Libro: El Necronomicón, de "H. P. Lovecraft"
Algunos al ver el título de la entrada habréis pensado, con razón, que de que puñetas va esto. Obviamente, El Necronomicón no existe. Bueno, sí, en realidad sabemos que sí existe, pero que es muy difícil encontrar una copia, y allá tú cuando lo leas. Por eso, también he puesto en el título el nombre de H. P. Lovecraft entre comillas.En realidad se trata de una recopilación de relatos y otros materiales de los Mitos de Chtulhu, que por si algún despistado todavía no lo sabe es el corpus literario creado por Lovecraft y algunos de sus seguidores, primero en vida de él y después de su muerte. Es por lo tanto una antología, donde, más o menos, El Necronomicón sale o se deja ver un poco en los relatos. En algunos se deja ver tan poco que casi se podría decir que como mucho se asoma.
Como toda antología, tiene un antólogo, un señor que se dedica a reunir el material y, en ocasiones, hace un prólogo o algo parecido. Probablemente recordaréis esa faceta de Asimov, que mandaba a algún machaca a reunir cuentos de los que se acordaba, o le daban una lista de relatos, él hacía algún comentario ingenioso sobre cada uno de ellos totalmente desprovisto de spoilers (el Buen Doctor era un caballero), y arreando. Sin más complicaciones y sin necesidad de hacer el tonto.
Bueno, pues aquí tenemos a un listillo que se dedica a joder la antología y, de paso, lucir palmito. El señor responde al nombre de Robert M. Price, que me sonaba menos que el de Chindasvisto hasta que una oportuna visita a San Google me aclaró quién era el payo. Si queréis buscadlo vosotros mismos, pero para que os hagáis una idea es crítico bíblico, ex sacerdote y actualmente ateo cristiano, lo que demuestra que en este mundo tiene que haber de todo. Que en su página personal sobre sus labores académicas incluya la siguiente imagen tampoco me ayuda a que me caiga bien.
Probablemente algunos me habréis oído decir una de mis frases preferidas, la de "El posmodernismo todo lo que toca lo convierte en mierda", así que imaginaos lo que es leer el ensayo introductorio con el señor citando a Derrida e intentado demostrar que Lovecraft mola porque es muy profundo en términos deconstruccionistas, y de paso citando a Roland Barthes y su "El autor no existe", un crítico cuyos libros deberían llevar el símbolo de riesgo biológico bien claro en la portada. Claro, listo, el autor no existe y por eso nos cuelan el nombre de Lovecraft en la portada, aunque suyas sólo son unas pocas páginas, y por eso Lovecraft ha conseguido que su apellido se convierta en un adjetivo con significado claro en buena parte de las lenguas (lovecraftiano), algo que muy pocos, como Kafka, han conseguido. A lo de "El autor no existe" la única respuesta digna es "El autor no existe, la cuchara no existe, madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle".El resto de los relatos no se puede decir que causen pavor, pero el prólogo sí, os lo garantizo. Luego empiezan los relatos, cada uno con una glosa perfectamente prescindible del antólogo. La verdad es que el primero, El pergamino terrible, es muy malo, no sé cómo se les ocurrió la peregrina idea de incluirlo porque es un fanfiction malo de pan pedir, pero luego la cosa mejora, hay un relato de Silverberg y otro de Frederick Pohl, y para mi gusto el mejor es El muro de Settler, que está bastante bien conseguido.
Y así llegamos a la página 177 de las 437 que tiene el libro. Lo que viene después es malo de narices. Vamos a ver, si es que hasta lo pone en el prólogo y es de sobras conocido para el que conozca la obra de Lovecraft: El Necronomicón, por definición, no puede existir. Es uno de los McGuffin fundamentales de la obra de Lovecraft, y cuando sus apóstoles o besaculos le insistían para que lo escribiese de verdad me imagino al pobre Howie poniendo los ojos en blanco antes de explicarles que entonces se rompería todo el encanto, que ya sabemos todos desde el principio que el huevo está vacío y aquí sí que no se engaña a nadie, que la gracia está en poner pequeños pasajes y saber luego lo que pasa a los que lo leen de verdad, y que en todo caso se podría hacer, según el mismo Lovecraft, una versión expurgada, pero de las partes más anodinas y sin peligro, y que entonces no tendría gracia. Por eso, porque Lovecraft era un tipo listo, nunca escribió El Necronomicón.
