técnicas literarias que iban a dejar pasmados al personal. También me entero que este autor está considerado autor de narrativa "posmoderna", término que a los que tenemos un corazón templado a golpe de positivismo, falsacionismo y filosofía del lenguaje poco menos que nos hace estremecer el ídem. Precisamente ya empieza uno a hacer sonar todas las alarmas con esto y la aparición de tan nefasto palabro: aquello que no es nada, que no se define, que nunca se concretiza, tiene la posibilidad de ser cualquier cosa, pero precisamente por eso no pasa de ser nada, por muchas etiquitas "post" que le pongamos, ya que el hueco que se renuncia a cubrir con algo de substancia es invadido por el hype, la pose, la pura palabrería y la promoción. Le pasó a la filosofía posmoderna, y le pasa a todo arte posmoderno, que a fuerza de no querer ser arte, ni filosofía, sino quién sabe qué coño quieren ser, vaya si terminan consiguiendo, vive Papá Pitufo, no ser arte, o no ser filosofía. Básicamente es hype, darle vueltas a las cosas mil veces y no dejar claro nunca jamás qué demonios hay dentro del huevo, pero que creamos que el huevo tiene algo dentro y que es muy importante. Lo importante al final no es lo que hay dentro del huevo, sino dudar incluso si el huevo existe, y ya puestos meditar sobre tu propia naturaleza intrínseca de huevo(n).

La única forma de luchar contra ellos, no lo neguemos, es decirles que no nos importan ellos y su huevo precisamente ni un huevo, y que dejen de joder la marrana tocándonos a nosotros precisamente los kínder.

Reconstruyendo el hype de nuestro caso en particular, veremos que es de manual. Igual que los medios de comunicación emperazon a decir meses antes de estrenarse Avatar que era una obra maestra, antes de que nadie leyese esta novela estaba claro que era una gran obra, rompedora y genial. Es lógico que a un autor ya conocido se le conceda cierto crédito cuando da al público una nueva obra, pero como su propio nombre dice es eso, un crédito, avanzamos una cierta cantidad de expectativas y confianza en quien ya nos ha demostrado su valía, pero no es ni un cheque en blanco ni mucho menos un préstamo a fondo perdido. Aquí queremos chicha. A pesar de que nos quieran vender esta historia como algo muy complejo, Invisible no deja de ser una narración lineal de un personaje, desde sus veinte años hasta su muerte, en la que él es el narrador, y en el que otro narrador compila los textos que ha dejado su ya fallecido amigo y les da cierto acabado. Al final, aparece un tercer personaje narrador, una mujer, que intenta cerrar la historia. Hay tres partes bastante diferenciadas, pero aunque nos quieren vender como un artificio formal poco menos que rompedor que ese narrador-escritor utilice tres formas personales diferentes, primera, segunda y tercera persona, no deja de ser el mismo, mientras el narrador-amigo no deja de ser un poco el personaje demiurgo que explica la existencia del texto completo. En la segnda parte de la vida de este joven a finales de los años sesenta nos contarán también el incesto del protagonista con su hermana, parte de la que Auster según parece está muy orgulloso, y que incluso leía en voz alta en las presentaciones. Por último un personaje secundario de la narración, una chica ya convertida en una mujer madura, termina por medio de su diario, que presta al narrador-amigo, de contar la historia.

Pero es que tampoco hay mucho que contar. Se supone que todo ese supuesto artificio formal y las distintas versiones de la historia, que tampoco se excava mucho en ello, muestran una sensación de que la verdad, si existe, es invisible, inaprehensible, polifacética. Muy posmo, sí: así todo cabe en cualquier parte. Por supuesto, cuando el narrador-amigo habla con la hermana del narrador-escritor, le dice que nanai, que eso es una fantasía enfermiza de su hermano que no puede comprender, y del mismo modo el personaje que ejerce a modo de némesis del protagonista queda difumindo, o bien un mero defensor de su propia vida o un brutal asesino, un peligroso fascista o un agente doble del bloque comunista. La novela no te lo aclara, porque aunque se lee con facilidad y no es muy extensa, como casi todas las de Auster, se supone que debes llegar a tus propias conclusiones. La solución no existe y es indeterminada, invisible.

Da la impresión de que Auster "ha pensado el libro seriamente" pero no se ha molestado demasiado en reflejar eso en lo que ha escrito, y nos deja el trabajo a los demás de llegar a las mismas conclusiones que él, pero con tan pocas constantes y tal multitud de variables cada uno puede llegar a donde quiera... a no ser que se deje guiar por factores externos, y ahí es donde entra el hype, la construcción externa de lo que ya no es una obra literaria, sino un complejo fenómeno literario donde la obra literaria, a este paso, va a ser algo superfluo, igual que muchas veces la música de algunos grupos es lo de menos respecto a otros valores que representan, encarnan y explotan.

Tampoco es que quiera ofender a los muchos rendidos admiradores de la obra de Auster, pero lo único que se me ocurre decir es: no, vamos, ¿va en serio? Una narración en primera, segunda y tercera persona... ¿una técnica innovadora? Bueno, después de que la gente crea que Pulp Fiction es la primera película contada de esa forma, es que ya me creo cualquier cosa. Innovaciones formales son el Cuarteto de Alejandría y Pedro Páramo, pero esto es de chiste. Que no es que el señor escriba mal, la narración es fluida y ágil, pero esto no tiene nada del otro jueves, parece más un ejercicio bastante estéril y que no aporta gran cosa, la verdad. Respecto a lo "invisible" de la verdad, pues a mí esto ya me lo han contado muchas más veces y sobre todo mucho mejor, y de manera que parece que se me cuenta algo, no que el narrador, de tan posmoderno, tampoco sepa de qué está hablando realmente. Sin ir más lejos, En el bosqu
e, de Ryūnosuke Akutagawa, que dio lugar a la película Rashomon. En muchísimas menos páginas y en una película de metraje no excesivo se nos dan distintas y excluyentes versiones de una misma historia por parte de sus participantes, y queda claro que la verdad es inaprensible.

Sobre la escena del incesto: no, vamos, ¿va en serio? Porque mira que es blandurria, ¿eh? Vamos, que follan, o al menos él dice que follan, y luego se separan y listo. Ni drama, ni sentimientos más allá de algo de pena, ni nada, como por cierto casi el resto de la novela, donde todo parece con sordina pese a que se supone que hay grandes amores y sentimientos enfrentados. Como ellos mismos dicen según la versión del hermano, quisieron hacerlo, no se arrepintieron, no se sintieron mal por ello y no hicieron mal a nadie, así que punto pelota. Vale, ¿entonces para qué me lo cuentas? Además, desde Sade en el XVIII y Apollinaire a principios del XX, escribir una burrada sexual en literatura es poco menos que imposible, así que aunque quizá en su país de origen sí consigue escandalizar a la burguesía, aquí en la vieja, decadente y de vuelta de todo Europa creo que lo único que se nos ocurre decir es: no, vamos, ¿va en serio? Si el incesto, en este caso real y con consecuencias, aparece incluso en una saga de fantasía de consumo masivo, como Canción de hielo y fuego.

