Libro: Conan, de Robert E. Howard
Para relajar después del tocho chino que me tragué y sabiendo las duras pruebas literarias que dentro de poco tendré que enfrentar por decisión propia, pues decidí relajarme un poco releyendo a uno de los reyes del pulpo. Así que me leí los dos primeros, según la antigua colección de Martínez Roca, la de los lomos amarillos para entendernos, y que seguro que muchos recordaréis, y que vienen a ser Conan y Conan el Cimmerio.
Bueno, pues muy bien. Vamos a ver, que Howard nunca pretendió hacer otra cosa que escribir relatos de un tipo que iba por el mundo dando mandobles y matando a todo lo que se ponía por delante. Hay que partir de ahí. Literariamente, parece que ni lo intenta, y en eso se aleja de algunos coetáneos suyos como Lovecraft y Ashton Smith, y sobre todo el primero intentaba darle un acabado y pulido lo más resultón. Como dice L Sprage de Camp en el prólogo: "Cuando están bien escritos, estos relatos proporcionan la diversión más pura que puede ofrecer una novela de cualquier género. Están concebidos fundamentalmente para divertir, no para educar, elevar el espíritu ni convertir a nadie a ninguna fe o ideología." Howard en su estilo es como el mismo Conan con su hacha y el resto de sus personajes: expeditivo y sin miramientos. Va a lo que va. De todos modos llega un momento en que se hace un poco cargante: se puede aceptar el consabido "se le heló la sangre en las venas" una vez por relato, pero varias veces en el mismo... Otrosí causa cierta sorpresa que un personaje, que ve a otro a la distancia, se dé cuenta de su hedor, menuda pituitaria, o que Conan reducido a galeote en una sentina infecta y con una dieta poco menos que de subsistencia, en quince días se haya puesto más fuerte y aumentado su musculatura. Ya, es de ser pejiguero, pero no soy culpable de saber que una persona obligada a un sobreesfuerzo físico y con una ingesta deficiente de proteínas lo que hace es consumir sus propios músculos hasta quedar hecho una piltrafa.
Sobre los argumentos, tampoco nos encontraremos con ninguna sorpresa: básicamente Conan va de aventuras por la Era Hibórea luchando, bebiendo y jincando con cuanta fembra placentera se le ponga por delante, que en aquella época las mujeres no se cortaban al encontrar tan vigoroso machote. También llega un momento en el que uno dice: jo, mira que son cortos estos libros y lo de la estatua/momia/ídolo que vuelve a la vida se repite como el ajo, del mismo modo que sabemos que todo acompañante o medio amigo de Conan tiene menos futuro que el de la camisola roja en un episodio de Star Trek, porque palman del tirón.
Sobre las posibles lecturas ideológicas de Conan, me parece que sería buscar donde no hay. Todo tiene su mensaje, desde luego, pero hasta cierto punto el universo de Howard es a ese respecto más simple que el asa de un cubo: igual que en la naturaleza no hay posibilidad para la discusión moral, Conan vive en un mundo, la Edad Hibórea, regida por la ley del más fuerte, donde sobrevive el más cachas, y tanto él como muchos de sus habitantes parecen haber aceptado eso tanto para lo bueno como para lo malo. Te mato, pues mejor para mí; me matas, pues qué se le va a hacer. De todos modos Conan mantiene, dentro de lo que cabe, un cierto código del honor: no se aprovecha de los que son notoriamente más débiles que él, no fuerza a ninguna mujer y... poco más. Conceptos como la palabra dada, los pactos y otras debilidades propias de los pueblos civilizados no entran del todo dentro de su mentalidad de bárbaro, y aunque con el tiempo llegue a conocer esas civilizaciones y sus costumbres nunca dejará de ser en el fondo un bárbaro de las estepas sin más lealtades que la simpatía personal. En cierto modo Howard presenta una versión perversa del mundo rousseniano, pero en vez del buen salvaje tenemos al buen bárbaro, un estado prístino del ser humano en el que no