"Niño, no metas los dedos en el enchufe, que te da calambre y llorarás. Niño, no metas los dedos que te va a dar calambre. Entiendes lo que te digo y lo que te pasará si metes los dedos en el enchufe, ¿verdad?" "Sí, papá. ¡UAAAAAAHHH!" "Niño, ¿has metido los dedos en el enchufe?" "Sí, papá. Y me ha dado calambre." "¿Por qué has metido los dedos en el enchufe, si sabías lo que iba a pasar? "Nosssé."
Pues aquí lo mismo: igual que cuando papá sale de la habitación el niño mete los dedos en el enchufe a ver si es verdad que da calambre, es morirse Lovecraft y una panda de idiotas se pone a escribir versiones de El Necronomicón. De paso, para disimular, dicen que son "apócrifas". ¿Pues si son apócrifas para qué las quiero? Si tuviesen gracia, aún, pero si me presentan una especie de remedo de estilo de Las mil y una noches con un árabe no se sabe si loco pero sí algo afásico contando chorradas de forma cansina, pues me dan los siete males. Si os lo dijo Lovecraf: ¿para qué hacerlo, si va a salir una tontería? ¿Qué necesidad hay de demostrar empíricamente lo que ya dijo el padre del invento? El huevo está vacío, todos lo sabemos y lo aceptamos, estamos conformes, así que no hay necesidad de romperlo para ver que dentro no hay nada. A vosotros sí que se os tenía que merendar Cthulhu, y yo le pago el vino y los postres.
Y así llegamos a la página 327, donde están las ¡cinco! únicas páginas que son de Lovecraft, supongo que para justificar poner su nombre en la portada. Después un breve ensayo de un supuesto discípulo de Abdul Alhazred, y el señor Robert M Price, mi nuevo héroe, se reserva nada menos que unas ochenta páginas para hacer lo que se supone que es una enorme gracieta o genialidad, que es escribir un ensayo soporífero con jerga posmoderna estructuralista como si El Necronomicón existiese de verdad, con bibliografía inventada a pie de página, referencias y todo lo demás. Vamos, algo que incluso cuando es en serio y sobre algo que te interesa suele ser un peñazo, pero en este caso sobre una soplapollez y sin ningún sentido. ¿Os acordáis del falso ensayo científico de Asimov sobre la tiomotilina resublimada, una substancia que no existe? Era corto, simpático y el jodío tenía gracia para escribir esas cosas, hay que reconocerlo. Bueno, pues esto es justo al revés. Eso no se lo traga ni Umberto Eco jarto de pastis.
Te odio, Robert M Price. Mucho. Te odio más. Así ardas en el infierno de los cristianos ateos.
Respecto a la traducción, muy normalita, y con un fallo garrafal que no entiendo. Vamos a ver: eón es una palabra de origen griego que no tiene ningún problema, y siempre se ha traducido así "strange aeons": extraños / desconocidos / ignotos eones. ¿A qué viene tracucirlo como "evo", empezando porque no es lo exactamente lo mismo? Dios es eterno, no tiene principio ni fin, mientras que las almas y los ángeles son eviternos, tienen principio pero no fin. De acuerdo que "evo" es "duración de tiempo sin término" y podría ser sinónimo de eón pero A) Siempre se ha traducido "aeon" por "eón", la tradición también cuenta, además de ser una buena traducción y B) No es de recibo estar leyendo a Lovecraft y que de vez en cuando te venga a la cabeza la imagen del actual presidente de Bolivia.
Así pues, si os prestan el libro ya sabéis que hay unos relatos bastante majos, que hay un capullo de por medio diciendo chorradas y que hay una parte que podría valer como una curiosidad a descargarse de Internet si uno es muy completista de los Mitos de Cthulhu, pero que para ocupar la mitad de un libro ni de coña.
