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23.4.10

Tim Burton: critiquemos a la burguesía pero adoptemos sus vicios

Tim Burton, ¿por qué eres tan burgués? Te lo digo desde mi más puro corazón Bauhaus.
En primer lugar, declaremos nuestra admiración por el personaje. Todo aquél que sobrevive se merece el máximo respeto y admiración. Cuando hay tablas se nota. Shyamalan nos engañó también, y llegó un momento que lo terminamos calando, pero tú has remontado siempre y has conseguido renacer para colárnosla una vez más. Ole, Tim Burton.

Decir que Tim Burton se ha vendido a Disney es lo mismo que decir que Botín se ha vendido a la banca. Burton siempre ha sido Disney. Dialécticamente, pero Disney. Con la diferencia de que Disney tiene la decencia de hacer películas para niños, para descerebrados conscientes de que están siendo descerebrados por las películas de Disney y para compradores compulsivos de muñequitos y parafernalia varia de mochilas, llaveros y demás productos de primera necesidad con la efigie de Donad, Pluto y el mardito roedó más famoso del planeta. Es decir: supuestas historias profundas y transcendentales sólo porque hablan de la muerte y de cosas oscuras y macabras, como si no pudiese ser uno un fatuo, un pretencioso y un hueco hablando de la muerte, cuando lo que nos importa en el fondo es vender camisetas, chirimbolitos varios y, de paso, ser una de las fuentes de inspiración para algunos de los movimientos populares más importantes, estimulantes y admirables de nuestro tiempo, como son los góticos y los emo. ¿No habéis visto a una niña gótica por el metro con su mochilita en forma de ataúd con su Jack? (Ya, ya sé que Pesadilla antes de Navidad no es de Tim Burton, pero todo el mundo lo cree y muchos creen que es “lo mejor que ha hecho Burton”, cuando precisamente no la hizo él.) Pues eso: si eso no es kurtura, ya me diréis. Tim Burton ha conseguido su mejor obra de arte no con sus películas, sino con su carrera: hacer obras completamente manieristas para un público entregado a cada uno de sus tics y a la vez pasar como auteur ante todo el mundo. Como decía Truman Capote, mejor que ser rico es ser amigo de los ricos. Mejor que ser algo es parecerlo. Y para eso se necesita un kung-fu muy poderoso.

La obra de Tim Burton, como la de toda persona que alcanza la perfección en su arte, debe ser admirada. No tanto por sus valores cinematográficos, sino por haber alcanzado la perfección en la picaresca de dárnosla con queso una vez tras otra y haber convencido a todo el mundo de que es un genio, en este caso repitiendo una y otra vez los mismos elementos en sus películas. En cierto modo Burton ha llegado al arte tautológico: la gente quiere ver “una película de Tim Burton”, da igual cómo sea ni lo que haya dentro. Y como por definición una película dirigida por Tim Burton es “una película de Tim Burton”, pues ya da lo mismo. Ya no vendemos un producto, sino los valores emocionales asociados a una marca, de modo que si sacásemos alpargatas de esparto de marca Nike a cincuenta euros seguro que las venderíamos. Es algo fascinante, como lo de Apple: seguro que hay gente que se ha comprado un iPad sin saber para qué lo quiere o para admirarlo dentro de su caja, y si mañana Steve Jobs saca los iCereales los macheads no desayunarán otra cosa. Algo así como cuando Pérez-Reverte, bien conocedor de sus lectores, dijo que si encuadernaran la guía de teléfonos con su nombre en la portada, que se vendería. ¿Para qué complacer al público, cuando puedes amaestrarlo y condicionarlo para que te complazca a ti mientras te dedicas a complacerte a ti mismo? Qué sabrán ellos lo que quieren, aparte de lo que quieras tú. Steve Jobs, Pérez-Reverte y Tim Burton no están encerrados con nosotros, sino que nosotros estamos encerrados con ellos. Ya sé que es una putada, pero cuanto antes lo admitamos más tranquilos viviremos. El kung-fu es muy poderoso en ellos.