Muy posmoderno todo, ya lo creo. Bastantes citas cultas y referencias a grandes escritores, y a la vez según parece en cada una de sus obras Auster refleja su pasión por el baseball, guiños a la cultura popular y a los deportes de masas. Otro paralelismo con el pensamiento posmoderno: abrumarte con analogías científicas, utilizar palabras altisonantes y frase enrevesadas, pero nada tiene lógica, ni sentido, ni pasa de ser terrorismo intelectual. Del mismo modo Auster pretende que creas que estás ante algo que es la leche porque se cita a Dante, a oscuros poetas provenzales, amores incestuosos, oh París lalá en el 68, y acabe todo con una escena sin venir a cuento, llena de absurdeces de unos personajes que terminan siendo absurdos y que todo termine con una imagen que parece sacada de una película de David Lynch. Como en uno y otro caso uno se pare un momento y piense realmente en lo que le están contando no puede sino decir:
no, vamos, ¿va en serio? En cierto modo es ni más ni menos que eso: no quiere ser una gran obra, ni experimentar, ni ser escandalosa. Es experimentación para los que no quieren experimentación y escándalo para los que no quieren escándalo, un nicho de mercado a medio camino entre el más zafonio bestseller y la literatura de calidad, un ersatz de las dos cosas que puede pasar como literatura intelectual de calidad sin renunciar a ser un extraordinario éxito de ventas ni ser atacado por ello. No tiene que ser nada, le basta con parecerlo, y dejar que el hype haga su trabajo. Lo importante es lo que parece, no lo que es. No hace daño leerlo, pero no leerlo tampoco. A mí así a palo seco y sin haber sido nunca seguidor de la zapatilla de este hombre es la impresión que me da, el famoso cubito de caldo para dar sabor a un saco de arroz, la nada, pero una nada perfectamente empaquetada, y muy grande. No es nada y por eso cada uno puede hacer por sí mismo la labor de cerramiento: no hay nada en realidad, pero tú construyes lo que hay, si es que realmente tienes ganas de hacerlo y entras en el juego.

Siguiendo con el concepto de posmoderno, precisamente estaríamos por tanto no ante un pensamiento débil, sino ante una literatura débil hija de ese pensamiento de la flojera, donde todo es posible, pero nada es posible porque en el fondo nada se pretende ni intenta, más allá de ser, de estar por estar, de ocupar un espacio y de tener presencia, de mantener una ficción autoconvencida y no dar realmente nada a cambio, como en Fin, de Monteagudo, también muy posmoderna, ni El Jarama ni It, sino todo lo contrario. Al final, sí, has leído unas cuántas páginas, pero como cuando uno oye a los posmo, ¿qué? Sí, qué: ¿esto de qué coño va? No, vamos, ¿va en serio?

No, no he leído a ningún nocillero. Y miedo me da hacerlo.

Por último, no creáis que soy el único que cree que todo esto huele a cuerno quemado. En el New Yorker le tiran con bala y a dar.

No sé. Quizá algún día me ponga con la Trilogía de Nueva York, que dicen que es lo mejor que tiene, pero ya veremos.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 8:50 PM 7 estupefactos enlaces a esta entrada

26.10.10

Libro:La montaña mágica, de Thomas Mann.

Lo bueno de no estar obligado a hacer críticas académicas es que uno se lo pasa muy bien pensándolas. Quizá no tengan mucho valor crítico, pero desde luego pueden incitar a cierta creatividad para el que se cree que escribe y esas cosas.

Yo resumiría la novela en sí misma y respecto a las vicisitudes de su protagonista con un "Jo, no pensaba que iba para tanto". Hans Castorp se va a un sanatorio de visita tres semanas y se tira siete largos años, y Thomas Mann decide escribir un relato o novela corta y se encuentra con que escribe una novela de mil páginas, considerada como "obra monumental" y una de las cumbres de la novelística alemana. En mi particular denominación de estas obras, titanovela. "Igual me he pasao", pensó el tito Tomás cuando vio cómo se acumulaban las páginas. Traquilo, señor Mann, nosotros se lo agradecemos.
Permitidme que, al contrario de como suelo hacer, haga primero la crítica de esta obra según el espíritu de nuestro tiempo, la Teoría de la Molonidad:

Me abuuuuuuuuuurro. Aquí no pasa nada. Se tiran todo el tiempo en una montaña pero nadie hace nada. Bueno, algunos se mueren pero no los mata nadie. Se tiran todo el rato hablando y el narrador especulando sobre lo que sienten o piensan los personajes, pero nada más. Al final hay un duelo, pero es una mierda, y cuando justo al final hay una escena de guerra... ¡se acaba!

Si lo que te gusta es leer novelas de Warhammer 40K, ésta probablemente no sea tu lectura recomendada. Básicamente no pasa nada en mil páginas. O si: la gente llega y se va, se conocen, hablan, recuerdan cosas, viven, dejan pasar la vida... Parece mentira, pero a estas alturas habrá que empezar a defender que estas cosas también son perfectamente válidas. También hay que tener en cuenta que Mann intenta retratar y fijar de forma novelada el mismo sentimiento subjetivo del tiempo, de ahí el carácter temporal no lineal de la novela. La narración es lineal menos unas pocas excepciones, pero lo que no es lineal es el ritmo interno, que se va acelerando. El primer día de estancia en el sanatorio de Hans Castorp se dilata, parece eterno, pues todavía lleva internamente el "tiempo de la llanura", opuesto al tiempo y a la percepción del tiempo que se tiene en el sanatorio, y a medida que se adapta al tiempo de la montaña, al tiempo encantado y mágico de su residencia, la cronología deja de tener sentido y se acelera, de modo que los últimos años pasan a ser un monótono día detrás de otro sin apenas variaciones, y en el que se cuentan sólo las anécdotas más interesantes.

El personaje principal es un joven de buena familia que acaba de terminar sus estudios de ingeniería naval, y que antes de incorporarse a su primer puesto de trabajo va a visitar a su primo, enfermo de tuberculosis, en Davos, Suiza, y pasar así con él unas tres semanas en régimen de visita. Sin embargo en una revisión rutinaria se le detecta un posible foco de infección, y decide quedarse una temporada más, que se convierte en siete años. Se dice, con razón, que esta novela es un Bildunsroman invertido. Si en ese género el joven se construía a través del viaje y los distintos encuentros con personas, aquí el joven se queda quieto en el mismo sitio, y a pesar de sus encuentros y diálogos con distintos personajes parece que sigue en su estado voluble e indeterminado en el que empieza. Hans Castorp es en cierto modo un cobarde existencial, que va buscando excusas para no reintegrarse en el mundo adulto y quiere seguir indefinidamente en un ambiente calmado y sin riesgos, en una enfermedad que le permita no tener responsabilidades ni obligaciones. Salvando las distancias, es una especie de nini del pasado: ni sigue estudiando, ni trabaja, ni hace nada de provecho más que pasear, leer y charlar con sus amigos. En el mundo moderno Hans Castorp se dedicaría a tocarse las narices, a chatear todo el día con su cacharritos y otras actividades edificantes.

