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28.9.10

Este blog está en huelga

Huelga decir que hasta que acabe el día no se publicarán más entradas y que ni siquiera se pueden hacer comentarios en ésta.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 11:59 PM enlaces a esta entrada

El silencio de Goethe, de Antonio Priante

Como comenté a Seleucus, que es el que me recomendó este libro, esto es, en el mejor sentido de la palabra, una frikada filosófica. No es que haya que saber un montón de filosofía, pero desde luego si es el caso le ayudará. Pero es para frikis filosóficos, de eso no hay duda.

Es una novela corta, apenas 140 páginas a letra no precisamente pequeña, con lo que se cumple lo que diría el, admirado por Schopenhauer, Baltasar Gracián: "Lo bueno, si breve, dos veces bueno".


El libro es ni más ni menos que el monólogo de Schopenhauer consigo mismo y con su perro en la última noche de su vida, antes de meterse en su camita para no volver a despertar jamás. Es un monólogo, pero no os preocupéis porque no es un monólogo interior, sino una narración dentro de lo que cabe bastante tradicional en la que el anciano repasa su vida y su sistema de pensamiento, sus relaciones con las mujeres y con su familia, la admiración por los grandes artistas de su tiempo y su propio concepto de sí mismo: don Aturo pensaba que si uno era inteligente y lo sabía, la hipocresía era un desdoro para la propia inteligencia, así que se muestra realmente encantado de haberse conocido.


Aunque muchos lo considerarían droga dura, tampoco es para tanto, aunque desde luego hay que tener un mínimo de cultura para saber quién es a la gente que cita, saber la importancia de Goethe en la época y a quién se está refiriendo el filósofo cuando habla de la canalla revolucionaria, ya que aunque no aparece en el libro se dice que entrando unos estudiantes revolucionarios en el teatro en el que Schopenhauer disfrutaba de una representación, le cedió a un policía sus prismáticos para que apuntase mejor. También veremos su pequeño encontronazo con Hegel, y lo que pensaba de toda la Sagrada Familia del idealismo alemán. El hilo conductor de ese continuo hablar de Schopenhauer consigo mismo es su relación con Goethe, al que conoció siendo él muy joven y el poeta ya maduro y consagrado, y la duda que tras muchos años sigue corroyéndolo sobre si ese autor por él tan admirado realmente gustó de su obra capital y si llegó a entenderla y a aceptar como cierta su doctrina.


Lo importante de esta obra es que, en tan pocas páginas, se aprovecha todo, y el autor consigue algo realmente excepcional: nos da la impresión, por muy fictia que sea, de haber conocido a Arthur Schopenhauer, el filósofo famoso por su misoginia, su pesimismo y su misantropía, y que a la vez aparece como un hombre que supo amar, a su manera, a su familia y a sus amigos, a varias mujeres y, aunque nadie lo comprendiese, de una forma un tanto extraña, al género humano, de una manera mucho más coherente y personal que luego los exhibicionistas existencialismos. Por último, define hablando con su perrillo el concepto de "voluntad", que si leéis el libro con un espíritu un tanto juguetón veréis que se corresponde de aquella manera con el concepto de
mana y, no me miréis así, con la mismísima Fuerza.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:04 AM 4 estupefactos enlaces a esta entrada

18.9.10

Salt. Una peli bastante sosa. Quien tiene un enemigo tiene un tesoro.



¿Recordáis esa escena de El señor de la guerra en la que Nicholas Cage, a la sazón traficante de armas, se ponía a besarle la mancha de la calva a Gorbachov al empezar la Perestroika? Pues me puedo imaginar que en Jólibu los productores y guionistas estaban tirándose de los pelos. ¿Quién iba a ser ahora el malo de las películas? Respecto a eso, Michael Moore tuvo una visión genial en su magnífica Operación Canadá.

Así pues, se les jorobó el invento. No del todo, porque todavía hubo algunos epígonos que analizaban las consecuencias de la descomposición del antiguo enemigo, con antiguos generales que se volvían majaras en películas de James Bond y armas nucleares fuera de control, que hasta han llegado a nuestros días con 24. En cierto modo, los rusos, los soviéticos, aunque ya reconvertidos al bando de los buenos o al menos al de "nuestros hijos de puta", tienen potencial para convertirse en algo parecido a los nazis, que durante décadas tuvieron planes para resurgir, clones de Hitler, bases en la luna y lo que les queda. El tiempo juega en su contra, desde luego, porque en el caso de universos fantasiosos lo de Cráneo Rojo tiene su lógica, pero la parca no perdona ni al más despiadado nazi, así que dentro de poco como no sean sus nietos...


[Expoileos desde aquí.]

Pero los soviéticos como villanos todavía tienen que darnos muchas alegrías, ahora que siguen recientitos. Porque mira que son malos los rusos, ¿eh? En este caso, volvemos a jugar con el concepto de topo, el durmiente que está perfectamente integrado en la sociedad estadounidense esperando a que lo activen y liarla parda. Y nos dicen que es la parte femenina de Brangelina, que se pone a dar cera y todo eso. Se supone que es parte de un grupo de niños entrenados en completo secreto, y que están todos esperando al momento adecuado para una acción conjunta que mande todo a la mismísima porra, destruir el Imperio Americano y permitir el ascenso de la Santa Madre Rusia. Pero qué malísimos que son los rusos, o por lo menos los de antes.


Bueno... pues vale. La cuestión es si nos lo queremos creer. Empezando porque, aunque sea un conocimiento externo a la propia película, sabemos que los actores más famosos casi nunca hacen realmente de villanos, ni de personajes execrables. Que la señora en sus huidas y peleas se note que evita matar a los agentes del país al que se supone traiciona, pues ya nos hace pensar por dónde van a ir los tiros, e incluso quién es el verdadero "tapado". Es lo malo de los guiones hechos con plantilla y sin salirse de los tópicos: sabiendo quiénes son los actores principales y el planteamiento inicial, las convenciones y que no se atreven a moverse ni una coma de lo considerado "normal", es muy raro que uno se equivoque en sus suposiciones .

Pero qué malos son los rusos. Que duren.

