Imaginaos que estáis en el cine viendo esta película y a los pocos
minutos de empezar se oyen unas risotadas incontenibles. El origen puede
ser cualquier persona que:
a) Haya estudiado física, ingeniería o alguna carrera técnica.
b) Cualquiera que haya ido alguna vez al dentista, allí se encontrara con la
Muy Interesante y se le ocurriese echarle un ojo.
En realidad, esas risas estarían totalmente injustificadas, porque
esta película, como tantas otras, hay que entenderlas en su contexto,
que no es precisamente lo de “es que a estas películas no hay que
pedirles nada, están para pasar el rato y ya está”. No, no: ése es el
camino fácil, más rápido y seductor, que nos conduce por la senda del
Reverso Tenebroso.
Lo que estas películas nos muestran son realidades alternativas,
puertas a otros mundos donde las leyes del Universo son otras y las
personas no actúan como estamos acostumbrados a ver. Simplemente hay que
relajarse, y disfrutar, pero en ningún caso apagar el cerebro, sino
todo lo contrario: hacer que funcione activamente, pero de un modo
distinto para comprender esa nueva realidad. Recordadlo: cuando algo
parezca no tener ni pies ni cabeza ni lógica alguna, es uno de estos dos
casos: “Lo hizo un mago” o “Es que un universo distinto del nuestro”.
Por tanto tenemos que ser unos espectadores activos, y no pretender
que se nos dé todo hecho, sino que debemos ser parte de la propia
narración y rellenar sus huecos, que no están ahí como defecto, sino
como parte fundamental de una nueva forma de entender el arte. Lo que
hacía John Ford, o Orson Wells, que te lo daba todo mascadito y que se
entendía… ¡eso lo hace cualquiera! Es un atavismo del pasado ya
ampliamente superado, y en la actualidad ofendería al espectador
hodierno.
Así que el espectador atento e implicado llega a una conclusión
necesaria: los neutrinos, partículas prácticamente indetectables y casi
sin masa, son en realidad una célula durmiente de Al Qaeda que estaba
esperando el momento de atacar. Un día reciben la llamada de Ben Laden,
que ve que no puede ganar su lucha contra Occidente, y decide destruir a
la raza humana ordenándoles que pasen a comportarse como microondas,
que es lo que se dice en la peli.
-Pero jefe -dice el ayatolah de los neutrinos-. Es que somos muchos
miles de cienes de quatrintillones de neutrinos. Pero muchos… muuuuchos.
Yo no digo na, pero vamos a rosbisar la Tierra en una décima de
segundo.
-No jodas… No me digas que entonces la gente no sufre. Menos mal que
no me lo has dicho. Pues entonces sólo unos cuantos de vosotros, ¿eh? Ya
sabéis: hacedles pasar unos cuantos años de mal rollo. Tres, por
ejemplo.
-Muy bien. Así ya me hago yo los cálculos. Entonces empezamos a
actuar como microondas. Jo, jo, lo que van a llorar esos infieles cuando
se empiecen a evaporar los océanos.
-¿Cómo que los océanos?
-Claro, jefe, es que las microondas funcionan asina. ¿No se ha fijado
en cuando descongela una pechuga de pollo, que si la deja poco el
centro todavía está congelado? Primero se calienta lo de fuera. Lo mismo
que la carne a la parrilla. El calor es eso, e igual que las microondas
son nuestros primos de la gran familia de la radiación
electromagnética. Que a ver si no nos demandan por injerencia
profesional, que ésa es otra.
-Ah, no no no no no. Así tampoco me gusta. ¿No podríais funcionar
como unas microondas que además calientan las cosas de dentro afuera?
Así para hacerlo todo más espectacular y bonito.
-Pues… vale. ¿Por qué no? Si este Universo es lo que tiene, que los
neutrinos podemos hacer lo que queramos: comportarnos como microondas
que funcionan al revés, bailar la sardana o charlar por teléfono. Sí,
venga, sin problemas.
Pero los humanos se dan cuenta, así que empiezan a prepararse para el
desastre. Bueno, se empieza a preparar la gente que importa: políticos,
gente guapa y otros seres que se merecen seguir viviendo, como la que
tiene mucho dinero. Y así pasan tres años, en los que aparentemente no
pasa nada, excepto pequeños incidentes. ¡Qué malos son los neutrinos!
La película transmite valores eternos porque es un canto al
voluntarismo. En realidad, asistimos a la destrucción de la humanidad,
pero no vemos ni un sólo muerto. ¿Para qué? ¿A quién le importa la
chusma? Sólo importan el protagonista y sus allegados, y como sabemos
que él no va a morir, su exmujer tampoco y ni remotamente los niños, los
únicos que realmente despiertan nuestras simpatías son los secundarios,
en especial el novio de su exmujer, que esperamos que muera en cada
escena… hasta que obviamente sucede en el momento preciso. No por
esperada su muerte me resultó menos dolorosa.