Naturalmente en tantísimas páginas hay sitio para muchísimos personajes. Femenino, sólo tiene uno importante, Clavdia, una rusa liberada por mor de la enfermedad, ya que su precario estado de salud le permite llevar una vida intinerante de balneario en balneario, lejos de su patria y de su marido. Es reflejado como un personaje bastante frívolo, y cuando narra su paso por España hace notar que sus habitantes le pareció que eran medio negros, lo que inmediatamente me hizo pensar en la escena entre Christopher Walken y Dennis Hopper. Y, bueno, señora, ya sabe lo que dicen de los negros... ¡ejem! En su caso, la enfermedad la libera, del mismo modo que la afección, más imaginada que otra cosa, de Hans, lo libera a él de dedicarse realmente a vivir, centrándose en exclusiva en estar enfermo, con cierto parecido al protagonista de Trainspotting: ser heroinómano te quita de todos los problemas menos uno, conseguir heroína, y para Hans ser un enfermo crónico lo libera de la vida, del paso del tiempo y de sus obligaciones de buen burgués, como ser un miembro productivo de la sociedad y tomar decisiones: sólo tiene que preocuparse de que lo cuiden, de tomarse la temperatura varias veces al día, de reposar y de dejar pasar el tiempo en pos de una curación que en el fondo no se desea pues acabaría con esa muelle vida contemplativa y completamente decadente. Él y otros personajes, como todos hemos vivido en mayor o menor medida al haber estado enfermos, se pliegan a cierto comportamiento infantil y se dejan llevar ante la figura autoritaria de los médicos, que ejercen ante ellos como adultos que cuidan de personas que no pueden decidir por sí mismas, siempre con la sospecha por parte del lector de que además de ser un verdadero sanatorio es un sacacuartos y una bonita jaula de oro en la que la alta sociedad se deja un muy buen dinero en una actividad a medio camino entre los hábitos higiénicos y el ocio, parecido a lo que ahora vivimos con los spas, curas de reposo y talasoterapias varias: la preocupación excesiva por la salud, o el hacerse el delicado, es una constante en ciertos estratos sociales, y queda incluso de buen tono. Mann tampoco tiene tiempo para ello, pero todos recordamos que en otras obras de la época la tuberculosis no era tan clemente con el que no tenía dinero para poder dedicarse a guardar reposo y comer buenos alimentos. Otros personajes sin embargo no están nada de acuerdo con su enfermedad. Uno de ellos es Joachim, el primo de Hans que ha visto así interrumpida una prometedora carrera militar, y que se marchará a continuarla a pesar de que quizá no se encuentre completamente repuesto, de modo que su arrojo le terminará costando la vida. Tampoco la acepta bien uno de los personajes tardíos de la novela, el holandés Mynheer Peeperkorn, amante de Clavdia, cuyo vitalismo no puede soportar su enfermedad y la inminente decrepitud provocada por el paso del tiempo.

Dos de los personajes más importantes de la novela son Settembrini y Naphta (este nombre en algunos países americanos deben considerarlo bastante chocante), un italiano masón, librepensador y partidario de la globalización como se entendía en aquel tiempo, y un suizo, judío de origen pero converso al jesuitismo, que simboliza el pensamiento caduco, reaccionario, intransigente y totalitario, como un presagio del nazismo en alza, ya que la novela se terminó en 1924. Por si fuera poco, Settembrini y Naphta son compañeros de piso, como Epi y Blas. Sobre ellos recaen los diálogos más filosóficos de la novela, mientras intentan seducir el pensamiento de Hans como si fueran Erasmo y Lutero, y Hans por momentos parece que está del bando del último que le ha calentado la oreja. El enfrentamiento final entre estos dos enemigos íntimos es un vaticinio de lo que conducirá a la Primera Guerra Mundial, mientras que la fecha de publicación de la novela parece indicar que el mismo Mann, como algunos de los escritores de su época, se temían que el mundo se enzarzase de nuevo en una guerra de grandes proporciones. Por su parte, Mann no era ni mucho menos un antisemita, evoluciónó a posturas claramente democráticas, su esposa era de ascendencia judía y en esta novela se trata con ironía cómo un personaje germanófilo suscrito a revistas de supremacía aria va buscando un balneario donde no se permita el paso a los judíos. La novela fue criticada, por ésta y otra razones, por los nazis.

La novela tiene otros puntos interesantes, además de los literarios. La medicina de la época (1907-1914 aproximadamente), es reconocible como moderna, aunque obviamente a nosotros nos pueda parecer algo bárbara, hay referencias a nuevos avances, a teorías modernas sobre la microbiología y la patología, y curiosamente el médico que es partidario del psicoanálisis también es el que se encarga de montar una sesión de espiritismo. También aparecerán inventos nuevos y maravillosos, como el fonógrafo. Y un detalle que a día de hoy nos puede parecer poco menos que chocante: un balneario especializado en la cura de tuberculosos y otras enfermedades del pulmón, y ahí todo el mundo fumando como carreteros. Vamos, ni una sola indicación a que sea malo, a que no se deba hacer en un hospital, ni nada parecido, desde los enfermos a los médicos dale que te pego e incluso recomendándose marcas.

Mann es considerado en buena medida como un punto de unión entre la narración literaria del s XIX y del XX. Se le debe considerar un escritor plenamente contemporáneo, pero sin abandonar del todo algunos hábitos narrativos del XIX, más presentes en sus primeras obras. Una de las cosas que más me llamó la atención ahora que la he releído, es que el narrador, aunque omnisciente, no es un narrador puramente demiúrgico e impersonal, sino que se implica, hace digresiones, excursos, opina y en ocasiones juzga a los protagonistas, aunque proclame que en ningún momento lo va a hacer. Es un juego que ya indica que la literatura en el s XX empieza a reconocerse a sí misma como un metalenguaje, un puro artificio que no hay que ocultar ni negar, sino celebrar como lo que es.

Esto explica, a mi juicio, el final de la novela. ¿Cómo dar final a una novela de esta naturaleza? Pues en cierto modo el narrador toma cartas en el asunto, igual que las circunstancias históricas deciden acabar con las condiciones de vida que hacían posible esa burbuja apartada del tiempo normal. Estalla la Primera Guerra Mundial, una conmoción de tal calibre que Hans Castorp tiene que reaccionar y tomar la decisión de hacer algo, y que no es otra cosa que cumplir el destino de su primo, convertirse en soldado e ir a una guerra que sacude a la indolente Europa en su sueño adocenado, de modo que finiquita ese mundo decimonónico en que el continente parecía haberse aposentado igual que los protagonistas de la novela. El narrador, Mann, nos describe en las últimas páginas a Castorp en el frente, evocando las canciones que escuchaba en el fonógrafo, y se despide de su protagonista deseándole buena suerte, pero desentendiéndose de su destino, sobre el que no quiere seguir indagando, y manifestando quizá, como Pirandello y Unamuno, el carácter de máscara, de constructo literario, de los personajes. Mutatis mutandis, algo parecido al final de La chaqueta metálica, con los soldados saliendo fuera de plano, y cuya suerte no conoceremos una vez cerrada la pequeña ventana a un mundo imaginario que nos han abierto los autores.