Me pregunto quiénes serán los malos de la siguiente generación, además de los de Al Qaeda. Google, supongo.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 5:00 PM 7 estupefactos enlaces a esta entrada

15.9.10

Libro: Una dama en apuros, de Tom Sharpe

La verdad es que no soy muy ducho en la narrativa humorística británica, y todavía tengo pendiente leer el Tom Jones, pero me hago una idea suficiente para después de haber leído esto y otras obras aventurar que se trata de un género que trata una especie de costumbrismo con cierta mala uva, dependiendo de cada autor. A partir de ciertos personajes un poco estrambóticos y situaciones rocambolescas, se desarrolla una historia en la que los personajes suelen ser víctimas de su propia estupidez, y por casualidades o situaciones debidas al azar todo se complica y embrolla en situaciones que van de lo simpático a lo risible. Incluso las novelas de Terry Pratchett siguen ese esquema.

En esta novela de 1982 se sigue al dedillo esta pauta, y bastante bien: los personajes son un muchacho de inteligencia límite que entiende todo al pie de la letra, y un su profesor que le ha inculcado por medio de las novelas de aventuras y pulp una mentalidad bastante caduca y totalmente trasnochada respecto a lo que significa ser un héroe. El título original es precisamente
Vintage Stuff, y una posible traducción respetando el título y su sentido respecto al contenido de la novela sería Ideas trasnochadas. El maduro profesor y su cortito alumno se creen lo que han leído en los clásicos menores de las novelas de acción y aventuras cuyos títulos probablemente suenen al lector británico, pero que a mí me dicen tan poco como si a un inglés le hablas de El Coyote. Sabiendo esto, otro profesor rival del pobre papanatas le gasta una broma macabra y le hace creer que la madre de otro alumno, una comtesse francesa, está en apuros, y apela a su caballerosidad británica para que la libere de una peligrosa conjura internacional en la que se ha visto inmersa a su pesar. El profesor y su aguerrido alumno, que en la portada vemos en actitud de "peligroso agente internacional" emprenden una arriesgada demanda hacia el château de la condesa, pero como es de esperar lo que termina pasando se parece más a un capítulo de Mister Bean que a una película de James Bond. No es de carcajada, desde luego, pero se lee con agrado por la ironía y por la vergüenza ajena que refleja mientras el pitote se va haciendo más y más gordo y nadie sabe lo que realmente está ocurriendo.

La novela se enmarca además claramente en la época en la que se publicó, ya que en el
château se celebra una conferencia entre varios intelectuales de los dos bloques políticos, en los que además de las típicas absurdeces que se intercambian entre ellos hay referencias a la política de esos años, como el asalto de la embajada estadounidense en Irán o una referencia a Idi Amin. Quizá sorprenda un poco las frías relaciones que parece que tienen a esas alturas los gobiernos de Reino Unido y Francia, pero supongo que también en este caso el autor quería reflejar la mentalidad de sus compatriotas y exagerar un poco. El primo americano, de paso, recibe un par de pullitas.

Respecto a lo que es esa mentalidad trasnochada que impulsa a estos dos fracasados a buscar la aventura y con ella el sentido de un vida gris y absurda, me ha recordado a esta serie de artículos de Imperator sobre "
construye tu propia narrativa", donde lleva un poco más allá esa idea y afirma que en cierto modo la generación que se ha educado viendo películas de acción en los últimos veinticinco años tiene el seso un poco sorbido y que su visión del mundo está demasiado mediatizada por esas experiencias estéticas mal digeridas y sin el correspondiente contrapeso. En el caso de que fuera cierto, en ningún caso sería un fenómeno nuevo, ya que a poco que conozca uno la narrativa de aventuras sabe que en la gama baja de ese tipo de narración ha existido siempre esa visión ingenua del mundo, que sepamos desde las novelas de caballerías: el Elegido que lo es por la cara y sin ningún esfuerzo, el héroe invencible que es guiado sano y salvo a la victoria por un narrador rendido ante la perfección de su propio personaje, al que hace salvar como si nada y contra toda lógica las mayores penalidades y los peligros más extremos. No estoy hablando desde luego de las obras mayores que han sobrevivido, sino precisamente a toda la morralla que apenas si conocemos y que trata precisamente de ese tipo de aventureros a los que les sale todo de chiripa y que siempre se encuentran algo a huevo que les soluciona la papeleta, y que no conocen nunca el sufrimiento de la derrota ni nada parecido. Bueno, o incluso también los más conocidos: James Bond en su versión cinematográfica muchas veces triunfa simple y llanamente porque sí, porque él lo vale, porque es James Bond y no puede ser derrotado por la misma definición de su existencia, y porque está tan encantado de haberse conocido que va por la vida como si supiera que nada malo le puede ocurrir. Por eso aunque la hipótesis de Imperator no deja de tener algún acierto, y puede que algunos rasgos se hayan exacerbado en los último años, ya nuestros abuelos habrían sido afectados por ese tipo de narrativa.

Pues bien: aquí Tom Sharpe ya nos habla de estos dos neoquijotes modernos a los que les sienta mal todo lo que han leído y que igual que don Alonso, o todos los narcisistas de los que habla Imperator, se terminan dando de morros con la dura realidad, lo mismo que el protagonista de
Kick Ass en su versión en cómic: no eres un héroe, y nunca lo serás. Por lo menos no de ese tipo. Y si lo intentas, lo más seguro es que acabes haciéndote mucho daño, o que se lo hagas a los demás.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:00 AM 9 estupefactos enlaces a esta entrada

14.9.10

Efectos indeseados del guanabismo

Por ejemplo, que terminas haciéndole publicidad gratuita a la RENFE.

100_8029


-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:08 AM 6 estupefactos enlaces a esta entrada

10.9.10

Milla Jovovich en 3D

Porque ninguna otra razón hay para ver una película que uno sabe que es un truñete. Ya, creéis que podéis juzgarme, pero os lo vuelvo a repetir: Milla Jovovich en 3D. Además en 3D de verdad, no el truqui que hacen algunos jetas de rodarla plana y luego hincharla con todo el morro. Después diréis que si digo de Crepúsculo o tal. No, vamos a ver si nos entendemos: el que quiera, que fume, pero que no se invente excusas ni diga que no sea malo. Las niñas que quieran ver Crepúsculo, que hagan lo que quieran, pero que eso te afecte para decir que luego eso está bien, es otra cosa. Yo me vi Honey porque salía Jessica Alba, pero no me preguntéis muy bien de qué iba porque ni me acuerdo.

Lo que no entiendo es por qué no ponen en los cines los desfiles de Victoria's Secret en 3D, porque no me extrañaría que ganasen dinero.




