Libro: La vida y la muerte me están desgastando, de Mo Yan
Algo innegable a la hora de realizar una tarea artísitica es que se refleja el mundo en el que se vive, y lo quiera uno o no está inmerso en la cultura a la que pertenece. Incluso negándola, o queriendo escapar de ella, se termina hablando de ella. En el caso occidental eso supone que buena parte de las obras, por ejemplo literarias, tienen un profundo transfondo judeocristiano, e incluso se ha hablado, con toda lógica, de que los autores de origen judío actuales, sean creyentes o completamente secularizados, recurren una vez tras otra a esa especie de imaginario colectivo que aprendieron desde pequeños: la idea del mesianismo, el regreso al hogar ancestral, etc. En el caso del mundo cristiano, todo viene a ser al final el concepto de liberación, sacrificio, redención, etc, con los matices católicos o protestantes que uno vaya dejando por el camino. Da igual que el autor sea creyente o no: lo que escriba será a favor o en contra de, pero ese algo está presente.Obviamente, China es otro mundo. Por eso, por lo menos para mí, su literatura, como casi toda la oriental, suena literalmente a chino, incluso en autores en los que se percibe una fuerte influencia de la literatura occidental. En el caso de Mo Yan, se le ha comparado a García Márquez e incluso a Kafka, y algo hay. Tampoco es que me haya quedado muy clara la influencia, sobre todo en el caso del segundo autor, pero quizá un poso.
Si en occidente continuamente aparece la figura de la autoinmolación, o la redención, en China nos aparecerá de una manera diferente. Porque allí creen en la reencarnación, y aunque no crean en ella es la referencia más directa que tienen, como aquí la retribución en el cielo o en el infierno después de la muerte. Por eso una constante en la literatura oriental es la narrativa en la que varios personajes, arquetípicos, van encontrándose, enfrentándose o conociéndose a través de distintas encarnaciones, donde se aman, se hacen daño y cambian sus relaciones de amistad o parentesco, como ya conté cuando hablé de Tiempos de arroz y sal, novela escrita por un occidental pero con este esquema.
En el caso de esta extensa obra de Mo Yan, escrita según parece a matacaballo en poco más de un mes (qué bruto eres, macho) el protagonista en Ximen No, un terrateniente que muere fusilado con la llegada al poder de los comunistas, y que desciende al infierno (chino), donde el señor Iama lo devuelve a la tierra convertido en burro. A través de distintas reencarnaciones como buey, cerdo, perro y mono, verá la evolución de China durante más de cincuenta años, a través de las vidas de sus familiares y conocidos, desde los tiempos de la implantación del colectivismo a la Revolución Cultural y la llegada de la nueva economía de corte capitalista y las modas occidentales. Excepcionalmente su alma, aunque encarnada en cuerpos animales y por tanto capaz de seguir sus instintos, recuerda sus pasadas vidas y conserva el don del raciocinio.
No es de extrañar que a Mo Yan lo quieran más bien poco desde el gobierno chino, porque más de una vez se ve que tira con bala y a dar. Dentro de la saga familiar, que recuerda a la de los Buendía hasta cierto punto, la figura central es la de Rostro Azul, Lan Lian, uno de los labriegos de Ximen Nao e hijo adoptivo suyo, que se obceca en no unirse a la comuna y seguir siendo campesino independiente, hasta llegar a ser el único de toda China, y que seguirá labrando su mísero acre de tierra aunque todos lo abandonen, incluida su familia. Los tiempos de arengas revolucionarias y de la Revolución Cultural suenan bastante ridículas, como las obras de teatro de motivos revolucionarios, y se ve cómo los más convencidos de todos luego a la hora de la verdad se pasan a convertirse en capitostes de una sociedad capitalista que garantizaba la prosperidad y el lucro sin tasa de la cleptocracia que había antes.
Sobre las reencarnaciones que tienen mayor peso en la narración, y de las que más sabremos, serán la del burro y el cerdo, aunque las otras también serán testigo del ocaso familiar y de la evolución de esa pequeña aldea del norte de China, trasunto de aquélla en la que creció el mismo Mo Yan, que aparece como un personaje secundario más en la narración desde que era un niño, y cuyas obras sobre esa aldea se citan continuamente en la novela. Vamos, que autorreferencias por todos lados.
La verdad es que no está nada mal, aunque quizá se me hizo un poquitín prolijo, y las situaciones pierden algo de novedad aunque el autor se las apaña bastante bien para seguir haciendo que la historia sea atractiva. Los personajes son humanos, aunque vemos por sus reacciones y algunas actitudes que hay diferencias culturales muy claras entre ellos y nosotros, y las relaciones de amor, odio y orgullo están tratadas con maestría.

Y ahora hablemos de la traducción, que puede ser catalogada fácilmente con dos palabras: una mierda. Así, sin paliativos. En primer lugar habría que aclarar que no porque sea una traducción indirecta a través de una lengua puente. De acuerdo que hay pocos traductores de lenguas un tanto exóticas y que no pueden dar abasto con todo, y que cuando no queda otro remedio es lo que hay, pero hay que cuidar lo que se hace. Desde luego mi crítica no va por ahí porque si nos ponemos puristas los grandes autores rusos nunca los habríamos conocido hasta hace poco, ya que casi siempre nos llegaron en un primer momento por traducciones francesas, que muchas veces los mismos autores sancionaban como buenas y canónicas. Si esta novela no se puede traducir directamente del chino, o es complicado, o un traductor chino-español te da hora para dentro de diez años, pues aceptamos barco como animal acuático y si se tiene que traducir de la versión en inglés, pues de acuerdo, me vale. De todos modos aquí tenéis un documento que precisamente analiza la traducción de esta novela desde este punto de vista.