Como pura especulación literaria, podríamos también relacionar, aunque sea por oposición, esta novela y su ambientación con su contemporáneo e igualmente escritor en lengua alemana Franz Kafka. Desde luego ni por asomo la novela tiene nada de kafkiano, ya que no hay influencia alguna, pero Hans se encuentra en cierto modo inmerso en unas circunstancias en las que se deja llevar, en una atmósfera paradójicamente enfermiza, ya que se supone que conduce a la salud. No es, desde luego, una simple víctima de unas circunstancias que no puede controlar, como los héroes kafkianos, y cuando se da la irrupción del mundo real en ese mundo apartado y con sus propias leyes, la racionalidad se impone aunque sea por medio de una guerra. Supongo, por suponer, que en un final kafkiano de esta novela el personaje se quedaría indefinidamente en el sanatorio, envejeciendo lentamente, pero con el ánimo decidido todos los días de comunicar la dirección al día siguiente que se va a ir, o que incluso llegara a decirlo todos los días pero luego por una u otra razón terminase quedándose. Pero bueno, sólo es una fantasía literaria.

Si queréis saber datos más sobre esta obra, en la Wiki el artículo es bastante bueno.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 10:40 PM 6 estupefactos enlaces a esta entrada

18.10.10

La red social. La creó gente poco sociable

Está claro que si me dejé llevar un domingo al cine en sesión matinal es por la sencilla razón de que el guión de esta película es de Aaron Sorkin, el creador de El ala oeste, y porque tenía alguna referencia de que estaba francamente bien, que si no por las narices iba yo a ver una instant movie en plan Invictus, ese género que relata hechos muy recientes, y que en este caso se puede decir que son de antesdeayer como mucho. En realidad, tampoco narra que no se sepa más que de sobras, y hace poco y coincidiendo con el anuncio de que se iba a hacer esta película varios periódicos importantes hicieron reportajes donde contaban con pelos y señales el ascenso de la empresa Facebook y las dos graves demandas en las que tuvo que llegar a acuerdos millonarios. Que la historia me la sabía pero de lejos, vamos.



La película está realmente bien: narra la creación y ascenso de Facebook en paralelo a esas dos demandas. La primera, por parte de los pardillos que encargaron a Zuckerberg crear una red social para el campus de Harvard, y la segunda la del cofundador de la empresa y primer inversor, Eduardo Saverin. La narración está hilada de tal manera que, aunque sea una trama compleja, en ningún momento resulta confusa, ni se pierde uno al ver lo que está ocurriendo.


Respecto a los actores, hay que ver lo que se parecen, todos, a sus contrapartidas en la vida real. Y aunque se ha hablado de la buena interpretación del joven protagonista, a mí me ha parecido un poco forzada para adaptarla a la actual "moda Asperger", en la que parece que ser un antisocial con cara de palo es el summum de la guayonicidad. En esta película Zuckerberg es como Sheldon Cooper, pero sin ninguna gracia: prepotente, sobrado, encerrado en sí mismo, incapaz a veces de mirar a la cara a su interlocutor y, que yo recuerde, no pasa de esbozar una mueca que se supone que es una sonrisa. En las fotos reales Zuckerber parece un chico bastante pizpireto con una sonrisa de oreja a oreja, así que o muy bien nos engaña en esas fotos o quizá la película en ese aspecto exagera un poco.
Ser autista está de moda: que todo te entre por un oído y te salga por el otro. No es que sea maleducado, ni que te ignore o desprecie: es que "soy Asperger", respeta mi particularidad cerebral que me hace mejor que tú.

Sobre el creador de Napster, Sean Parker, ejerce en cierto modo de Mefisto ante Fausto, es la figura que seduce al inocente Mark y le muestra el camino de la ambición sin límites. Lo curioso es que lo interpreta el cantante y actor Justin Timberlake, y no deja de ser extraño oír de su boca lo de "Yo acabé con la industria musical", aunque hay que reconocer que lo ponen como un paranoico en el que sencillamente no se puede confiar, y que después de agarrarse como una lapa a la empresa consiguió su pellizco antes de ser apartado por conductas poco acordes con el espíritu de la empresa: que lo pillaron metido "en harina", ya me entendéis.


Hay que tener en cuenta una cosa: en esta narración no hay ningún bueno. Puede uno sentir cierta simpatía por los timados, aunque no son sino unos pijos de cuidado, y desde luego por Eduardo Saverin, al que intentaron convertir poco menos que en no-persona, pero buenos no hay ninguno. Bueno, quizá el primer programador que encuentran entre sus colegas, que apenas sale y no se mete con nadie, y que ahora debe tener como un 5% de Facebook, lo que es una cantidad obscena de dinero. Malos... exactamente tampoco, y ése es el quid de la cuestión: cómo puede entender está película cada grupo de espectadores. Está claro que dos personas no ven en realidad la misma película, pero me temo que en este caso podríamos encontrarnos con dos interpretaciones completamente distintas: podemos entenderlo como un cruel retrato de ambición y cómo el dinero y el poder consiguen que algunas personas estén dispuestas a cualquier cosa y a dar subrepticiamente las puñaladas traperas más despiadadas incluso a sus amigos, o como un relato épico de ambición y de excelencia que consigue que el mejor, el más preparado y feroz, consiga convertirse en un héroe y alcanzar el premio final, porque al final sólo puede quedar uno.
Zuckerberg es en la película la fantasía de poder adolescente definitiva: hacer callar a todo el mundo, empezando por los mayores, "porque no me entienden", estar por encima de la moral e incluso de la ley.

Tengo claro que mucha gente verá lo segundo, empezando por la tremenda capacidad que tiene para el doblepensar la ideología 2.0: hablar continuamente del altruismo pero sabiendo en el fondo que el altruismo no es posible, decir que se desprecia el dinero y a los que dicen que su objetivo es ganarlo, pero tener sueños húmedos al oír hablar de las cuentas de resultados y de las cotizaciones en bolsa de las empresas que hacen que nos babemos sólo con decir sus nombres. En cierto modo el mismo personaje de Zuckerberg muestra esa doble moral: él no cree que los tipos a los que dio largas mientras desarrollaba su misma idea por su cuenta puedan reclamarle nada por derechos de propiedad intelectual, o que su cosocio fundador deba recibir mérito por ello, porque considera que Facebook es únicamente fruto de su trabajo, y celosamente quiere ser reconocido como el único padre de la criatura y de su éxito arrollador. El personaje principal causará rechazo en parte del público, pero en otra, me temo, será visto como el epítome de la molonidad: cuando uno es tan chulo, tan triunfador y tan genial, porque él lo vale, puede tratar a los demás con desprecio y poniéndolos en su sitio a cada paso. El geek como nuevo macho alfa que toma o hackea lo que quiere de donde quiere y que consigue tener grupies y llevarse a todos sus enemigos por delante igual que hace Conan con su hacha. Lo único que tuvo que hacer para limpiar su pasado fue soltar un montón de pasta y comprar silencios, en el momento en el que la pasta sencillamente ya no era ningún problema.