Por lo demás, pues lo que uno puede esperarse. Una película más tonta que un bocao en la punta de la polla. La escena inicial de los títulos de crédito nos muestra al posible paciente cero de la infección, pero de todo se saca alguna enseñanza: cuando ese paciente se echa a la yugular de un anónimo transeúnte, a nadie se le ocurre ayudar ni nada, todo el mundo sale escopetado. Después con esa actitud querremos que no haya apocalipsis ni nada parecido. Por cierto que gastar así por las buenas la escena de los títulos en esto, morosamente y sin venir a cuento, demuestra ya la sabiduría cinematográfica que va a escasear en el resto del metraje.

Luego la película empieza arreglando el desaguisado que supone el final de la anterior, y una vez inicializadas las variables seguimos con una pantalla de videojuego más, que básicamente es lo que mejor se le da hacer a esta modelo/actriz, y si no fijaos en Ultravioleta. Pues aquí lo mismo, va pasando por distintos encuentros en los que te tiran cosas a la cara para que recuerdes a cada rato que es 3D, y al final se llega al malo de final de fase. Como no podía ser de otra manera, deja un final abierto totalmente exagerado y perfectamente coherente con la Teoría de la Molonidad (también conocida como Teoría de la Guayonicidad o Teoría del Bacanismo), pues si no salen diecisiete mil millones de helicópteros no mola. Sutilidad, coherencia... eso es para fracasados que no molan. También se pregunta uno por qué los personajes se preguntan continuamente si habrá más supervivientes. ¿Pero no veis que sí, almas de cántaro? La Corporación Umbrella tiene un ejército de mil pares de narices, debe ser que todos los supervivientes eran de su guardia de seguridad. Ejército personal que seguro que contrataron en TeleEsbirro, citado en Die Hard 4 y que se da a entender en una de las películas de Austin Powers, porque qué estilo muriendo sin rechistar, como verdaderos profesionales.


Dato importante: Los Angeles ha estado ardiendo durante cuatro años. Debió parecerles lógico cuando lo pensaron.
Que cuando lleguen a la cárcel se encuentren a Scofield inexplicablemente encerrado como Magneto ya es de empezar a pensar si el guión está hecho tirando un dado.

Otra cuestión es que, como suele ocurrir, si tu personaje mola de verdad, entonces nunca mueres. Incluso aunque sea absurdo y haciendo trampas. Si molas, ganas.


Y... poco más se me ocurre deciros. ¿Que la Jovovich es muy guapa? Y Ali Larter también me convence.



-SuperSantiEgo
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Escrito por SuperSantiEgo at 7:15 PM 9 estupefactos enlaces a esta entrada

7.9.10

Libro: Guerra por encargo, de Norman Lewis

Va uno al rastro así a lo loco y se compra alguna cosilla. En este caso en un puesto de libros de trapero, que ni siquiera antiguos, me encontré con éste que llamó un poco mi atención. Por un lado es de Editorial Molino, de la que uno siempre guarda un buen recuerdo pues es la editorial que ha dado a conocer a varias generaciones las novelas de Agatha Christie, y otras novelas de las llamadas de autores populares, como Zane Grey. Ya hablé de ella comentando precisamente una portada de esa editorial. Esta portada, que me llamó también la atención, es igualmente de Noiquet, un ilustrador muy conocido de este tipo de libros y revistas, y que en este caso captura bastante bien lo que es la novela: un señor y una chica guapa, que corresponde al personaje de Clarita.

El libro lo compré bastante a voleo atraído igualmente por su imbatible precio, 1 leuro de nada, así que no tenía ni idea de que
Norman Lewis es un autor sólido conocido sobre todo por sus libros de viajes, aunque también conoció la fama por medio de una docena de novelas, de las cuáles esta, A small war made to order, es una de las más conocidas. Es del año 1966, y la edición de Editorial Molino de 1968.

La pregunta ahora es: ¿de qué año es la invasión, o amago de invasión, de Bahía de Cochinos? Pues en 1961, apenas dos años después de que Fidel Castro se asentase en el poder. Y como podéis ver por la portada, la novela se nos anuncia como "Fracaso de una invasión y verídica descripción de la Cuba de Fidel Castro". Pero la novela no nos cuenta la invasión de Bahía Cochinos, qué va. Norman Lewis es más chulo que un ocho, cuenta lo que le da la gana y pone los nombres que le da la gana, aunque al principio aparece un intento de invasión frustrado que se podría interpretar como el de Bahía Cochinos, y que éste fuera un intento posterior. La CIA es la I-A, y la invasión se va a producir en un lugar llamado Lagartera, que es una ciénaga asquerosa.


Los personajes son bastante arquetípicos pero funcionan razonablemente bien. El mandamás de la I-A es un racista encubierto, y uno de sus mejores agentes un británico llamado Peake, que a ojos de su jefe se está convirtiendo en todo un estadounidense incluso en el aspecto físico, ya que aprecia que hasta se le está poniendo más cuadrado el mentón como a un chico de Wisconsin. Desde esa descripción no pude sino imaginármelo de esta guisa:

Como el autor es británico, pues todo el mundo es más o menos británico en la novela, como en las historias de James Bond, que los súbditos de su Graciosa Majestad son siempre los que dominan el cotarro. Peake busca a un agente al que poder infiltrar en Cuba para que les dé información vital para la invasión, y encuentra a un autor inglés con pasado fascista que sin embargo por azares editoriales ha tenido un gran éxito en los países del bloque del este y en el mundo musulmán anti imperialista. El personaje principal de este escritor está bien creado: luchó en la Guerra Civil como voluntario del bando de Franco, lo que no deja de ser chocante, y aunque ha evolucionado en sus posturas ideológicas es un convencido anticomunista al que Peake tienta para que vaya a Cuba a darles información a cambio de un buen dinero. El escritor accede y después de lavarle su pasado consiguen colocarlo en un periódico izquierdista canadiense que poco después lo manda a Cuba a hacer unos reportajes sobre el régimen castrista.

Lo de "verídica descripción de la Cuba de Fidel Castro" queda muy bonito en la portada, pero ni por asomo. No es que Lewis lo haga bien ni mal. Es que ni lo intenta ni le interesa, aunque tampoco nada de lo que cuenta sea falso o choque con lo que sabemos del régimen castrista de la época: dificultades para entrar y salir, burocratización, muchas sospechas y poco más. El agente hace su trabajo y traba amistad con su intérprete, Clarita, que parece que se lo quiere camelar para conseguir salir del país. Lo que sí me llamó la atención es que el narrador afirme que casi todos los oficiales cubanos dominen el inglés, y que incluso lo hablen entre ellos de preferencia. O mucho ha cambiado la cosa desde entonces, o me parece como mínimo una exageración sin fundamento alguno.