El caso de esta Alicia es por eso todo un canto al cine moderno. Primero, que no falte, niña en estado de merecer, aunque por aquello de las costumbres victorianas vamos a ver más bien pocos de su no muy serrano cuerpo, que la pobre está un poco chuchurría, aunque muy guapilla, eso sí. Belleza tísica, la llamaban en el siglo del romanticismo. Tampoco lo de pasar niño a joven adulto es nada nuevo: Hook se basaba en una premisa no muy distinta, y muy recientemente los Grimm Fairy Tales sacaron una colección en la que la hija adolescente  de Alicia va a un País de las Maravillas donde hay más peligro que en Goldman Sachs un viernes a última hora.

alice
Alicia nos presenta a su conejo.



Sobre las libertades respecto a la obra de Carroll, poco importan. Más se tomaba con Sleepy Hollow, y así salió aquello como salió, y al final de El planeta de los simios firmada por él muchos salieron del cine pensando que habían visto una copia mutilada a la que debían faltarle minutos del final. Baste con decir que lo fundamental es que el personaje del Sombrerero Loco según Carroll está loco… pues por eso, porque está loco, o lo que puede ser locura en ese mundo desquiciado, mientras que en la película de Burton está loco… porque sufre de estrés postraumático. El Sombrerero Loco no está loco, sino traumatizado y un tanto deprimido porque ha visto “el horrrrooooorrr” del campo de batalla y la sinrazón humana.  El maestro de la fantasía y de la imaginación intenta introducir orden y racionalidad en un mundo que en origen es completamente onírico, caótico y arbitrario, y donde no lucha ni remotamente el bien y el mal, sino que por definición precisamente nada tiene sentido. No sé: es como intentar buscar signficado o lógica al mundo donde viven Bugs Bunny y el Pato Lucas. Sobre la interpretación de Depp, una vez asumido que lo de su personaje seguro que se pasa con una buena terapia conductual o prozac, pues no tiene uno más que deconstruir un poco lo de que es el “autor fetiche” de Burton. Vamos, que lo deja hacer lo que le da la gana, más o menos el papel de pirado que de suyo le sale natural cuando lo dejan, que consiste en abrir los ojos como el muñeco diabólico y sonreír como el cantante del Trololó (si os fijáis, el parecido es inquietante). Si te llamas Will Ferrel, Jim Carrey, Bill Murray o Adam Sandler y pones caras y muecas en honradas comedias, la gente te odia y dice que eres un pesao sin gracia, pero si haces lo mismo en películas de auteur eres la leche. La percepción y el estatus lo es todo. Eso sin olvidar que con el maquillaje y eso te termines pareciendo a Madonna.

En fin, qué burgués es todo.

Por supuesto es no ya recomendable, sino completamente imprescindible, verla en 3D, y precisamente porque no ha sido filmada originalmente de ese modo y ha sido “hinchada” produciendo unos efectos aberrantes y poco saludables para la vista. Eso es lo que queremos y eso es lo que nos dan. Y pagamos más por ello. Porque nosotros lo valemos. Ole, ole y ole. Porque el 3D es innovador. En 1952 nos tiraban pelotas de ping-pong a la cara, y cincuenta años después podemos gozar de la experiencia sublime de que Johnny Depp nos arroje telas al naso y sobre todo de que Brendan Fraser nos escupa a la cara. Dentro de poco nos harán en la cara eso mismo que estáis ahora pensando y seguro que diremos que llueve. Todo está en la mente, así que es cuestión de mentalizarse.

Y es por todas esas razones por las que la película me ha parecido muy buena.

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20.4.10

Influencia del satanismo en la psique colectiva moderna

Como adelanto a mi próximo ensayo Alienación y animismo en los espacios urbanos fuertemente satanizados, y siguiendo la línea de investigación satánica empezada aquí, expongo para consideración de mis colegas las siguientes imágenes ruprestres.

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Como se puede observar, se trata de un arte sofisticado, realizado en pigmento calizo blanco sobre superficie de concreto, y que representa a una serie de figuras humanas, sobre todo femeninas, con claras connotaciones sexuales y sacrificiales respecto a una figura cental antropomórfica que sin duda rinde culto a Satán o es e mismo Satán, representado como figura de seis brazos faliformes que sustentan los símbolos del poder satánico y una hacha ceremonial.


-SuperSantiEgo

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19.4.10

Mi primera inspección de...

"...de ...¿de cavidades?", dijo el niño. No me extraña que el chico tenga esa cara de desasosiego.