"Reíros de mi pinta de pringao lo que queráis, pero el que está rodeado de churris
y tiene que contar su fortuna con notación exponencial soy yo."


También es una película en la que no veremos la consabida historia de amor, inevitable en toda película, pero una de las motivaciones es precisamente crear interactividad social, y, declaradamente, crear un producto que en principio haga ligar un poco más fácil. Aun así, las mujeres están más como excusa o catalizador: la novia con la que corta en la primera escena, y las groupies que se les acoplan como si fueran estrellas de rock, que es a lo que aspiran a ser aunque con otras artes, pero como se podrá ver en núcleo inicial de la empresa y todos los protagonistas es el típico campo de nabos.

Otra cuestión, que no se explica mucho en la película, y no me extraña porque todavía está por analizar en profundidad, es el éxito arrollador de Facebook. Como el mismo Zuckerberg pregunta a los primos a los que torea, ¿qué tiene eso que ellos proponen hacer que sea diferente a Friendster y MySpace, bastante anteriores a Facebook? (Bastante anteriores, se entiende, en tiempo-internet: unos pocos años.) Incluso Facebook empezó siendo no más que una típica red de presentación de una universidad, algo que existe desde los primeros tiempos de internet, las primitivas y cutres "páginas personales". Y durante un primer momento la red de Columbia era bastante mejor, más avanzada y con más prestaciones que Facebook. La respuesta es compleja, y como hablé con los amigos con los que fui a ver la película, es un poco de arte adivinatoria, como saber por qué de repente se pone de moda un local, o una zona de bares en la que apenas si se podía entrar de repente se queda casi vacía. Hay razones, sin duda, y se puede modelizar hasta cierto punto lo que pasa, pero son tantas las variables, y tan volubles, que es difícil explicar a qué obedecen esos fenómenos, y desde luego es casi imposible diseñarlos y reproducirlos, que es lo que realmente interesaría. El éxito de Facebook se debe a múltiples factores, como el prestigio inicial de Harvard, una política de expansión y escalabilidad bien diseñada, o que todo salió bien por pura chiripa, vaya usted a saber. Sin embargo Orkut sigue siendo la favorita en Brasil, y Friendster tiene un éxito más que notable en Asia. Friendface, nuestra favorita, nos permite relacionarnos con Jen, Moss y Roy. Uno de los mejores análisis que le leído sobre esto es éste, que mola citar a los amiguetes.


Tampoco consideremos que la película sataniza al personaje principal. No lo trata bien, lo define como a un niñato malcriado, manipulable y prepotente, pero al final le abre una pequeña salida o posibilidad de redención, ya que muestra algunos indicios de empezar a madurar y asumir lo que ha hecho y cómo, a dónde ha llegado y los cadáveres que ha dejado en el camino. Termina aceptando que la motivación inicial que desencadena todo (por lo menos en la película), fue una chiquillada, e incluso mira con desaprobación las tarjetas que ha encargado por consejo de Sean Parker.

Desde luego, Zuckerberg sobreviviría en un Apocalipsis Z, donde lo que prima es correr más que los demás sin importarte a quién dejas atrás.

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13.10.10

Sara Mago. Sus dos últimas novelas.

Probablemente José Saramago alcanzó en vida lo que podríamos denominar el "Nirvana literario": escribir lo que te dé la gana y al que no le guste que arree. Si eso no es una de las definiciones de la felicidad, muy lejos no debe andar.

Aunque es un autor que me gusta y admiro, y considero que
Ensayo sobre la ceguera es tremenda, tampoco es que me haya gustado todo lo que he leído de él. Memorial del convento también me parece extraordinaria y con una mala leche tremenda, pero El año de la muerte de Ricardo Reis no me hizo demasiado tilín y La balsa de piedra cuando se pone "iberista" es poco menos que incomprensible y no sé lo que pretende.

Ambas sus dos últimas obras están escritas con la peculiar ortografía que adoptó el buen señor, en el que los diálogos no se marcan con saltos de párrafos, los nombre propios no llevan mayúscula y se hace que todo quede fluido. Naturalmente, Saramago lo hace sabiendo lo que hace y cómo, de manera que nunca se presta a confusión lo que escribe a pesar de estas licencias. Que quede claro: cuando Saramago se niega a poner mayúsculas y comas es porque primero sabe muy bien dónde ponerlas y sabe muy bien por qué las quita. No confundamos ser Faulkner con escribir en HOYGAN.


He de reconocer que
El viaje del elefante no me ha entusiasmado demasiado. A pesar de ello se puede apreciar la ironía del autor, y cómo a su avanzada edad y con mucha sabiduría a cuestas ve el mundo con una gran ternura y comprensión. Incluso los personajes poderosos o prepotentes no dejan de ser esclavos de las circunstancias y son cautivos de sus miedos y de las apariencias, aunque eso no quita que los verdaderos héroes del relato sean el elefante y su cuidador, un indio que llegó a Portugal para cuidar al animal y que se encarga de conducirlo en su periplo hasta Austria, cuando al rey Maximiliano le endosan el regalito. Aunque pueda ser difícil de creer, está basado en un hecho histórico, ya que efectivamente el buen rey Juan III de Portugal no tuvo mejor idea que hacer ese regalo a Maximiliano de Austria por su boda. Hace falta tener mala leche con la parentela para hacer algo así, pero bueno. Sí, en Vietnam hubo un episodio parecido, llevado al cine por Disney.

Quizá su obra postrera, Caín, recupere al Saramago con más mala uva. ¿Que no os gustó El evangelio según Jesucristo y casi me hacéis la vida imposible por ello? Pues unos años después me dieron el Nobel y ahora os coméis esto.

Curiosamente, y que me perdone el buen señor desde los abismos de la Fuerza, me recordó incluso un poco a un bodrio de película como
Año uno, en el que también salía una versión bastante chusca del conflicto entre Caín y Abel. Saramago nos cuenta básicamente el Génesis completo desde la perspectiva de Caín, el primer asesino y también el primer rebelde y el primer malteísta, ya que obviamente ateo no porque se tira unas largas parrafadas con Dios, con el que llega a un particular acuerdo de responsabilidad compartida respecto a la muerte de Abel, de modo que en su vagar Caín va recorriendo a lo largo del tiempo, adelante y atrás, los episodios más conocidos del Génesis (de largo el libro más divertido de la Biblia), asiste al Sacrificio de Isaac, a la caída de la Torre de Babel, al suplicio de Job y al diluvio universal, siempre bajo una perspectiva única: que sabe que Dios es caprichoso y cruel, y que por mucho que quiera convencerlo de lo contrario no hay escritura recta con unos renglones tan torcidos.

Cuando uno se acerca al final, se pregunta cómo Saramago va a dar por terminada la novela, y la verdad es que ese final, que no os voy a contar, no puede ser más acertado. Menuda sincronización la de don José: escribe ese final y al poco se muere.