Para terminar, y para conjurar el que todo lo que toca la infección posmoderna todo lo convierte en mierda, comentaré brevemente los que, a mi modo de ver, constituyen los mejores puntos de la obra de Lovecraft:
Lo primero no está dentro de la obra de Lovecraft sino de forma implícita. Aunque él ya jugaba a ser no más que un simple intérprete de unos textos y conocimientos prácticamente olvidados, entre sus seguidores, y sobre todo su público, hay una especie de consenso de integrar al propio Lovecraft y a su obra en los mismos Mitos de Cthulhu, lo que me parece que no sólo es un espléndido homenaje, sino una forma de dar una completa coherencia a su obra. Me explico: en muchas ocasiones el ente de ficción, cuando ha alcanzado la fama, queda excluido del marco de refencia donde se mueve, de modo que las películas de James Bond se desarrollan, por así decirlo, en un mundo exactamente igual al nuestro (bueno, con más tías buenas por metro cuadrado), pero en el que no existen las novelas ni películas de James Bond, y por eso cuando dice lo de "Mi nombre es Bond... James Bond", la gente no se parte de risa a su alrededor. Del mismo modo en el Universo Marvel no existen lógicamente los comics de superhéroes (bueno, sí existen, pero nos entendemos), y así en general. Sin embargo en la interpretación de los Mitos de Cthulhu cualquier autor, por el hecho de citar los Mitos y El Necronomicón, no se excluye ni él mismo ni a su obra de los Mitos, sino que puede citar a los autores anteriores como referencias perfectamente válidas, y puede pasar a formar parte él mismo como referencia de esos mitos. Los Mitos no son menos ciertos porque haya ficción sobre ellos, ya que la ficción es en cierto modo una forma de documentarlos y de transmitirlos. ¿Qué va a haber sobre esos seres sino mitos y leyendas? En cierto modo esto también transmite una inseguridad muy interesante: el saber que los Mitos son ficción no inmuniza contra ellos, que sean un mundo imaginario no nos protege ya que en varios relatos el hecho de saberse los protagonistas lectores externos no los libra de verse atrapados. Esto se refleja muy bien en En la boca del miedo, película con sana mala uva lovecraftiana y de final totalmente delirante e incomprensible en el buen sentido, como debe ser. También vi una película de ambiente lovecraftiano en el que unos niños eran marcados de pequeños, y luego de mayores iban siendo reclamados por criaturas asquerosas del otro lado del espejo, pero ahora no me acuerdo del título.

Hay una novela gráfica que, me parece, es en cierto modo la culminación de todo esto, y que por lo menos para mí podría considerarse canónica. En principio iba a ser el guión de una película, pero como no pudo ser se convirtió en novela gráfica. Consistía poco más que en la biografía de Lovecraft, pero dando por hecho que no sólo él tenía, heredada de su padre, una auténtica copia de El Necronomicón, sino que toda su obra era una forma de dar a conocer solapadamente al mundo el peligro que le acechaba, y en cierto modo detenerlo, ya que mientras la gente siguiese leyendo su obra y recitando los conjuros que había en sus relatos, los Primigenios seguirían manteniéndose a raya. Supongo que es aventurado pensar esto, pero creo que a Lovecraft le habría encantado no sólo ver su obra integrada de forma autoreferencial en sus propios Mitos, sino además esta reinterpretación en particular de él como verdadero conocedor de primera mano de esos escritos. Por lo que sabemos y por sus cartas, estos juegos y referencias entre sus relatos y los de sus seguidores le encantaban.
El segundo punto a resaltar de la obra de Lovecraft, y que me parece tan importante que no entiendo cómo algunos no lo han terminado de pillar, es que todo pivota, gira y se desarrolla a través de una completa negatividad, tanto conceptual como literaria. Lo importante no es lo que se dice, sino lo que no se dice, o lo que es más grave: lo que no se puede decir aunque se quiera, lo que no hay forma humana de decir ni de expresar. De ahí que el concepto "lovecraftiano", por lo menos yo así lo entiendo, es un intento del lenguaje de suplir esa falla, ya que Lovecraft nos habla de algo que es "unspeakable", aquello que no se puede decir, indecible y por lo tanto inaudito, aquello que es inenarrable. Lo lovecraftiano no es el horror, es lo que está después, no es el grito ante el horror sino quedarse sin voz ante algo que está más allá del horror, y como no podemos ni nombrarlo nos tenemos que inventar una palabra para superar ese límite, y lo llamamos "lovecraftiano". No hay mejor legado o posteridad que el diccionario, hacerse uno con el mismo lenguaje. El horror lovecraftiano es aquello que está más allá de la razón, de la geometría razonable de nuestros sentidos, un abismo tan oscuro y profundo que daña la mente sólo al intentar comprenderlo, algo tan denso que atrapa todo pensamiento y voluntad. El Necronomicón no destruye el espíritu del que lo lee por contener narraciones de torturas abominables o descripciones de seres maléficos, que también, sino fundamentalmente porque es un libro que habla de cosas que la mente humana no puede asimilar ni comprender, una sabiduría impía no por sus contenidos, sino por su estructura que afecta a la percepción, y por lo tanto al propio ser de aquél que accede a ella, que no es que se vuelva loco en un sentido estricto de la palabra, sino que se ve afectado por la naturaleza esencialmente aberrante y multidimensional del Universo, ya que lo básico de nuestra existencia y su percepción, el espacio y el tiempo, no son más que eso, ilusiones en las que fundamentamos eso que llamamos cordura. Los que se adentran en los Mitos de Cthulhu no pierden la razón ni se vuelven locos, pero como no tenemos palabras para expresar lo que realmente les ha sucedido es así como los catalogamos.