Y sí, lo he escuchado en una peli: "Pepito va al dentista. Van a hacerle una inspección de cavidades." El semiorco, que avanza imparable. No me extrañaría que después de ver esta imagen más de un niño de habla perfidoalbionesa vaya al dentistas con el culito pegado a la pared.

Y a todo esto, ¿le hacen la inspección unos polis? ¿De la Homeland Security? ¿Qué creen? ¿Que el niño guarda ántrax en el ojete, o que esconde a Ben Laden? ¿Y el de la derecha qué lleva en la mano izquierda, por amor del MVE? ¿Una porra o una sonda anal? Para mí que en cinco minutos el niño va a estar confesando hasta que fue el toro que mató a Manolete.

Joder con el Gran Hermano. Es que está en todo, el tío.

Claro que siempre podría ser peor. Imagínate que es el Castigador tu dentista.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:09 AM 6 estupefactos enlaces a esta entrada

15.4.10

Películas portadoras de valores eternos: El Rey León

Imperdonable que no la haya visto hasta ahora, pero bueno, qué se le va a hacer. Hay tantas obras maestras, y tan poco tiempo…

En primer lugar hay que aclarar una cosa: Disney es Disney, y como tal fenómeno transciende en mucho un análisis simplón de sus obras, ya que tiene una serie de particularidades y de elementos propios que hacen merecedores a sus productos de un análisis en términos particulares. Disney es una dimensión propia, e intentar moverse por ella con las coordenadas habituales no puede sino despistarnos.

La película empieza directamente en quinta marcha, sin cortase un pelo, con una canción que es un canto a la armonía de las distintas especies en un “ciclo sin fin” que es la vida. Pero ojo: la vida no es una democracia, sino una monarquía en la que reina el mayor de los depredadores. Eso: el león, el animal más fuerte. Que todos sabemos que es mentira y muy sabiamente Stewart Granger en Las minas del rey Salomón dice que en la sabana el que corta el bacalao es el elefante y yo vi en un documental del National Geographic que los elefantes seguían su camino y los leones se quitaban de en medio por lo que les pudiera pasar, pero aquí estamos hablando de Disney, que como ya he dicho hay que echarle de comer aparte.
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Pues bien: como casi toda monarquía, es hereditaria, y la película arranca cuando los súbditos del Rey León, Mufasa, acuden a rendir pleitesía y arrodillarse ante la institución monárquica renovada en la figura de Simba, el hijo legítimo del rey, que vemos que tiene una relación monógama con una de las muchas leonas de la manada. La escena es emotiva, profética, mesiánica, pero alcanza el más alto grado de flipadez cuando un babuino (a partir de ahora “el mono”), nada menos que… ¡unge al cachorro! ¡Lo unge! Supongo que en su estreno en cines los que acudieron a verla y eran suscriptores del ABC en ese momento tuvieron una polución involuntaria.

Simba es un leoncete de lo más salao, y anda por el reino aprendiendo sabiduría de su padre, que tanto en la versión original como en el doblaje hecho en España tiene la voz de Darth Vader, Constantino Romero para entendernos, lo que implica, en cierto modo, que el pobre Simba va a tener que cumplir el monomito campbeliano le guste o no, porque es que el pobre lo lleva en los genes. La sabiduría que le infunde su padre es ni más ni menos que la lucha por la vida y la armonía entre los animales que comen pasto y los animales que se comen a otros animales, como ellos. La filosofía es por tanto el darwinismo… social. Es decir: todos estamos en el “ciclo de la vida” y contribuimos a él, pero como diría Orwell unos más que otros. Unos están para cazar, y otros para ser cazados. Caza cruenta, por cierto, que nunca veremos realizada; como mucho veremos a un león ofreciendo a las hienas un trozo de cebra como recién salido de la carnicería.