imperan la paz y los buenos afectos, sino la lucha de todos contra todos y la pura voluntad de poder de imponerse a los demás por la violencia, la vida luchando contra ella misma en una orgía de muerte y destrucción en la que pueblos más jóvenes y vigorosos eliminan los vestigios de civilizaciones pasadas para luego ser a su vez borradas cuando entren en decadencia. Es curioso observar también la idea que tiene Howard de la evolución, ignoro si por no entender sus rudimentos o simplemente porque él quería expresarlo así literariamente: hay razas que, pasado su momento de gloria, involucionan a estados casi simiescos, mientras que algunas tribus lejanas y apenas reconocibles como humanas se supone que con el tiempo llegarán a ser humanas. La Era Hibórea es, por así decirlo, la famosa Edad de Oro, pero una versión violenta y heroica, en la que el más humilde de entre los hombres sería mejor y más fuerte y noble que el mejor de nuestra época, tal como el mismo Howard expresó en su ciclo de la memoria racial, en la que hombres del presente tenían visiones de esos lejanos antepasados rubios, de elevada estatura y con cuerpos fibrosos capaces de enfrentarse sin temor a cualquier raza inferior o monstruo que sobrevivió a una edad ya olvidada.
De estos dos libritos destacaría el que quizá es el mejor relato, La reina de la costa negra, donde además de saber que lógicamente las capitanas piratas andan mundo adelante prácticamente como Crom las trajo al mundo, tenemos este interesante diálogo:
"-¿Cómo son los dioses de tu pueblo? Nunca te he oído hablar de ellos.
-El dios principal es Crom, que vive en una gran montaña. Pero de nada vale invocarlo. Le importa muy poco si los hombres viven o mueren. ¡Es mejor callar que reclamar su atención, ya que suele enviar desdichas y no fortuna! Es implacable y sin compasión, pero infunde poder para luchar y matar en el momento de nacer. ¿Qué más puede pedir un ser humano?
-¿Y cómo es vuestro mundo, más allá del río de la muerte? -insistió ella.
-En el culto de mis gentes no hay esperanza aquí ni en el más allá -respondió Conan-. En este mundo los hombres luchan y sufren en vano, y sólo encuentran placer en el torbellino enloquecedor de la batalla; una vez muertos, sus almas entran en un reino gris, lleno de nubes y azotado por vientos helados, donde vagan tristes y melancólicas durante toda la eternidad.
Belit se estremeció y dijo:
-Por mala que sea la vida, es mejor que semejante destino. ¿Tú qué crees, Conan?
El cimmerio se encogió de hombros una vez más y dijo:
-He conocido muchos dioses. Quien niegue su existencia está tan ciego como el que confía en ellos con una fe desmesurada. Yo no busco nada después de la muerte. Puede que exista la oscuridad de la que hablan los escépticos nemedios, o el reino helado y nebuloso de Crom, o las llanuras nevadas o los grandes salones de piedra del Valhalla de los habitantes de Nordheim. No lo sé, ni me importa. Que me dejen vivir intensamente mientras viva; quiero saborear el rico jugo de la carne roja y sentir el sabor ácido del vino en mi paladar, gozar del cálido abrazo de una mujer y de la jubilosa locura de la batalla cuando llamean las azules hojas de acero; eso me basta para ser feliz. Que los maestros, los sacerdotes y los filósofos reflexionen acerca de la realidad y la ilusión. Yo sólo sé esto: que si la vida es ilusión, yo no soy más que eso, una ilusión, y ella, por consiguiente, es una realidad para mí. Estoy vivo, me consume la pasión, amo y mato; con eso me doy por contento."
Conan, de un plumazo, ha dado con la clave del idealismo, y en dos patadas ha creado un sistema vitalista y existencialista de corte positivo. Y esto nos hace recordar por supuesto esto otro, la famosa oración a Crom por parte del Chuache en el mejor papel de su carrera, con ese maravilloso acento bárbaro que le salía tan natural porque era así como hablaba entonces.