La novela es corta, apenas 190 páginas, y se lee con facilidad. Es una trama de espías sencilla pero bien llevada, con una historia de amor bien contada sin entrar en sensiblerías ni en la típica escena de sexo que no viene a cuento: yo el porno, lo que queráis, pero la típica escena de compromiso en películas o novelas mal contada y como con vergüenza, no, por ahí no paso. Los personajes están correctamente construidos, los malos no son de opereta y los dos personajes centrales son creíbles. El escritor británico no es un héroe ni un héroe por accidente, acaba simpatizando aunque sea un poco por los revolucionarios y a la vez se da cuenta de que el juego en el que se ha metido le viene pero que muy grande, y la cubana aunque va a lo que va tampoco es un ser despiadado y termina sintiendo por el que cree que será su salvador un afecto real. El final, sin ser una maravilla, es correcto.


En definitiva, una novela que se deja leer sin demasiados problemas, entretiene y sobre todo, y lo más importante, en ningún momento ofende a la razón, no pasan cosas absurdas ni ridículas ni hay diálogos de verdadera vergüenza ajena. ¿Lo has oído, Zafón? Por supuesto que se pueden hacer buenas novelas muy populares o bestsellers,
como decía aquí este amigo, pero es que todavía hay clases. Hace sólo un par de décadas los autores superventas eran gente como Frederik Forshyth o John Le Carré, cuyas obras si las comparamos con los pelotazos de ahora son poco menos que de arte y ensayo, cuando en realidad no eran sino novelas bien construidas y que aunque no tuviesen grandes pretensiones en ningún momento lo hacían a uno pensar que era mucho, pero que mucho más inteligente que el autor, o que éste sencillamente te toma a ti por tonto o te quiere tomar el pelo.

Editorial Molino, como dije antes, era un ejemplo de este tipo de literatura, por regla general editada de forma sencilla y a precios populares en formatos baratos. Algo en lo que otros países nos llevan mucha ventaja y en el que nosotros hemos retrocedido, ya que el libro poco a poco se ha ido encareciendo y preocupándose más por el aspecto exterior sin importar otras cosas. En este caso en el libro de Lewis, además, se nota cierto descuido típico de las ediciones de serie B, ya que hay unas cuántas erratas muy claras y una "autumnal" que me dejó escocido,
aunque existe y todo. Este tipo de edición un poco descuidada era de esperar en este tipo de libros, aunque incluso en las ediciones lujosas de nuestros tiempos no se hace mucho mejor, e incluso con todos los medios técnicos para evitar hasta el más mínimo error a veces se cuelan unas cosas que dan ganas de llorar. Con lo que hemos llegado a que los libros son (relativamente) caros, y además las ediciones en más de un caso dejan mucho que desear por hacer las cosas a monte.

En este libro, además, tenemos algunos detalles en las contraportadas realmente interesantes. En el reverso de la portada de cartoncillo tenemos esto:

Novelas con animales de protagonistas. Vive el cielo que es imposible saberlo todo de la literatura, y éste es un género que desconozco por completo.

La contraportada nos anuncia esto:

Nada menos que la trilogía de la Bounty, al escandaloso precio de 150 pelas, que sólo basta con compararlo con las 25 (15 céntimos de los de ahora), que cuesta esta Guerra por encargo. Podéis ver una crítica a esta edición en un magnífico blog sobre este tipo de libros y editoriales.

Por último en el reverso de esta contraportada Editorial Molino nos sigue animando a que leamos las novelas de Philo Vance:


Por lo que he investigado un poco por ahí esta novela está también completamente descatalogada en su lengua original, aunque obviamente
se sigue vendiendo de segunda mano.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:23 AM 7 estupefactos enlaces a esta entrada

5.9.10

Centurión. Riesgo de hemorragia ocular

De esta película no se deberían dar alertas de spoilers, sino de que es potencialmente tan corrosiva para el espíritu como el ébola de la vil materia de la que están constituidos nuestros cuerpos que algún día se han de comer los gusanos.



Sí, si mala es. Pero con ganas. Y además cabrea que estas cosas ocupen espacio en la cartelera mientras otras como ésta se quedan en el limbo. No hay justicia.


¿Si tiene algo bueno esta peli? Pues que te ríes un montón. Ah, que no es una comedia. Bueno, pero mientras uno se ría, sea cual sea la causa, pues eso que has salido ganando.


Vamos a ver: los legionarios romanos tampoco es que sepamos al dedillo cómo eran, pero desde luego no eran marines contemporáneos. Solían tener nombres romanos, no como éstos cuates, que tienen nombres que parecen sacados de una novelita de Dragons & Dungeons, que incluso uno se llama Brick. Considerando que además estamos hablando de la Legio IX Hispana, pues no hubiese estado de más algún detalle puramente español, puestos a deslizarnos por la pendiente de los anacronismos. La pelea de taberna, cómo os diría yo. ¿Recordáis la que tiene Scotty con unos klingons? Pues es más creíble que ésta pero de largo. Los pictos van bien poco pintados, además de que lucen con una "tribu bárbara estándar", que igual podrían pasar como celtas o germanos. La legión, la verdad, si va por ahí a pecho lobo y sin cuidado, pues merece lo que le pase y más. Si confías a lo tonto en quien no debes, lo mismo. Vamos, que les den por dejados.
Sobre la destrucción de esta legión, no está nada claro que realmente ocurriese en Britania.

Tampoco entiendo m
uy bien cómo quieren que nos identifiquemos con los romanos, ya que la mala tiene razones de sobra para odiarlos, a no ser que uno sea un talibán de la globalización. Por cierto que la mala es Olga Kurylenko, modelo ucraniana nacionalizada francesa y que viene a ser más o menos así:

¿Y qué hacen con ella? Pues mira, salir sale guapa y salvaje, pero con tal materia prima tenerla tan tapada es que es desaprovecharla. Tampoco sé muy bien si es por cuestión del acento o qué, pero se inventan que es muda. Sobre el aspecto lingüístico, hay quien se ha quejado de que los romanos anden diciendo cosas como "fuck". Para mí eso no tiene nada de particular, ya que si la película está rodada en inglés y los romanos decían tacos como muy bien sabemos, algo tienen que decir para reflejarlo. Hay un momento en el que el prota además dice: "¿Será un ángel o un demonio?" Sí, es una anacronismo. Un romano diría... yo que sé, "¿Es un manes o un espíritu maligno?" Pero casi me parece lo de menos considerando el despropósito completo que es la película. Hasta sale un negro, que bueno, no digo yo que no pudiese haber algún legionario sabrosón, pero cuando cuenta su historia es de llorar a lágrima vida. Vamos, que vivía en Numidia y se decidió a emigrar (en aquellos tiempos, lo de las fronteras como que no), fue a Grecia donde se dedicó a correr y luego terminó de legionario. Claro, con una beca deportiva completa, no te jode.