También conoceremos al otro personaje importante de la trama, el tío cetrino de Simba, segundón en la línea al trono y que responde al nombre de Scar, pues la verdadera cicatriz es la de su alma al haberse visto preterido en sus ansias de poder. Colegimos también que está así de macilento porque, al ser el único macho de la manada además del monógamo rey, suya es la misión de cubrir al resto de hembras, y por tanto los demás cachorros que hay por ahí son sus hijos, por lo que Simba en un futuro se casará y tendrá una relación monógama con Nala, su prima. Vaya mierda ser el león rey, que es el que menos moja.
Cansado de esta situación, Scar conspira en la sombra con unas hienas, que viven en una especie de Mordor lleno de esqueletos de elefantes, se supone que en un constante estado de intoxicación química producido por los vapores de cráteres humeantes, que a saber lo que sale de ahí. La dialéctica entre el reino de los leones, racional y luminoso, y el mundo hediondo y oscuro del matriarcado lumpemproletario de las hienas es más que claro. Scar se alía con sus enemigos en un pacto contra natura que culmina con un desfile evocador de los de la conmemoración de la Revolución de Octubre en la Plaza Roja, teñida toda la pantalla de tonos carmesíes mientras el león desde arriba contempla  las hienas desfilar al paso de la oca bajo una media luna creciente. Scar es un nazi comunista de confesión islámica.

La revolución, simbólicamente, se produce por medio de la soliviantación de las masas. Scar consigue que su sobrino vaya a ser arrollado por una marea de hervíboros, víctimas naturales de los leones. Masas ignorantes de que, en realidad, no son sino peones de las mismas fuerzas represoras que los mantienen sojuzgados. ¿Y qué animales protagonizan la estampida? Los ñus.

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Si es que esta película tiene mil y una lecturas, a cada cual más interesante. Es la marea democrática del software de código abierto la que va a pasar por encima de los antiguos privilegios de una sociedad anquilosada. Mufasa muere arrollado por esa marea siguiendo la programación de sus genes egoístas que buscan perpetuarse en su progenie, y un alterado Simba decide escapar creyéndose el responsable de la tragedia, con lo que Scar consigue dar su ansiado golpe de estado y convertirse en rey arropado por un ejército de hienas. Probablemente hayáis oído por ahí que esto convierte a El Rey León en una versión de Hamlet, pero ni caso, se parecen como un huevo a una castaña. Es tan absurdo como intentar dignificar un vino de rioja diciendo que es un burdeos.

Después de una travesía por el desierto, Simba llega  la selva. En el universo Disney olvidaos de todo lo que sepáis de geografía: la selva se separa de la sabana por el desierto. Allí lo encuentran dos hipies o perroflautas llamados Timón y Pumba, que lo rescatan y lo introducen en un “modo de vida alternativo” en el que lo más importante es dedicarse a la molicie y el dolce far niente. También le enseñan a comer bichos y le transmiten la consigna hakuna matata, que ya habíamos oído de labios de un africano en Las aventuras de el Joven Indiana Jones. Vamos: pasa de todo colega, buen rollito. Que rule.

Acompañado por los dos perroflautas Simba se hace un león hecho y derecho, mientras en casa el reino, roto el equilibrio de la naturaleza, se descompone y la tierra queda baldía en ausencia de un rey legítimo. Sí, algo parecido a lo que ocurre en Excalibur, que cuando el rey enferma, su reino enferma con él, y cuando sana a su paso brotan las flores. Su antigua amiga y futura esposa legítima con la que mantener relaciones monógamas lo encuentra, y después de tener una revelación con el mono de la primera escena, que ejerce de su Yoda particular, y de hablar con Constantino Romero a través de los abismos de la Fuerza,  decide volver a casa y reclamar su heredad.

El final es el lógico: Simba hostia a su tío, los leones se rebelan contra el régimen islamiconazicomunista de las hienas, que ha impedido el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, y el mismo Scar termina siendo devorado por sus aliadas, que suponemos que volverán a Mordor a esnifar crack, speed y metaanfetamina. Reestablecido el orden racional, divino y monárquico, y con él el de la Naturaleza misma, la tierra vuelve a dar sus frutos, brilla el sol y Simba tiene a un legítimo heredero con Nala, con la que mantiene relaciones estrictamente monógamas, de modo que se completa el “ciclo de la vida” y el resto de las hembras se dedican a los placeres de gomorra.