Por un lado, Lovecraft puede ser interpetado, si se me permite, como una versión un tanto libre de la primera filosofía de Wittgenstein, que nos decía que de aquello de lo que no se puede hablar, mejor es estar callado, aunque terminó reconociendo que, lo quiera o no, el ser humano es en buena medida darle a la húmeda, así que de todos modos, tenga sentido o no o sea el lenguaje una escalera o una barra de bomberos que luego hay que retirar, es inevitable intentarlo; y Lovecraft, aunque habla de lo que es indecible, inenarrable, no puede evitar seguir dando vueltas alrededor de ese incognoscible que nos atrae, pero que si nos acercamos demasiado nos atrapa y devora, tanto en su esencia íntima expresada en el párrafo anterior como en la otra interpretación que podría relacionar el famoso terror cósmico ateo con el existencialismo más negativo: el ser consciente de la soledad del ser humano en un Universo en el que le ha tocado vivir, de casualidad, en una época de relativa calma, que su gloria es efímera ya que de un modo u otro "ellos volverán", que no hay protección posible ni transcendencia personal o colectiva, e igual que el viajero del tiempo de H G Wells contempló el final del mundo donde nada ni nadie se lamentaba porque el ser humano hubiese dejado de existir sin dejar huella ni ningún recuerdo perdurable, saber que todo, de un modo u otro y por muchos miles de años que se sigan leyendo las obra de Lovecraft para mantenerlos al otro lado de la puerta, el tiempo juega a favor de aquéllos que saben que terminarán por volver, que pueden esperar incontables eones si hace falta a que ante ellos claudique la muerte, y que al final todo, no importa qué, habrá sido para todos nosotros en vano.
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria




























18 Comentarios:
Su santidad MVE nos proteja...
Por lo demás... Cómo coño es un ateo cristiano?... Digo, yo es que soy ateo cristiano, musulmán, budista, hinduista y etcétera..: Eso me hace molar más?... Yo también puedo prologar?
Por cierto, para ensayos lúcidos y bien realizados sobre temas inexistentes y bibliografías no escritas, Vacío Perfecto de Lem
Los ateos cristianos no creen en la existencia de Dios y tampoco creen probable que existiera Cristo como figura histórica, pero consideran su mensaje y tradición como valiosas y como una forma de vida.
Vamos, que en el mundo tiene que haber de todo.
Un ateo cristiano es uno que dice que, puesto que el cristianismo es la única religión verdadera y él no cree en ella, no va a creer en las demás.
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Por cierto, no viene mucho al caso, pero si os gusta Lovecraft no sus perdáis "La llave del abismo", de José Carlos Somoza.
Una nueva 'aproximación interesante' a los mitos se puede encontrar en 'The black dossier', de la serie 'The league of extraordinary gentlemen' pero en general resulta cansino encontrar tantas versiones, reinterpretaciones, homenajes y parodias.
Y a quien vuelva a escribir aunque sólo sea un párrafo apócrifo del Necronomicón deberían prohibirle jugar a rol durante diez años. Por lo menos.
Fenomenal artículo y fenomenal jeta la del pavo que comercializa un libro con el título de Necronomicón
No he leído a Lovecraft en inglés, así que no se si es cosa de una mala traducción que se ha ido perpetuando o no, pero lo de los "evos" me lo he encontrado en más de una traducción y en más de dos...
Yo me lo leí hace mucho tiempo y no recuerdo las ediciones, pero desde luego era "eones", o eso me dice mi memoria.