Como ya viene siendo normal, aunque sea en una película ambientada en la Antigüedad, si no hay fuego o explosiones parece que no se podía hacer la guerra. Las espadas debe ser que eran de adamantium, porque tajo que dan miembro que cercenan, y por supuesto después de 300 (cuánto daño ha hecho al mundo esta película), la sangre tiene que parecer un surtidor que parezca un polo de fresa derretido que sale cual gozo de Peter North, lo que nos lleva a la conclusión de que la presión arterial en aquellos tiempos era elevadísima por un consumo excesivo de sal. Todas las escenas gore, todas, están de más y son ridículas.


Pero como en todas las buenas malas películas lo mejor peor se reserva para el final, que es que alcanza grados de idiocia pocas veces vista. A los tipos los persiguen los pictos, lógico porque son el enemigo y porque de paso mataron al hijo de un jefe. Eso no quita que en el enfrentamiento final uno pregunte que por qué los siguen persiguiendo. ¿Qué parte de sois unos invasores enemigos a los que odian no habéis entendido? Hay incluso un "momento taquiones". No sólo eso, sino que terminan encontrando la cabaña de una mujer rubia excesivamente bien peinada (Imogen Poots) que ha sido expulsada del poblado picto por bruja (¡¿?!), y que naturalmente a saber cómo sabe latín, pero que habla en inglés, me pareció a mí, con un considerable acento escocés, lo que ya termina de ser de traca.


Después de los correspondientes ajustes de cuentas finales, los tres últimos supervivientes llegan al Muro de Adriano, del que uno de ellos llega a hacer un comentario despectivo, el muy mamón. Creo recordar que es el mismo que decide ir cabalgando al puesto de guardia más cercano, y como los romanos son unos imperialistas malvados y no lo ven correctamente vestido, u oyeron lo que dijo sobre su
muro bonito le pegan un flechazo, ya que como se sabe un único jinete cabalgando contra un muro es una fuerza invasora que debe ser repelida sin preguntarle nada siquiera. O dicho en otros términos: el guionista no sabía cómo cargarse a este personaje y echó mano de los recursos más cutres de la profesión. Mientras, el centurión se pelea con el otro superviviente, que ya sabemos que incluso entre el grupo de los buenos tiene que haber un felón.

Y entonces tenemos la escena de la CIA. Porque es lo que es. Al principio de la peli a Dominic West, que se pasa toda la peli sin creerse el personaje que interpreta, le encarga una especie de senador la misión de ir más allá del muro, en una escena que tiene un puntito que recuerda un poco a la de Apocalyse Now, y a la vuelta está ese senador o lo que sea con unos asesores que recogen el informe del centurión, único superviviente de la destrucción de la legión novena. Pero, ah, como luego habla con sus asesores, uno de ellos una mujer vestida en medio de Britania como si fuese a asistir a una fiesta en Roma (un negro, una mujer, y lo raro es que no saliese también un homosexual al que los demás respetan), se debe tomar la decisión de que este fracaso militar no debe llegar a los oídos de la opinión pública de Roma, además de que él mismo va a quedar como el culo, obviamente. Claro, como si en aquél momento importase al Senado demasiado la opinión pública o no hubiese habido desastres militares incluso peores. Al pobre centurión intentan envenenarlo y cargárselo, pero consigue escapar y reunirse con la bruja rubia, que además es muy guapa, así en medio del territorio enemigo, que seguro que no pasa nada.


Calificación:


-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 1:08 PM 8 estupefactos enlaces a esta entrada

1.9.10

Libro: Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño

Crítica al uso.

Dada la naturaleza de esta novela poco se puede decir de ella sin hablar de su autor, ya que en muchos aspectos es una novelización de su vida, y de la generación a la que perteneció tanto cronológica como estéticamente. Bolaño nació en Chile en 1953 y allí pasó su infancia, hasta que con trece años su familia emigró a México, donde pasó su adolescencia y primera juventud. Después empezaría a llevar un vida viajera y terminó residiendo en Cataluña la mayor parte del tiempo a partir de finales de los setenta. En algunos aspectos, por lo menos para mí, representa una síntesis curiosa: un sudamericano terminado de hornear en la América del Norte y que termina viviendo en España, donde alcanza por fin el reconocimiento literario antes de morir a los cincuenta años de edad. Como curiosidad uno de sus trabajos de subsistencia, que también aparece en esta novela, fue como encargado de un camping, y si habéis visto la película Soldados de Salamina cuando Ariadna Gil va a buscar al viejo soldado republicano al camping en el que éste veranea, habla con un encargado que es precisamente Roberto Bolaño.

Esta novela ganó el premio Anagrama y el Rómulo Gallegos en 1999, y si Bolaño no hubiese tenido la mala idea de morirse y hubiese continuado con el ritmo de producción que llevaba no sería de extrañar que ahora, buscando los sesenta años, no fuese ya uno de los nobelizables.