Bibliografía recomendada:

Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman, Armand Mattelart y Héctor Schmucler
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Escrito por SuperSantiEgo at 12:25 PM 0 estupefactos enlaces a esta entrada

Libro: La decadencia del ingenio, de Jaime Rubio

Jaime Rubio, autor del blog homónimo La decadencia del ingenio, ha escrito esta novela autoeditada en Bubok que ahora paso a glosar. Básicamente se trata de la autobiografía de un bebé psicópata que nace plenamente consciente y sabedor de que es un genio, de que su genialidad se extinguirá al llegar al mundo de la adolescencia y que los adultos son el enemigo. Su misión en la vida será intentar demorar cuanto antes el proceso de envejecimiento que lo convertirá en un ser anodino y crecido, y hacer mientras tanto todo el daño que pueda.

Probablemente esto os haya recordado a Stewie Griffin, pero hay otros ejemplos más antiguos como los bebés de Mira quién habla, y los más leídos recordarán el estremecedor relato de Ray Bradbury en el que se especulaba precisamente con la idea de que naciesen bebés con conciencia plena, y que se dedicasen a hacer fechorías sin fin amparándose en su aura de inocencia. Sin embargo Jaime no toma ni mucho menos ese camino, sino que está todo escrito en la tradición de humoristas como Gila y Tip y Coll, en una lectura realmente amena y divertida.


Una simple muestra:


"Así y gracias a mi dolor de muelas, aprendí que los libros son el receptáculo más adecuado para conservar todo lo que de ridículo tienen hombre y mujer, con la ventaja de que casi nadie se acerca a ellos. La vanidad, las ideas tontas, las ocurrencias ridículas, todo a buen resguardo en esas cajas fuertes de papel, a mano, eso sí, de los estudiosos de lo absurdo y de curiosos ocasionales.


Así, leí por ejemplo los desvaríos de Platón, que no sabía ni siquiera lo que era una silla y se escudaba detrás de una silla ideal para disimular su ignorancia. Venía a decirnos que nadie sabía qué era una silla porque la idea de silla era inaprehensible, cuando lo cierto era que todo el mundo sabía lo que era una silla menos ese subnormal griego.


Gracias a los libros también supe de la inexistencia de Descartes, ya que, siguiendo su tonta máxima, como el pobre hombre no hiló un solo pensamiento en su vida, este señor no podía existir. Leí también al pobre Kant, que sólo podía explicar que las cosas buenas se hacen porque sí, fíjate, qué capacidad de introspección, y a Heidegger, que aseguraba que el ser era en un sitio y en un tiempo, como si se pudiera ser de otro modo.
[...]
Es decir, gracias a los libros soy mejor persona: no digo tonterías sin sentido como los poetas y he aprendido a pensar gracias a los errores de los filósofos."


Se ha presentado al concurso Bubok y no me extrañaría que ganase el mamong, o que terminasen haciendo de esta novela una película.


-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:07 AM 6 estupefactos enlaces a esta entrada

13.4.10

Legión (una botella grande de lejía para meter los ojos)

Eso pensará más de uno después de ver esta maravilla de película, un canto a la voluntad humana donde se demuestra que se puede detener el Apocalipsis… a HOSTIAS. Bueno, a tiros, pero ya nos entendemos. Qué digo detenerlo: ganarlo. Sí señores: esta gente gana en el Apocalipsis, como si tuviesen a Messi de delantero centro.

Porque, recordémoslo, sólo hay dos clases de problemas en el mundo: los que se arreglan solos, y los que se arreglan a hostias. El Apocalipsis, como no podía ser de otra manera, habrá que arreglarlo a hostias. Muchas.
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“Molo tanto que me debería hacer una canción Estopa.”

Veintitrés millones de dolores se han gastado en hacer esta película con actores de segunda fila, en un sólo decorado y casi todo de noche, con lo que tranquilamente en el plano puede estar alguien en el fondo comiéndose un bocata jamón que no te lo estropea: total, no va a salir. Repito: veintitrés millones. ¿Corrupción lo de la Gürtel? ¡Ja! ¡En Hollywood sí que saben cómo hacer desaparecer el dinero que da gusto! Porque desde luego como lo busque uno en la pantalla, no lo va a encontrar. Y en los bolsillos de la gente tampoco, porque lleva recaudados más de cincuenta millones.

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Espectador poco habituado a la molonidad después de ver la peli.