Digamos que todo esto lo refleja muy bien: Howard propone un mundo bruto, pero bruto como él solo, donde la vida es un continuo deporte de alto riesgo. Bruto, sí, pero sincero. Tampoco hay que darle demasiadas vueltas ni buscas extraños mensajes donde no los hay, aparte de esa visión un tanto violenta y radicalmente nihilista de la vida. Naturalmente, también es una propuesta completamente tramposa que apela al egoísmo y narcisismo del lector: dado que estas obras, e incluso todo el género, no son en el fondo sino típicas fantasías de poder adolescente, es fácil identificarse con el héroe dotado por el autor de todas las cualidades y valores, como el mismo Conan dice que hace Crom con los humanos, mientras que el resto de los personajes, poco más o menos, vienen a ser comparsas, muñecos a los que matar y que están poco más que de relleno. Si Conan tiene la profundidad psicológica de un fraggel, el resto de personajes ya os lo podéis imaginar. Vale que, como nos dice Sprage de Camp no sea sino pura literatura escapista, pero toda obra literaria se basa en una serie de ideas y valores, estén explícitos o no, y aunque no sea la intención del autor en principio, siempre comunica y presenta de algún modo su visión del mundo, del ser humano y de algunas ideas. De todos modos, si alguna carga reaccionaria tiene el personaje y su mundo, es tan simplona y elemental que hay que ser muy cenutrio para no verla.
Sobre el legado de Howard, creo que le ocurre justo al contrario de lo que a su maestro y amigo Lovecraft: lo que aportaron los epígonos y seguidores de Lovecraft no es gran cosa, mientras que los que reinterpretaron la obra de Howard, en especial Conan, le dieron una dimensión realzada. Al cambiar de medio, de la literatura al cómic y el cine, el personaje y sus aventuras adquieren una fuerza que apenas si se ve en el original. De hecho, al leer estos relatos no nos queda otro remedio que apoyarnos en la imaginería que desde principios de los setenta creó para el personaje Marvel, como Barry Windsor smith y sobre todo John Buscema. Howard apenas si se molesta en explicarnos cómo son esas ciudades y templos de ensueño, porque sencillamente apenas si describe con cuatro pinceladas.
Aun así, y considerando que el personaje en principio ya está libre de derechos y cualquiera podría escribir algo sobre él como se podría hacer con los tres mosqueteros de Dumas, es poco probable que nadie se escape del esquema "Conan mata a monstruos y a todo el que se le pone por delante". No creo que nadie se ponga a escribir una enrevesada novela sobre las intrigas en los palacios de Aquilonia, en los que un ya maduro rey Conan medita por sus pasillos sobre la futilidad de las acciones humanas y de la soledad del ser humano, y comprueba que ante la falsedad y la traición no hay hacha que valga. Probablemente los primeros en crucificar al autor de semejante osadía serían los fanboys de turno guardianes de la ortodoxia.
Bueno, pues muy bien. Vamos a ver, que Howard nunca pretendió hacer otra cosa que escribir relatos de un tipo que iba por el mundo dando mandobles y matando a todo lo que se ponía por delante. Hay que partir de ahí. Literariamente, parece que ni lo intenta, y en eso se aleja de algunos coetáneos suyos como Lovecraft y Ashton Smith, y sobre todo el primero intentaba darle un acabado y pulido lo más resultón. Como dice L Sprage de Camp en el prólogo: "Cuando están bien escritos, estos relatos proporcionan la diversión más pura que puede ofrecer una novela de cualquier género. Están concebidos fundamentalmente para divertir, no para educar, elevar el espíritu ni convertir a nadie a ninguna fe o ideología." Howard en su estilo es como el mismo Conan con su hacha y el resto de sus personajes: expeditivo y sin miramientos. Va a lo que va. De todos modos llega un momento en que se hace un poco cargante: se puede aceptar el consabido "se le heló la sangre en las venas" una vez por relato, pero varias veces en el mismo... Otrosí causa cierta sorpresa que un personaje, que ve a otro a la distancia, se dé cuenta de su hedor, menuda pituitaria, o que Conan reducido a galeote en una sentina infecta y con una dieta poco menos que de subsistencia, en quince días se haya puesto más fuerte y aumentado su musculatura. Ya, es de ser pejiguero, pero no soy culpable de saber que una persona obligada a un sobreesfuerzo físico y con una ingesta deficiente de proteínas lo que hace es consumir sus propios músculos hasta quedar hecho una piltrafa.