La novela se estructura en dos partes, o tres si lo queremos ver así. De sus seiscientas páginas, la primera ocupa unas 150, Mexicanos perdidos en México, una especie de diario o narración íntima de un adolescente, García Madero, que acaba de empezar en la universidad y frecuenta ciertos ambientes de la capital mexicana a mediados de los años setenta, donde entra en contacto con un grupo de poetas jóvenes que han fundado un movimiento llamado real visceralismo, trasunto del infrarrealismo al que pertenecieron Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro, en la novela Arturo Belano y Ulises Lima respectivamente. Los visceralistas son jóvenes y se mueven en un círculo bohemio en el que se encuentran desde personajes del lumpen hasta cierta pequeña sociedad burguesa con intereses artísticos, y como buenos poetas jóvenes quieren revolucionar el arte y la sociedad, hasta el punto de que llegar a fantasear con secuestar a Octavio Paz como medida para llamar la atención, a la vez que investigan las vanguardias mexicanas del real visceralismo original, con lo que se encuentran con la figura un tanto misteriosa de Cesárea Tinajero, que desapareció hacía cincuenta años después de dejar publicado un único poema. La narración del jovencísimo poeta García Madero nos cuenta el ambiente de la época y los inevitables líos, amitades y enemistades entre los distintos poetas, y ya aparecen los personajes de Arturo Belano y Ulises Lima, pero como entidades accesorias, dos poetas cuyas opiniones son las más radicales y que viven a salto de mata o con trapicheos varios, muchos ilegales. Esta primera parte termina el 31 de diciembre de 1975, en la que se une la huida de García Madero con su amante perseguida por el chulo de ésta y la expedición de Ulises Lima y Arturo Belano, que quieren encontrar el rastro de Cesárea Tinajero en la región de Sonora.

Para gente así se crearon a los antidisturbios.

La segunda parte, la más voluminosa del libro, es la que se llama precisamente Los detectives salvajes, y consiste en una serie de relatos con más de cincuenta narradores, que cuentan las aventuras, más bien desventuras, de algunos personajes que conocimos en la primera parte, y sobre todo de Arturo Belano y Ulises Lima durante dos décadas, desde mediados de los años setenta a mediados de los noventa. Ambos parecen no querer volver a México, y se diría que huyen de algo. Los personajes se van sucediendo y vemos simples retazos de sus vidas, un tanto caóticas, en las que viajan por distintos países y tienen múltiples encuentros con varias personas que les dejan más o menos huella. Belano (Bolaño) acabará reuniéndose con su madre en Barcelona y allá continuará su carrera literaria a la vez que se dedica a trabajar en lo que puede para salir adelante, mientras la vida de otros personajes sigue en México: algunos mueren, otros sientan cabeza y se aburguesan, y de otros, como en la vida real, se les pierde la pista y nunca más se vuelve a saber de ellos, e incluso los que fueron sus amigos íntimos dejan de tener noticia de sus antiguos compañeros. Dentro de esta parte central de la novela, mientras saltamos adelante y atrás en el tiempo, la narración más importante es la entrevista que durante toda una noche mantienen Belano y Lima con un escribiente, que no escritor, que fue amigo de Cesárea Tinajero, de la que no volvió a saber nada desde que ella decidió abandonar la capital y la que se suponía una brillante carrera literaria por venir y volverse a su tierra en Sonora. Según sus propias palabras, que tanto intrigaban a ese hombre ya anciano, se iba a "buscar un trabajo y un sitio en el que vivir, ya que a eso se reduce todo". Esta entrevista, en la primera parte, es citada brevemente. Ese anciano posee, probablemente, la única copia que queda de una revista vanguardista en la que se publicó el único poema impreso de Cesárea Tinajero, cuya interpretación por parte de Bolaño y Lima es poco menos que... extraña.

Esta segunda parte, en algún momento, puede hacerse un poco prolija, pero cumple su objetivo. Bolaño no no está contando una historia propiamente dicha, sino un conjunto de historias en las que el hilo conductor son esos dos fugitivos que huyen de no se sabe qué. Puede recordar, hasta cierto punto, a Manhattan Transfer o La colmena: no nos cuenta una historia, sino una maraña de historias con personajes y situaciones que tienen cierto punto en común, o que comparten algunos personajes. El tiempo pasa y envejecen, Belano se asienta y tiene graves problemas de salud, empieza a concorer cierto éxito en España al ver sus novelas publicadas e incluso se va de corresponsal a África. En ese momento no se priva de soltar cierta mala leche literaria, y se despacha a gusto con algunas de las figuras contemporáneas de la literatura española de esa década donde empezó a tener cierto reconocimiento, e incluso narra un duelo a espada con un crítico en una playa. Igual que la suplantanción Belano-Bolaño es descaradamente poco sutil, aquí os dejo estos dos ejemplos abusando un poco del derecho de cita. Como podéis comprobar, no disimula lo más mínimo. Para que os hagáis una idea, el siguiente que habla a estos dos es Michi Panero..

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Marco Antonio Palacios, Feria del Libro, Madrid, julio de 1994. He aquí algo sobre el honor de los poetas. Yo tenía diecisiete años y unos deseos irrefrenables de ser escritor. Me preparé. Pero no me quedé quieto mientras me preparaba, pues comprendí que si así lo hacía no triunfaría jamás. Disciplina y un cierto encanto dúctil, ésas son las claves para llegar a donde uno se proponga. Disciplina: escribir cada mañana no menos de seis horas. Escribir cada mañana y corregir por las tardes y leer como un poseso por las noches. Encanto, o encanto dúctil: visitar a los escritores en sus residencias o abordarlos en las presentaciones de libros y decirles a cada uno justo aquello que quiere oír. Aquello que quiere oír desesperadamente. Y tener paciencia, pues no siempre funciona. Hay cabrones que te dan una palmadita en la espalda y luego si te he visto no me acuerdo. Hay cabrones duros y crueles y mezquinos. Pero no todos son así. Es necesario tener paciencia y buscar. Los mejores son los homosexuales, pero, ojo, es necesario saber en qué momento detenerse, es necesario saber con precisión qué es lo que uno quiere, de lo contrario puedes acabar enculado de balde por cualquier viejo maricón de izquierda. Con las mujeres ocurre tres cuartas partes de lo mismo: las escritoras españolas que pueden echarte un cable suelen ser mayores y feas y el sacrificio a veces no vale la pena. Los mejores son los heterosexuales ya entrados en la cincuentena o en el umbral de la ancianidad. En cualquier caso: es ineludible acercarse a ellos. Es ineludible cultivar un huerto a la sombra de sus rencores y resentimientos. Por supuesto, hay que empollar sus obras completas. Hay que citarlos dos o tres veces en cada conversación. ¡Hay que citarlos sin descanso! Un consejo: no criticar nunca a los amigos del maestro. Los amigos del maestro son sagrados y una observación a destiempo puede torcer el rumbo del destino. Un consejo: es preceptivo abominar y despacharse a gusto contra los novelistas extranjeros, sobre todo si son norteamericanos, franceses o ingleses. Los escritores españoles odian a sus contemporáneos de otras lenguas y publicar una reseña negativa de uno de ellos será siempre bien recibida. Y callar y estar al acecho. Y delimitar las áreas de trabajo. Por la mañana escribir, por la tarde corregir, por las noches leer y en las horas muertas ejercer la diplomacia, el disimulo, el encanto dúctil. A los diecisiete años quería ser escritor. A los veinte publiqué mi primer libro. Ahora tengo veinticuatro y en ocasiones, cuando miro hacia atrás, algo semejante al vértigo se instala en mi cerebro. He recorrido un largo camino, he publicado cuatro libros y vivo holgadamente de la literatura (aunque si he de ser sincero, nunca necesité mucho para vivir, sólo una mesa, un ordenador y libros). Tengo una colaboración semanal con un periódico de derechas de Madrid. Ahora pontifico y suelto tacos y le enmiendo la plana (pero sin pasarme) a algunos políticos. Los jóvenes que quieren hacer una carrera como escritor ven en mí un ejemplo a seguir. Algunos dicen que soy la versión mejorada de Aurelio Baca. No lo sé. (A los dos nos duele España, aunque creo que por el momento a él le duele más que a mí.) Puede que lo digan sinceramente, pero puede que lo digan para que me confíe y afloje. Si es por esto último no les voy a dar el gusto: sigo trabajando con el mismo tesón que antes, sigo produciendo, sigo cuidando con mimo mis amistades. Aún no he cumplido los treinta y el futuro se abre como una rosa, una rosa perfecta, perfumada, única. Lo que empieza como comedia acaba como marcha triunfal, ¿no?