-SuperSantiEgo

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12.10.10

Siempre que se te ocurra una gran burrada...

Por ejemplo, ésta:

...seguro que antes se le ocurrió incluso peor a un vigués.



-SuperSantiEgo

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9.10.10

El flipamiento digital

Que quede claro para empezar que "digital" es una categoría vacía, completamente hueca, que ya hace años ha dejado de significar lo que debía para empezar a designar a valores y proyecciones ideológicas, algunas de ellas poco menos que sospechosas de verdadero criptofascismo.

También es una excusa para crear retóricas bastante absurdas, o plantear dicotomías inexistentes entre un denostado mundo 1.0, donde parece que no se hizo nunca nada bien, ni descubrir la penicilina, y una arcadia digital que o ya está aquí o que hay que conseguir aunque sea a costa de inmolar cualquier cosa, sin importar las consecuencias.


A otro respecto, el arte no se está librando de semejante baño de soplapollez. Ahora todo tiene que ser "digital", como si el puñetero
Quijote no lo fuera, voto a brios. Lo gracioso es que ese "digital", o "cyber" no deja de ser sino un contenedor vacío en el que agrupar el argumento de autoridad de lo nuevo como preferible a lo anterior por el simple hecho de ser nuevo, aunque ese "nuevo" sea tan falso, retórico y poco creíble como el "nuevo" que aparece cada pocos meses en algunos detergentes o cafés en polvo, que llevan desde que tengo uso de razón siendo "nuevos", y me moriré y seguirán siendo "nuevos". O, sencillamente, que de nuevo no tiene nada. Pero oye, si le ponemos el prefijo cyber- delante, o lo acompañamos, con digital, parece que ya es otra cosa. Aunque sea lo mismo.

Veamos
esto:


Así que el cómic escapa del papel. Y tiene que hacerlo porque está en una "cárcel analógica". Me puedo imaginar al pobre cómic en su ergástula gritando como Espartaco: "¡Yo no soy un animal", y ya sabemos que lo contrario a digital en su sentido correcto es analógico. Analógico: caca; digital: bueno. Es en estos momentos cuando uno empieza a pensar que lo que llegó a intuir medio en broma, que estas pajas mentales tecnológicas eran una especie de nuevo gnosticismo con tendencias órficas o platónicas, no era ningún disparate. El vil mundo terreno lleno de las limitaciones y corrupciones de la carne en contraposición al etéreo e ideal donde el alma es absolutamente libre.


De todos modos la cuestión no es ésa, sino la peregrina idea de meter en un cómic banda sonora, animación, viñetas ocultas y todo eso. "Liberarlo", dicen. ¿Liberarlo de qué? ¿De ser cómic? ¿Limitaciones? ¿De no ser animación? ¿Jack Kirby y Will Eisner se sentían constreñidos por la forma artística que eligieron para expresarse, o es que no valían para nada mejor? Porque a pesar de que esos tres ganadores me han gustado bastante, ni por asomo son comics, del mismo modo que el cine es otra cosa que diapositivas pasando muy rápido sincronizadas con sonido, y tampoco es teatro por muy emparentados que estén. Esta gente al inventar el cyber-cómic ha reinventado la pólvora: la animación, con o sin elementos interactivos, o incluso el videojuego.


Algo parecido pasó con los "Motion comics", que básicamente es coger las viñetas de un tebeo y hacerles una animación cutre, obviamente con actores, música y efectos de sonido:





Vamos a ver: ya existen las series de dibujos animados basadas en superhéroes. ¿A santo de qué hacer esta canallada... que además ya es vieja? Porque eso es lo que se hizo en las primeras serie de la Marvel a principios de los sesenta, con viñetas recortadas a las que se daba una impresión de movimiento y se les movía un poco la boca. Bienvenidos al futuro que dejamos atrás hace mucho tiempo de lo cutre que era cuando lo vivimos en el pasado.




(Bueno, vale, en el fondo son encantadores de tan lamentables, pero todo tiene su momento y su lugar.)


Pero es que estamos con todo lo mismo, y lo gracioso es que cuela, y todos se deshacen en elogios del precioso traje nuevo (sí, "nuevo") que lleva el emperador. "Dicen que está hecho de tela digital", se cuchichean los encandilados súbditos. Algunos quieren inventar las novelas en las que haya dibujicos, bifurcaciones y demás zarandajas, como si eso fuera algo nuevo: las aventuras en formato texto son un tipo de videojuegos con no demasiada aceptación popular, pero que existen desde hace años, mientras algunos pretenden postular la existencia de una posible literatura hipertextual y líquida ignorando que Rayuela se escribió en 1963 y que al lector medio se le atraganta de forma espectacular. Bubok tuvo la peregrina idea de crear un concurso de "literatura multimedia / literatura digital" en el que la gente presentaba, como os podéis imaginar, bonitos vídeos en los que desfilaban letras y otras videocreaciones que igual se podrían haber presentado a un certamen de cybercomic, a uno de video o a lo que sea. Es como decir que un guión cinematográfico es literatura multimedia, o una obra de teatro, ya puestos. El resultado era... pues eso, vídeos en los que salían letras, animaciones y cosas así. Que podían estar bien o ser una chorrada, pero que de nuevo tenían lo que es ahora ver una de las pajas mentales de Andy Warhol o animaciones de hace treinta años, o todo el arte experimental que ha ido saliendo por ahí mucho antes de que la gente jugase con los Spectrum.


Bienvenidos a la cyberliteratura:




¿Sabéis lo que es digital-digital, pero digital de lo bueno? Esto.

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Escrito por SuperSantiEgo at 11:09 PM 8 estupefactos enlaces a esta entrada

4.10.10

Avenue Q. El musical

Probablemente todavía quede alguien que ignore de dónde proviene el meme "Internet is for porn" asociado a una jocosa melodía que acompaña a una canción en la que una voz femenina canta las alabanzas de Internet mientras una especie de monstruo de las galletas insiste en que es realmente para el porno y para eso es para lo que se inventó.



Se llegó incluso a hacer un fandub en español:



Pues el origen es el musical Avenue Q, una parodia y homenaje a Barrio Sésamo y otras creaciones de Jim Henson. En principio los autores querían hacer algo para televisión e incluso se lo presentaron a la compañía del ya fallecido Henson, pero iba a ser que no. Así que lo estrenaron en Brodway como obra musical, y ha tenido éxito por todo el mundo.

En español yo supuse que tarde o temprano terminaría cayendo, y los mexicanos nos tomaron la delantera. Cambiaron un poco el argumento en la adaptación, y por ejemplo el personaje de Gary Coleman se convierte en un naco interpretado por una mujer. También los personajes que operan a las marionetas no van vestidos de gris, sino con ropa de color, y se tradujo el título como Avenida Q. En Argentina se ha estrenado también en septiembre, aunque por lo visto ya se había hecho una versión universitaria en la UADE, amateur y no autorizada, llamada Avenida del sur. Como vemos en esta versión argentina "da asco ser yo", mientras que en México es "qué pinche ser yo" y en España es "qué mierda ser yo".