Sobre los argumentos, tampoco nos encontraremos con ninguna sorpresa: básicamente Conan va de aventuras por la Era Hibórea luchando, bebiendo y jincando con cuanta fembra placentera se le ponga por delante, que en aquella época las mujeres no se cortaban al encontrar tan vigoroso machote. También llega un momento en el que uno dice: jo, mira que son cortos estos libros y lo de la estatua/momia/ídolo que vuelve a la vida se repite como el ajo, del mismo modo que sabemos que todo acompañante o medio amigo de Conan tiene menos futuro que el de la camisola roja en un episodio de Star Trek, porque palman del tirón.
Sobre las posibles lecturas ideológicas de Conan, me parece que sería buscar donde no hay. Todo tiene su mensaje, desde luego, pero hasta cierto punto el universo de Howard es a ese respecto más simple que el asa de un cubo: igual que en la naturaleza no hay posibilidad para la discusión moral, Conan vive en un mundo, la Edad Hibórea, regida por la ley del más fuerte, donde sobrevive el más cachas, y tanto él como muchos de sus habitantes parecen haber aceptado eso tanto para lo bueno como para lo malo. Te mato, pues mejor para mí; me matas, pues qué se le va a hacer. De todos modos Conan mantiene, dentro de lo que cabe, un cierto código del honor: no se aprovecha de los que son notoriamente más débiles que él, no fuerza a ninguna mujer y... poco más. Conceptos como la palabra dada, los pactos y otras debilidades propias de los pueblos civilizados no entran del todo dentro de su mentalidad de bárbaro, y aunque con el tiempo llegue a conocer esas civilizaciones y sus costumbres nunca dejará de ser en el fondo un bárbaro de las estepas sin más lealtades que la simpatía personal. En cierto modo Howard presenta una versión perversa del mundo rousseniano, pero en vez del buen salvaje tenemos al buen bárbaro, un estado prístino del ser humano en el que no imperan la paz y los buenos afectos, sino la lucha de todos contra todos y la pura voluntad de poder de imponerse a los demás por la violencia, la vida luchando contra ella misma en una orgía de muerte y destrucción en la que pueblos más jóvenes y vigorosos eliminan los vestigios de civilizaciones pasadas para luego ser a su vez borradas cuando entren en decadencia. Es curioso observar también la idea que tiene Howard de la evolución, ignoro si por no entender sus rudimentos o simplemente porque él quería expresarlo así literariamente: hay razas que, pasado su momento de gloria, involucionan a estados casi simiescos, mientras que algunas tribus lejanas y apenas reconocibles como humanas se supone que con el tiempo llegarán a ser humanas. La Era Hibórea es, por así decirlo, la famosa Edad de Oro, pero una versión violenta y heroica, en la que el más humilde de entre los hombres sería mejor y más fuerte y noble que el mejor de nuestra época, tal como el mismo Howard expresó en su ciclo de la memoria racial, en la que hombres del presente tenían visiones de esos lejanos antepasados rubios, de elevada estatura y con cuerpos fibrosos capaces de enfrentarse sin temor a cualquier raza inferior o monstruo que sobrevivió a una edad ya olvidada.