Hernando García León, Feria del Libro, Madrid, julio de 1994. Todo empezó, como todo lo grande, con un sueño. Hace un tiempo, menos de un año, me di un garbeo por uno de los cafés de mayor raigambre literaria y conversé con diversos autores de nuestra España doliente. Entre el guirigay de costumbre todos aquellos con quienes dialogué afirmaron (y aquí la unanimidad no es sospechosa) que mi último libro era, si no uno de los más vendidos, sí uno de los más leídos. Puede ser, de mercadeos yo no me ocupo. Tras la cortina de elogios, sin embargo, entrevi una sombra. Mis pares me elogiaban, los más jóvenes veían en mí -y se ufanaban de ello- a un maestro, pero tras la cortina de halagos yo presentí la respiración, la inminencia de algo desconocido. ¿Qué era aquello? Lo ignoraba. Un mes después, hallándome en una de las salas de embarque del aeropuerto, dispuesto a ausentarme por unos días de nuestra España maldiciente, se me acercaron tres jóvenes, espigados y cerúleos, y me dijeron en buen romance que mi último libro les había cambiado la vida. Curioso, aunque ciertamente no eran, ni mucho menos, los primeros en interpelarme de esta guisa. Proseguí mi viaje. Hice una escala en Roma. En el duty free shop se me quedó mirando fijamente un hombre de aspecto interesante. Era un austríaco en viaje de negocios (no le pregunté a qué se dedicaba), de nombre Hermann Künst, y que seducido por mi anterior libro, que había leído en español pues que yo sepa aún no se ha traducido al alemán, deseaba conseguir de mí un autógrafo. Sus alabanzas me dejaron anonadado. Al llegar a Nepal, en el hotel, un muchacho de no más de quince años me preguntó si yo era Hernando García León. Le dije que sí y ya me disponía a darle una propina cuando el mozalbete se declaró ferviente admirador de mi obra y poco después, casi sin darme cuenta, me vi estampando mi firma sobre un ajado ejemplar de Entre toros y ángeles, para ser más concretos en la octava edición española, con fecha de 1986. Lamentablemente en aquel momento ocurrió un percance que no viene a cuento relatar aquí que me privó de interrogar a aquel joven lector por las visicitudes o vericuetos que habían hecho llegar mi libro hasta sus manos. Esa noche soñé con San Juan Bautista. El descabezado se me acercaba a la cama del hotel y me decía: ve a Nepal, Hernando, y se abrirán para ti las páginas de un libro magnífico. Pero si estoy en Nepal, le contestaba con la media lengua de los durmientes. Pero el Bautista repetía: ve a Nepal, Hernando, etcétera, etcétera, como si se tratara de mi agente literaria. A la mañana siguiente olvidé el sueño. Durante una excursión por las montañas de Katmandú me encontré de sopetón con un grupo de turistas de nuestra España azorada. Fui reconocido (yo estaba solo, de más está precisarlo, meditando tras una roca) y sometido a la usual sesión de preguntas y respuestas, cual si estuviéramos en un programa televisivo. La sed de conocimientos de mis compatriotas era grande, compulsiva, inagotable. Firmé dos ejemplares. De vuelta al hotel, aquella noche volví a soñar con San Juan Bautista, mas con la variante, prestigiosa variante, de que esta vez venía acompañado de una sombra, un ser embozado que permanecía a una cierta distancia mientras el descabezado hablaba. Su alocución, en esencia, venía a ser la misma de la noche anterior. Me urgía a visitar el Nepal y me prometía las mieles de un libro magnífico, digno de la pluma más arriesgada. Estos sueños se repitieron, una noche sí y otra también, prácticamente durante toda mi estancia en Oriente. Regresé a Madrid y tras someterme de mala gana al imperativo de las entrevistas de rigor, me desplacé a Orejuela de Arganda, un pueblito o aldea de la sierra, con la robusta intención de acometer una labor de creación. Volví a soñar con San Juan Bautista. Macho, Hernando, esto es demasiado, me dije en medio del sueño y con un esfuerzo mental que sólo pueden permitirse quienes han ejercitado sus nervios en situaciones limítrofes, conseguí despertar de golpe. La habitación estaba sumida en el silencio feraz de la noche castellana. Abrí las ventanas y respiré el aire puro de la sierra. No eché en falta la época, ya lejana, en que fumaba dos paquetes diarios, aunque por una micro-fracción de segundo pensé que no hubiera estado mal fumarme un pitillo. Como hombre que no tiene tiempo que perder, dediqué mi insomnio a revisar papeles, concluir cartas, preparar borradores de artículos y conferencias, las servidumbres de un autor de éxito, algo que no comprenderán jamás los resentidos y envidiosos que no pasan nunca de los mil ejemplares. Después volví a la cama y como suele ocurrirme me dormí instantáneamente. De una negrura como pintada por Zurbarán resurgió San Juan Bautista y me miró a los ojos. Me hizo un gesto con la cabeza y después dijo: te dejo, Hernando, pero no te quedas solo. Contemplé el paisaje que poco a poco fue aclarándose, como si una brisa o un aliento angélico deshiciera las brumas y las negruras, aunque preservando, digamos, el luto propio de la mañana. Al fondo, a unos tres metros de mi cama, junto a un peñasco, aguardaba paciente la sombra enrebozada. ¿Quién eres?, dije. Mi voz me sonó temblorosa. Estoy a punto de echarme a llorar, pensé, sobrecogido, en medio del sueño y de aquella lóbrega mañana. Sin embargo, haciendo de tripas corazón, pude repetir la pregunta: ¿quién eres? Entonces la sombra tembló o con un movimiento preciso (y de todo el cuerpo) se sacudió el rocío del alba o simplemente mis ojos, descolocados, me hicieron percibir como temblor algo que no lo era, y tras el temblor comenzó a caminar en dirección a mi cama, sus pies que no parecían hollar el suelo, y sin embargo yo escuchaba el ruido de las piedras, el canto de las piedras gozosas al sentir la planta de sus pies en el lomo, crujido y tintineo al mismo tiempo, murmullo y rumor, como si las piedras fueran hierba de los campos y los pies aire o agua, y entonces me levanté, con ímprobos esfuerzos, de la cama, y apoyado sobre un codo le pregunté quién eres, qué quieres de mí, sombra, qué se esconde bajo ese rebozo, y la sombra siguió avanzando por el predio de piedras y guijarros cenicientos hasta llegar junto a mi cama, y entonces se detuvo y las piedras dejaron de cantar o arrullar o zurear, un silencio enorme se instaló en mi habitación y en el valle y en las faldas de las montañas, y yo cerré los ojos y me dije valor, Hernando, que en peores sueños te has visto, y los volví a abrir. Y entonces la sombra se quitó el rebozo o tal vez sólo fuera un capidengue y ante mí apareció la Virgen María y su luz no era cegadora, como dice mi amiga Patricia Fernández-García Errázuriz, que ha tenido varias experiencias de este tipo, sino una luz grata a la pupila, una luz acorde con la luz de la mañana. Y antes de quedarme mudo dije: ¿qué quieres, Señora, de este pobre servidor? Y ella dijo: Hernando, hijo mío, quiero que escribas un libro. El resto de nuestra conversación es algo que no puedo contar. Pero escribí. Me puse a la faena dispuesto a dejar la piel en el empeño y al cabo de tres meses tenía trescientas cincuenta cuartillas que puse en la mesa de mi editor. Su título: La nueva era y la escalera ibérica. Hoy, según me han dicho, se han vendido más de mil ejemplares. Por supuesto, no los he firmado todos pues no soy Supermán. Todo lo que empieza como comedia indefectiblemente acaba como misterio."