En la edición chachipiruli en dos tomos que hay ahora no sé cómo lo habrán puesto, la verdad.
No quería fiarme de mi memoria, así que lo he buscado, y en mi edición de Los mitos de Cthulhu (Alianza Editorial), comprada hace casi veinte años, sí aparece traducido eons como evos. Lo he encontrado en el relato Reliquia de un mundo olvidado, traducido por Francisco Torres Oliver, pero lo recuerdo en alguno más de la antología, así que diría que no se trata de un uso actual, sino que lo introdujo ese señor hace ya bastante años.
Pues quizá sea de antiguo y no me acuerdo. Pero vamos, un lucimiento de los guapos de una manera o de otra.
«Que no está muerto lo que puede yacer eternamente, Y en los eones por venir aun la muerte puede morir.»
Así está en la edición de su narrativa completa, según me cuentan.
Esa frase en concreto sí que la he visto siempre así. Pero los evos por aquí y por allá van saliendo.
(y yo la edición esta chupiguay de Valdemar no la tengo. Yo tengo las obras completas en una edición übercutre que hizo Edaf, dirigida y con prólogos de Domingo Santos. Prólogos con los que estoy seguro que habrías disfrutao como un enano, que no sólo se dedica a spoilear a diestro y siniestro sino que demuestra que no se ha enterado de nada)
Yo me lo leí todo, pero a salto de mata y en distintas ediciones, como casi todo el mundo. Las ediciones de Valdemar de Poe y Lovecraft, eso sí, son además de hermosos tomacos que pueden poner al lado de la Espasa, verdaderas armas contundentes, con las que de paso que lees praticas halterofilia.
Amos a ver, estoy de acuerdo en la mayor parte de las reflexiones que viertes en esta crítica... pero no sé, a mi la mayor parte de los relatos me parecieron divertidos. No sufrí tanto con su lectura, me temo.
Yo no he dicho en ningún momento que se sufra.
En todo caso con el prólogo de este libro y los comentarios de ese señor, que sí que hacían daño.
Desde que, en mi primera adolescencia, me quedé fascinado por la portada y contraportada del directo de Iron Maiden "Live after death", no dejé de buscar la traducción de las extrañas palabras grabadas en la lápida de la tumba de Eddie... "even death may die..."
Finalmente me topé con el señor Lovecraft, y descubrí un filón insano de literatura y demencia que me encantó... Tiene usted razón, sr Ego, lo mejor de Lovecraft es precisamente lo que no cuenta, y lo que mejor sabe hacer el autor es preparar y construir toda esa atmósfera pesada y oprimente que te predispone al horror, aunque nunca se muestre...
Por cierto, lo de ateo cristiano me parece una verdadera patochada. Yo, por ejemplo, soy ateo, sin más adornos...
Muy bueno el trozo en torno a lo "inefable" y tal. De acuerdo con usted salvo en la parte en la que expresa sus manías personales: evo me resulta una palabra bastante legitimada dentro del género, y Roland Barthes, si no recuerdo mal lo poco (casi nada) que leí de él, no es tan horrible.
¿Ateo cristiano no era también Gustavo Caótico Bueno? Un filósofo que ahora parece más bien Neutral Malvado, la verdad.
No, si lo de "evo" no es tan grave. Sólo que no se explica habiendo una traducción directa, y además en el diccionario y que se entiende, que hasta se utiliza en geología.
Sí, Gustavo Bueno también va de eso.
De todos modos es cierto que se suele hablar de ateísmo respecto al propio entorno, de modo que en cierto modo en Occidente se es es ateo cristiano. Ser ateo del animismo africano aquí no tiene mérito. Cada ateo lo es de forma diferente respecto a la cultura religiosa dominante: a nosotros la reencarnación nos importa un pito y nos da como que lo mismo, pero en la India para pasar de ello ya hay que ponerse, porque es algo que impregna toda su cultura y forma de ver el mundo.
Hombre, eso ya no. A-teo es "no religión". Oseasé: no-Cristo, no-Yahvé, no-Animismo, no-Thor, no-Marduk.
No, Kike. Ateísmo es no-teísmo, no dioses. Pero se puede ser deísta, que es otra cosa.
Eso sí: la popularización internetera del ateísmo en plan banda de burros diciendo chorradas y simplificando todo es imparable.
Son términos bien definidos desde hace cientos de años. No hace falta joderlos ahora.
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