De estos dos libritos destacaría el que quizá es el mejor relato, La reina de la costa negra, donde además de saber que lógicamente las capitanas piratas andan mundo adelante prácticamente como Crom las trajo al mundo, tenemos este interesante diálogo:
"-¿Cómo son los dioses de tu pueblo? Nunca te he oído hablar de ellos.
-El dios principal es Crom, que vive en una gran montaña. Pero de nada vale invocarlo. Le importa muy poco si los hombres viven o mueren. ¡Es mejor callar que reclamar su atención, ya que suele enviar desdichas y no fortuna! Es implacable y sin compasión, pero infunde poder para luchar y matar en el momento de nacer. ¿Qué más puede pedir un ser humano?
-¿Y cómo es vuestro mundo, más allá del río de la muerte? -insistió ella.
-En el culto de mis gentes no hay esperanza aquí ni en el más allá -respondió Conan-. En este mundo los hombres luchan y sufren en vano, y sólo encuentran placer en el torbellino enloquecedor de la batalla; una vez muertos, sus almas entran en un reino gris, lleno de nubes y azotado por vientos helados, donde vagan tristes y melancólicas durante toda la eternidad.
Belit se estremeció y dijo:
-Por mala que sea la vida, es mejor que semejante destino. ¿Tú qué crees, Conan?
El cimmerio se encogió de hombros una vez más y dijo:
-He conocido muchos dioses. Quien niegue su existencia está tan ciego como el que confía en ellos con una fe desmesurada. Yo no busco nada después de la muerte. Puede que exista la oscuridad de la que hablan los escépticos nemedios, o el reino helado y nebuloso de Crom, o las llanuras nevadas o los grandes salones de piedra del Valhalla de los habitantes de Nordheim. No lo sé, ni me importa. Que me dejen vivir intensamente mientras viva; quiero saborear el rico jugo de la carne roja y sentir el sabor ácido del vino en mi paladar, gozar del cálido abrazo de una mujer y de la jubilosa locura de la batalla cuando llamean las azules hojas de acero; eso me basta para ser feliz. Que los maestros, los sacerdotes y los filósofos reflexionen acerca de la realidad y la ilusión. Yo sólo sé esto: que si la vida es ilusión, yo no soy más que eso, una ilusión, y ella, por consiguiente, es una realidad para mí. Estoy vivo, me consume la pasión, amo y mato; con eso me doy por contento."
Conan, de un plumazo, ha dado con la clave del idealismo, y en dos patadas ha creado un sistema vitalista y existencialista de corte positivo. Y esto nos hace recordar por supuesto esto otro, la famosa oración a Crom por parte del Chuache en el mejor papel de su carrera, con ese maravilloso acento bárbaro que le salía tan natural porque era así como hablaba entonces.
Digamos que todo esto lo refleja muy bien: Howard propone un mundo bruto, pero bruto como él solo, donde la vida es un continuo deporte de alto riesgo. Bruto, sí, pero sincero. Tampoco hay que darle demasiadas vueltas ni buscas extraños mensajes donde no los hay, aparte de esa visión un tanto violenta y radicalmente nihilista de la vida. Naturalmente, también es una propuesta completamente tramposa que apela al egoísmo y narcisismo del lector: dado que estas obras, e incluso todo el género, no son en el fondo sino típicas fantasías de poder adolescente, es fácil identificarse con el héroe dotado por el autor de todas las cualidades y valores, como el mismo Conan dice que hace Crom con los humanos, mientras que el resto de los personajes, poco más o menos, vienen a ser comparsas, muñecos a los que matar y que están poco más que de relleno. Si Conan tiene la profundidad psicológica de un fraggel, el resto de personajes ya os lo podéis imaginar. Vale que, como nos dice Sprage de Camp no sea sino pura literatura escapista, pero toda obra literaria se basa en una serie de ideas y valores, estén explícitos o no, y aunque no sea la intención del autor en principio, siempre comunica y presenta de algún modo su visión del mundo, del ser humano y de algunas ideas. De todos modos, si alguna carga reaccionaria tiene el personaje y su mundo, es tan simplona y elemental que hay que ser muy cenutrio para no verla.