Lo importante no es lo que la película te cuenta, que eso no interesa, sino lo que no te cuenta. Y básicamente no te cuenta nada. ¿Para qué? Como si lo fuera uno a entender. Son asuntos celestiales y punto. Llega un tío raro montado en un coche de la poli que apaga las luces a su paso, ¿y qué vas a hacer? Pues no cuestionas nada: te atrincheras en el restaurante y listo, ¿para qué vas a ponerte a preguntar nada? Es lo bueno de la molonidad: no tiene que dar explicaciones de ningún tipo, y ni mucho menos se espera recibirlas. ¿Por qué la legión de poseídos no hacen un ataque masivo y estampan los coches contra un restaurante endeble apenas protegido por media docena de personas? Pues… porque no. Recordemos la máxima de Roger Rabbit: las cosas sólo ocurren cuando hacen gracia. ¿Por qué el niño es el elegido? Porque sí. ¿Por qué lo de las moscas si luego no pintan nada? Oye, mira, si nos ponemos a pensar las cosas es que no entendemos por qué molan realmente. Es como El libro de Eli o Babylon A.D. Hay hostias, ¿no? Pues entonces no se puede pedir más.

¿Veis qué fácil? Sólo hay que tener una indigestión después de haberse leído el juego de rol Kult, y de haberse leído Preacher y otros comics de la línea Vertigo, y arreando: ya tenemos hecho el guión de esta maravilla. Sale incluso una niña con un globo, con eso os lo digo todo y no os cuento nada.

¿Y cómo acaba la cosa? ¡Con un Deus ex machina! ¡Pero ojito, que aquí está justificado! Si no pones un Deus ex machina en una película de terror sobrenatural religioso, ¿dónde lo vas a poner si no? Un poco de seriedad. Muérete  de envidia, Galactica. Aquí no lo hace todo un ángel, no. Lo hace Dios, que es mucho más mejor. Y Dios igual te dice una cosa que te dice la otra, porque el tío es que tiene esos puntos: me voy a cargar a la humanidad y al niño misterioso, y de repente… va a ser que no. Oye, que para eso eres Dios y eres tu propio jefe: a ti no te puede dar órdenes nadie ni te van a pedir el libro de reclamaciones. Es como las condiciones de los servicios de Google: cuando les apetezca, pueden cerrar el chiringuito. Escribiendo con renglones torcidísimos, joder si estar torcidos, pero al final, como no puede ser de otra manera, todo acaba teniendo sentido. No aseguro que lo tenga si no está uno hasta las cejas de peyote mientras ve la película, pero todo tiene sentido. Algo así como la Biblia, que tampoco es que tenga demasiado si uno lo piensa pero mira, el mayor bestseller de la historia, que luego le echamos la culpa de todo a Dan Brown pero tampoco él fue el primero.

Los actores, bien. Para matarlos lentamente, me refiero. Del arcángel Miguel hace un inglés llamado Paul Bettany, salen un par de chicas monas y luego está por allí pagándose las facturas Dennis Quaid, que provoca una explosión de gas que parece una deflagración termobárica de medio megatón, pero da igual porque mola. Casi a día de hoy el más conocido es el actor que interpreta al arcángel Gabriel, Kevin Durand, reconocible por ser el mercenario hijoperra que sale en Perdidos.

Al final vemos a la nueva Sagrada Familia (o eso suponemos que es): la madre, igualita a Sarah Connor, que suponemos que guiará a su niño en ese mundo postapocalíptico (éste sí que lo es de pleno derecho), el Pepe de turno (pater putatibus, aunque el tipo se llama Jeep), al que le han salido unos tatus sin que sepamos muy bien a “santo” de qué, y un plano final que es epítome de la molonidad que invade el mundo: un todoterreno lleno hasta la bola de armas para resolverlo todo… a hostias.

Qué poquito avanzados estaban en el pasado: Santo Tomás se podría haber ahorrado mucho pergamino y tinta pegando tiros, y como le hubiesen dado un par de pistolas a la Virgen María y a San José para defender a su niño de Herodes y los infanticidas todo habría sido mucho más fácil… y más molón.

legion21
“Que nadie toque a mi baby.”

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:18 AM 0 estupefactos enlaces a esta entrada

12.4.10

El sueño del Photoshop crea monstruos (lovecraftianos)

Como por ejemplo, la Quimera. Photoshop Disasters, cada día una nueva criatura con la que poblar tus más terroríficas pesadillas.