En la versión española estuvieron a punto de hacer algo parecido, y ambientar la obra en Lavapiés, precisamente en el mismo barrio en el que está el teatro en el que ahora se representa, el Nuevo Apolo, al cabo de la calle Lavapiés. Al final, se decidió conservar todos los elementos de la obra original, los personajes que operan a las marionetas van vestidos de oscuro y es una calle de Nueva York, así que los cambios son mínimos, aunque curiosamente el personaje de Gary Coleman lo representa, por cierto muy bien, una mujer, y cuela perfectamente. En la producción isrelí se reemplazó al personaje de Gary Coleman por Michal Yannai, una antigua estrella infantil interpretada por ella misma, lo que no deja de ser como mínimo curioso. A mí estos cambios no me parecen bien ni mal. Mientras se haga bien y con gracia, a mí me vale todo. El teatro, al ser en esencia un arte interpretativo, se permite esas cosas sin problemas, aunque como siempre hay que ver dónde se pone el límite y cómo; no sé, hacer La vida es sueño en el ciberespacio o algo así.

Por ejemplo en la representación española en la canción de "Internet es para el porno", cuando el monstruo afirma que todo el mundo se lo descarga, varias veces señala a varias personas del público mientras afirma con la cabeza. En la versión española y en la brasileña Trekkie le toca el pecho a Kate Monster, algo que no ocurre en la versión original. En la versión en inglés se le echa en cara al personaje negro que seguro que hace chistes sobre judíos, en la mexicana el naco los hace sobre argentinos, en la española se habla de los sudamericanos y en la brasileña de los portugueses. Los libretos teatrales no son cerrados. Desde el momento en que como obra de arte existen realmente en el espacio de tiempo en el que son representados, aparte de su existencia en potencia en forma de libreto y partituras, no existen como objeto estático que marquen un concepto fuerte de "original" con el que otras representaciones puedan ser comparadas. Incluso los mismos actores representando la misma obra no lo hacen igual las primeras veces que cuando llevan meses haciéndolo. Hasta se puede dar el caso que una innovación en una versión extranjera llegue a oídos de los que hacen la versión "original" y sea incorporada, de modo que la innovación exógena puede terminar siendo parte de un nuevo original del que a su vez surgirán nuevas interpretaciones.









Sobre el contenido de la obra, hay que precisar que no es una parodia destructiva de los programas infantiles de marionetas, como alguna gente cree. En los carteles vemos que el subtítulo es "Nadie nos dijo lo jodido que es hacerse mayor". Es una parodia, pero desde el cariño. Lo fácil habría sido hacer algo estúpido u obsceno a mala idea como la Vida sexual de Tintín, pero ése siempre es un callejón sin salida que no conduce a nada. Es, en cierto modo, una versión un tanto gamberra de Barrio Sésamo y sus cancioncillas moralizantes, pero con mucha inteligencia y sana mala uva, con un mensaje que no es nada más allá de que hay que tomarse la vida con filosofía, no joder innecesariamente a los demás y no preocuparse ni obsesionarse por cambiar lo que probablemente no tiene solución, empezando porque uno no es el centro del universo y a lo mejor no tiene ninguna meta transcendental en la vida, y como la mayoría de los seres humanos no es El Elegido para nada.

En el caso de Epi y Blas (Earni and Bert), Nicky y Rod en este caso, nos encontramos con esta canción:





En resumidas cuentas, que me lo pasé como un enano y aunque quizá no os hayáis dado cuenta me he hecho fans.

En el tubo hay varias versiones de los muñecos, como ésta en la que aparecen como si fuera Transpoiting:





Por último, y aunque no tiene mucho que ver, os dejo con una versión de Hurt de Johnny Cash, versionada a su vez por la rana Gustavo, de la página Sad Kermit.



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Escrito por SuperSantiEgo at 6:07 AM 5 estupefactos enlaces a esta entrada

2.10.10

Ante la agresión, reacción. Hagamos volver a los que ponen música en el móvil al infierno del que salieron

Todos lo hemos vivido. En el bus, en el metro, en espacios cerrados. Si lo hacen por la calle, bueno, tiene un pase, pero que lo hagan en lugares de los que no podemos escapar no es de justicia ni se adecua al más elemental decoro ni al respeto de los derechos humanos.

Razonar con ellos, lo sabemos, es inútil. Sólo queda endurecer el ademán y que nuestros ojos adopten la fiera mirada del tigre. Nosotros no empezamos esta guerra, pero la hemos de acabar. Victoriosos, nunca vencidos.

Si van a de cagá.

Porque yo propongo, oh pueblo soberano que paga sus impuestos y siente el verdadero temor del MVE, que contraataquemos. Cada vez que uno de ellos en un lugar cerrado ponga a compartir con el resto sus gustos musicales, nosotros sacaremos nuestro glorioso iPhone, nuestro avanzado Android o nuestro simple Nokia, y pondremos tan alto como podamos...

¡PAQUITO EL CHOCOLATERO!



Ya, podríamos poner a Mozart, o a Springstein. Pero yo creo que esto será mucho más efectivo, y mostrará nuestra determinación a seguir luchando hasta la última gota de nuestra sangre.

¡Civismo o muerte! ¡Venceremos!

Deja tus testimonios sobre la lucha en esta entrada o en el grupo de Facebook.

En Twitter: #paquitoelchocolaterodedestruccionmasiva

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1.10.10

Machete. No mames, güey.



Éste es el típico caso en el que uno no sabe lo que decir. Si lo se quiere es una peli de gente matando a gente, explosiones y que no tenga ni pies ni cabeza, pues está de puta madre. Es un mexicano grandote matando gente. Pues sí, entonces está muy bien. Como película cafre cumple de sobras. Para verla comiendo ganchitos con los amigos para reírse de las burradas que van pasado y comentar lo buenas que están las actrices, estupendo. Como excusa para un evento social friki desde luego que es óptima, pero como obra cinematográfica... Ya sabéis: el whisky normalucho para tomarlo solo no vale, pero si le vas a echar cocacola, puede pasar.


En todo lo demás, pues estamos ante el típico deyecto de Rodríguez o Tarantino, autores que nadie va a decir que no sepan dónde poner una cámara pero que para perder el buen gusto tendrían que haberlo tenido alguna vez, y cuyo desarrollo intelectual se detuvo, con suerte, a los quince años. Siempre tuvieron muy poco que decir, y lo dijeron hace mucho.




Porque vamos, es que la peli lo tiene todo. No sé si para ser mala, porque uno ya tiene la duda de si en cierto modo esto es lo que se quiere: parafernalia sin ton ni son, malos que no se sabe por qué llevan una katana, machetes hechos de adamantium y la tónica habitual de que la sangre hecha por ordenador cante ópera que es sangre hecha por ordenador. Y eso que salimos ganando, que además es más barato.