Hay que joderse, pero tuvo que venir aquí un chileno mexicanizado para decirlo. La única salvación de España son estos países, pero somos tan bobos que si alguna vez somos capaces de reconocerlo seguro que ya será demasiado tarde.

Mención aparte se merece el uso del lenguaje. Bolaño conocía la variedad del español de su país de origen, la mexicana y la española
. Además, el autor conoció a personas de todas partes, emigrantes como él, y se dejó empapar por las distintas variedades del español, así que españoles, argentinos, peruanos o mexicanos, cada uno habla con unos giros particulares, sin salirse demasiado de la norma culta pero sí cada uno con su ritmo y su personalidad. Éste sería un libro perfecto con el que golpear en la cabeza a tantos partidarios del bizarrismo lingüístico que justifican su ignorancia supina bajo la excusa de la "evolución". De todos modos detecté un "zaraza", que no es lo mismo que "sarasa" aunque con seseo suenen igual, y en el caso de algunos catalanes cuando hablan un par de veces me sonó un poco forzado el uso de "tío", aunque no me extrañaría que no hubiese sido accidental.

La tercera parte, o continuación de la segunda, Los desiertos de Sonora, sorprende por su brevedad, apenas cincuenta páginas en las que desde el 1 de enero de 1976 se retoma el periplo de estos personajes montados en un Ford Impala propiedad de alguien cuyo destino ya conocemos, mientras que de García Madero y su pareja no se vuelve a decir nada en las páginas que ya hemos leído, así que su destino final queda en la incógnita. Poetas buscando a una poeta legendaria de la que han dado una interpretación extraña de su único poema conocido. Aunque todo se soluciona de una manera trágica, se pregunta uno si ése es la verdadera causa de la huida de Belano y Lima. Mi interpretación personal es que a esos dos poetas jóvenes se les descubre el secreto que Cesárea ya encontró, y que lo descubren al hablar con ella, ya anciana, y que ha abandonado, que se sepa, todo quehacer literario. Madero lee los escritos de ella, pero nada sabemos de lo que contienen, aunque por un momento otro personaje que la conoció habla de una enigmática cifra que una vez dijo, 2666, el título de la novela póstuma de Bolaño donde se habla del escritor Archimboldi, también citado en esta novela. Quizá ambos en ese viaje para encontrar a su heroína descubrieron como ella que la vida consiste en eso, en buscar un lugar donde vivir y trabajar, y a eso es a lo que ambos dedicaron el resto de sus vidas, ni más ni menos. Es una interpretación personal que por lo menos casa con la propia experiencia vital de Bolaño, que en los últimos diez años de su vida vio cómo su salud se extinguía y empezó a temer que le quedaba poco tiempo, con lo que se afanó en dejar un legado literario lo mejor que supo y para dar unos posibles económicos a su familia, de la que apenas habla en este libro y de la que mantiene un púdico silencio, mientras que no escatima hablar de sí mismo, de sus sentimientos o de sus fracasos sexuales, si aceptamos que Belano es Bolaño por completo.

Y eso más o menos es Los detectives salvajes, o al menos así es como yo la he entendido.

Crítica según la Teoría de la Molonidad.

Esto es una mierda. No se entiende nada y hay demasiados personajes. El autor te empieza a contar historias pero no acaba ninguna, y muchas no se sabe a lo que vienen. Incluso hay un duelo a espada y no te dice quién gana, ni ni se matan. Menudo timo.

Bueno, supongo que esto es lo que hay. A la gente le siguen gustando los libros, o leer novelas, pero cada vez a menos personas les gusta la literatura.

-SuperSantiEgo
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Escrito por SuperSantiEgo at 5:50 PM 14 estupefactos enlaces a esta entrada