-SuperSantiEgo

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5.4.10

Culturilla friki: Remo Williams, el Destructor

Probablemente muchos recuerden con cariño la siguiente película de yoyas, que además de ser una película de yoyas bastante entretenida tenía sus muy buenos puntos de humor, y no es que se tomase demasiado en serio a sí misma, lo que suele ser bastante de agradecer.

En efecto, se trata de Remo. Desarmado y peligroso. Un verdadero despiporre de película que me acuerdo de haber visto en casa con mi hermano partiéndonos de risa.

Lo que no es demasiado conocido es que la película es la adaptación de una serie de novelitas casi tipo pulp, donde Remo es eso, una especie de James Bond que mamporrea a lo ninja que da gusto mientras tontea con seductoras feminas: Remo Williams, el Destructor. Personaje éste no muy original, ya que surgió al rebufo de otra serie de novelas, las de The Executioner, padre putativo de personajes como El Castigador de Marvel, y que desde su creación entre él mismo y sus secuelas ha acumulado más de setecientas novelas, todas ellas directamente editadas en baratito formato bolsillo. Son, en cierto modo, las continuadoras de la literatura pulp, y entran dentro del género de "aventuras para hombres", donde se junta la tradición literaria de esa literatura pulp con las tendencias cinematográficas, las hazañas bélicas e incluso con la influencia de los comics de superhéroes, que a su vez nacieron en parte tomando como modelo a héroes pulp como Doc Savage o La Sombra.

Probablemente queráis que os cuente qué tal están la novelitas en cuestión, donde todo son organizaciones secretas, femmes fatales, bases escondidas en lo más recóndito de la tierra, y cosas así. Pues ni idea. Primero, porque si son una porquería igual me quitan el buen recuerdo de esa película chusquera, y en el caso de estar bien... pues resulta que son más de ciento treinta títulos, que vienen a ser a los géneros de thriller y de espías algo parecido a la serie de Mundodisco al género fantástico. Como que norl. Una cosa es que me guste saber que estas cosas existen, y otra muy distinta entrar al trapo.

También hicieron tebeítos sobre el personaje, no lo dudéis. La Marvel, que como siempre se apunta a todo.

Walter Simonson dibujando dinosaurios. Qué raro, ¿no?

Para más información, este enlace, este otro, y desde luego la página del sinanju. El sinanju es una supuesta arte marcial de la que luego derivan todas las demás, y de ahí que Remo sea una arma mortal en sí mismo.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:08 AM 3 estupefactos enlaces a esta entrada

3.4.10

La historia de Cristobalón Gran Corazón

Niños, ¿queréis que os cuente la historia de Cristobalón Gran Corazón? ¿Sí?
Pues érase un niño que vivía en una parte alejada del reino, con su madre y con sus hermanos y hermanas.

Todo el mundo en el pueblo quería a Cristobalón porque era un niño muy alegre que recorría las calles silbando animadas melodías.

Y siempre los vecinos, cuando lo veían pasar, decían: Por ahí va Cristobalón, el niño más alegre y simpático del pueblo.

Pero la familia de Cristobalón era muy pobre, y su madre apenas si conseguía ganar dinero.

Así que un día dijo Cristobalón: Mamá, vende todo lo que tengamos y saldré a buscar fortuna para toda la familia.

La madre se lo pensó, y como vio a su joven hijo tan decidido, resolvió hacer lo que él decía.

Con el poco dinero que pudo reunir su madre, Cristobalón se echó a los caminos, y todo el pueblo salió a despedirlo.

Iba Cristobalón tan alegre silbando por los caminos con su hatillo al hombro hasta que llegó la noche, tropezó, cayó en una zanja y se desnucó.

Su cadáver se lo comieron los lobos y de él nunca más se supo.

Fue una pena, porque nunca conoció al gato hablador que le contase de los problemas del rey.

Nunca fue un héroe ni se casó con la hija del rey, y no pudo ayudar a su familia.

Su madre perdió la casa, murió de tuberculosis y sus hermanos acabaron llevando una muy mala vida sin volver a acordarse mucho de Cristobalón.

Y todo por tropezar en una puta zanja.

Y en eso, niños, es en lo que consiste la vida.


-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:42 PM 5 estupefactos enlaces a esta entrada