Sobre el legado de Howard, creo que le ocurre justo al contrario de lo que a su maestro y amigo Lovecraft: lo que aportaron los epígonos y seguidores de Lovecraft no es gran cosa, mientras que los que reinterpretaron la obra de Howard, en especial Conan, le dieron una dimensión realzada. Al cambiar de medio, de la literatura al cómic y el cine, el personaje y sus aventuras adquieren una fuerza que apenas si se ve en el original. De hecho, al leer estos relatos no nos queda otro remedio que apoyarnos en la imaginería que desde principios de los setenta creó para el personaje Marvel, como Barry Windsor smith y sobre todo John Buscema. Howard apenas si se molesta en explicarnos cómo son esas ciudades y templos de ensueño, porque sencillamente apenas si describe con cuatro pinceladas.
Aun así, y considerando que el personaje en principio ya está libre de derechos y cualquiera podría escribir algo sobre él como se podría hacer con los tres mosqueteros de Dumas, es poco probable que nadie se escape del esquema "Conan mata a monstruos y a todo el que se le pone por delante". No creo que nadie se ponga a escribir una enrevesada novela sobre las intrigas en los palacios de Aquilonia, en los que un ya maduro rey Conan medita por sus pasillos sobre la futilidad de las acciones humanas y de la soledad del ser humano, y comprueba que ante la falsedad y la traición no hay hacha que valga. Probablemente los primeros en crucificar al autor de semejante osadía serían los fanboys de turno guardianes de la ortodoxia.
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria





























22 Comentarios:
'talmente de acuerdo. Conan es lo que es. Y que no nos lo toquen...
Pues a mi me pasó; conocí a Conan por los comics y después leí los relatos originales... Y sí, me parecieron sosos... Por lo menos
Joer el vídeo final. Parece un videoclip de Dio con imágenes de las portadas de Manowar.
Todo muy jevi, tronko.
Yo de Conan me quedé en las películas del Chorcheneguer, y unos dibujos que echaban en la tele hace unos 12-15 años. ¡Y por Crom, que ya tengo suficiente!
A mí me pasó al contrario que a Hutopo: cuando conocí al Conan de los tebeos*, me quedé sorprendido por la oscuridad del personaje.
No sólo te doy la razón en todo, sino que además la Wikipedia dice que Howard llegó a decir en una ocasión que Conan medía y pesaba lo mismo que él, 188cm y 95kg. Aunque este dato no se da como confirmado, es una buena pista de que Conan era un Mary-Sue.
Curiosamente, Kull, el otro rey bárbaro de Howard, sí acabó siendo un personaje meditabundo que reflexionaba sobre la filosofía y el mundo.
* Concretamente, los leí en el suplemento Gente menuda del ABC. Recuerdo que fue la primera serie retirada del susodicho, quizás antes de los cien primeros números, supongo que por protestas.
Creo que Hutopo se refiere a que fueron los relatos los que le parecieron un poco sosos. Es indudable que Howard es el creador del personaje y de la Era Hibórea, pero el cambio de medio aportó muchas cosas. En cierto modo en general la literatura pulp (La Sombra, Doc Savage, etc), al ir tan al grano y prescindir de cualquier elemento propiamente literario y ser tan dinámicas y descriptivas, y con tan poca introspección, pues no sufren demasiado al pasar al cine o el cómic, y más de uno incluso mejora. Las novelas decimonónicas de aventuras, que nunca fueron consideradas sólo como entretenimiento de clases bajas o de jóvenes, tienen una textura muy distinta.
Hombre, está claro que Conan es eso, una fantasía de poder: un gigantón que cuando entra en una taberna todo el mundo se acojona. Alguien que prefieres no tener como enemigo porque sólo con mirarte te cruje.