El guión, nuevamente, es un débil hilo sin pies ni cabeza que une unas escenas de acción con momentos gore, y poco más. Vale que hace cierta gracia ver a Steven Seagal fondón y haciendo de malote, pero como siempre, sin saber por qué, deja vivo a Machete y luego intenta utilizarlo para una conspiración política. Y bueno, ya sabéis: quieren joder al mexicano equivocado y éste los mata a todos. De paso, no dan una definición de "los federales" mexicanos como una mezcla de FBI, boina verde y Terminator. Vamos, que si un ninja se cruza con un federal mexicano se hace el despistado y finge no haberlo visto por lo que le pueda pasar. Sí, esos mismos federales que en otras películas del vecino del norte son infinitamente venales y corruptos, como en esa joya de El Equipo A. La fundaron en 1998 y ya están hablando de disolverla porque no cumple con sus objetivos, ya vemos lo documentados que vamos.


Ahora pasemos a otras cuestiones, como el apartado lingüístico. En la peli hay muchas frases y palabras en español, sobre todo al principio, así que los guanabís de siempre empezarán a decir que hay que verla en versión original, para apreciar cosas como "You'll pay me mañana". Idioteces: vedla como queráis. Si todo es una incoherencia, para qué molestarse. Nada más empezar la película se oye un "Hacer eso sería suicidio". Hala, el artículo indefinido a la porra. A ver, en serio, ¿es que en una película así o en Perdidos no hay ni una sola persona que no hable broken Spanish, o sólo lenguas serias como el francés o el japonés tienen derecho a que alguien se encargue de no poner mil burradas? No olvidemos tampoco que Danny Trejo es chicano que no habla español, y que Robert Rodríguez las veces que lo he oído hablar en español se atascaba bastante, así que me parece que ahí la única que debe ser "fluente" en español es Michele Rodríguez, de origen dominicoboricua y que vivió de pequeña en esos países. Además cuando Machete va a pedirle ayuda a su hermano, ¿en qué hablan entre ellos? Pues en inglés, claro, ¿en qué van a hablar si no dos hermanos mexicanos de mediana edad y criados en México? Es como la impresionante empanada lingüística propia de un culturetilla con diarrea de Malditos Bastados: se nos intentan vender eso como una innovación, que todos hablen en su lengua, pero luego forzamos que milagrosamente casi todos sean políglotas, incluidos la clase de tropa o los campesinos.
Es una película, joder, ya sabemos que todo es forzado y mentira. ¿O es que Residen Evil Ultratumba mejora algo o es más coherente porque al principio los japoneses hablen en japonés?

Lo más grave, probablemente, sea el argumento en sí mismo, la cuestión de fondo. Aparece un maniqueísmo de una simplicidad tan estúpida que es de vergüencita ajena, con Don Johnson ejerciendo de vigilante de frontera que va matando embarazadas y Robert de Niro de senador extremadamente racista también en un papel forzadísimo e increíble, una pura caricatura. Pero eso no es lo peor, porque Michele Rodríguez no sólo es la líder de una red para pasar a emigrantes ilegales, sino que esa red se presenta como si fuera la Resistencia francesa y anda acumulando armas para la llegada de "la revolusión", y se trata lo de cruzar la frontera como un derecho o necesidad de todo mexicano a dejar de serlo y llegar a la verdadera tierra de las oportunidades. No sólo eso, sino que todo termina con una tremenda balacera con montones de mexicanos armados hasta los dientes y un discurso de Jessica Alba (que también debe entrar en esa difusa categoría de "latinos" que hay en los EEUU, por lo visto), y que reclama su etnicidad y traiciona su profesión de policía de inmigración, sutileza que no falte. Todo eso en realidad podría hacer pensar que los personajes de Don Johnson y Robert de Niro en el fondo tienen razón: del otro lado de la frontera quieren invadirlos, están bien organizados en una conspiración clandestina y además tienen gran cantidad de armas y son capaces de movilizarse efectivamente para una acción coordinada.
No es que lo diga yo, es que es lo que se ve en la película.

El final, pues lleva a sus consecuencias últimas todo el espíritu de la película. Seagal muere de forma grotesca y ridícula, Robert de Niro muere de forma "irónica" por decir algo bueno y el héroe se aleja en moto con la chica. A Michele Rodríguez parece que la matan a mitad de la película pero vuelve sorpresivamente hacia el final; bueno, o no muy sorpresivamente, porque en los títulos iniciales y el avance la hemos visto con un parche en el ojo, y cuando parece que la matan le pegan un tiro en un lado de la cabeza. Debe ser que Robert Rodríguez no sabe sumar dos y dos o confía en que sus espectadores no sepan hacerlo. Viva el autospoiler. Lidsay Lohan sale un ratito bordando su papel de yonqui, se le ven las tetitas y en el último momento aparece vestida de monja, imagen que desde luego se ha publicitado como si fuera fundamental o algo así. La escena del trío en la piscina para hacerla casar con el trailer original... pues vale, ya a esas alturas casi da lo mismo.


Ante todo esto uno se pregunta qué podrá sacar, sentir o entender el estadounidense más o menos wasp, o un tipo blanquito, al ver esto, qué podrá entender un mexicano o latinoamericano en general o los que ya residen en Estados Unidos, o incluso los que llevan allí desde hace generaciones, desde la anexión de territorios de hace siglo y medio. Yo como español tengo la duda de si en realidad es todo un experimento irónico que se burla de aquello que critica y de sí mismo o básicamente constituye la típica plasta de agregados de idioteces y tópicos sin más intención que ser una película descerebrada. Dados los antecedentes, me parece que es lo segundo, que cualquier interpretación ideológica está de más y que si la hubiese quedaría totalmente oculta ante la sensación de estar ante un espectáculo efectista de muertes gratuitas y sangre mal hecha por ordenador.

Respecto a que esto sea una crítica a las leyes anti inmigración como la de Arizona... ¿qué queréis que os diga? Que tampoco me lo creo. Claro que hacer una película en la que se muestre el trato inhumano que reciben muchas personas a través de distintos países hasta poder alcanzar la frontera y cómo el ser humano es capaz de todo para escapar de la miseria a la vez que es capaz de aprovecharse de la miseria ajena de sus hermanos de raza, cultura e idioma, en vez de una con un mensaje simplón en la que todo se arregla con violencia hiperbólica, suficiente potencia de fuego y héroes providenciales e invulnerables que reparten justicia divina no daría el mismo resultado en taquilla. Es todo mucho más bonito personificándolo en unos malos malísimos que son convenientemente troceados por unos buenos buenísimos. Al menos hay un momento de cierta ironía en el que un lavaplatos parece apoyar al personaje del senador racista y un compañero le recuerda que él también es emigrante, a lo que él responde que le da igual, que se jodan y que él ya está dentro.

Como película cazurra, cumple, así que para verla en plan cazurro me imagino que también. Por eso son películas que no dan juego en el cine, sino viéndolas en su contexto entre amigotes y con unas cervezas mientras se comentan las jugadas. Por eso guardo un gratísimo recuerdo de una bosta como La Liga de los Hombres Extraordinarios, porque coincidimos por verdadera casualidad varios antiguos amigos de la universidad que andamos por ahí desperdigados, así que luego las risas que nos echamos mientras la comentábamos y cenábamos fueron increíbles.

-SuperSantiEgo

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