Y si hablamos de voluntarismo, es porque descubrimos que en realidad
la única forma de escapar del Apocalipsis es nada menos que correr más
que él. Ni más, ni menos. Tú corre, y sanseabó. En esto, nuevamente,
comprobamos cómo los extremos se tocan, pues en la magnífica
Total
de José Luis Cuerda eso mismo era los que nos decía Agustín González:
“Y entonces llegó el Apocalipsis. ¡Joder, coño! Pero yo corrí más que
él, y por eso me salvé”. Las escenas en estos casos serían más
verosímiles en el caso de que hubiesen sido interpretadas por Bruce
Willis y no por John Cusack, pero tampoco el primero puede estar siempre
disponible y además si este universo es el mismo que el de
Armageddon,
ya está muerto. E imaginaos qué papelón: primero salvan al mundo de un
meteorito gigante, y catorce años después casi se cargan el planeta los
neutrinos yihaidistas. ¿Por qué, por qué a veces eres tan cruel, Dios?
Otro mensaje claro de la película es la necesidad de una nación como
China: un país, dos sistemas y lo peor de cada uno de ellos. Y es que
sólo por medio de la existencia de una ferrea dictadura y de que en su
día se invadió el Tíbet, tiene ahora alguna esperanza la humanidad, ya
que los pocos elegidos son llevados al techo del mundo para ocupar las
nuevas arcas que los salvarán de la inundación universal y sólo en una
dictadura se pudo mantener el proyecto en secreto. Eso, eso sí que es
propaganda a favor de la China comunista, y lo demás son gaitas. Si
todo el mundo hubiese sido una democracia con instituciones
transparentes, la humanidad se habría visto condenada primero al caos y
luego a la extinción. Yo no quiero insinuar nada con esto, pero que cada
uno reflexione sobre el particular y que saque sus propias
conclusiones.
En la película también asistimos a profundos debates éticos: después
de haber dejado morir al 99′9 (añadan varios nueves)% de la humanidad,
en el último momento les da el puntito compasivo por los pobres a los
que se les ha roto el arca. Los presidentes de las principales naciones
votan para acogerlos en las suyas, pero sólo los de los EEUU y la UE. Es
decir: los blancos, a los demás que les den morcilla y sin importar que
estén en China, allí los locales de convidados de piedra y como somos
chinos comunistas eso de votar no sabemos de qué va. Es más: vemos cómo
se cita al presidente de España y se sabe que el de Italia no ha
conseguido llegar. Conclusión: pase lo que pase y se ponga la crisis
como se ponga ya sabemos que Zapatero no va a celebrar elecciones
anticipadas y que se va a amarrar al sillón, fijaos qué casualidad,
hasta el 2012, que es cuando tocan elecciones. Federico, chicos de
Intereconomía: no sé a qué estáis esperando para empezar a zaherir al
gobierno y que expliquen qué piensan hacer cuando llegue el fin del
mundo, porque siendo como son los malvados sociatas seguro que dejarán
morir a todo el mundo y se salvarán ellos. ¡El mundo se acaba y Zapatero
es culpable! En cuanto a lo de Berlusconi… el espectador sagaz sabe que
o bien se distrajo en alguna de sus mansiones gozando del famoso “el
último antes del Apocalipsis”, o bien sencillamente le dieron la
dirección equivocada a mala uva. No lo neguéis: todos los haríamos. Lo
de “el último antes del Apocalipsis”, me refiero.
Bueno, lo importante es que después de tantas calamidades, en las que
cambian los polos magnéticos sin que dejen de funcionar los teléfonos
móviles, hay una explosión en Yellowstone donde uno sufre más por el
pobre Oso Yogui que por Woody Harrelson, y se deben haber lanzado a la
atmósfera un millón de veces más polvo y cenizas que en las erupciones
del Krakatoa, Thera y Toba juntas… como estamos en otro universo al
calmarse las aguas los cielos están despejados y las arcas que han
sobrevivido se encaminan hacia la única masa de tierra que sigue
emergida y que será la nueva Pangea: África, que nos dicen que “ha
quedado elevada varios miles de metros”. Curiosamente, a pesar de ello,
el continente tiene la misma forma que antes, porque en este universo el
lecho marino es completamente plano.
Y es entonces cuando uno piensa inevitablemente una cosa: que quizá
la elevada África no sufrió unos efectos tan devastadores de los
tsunamis y es posible que sobreviviera alguna gente, lo que abriría paso
a una segunda parte:
2013 (ya sabes lo que tienes que hacer
para ver si me crece), en la que veríamos cómo los aguerridos últimos
supervivientes de la única civilización que se merece ese nombre toman
posesión de unas tierras… en las que se verían obligados a llevar una
precaria vida de subsistencia tipo esquimal en un clima de alta montaña
absolutamente asqueroso.
Y claro: también deducimos entonces que los neutrinos han
reflexionado sobre lo desacertado de su conducta y han decidido
abandonar la lucha armada, ya que el proceso se detiene y la destrucción
del planeta no continúa.
-Ben Laden, colega, que ya sé que no nos oyes porque habrás muerto:
casi que lo dejamos, ¿eh? Esta gente es como las cucarachas, no los
matamos ni a tiros. Y además esto de trabajar de microondas… es muy
estresante.
Sólo una cosa más: ahora que ya ha habido un presidente negro en la
Casa Blanca, sobra ponerlos en las películas, y aun así espero que en
las escenas eliminadas aparezca la versión en la que Danny Glover ve
cómo se le cae encima un portaaviones y su última frase es:
“Soy demasiado viejo para esta mierda”.
“¡Cachis! ¡Y yo sin mi tabla de surf a mano!”
(Eso habría dicho Serpiente Plissken de participar en esta película.)
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