Tampoco se puede descalificar a nadie por su vida ni que eso desautorice su obra, pero suicidarse a los treinta recién cumplidos porque se va a morir su madre después de escribir tantos relatos en los que unos tipos se enfrentan con tales cojonazos a cualquier peligro o penalidad, pues no es demasiado coherente.
Pues sí, justo era que trataba de decir... Los relatos originales eran mucho más sosos que los comics... Incluso mucho más sosos que algunas novelas posteriores inspiradas en el personaje
Es que me he explicado fatal: primero conocí al Conan de la serie animada, después el de la película, y por último el de los tebeos. El de los relatos no lo conozco directamente. Como empecé con la versión más infantil del personaje, me sorprendió semejante bestiajo decapitador y jincador.
Pues sabía que Howard se suicidó, pero no a los treinta. Poquito mayor que uno, de hecho.
Mal. No te has leido los relatos originales limpios y sin modificar, en su orden de escritura original. Te has leido unos de los recopilatorios chungos de los 80. Y encima te dejas influenciar por ese vil estigio de DeCamp...
Creo que pocos entienden o quieren admitir que Howard INVENTÓ este género. Y que la única "visión" válida del personaje es la suya igual que la única "visión" valida de Sherlock Holmes es la de Doyle. Comparar con los comics me parece, cuanto menos, una canallada. O con la peli que ya se parece como los huevos a las castañas.
Conan es mucho más que fantasías de poder. Son historias que tratan, fundamentalmente, del final de la civilización. De hecho, en la mayor parte de los relatos nuestro protagonista no consigue lo que andaba buscando. Y el pobre Roberto, por cierto, estaba pasando por un momento espantoso al meterse el tiro: su novia le había dejado, su madre había entrado en coma irreversible tras años convaleciente y la gentuza de Weird Tales no le pagaba un chavo.
Por Crom que algunos tenéis todavía mucho que aprender...
Sí, nene, sí, seguro que tú eres el único que ha entendido lo que ha leído.
No he dicho que no entiendas lo que has leido. He dicho, literalmente, que hay mucha gente que no entiende o no quiere admitir que este hombre inventó la fantasía heroica prácticamente "de la nada". Son cosas muy distintas.
A ver, Kike, que ya eres mayorcito para saber que ser un fanboy no sólo no es argumento de autoridad, sino que además con esa actitud de semitroll te descalificas guapamente. Porque te conozco, que si no habría sido el típico comentario a no publicar.
Sobre que inventó el género de la nada, vamos a dejarlo, que hay bastante literatura ya en el XIX que iba por ahí. Nadie inventa nada de la nada.
Un gran post para el mejor personaje de espada y brujería de todos los tiempos...y un gran video (Black Sabbath Rules)
Muerte a la High Fantasy! Vivan las decapitaciones de estigios e Hiperbóreos!!!
(eso si a Lin Carter y a L.Sprague de Camp que les den bien dados)
Un saúdo.
Dunsanny y Morris son lo más cercano a lo que creó Howard. Y las diferencias son más que notables.
No creo que mi comentario merezca ser descalificado como "lloriqueos de aficionado". Estoy intentando justificar mi aprecio hacia este denostado autor.
Además: que te has leido uno de los recopilatorios chungos de los 80, macho. Muchas de las historias están mutiladas a placer y se incluyen "colaboraciones póstumas" la mar de lamentables.
Pues mírate la entrada de la Wikipedia sobre "fantasía heroica" y verás que sobre héroes que van por mundos y civilizaciones perdidas desfaciendo entuertos y todo lo demás había a patadas antes de que Howard naciera.
Y sí, es lloriqueo y de la peor especie.
A mi no me gusta demasiado meterme en discusiones ajenas (los cual es una gran mentira, me gusta mucho)... Pero Kike, a mi que estás defendiendo lo indefendible y en el peor de los escenarios posibles...
Por cierto, yo no he leído recopilatorios, he leído los relatos originales y son sosos... Por decir lo menos.
No es descalificación al trabajo de Howard, sólo reconocimiento de su mérito real...
Ozanu... De verdad conociste primero al Conan animado?... Y aún así te sigue gustando el personaje?... Lo tuyo es grave
Sobre la serie de Conan... podría haber sido peor, como lo que hicieron con el Príncipe Valiente.
¿Tratar de situar al autor en el lugar que le corresponde como el légitimo creador de todo un género (¡¡antes de cumplir los 30!!) es "defender lo indefendible en el peor de los escenarios posibles"?
Un autor que, por otra parte, ha sido llamado poco menos que "idiota con suerte" en los últimos cuarenta años...
Ojalá yo fuera la mitad de soso que el Howard de "La sombra del buitre", "Los espejos de Tuzun Thune", "Los gusanos de la tierra", "La llama azul de la venganza" o, mismamente, "La reina de la costa negra". Puede que su prosa sea algo tosca pero sus personajes tienen muchísima fuerza y es, junto al propio Lovecraft, uno de los autores americanos más influyentes del siglo XX.
Un personaje pertenece a quien lo ha creado. El resto es "fan-fiction" y puede gustar más o menos pero hay que pensárselo mucho antes de ponerlo a la altura del original.
Hombre, sí, la autoría nunca se debe negar, faltaría más, pero si nos ponemos así el único Batman posible es el de Bob Kane (que desde el principio tuvo colaboradores), y el único Superman válido el de Siegel y Shuster.
Por otro lado cuántas obras maestras del western están basadas en noveluchas totalmente olvidadas. Yo tuve el cuajo de leerme Lo que el viento se llevó, y aunque para el nivel de bestseller no está nada mal y le da sopas con onda a mucha morralla que hay por ahí la película como melodrama condensa mucho mejor en tres horas las mil páginas del libro, y la verdad es que casi no se deja nada fuera.
Algo parecido pasa con otros autores pulp. Leerte un tebeo de La Sombra tiene su gracia, pero aún recuerdo con horror una novela de Gibson sobre el personaje, publicada por una ignota editorial española. Aquello era carne del pescuezo de la peor especie.
Nadie dice que Howard no tenga su mérito, pero mientras que la obra de Lovecraft se ha mantenido por sí sola a lo largo del tiempo dudo mucho que sin el tirón de la versión en cómic, que ya tiene cuarenta años, y su impacto visual e icónico, poco nos acordaríamos de este señor, que escritores en Weird Tales hubo muchos.
Como dice Hutopo, es sosillo. Por mucho que sea anterior en plan puestos a leer fantasía charcutera se defienden bastante mejor Moorcock o Leiber, y eso que el primero incluso renunció a esa parte de su obra.
A mi, personalmente, la obra de Moorcock me produce todo tipo de sensaciones desagradables.
Necio He dicho que me sorprendió, no que me disgustara. Por eso comenté que me pasó al contrario que a ti: como empecé por la versión edulcorada, me gustó más el de los cómics. ¡No era difícil!
Pues sí, no era difícil, Ozuno, lo reconozco...
Sobre el otro particular... pues me parece que el anfitrión de todo esto ha contestado bastante bien sobre lo de la autoría, la comparativa con Lovecraft y todo lo demás.
me queda agregar que nadie le niega a Howard la creación de un género (El de espadas y hechicería, propiamente, que NO Fantasía, hay que aclarar... Y aún así, como diría el anfitrión hace no pocos comentarios, la cosa está en veremos)... pero habría que reconocer que si el género se hubiera quedado en trabajo como el Howard, poco aficionados tendría.
Sopy yo o este es probablemente uno de los textos con màs comentarios en la historia del blog?
Ni de lejos es de los más comentados. Los de sexo y dospuntocerismo batieron records.
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