Si hay que traducir de otra lengua, pues se hace, pero no seáis tan cutres. La verdad es que no tenía ni idea, porque una de las primeras cosas que hacen estos señores tan cucos es no decirte que hay una lengua puente, cosa que tenemos derecho a saber, así como el nombre del traductor original, según parece un conocido sinólogo al que el traductor español no le hace justicia ni de lejos. Repito, no tenía ni idea de que éste era el caso, pero ya nada más empezar empecé a maliciármelo cuando leí un “se te acusa de haber sido causa de disturbios”. Que sí, que disturbar y disturbio existen en español, pero lo que suelen causar las personas son altercados o tumultos, del mismo modo que Do not disturb no se traduce como No disturben.
Y a partir de ahí... ay a partir de ahí lo que hay. Porque a cada cual mejor. No sólo hay un descuido considerable en el idioma, con cosas como “anhelosamente”, paralabra que rivaliza en cacofonía con su gemela “anhelantemente”, sino que nos encontramos con que un perro recibe un “tributo”, que vale que los gañanes que hacen fansubs y el bloguero medio de Internet no sepa que eso en español es “homenaje”, pero en un traductor profesional es para echar chispas, sin olvidar que uno ha pagado religiosamente sus 20 lereles. Luego cuando el agitprop digital empiece a decir que no hacen falta traductores, que la Comunidad puede substituirlos sin problemas, que no se quejen, porque a este paso las traducciones amateur no se van a distinguir mucho de un trabajo profesional. La cosa ya se pone calentita cuando nos dice que el jefe de una fábrica es "Chino". Yo me quedé estupefacto. ¿Un chino que se llama Chino? Qué curioso, me dije, antes de que se me cayera el mundo encima al darme cuenta de que se les había colado un gentilicio en mayúscula, con un par.
Después nos agasajan con esta frase: "Cuando eso sucede, el perro entra corriendo, le agarra por la ropa con los dientes y le arrastra hacia de la tienda". Supongo que pedir hacer una traducción panhispánica sin leísmos a un libro que mete tantas veces la pata ya sería pedir mucho, pero ya puestos lo de que no sobren palabras tampoco estaría de más. Ya, es un error, pero cuando uno está leyendo tan tranquilo la buena cortesía gramatical y una ortografía como debe ser, imperceptible, te ayudan a enfrascarte en la lectura, que si se ve entorpecida por tales patadas al diccionario, gramática y sintaxis en particular, pues te cortan un poco el rollo.
Para el final me guardo esta maravillosa frase cuando habla de una cacería de jabalíes: "En aquella época, el nivel de vida de los seres humanos estaba mejorando y el pueblo, que se había cansado de comer alimentos domésticos, iba en busca de un juego salvaje y comestible". Chispún. La orquitis me duró una semana. Sí señor, como debe ser. Vale que es perfectamente legítimo utilizar todas las herramientas modernas que a uno le faciliten el trabajo, pero siempre que sepa utilizarlas y no sea peor el remedio que la enfermedad. Utilice usted todos los traductores automáticos o los "substituir todo" que quiera en el procesador de textos, pero que yo no me dé cuenta al leer que después apenas si nos hemos molestado en repasar. Vergüenza para el traductor, para el editor y no para el que revisó el texto antes de publicarlo porque ese señor está claro que no existió. "Juego", me sueltan. Con dos bien puestos.
Por si fuera poco, incluso la traducción del título me resulta sospechosa, ya que es literalmente la de la versión inglesa, que a su vez se supone que refleja más o menos bien el original, Shengsi Pilao, aunque me queda la duda de si en español no tendremos alguna frase hecha o dicho que traduzca mejor el sentido de esa expresión en chino, como "La vida puede conmigo" o algo semejante. Otra cosa que me llamó la atención es que se hablase de Pekín, no de Beijing, término que se está oyendo cada vez más desde luego no porque nos importe cómo los chinos recomienden escribir el nombre de su capital, sino por la sencilla razón de que de vez en cuando en alguna película se cuela algún Malaysia o Cambodia, cosas más idiotas todavía, o cada vez haya más guanabís a los que se les hace el culito gaseosa escribiendo Copenhagen.
No sé yo cómo con estos ejemplos le puede decir uno nada a esos creadores de fansubs y traducciones aberrantes de comics que se creen que hacen algo importante traduciendo a la pata la llana, y se atreven a poner diálogos en los que la personas hablan sin distinguir género, y se cuelan todos los "eventualmente", "mi punto" y "todo el tiempo" del mundo, o se visitan "mercados de pulgas". Menudo ejemplo, señores traductores y editores. Luego os quejaréis de que alguien os está cavando la tumba. Vosotros, cuando vais sonámbulos.
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria



























12 Comentarios:
"vale que los gañanes que hacen fansubs y el bloguero medio de Internet no sepa que eso en español es “homenaje”"Touché.
Y bueno, yo la verdad es que de literatura china creo que los cuentitos del Rey Mono y hasta ahí...
Pero de traducciones aberrantes sí que sé un poco... Yo mismo he hecho algunas... Y, lo que son las cosas, hasta me han pagado por ello
Cope, tú ya lo sabes, que te lo dije yo.
Jaja, claro ¡Y lo corregí en el acto! En esa no me vuelven a pillar (espero).
No sé qué me da que a "eventualmente" le quedan dos telediarios para que la gente te mire raro cuando te quejes de su uso. Algo así como "líder" de veinte años para acá.
Me suena que debe tener más años, pero como el DRAE no tiene esa información, que ya les vale, tampoco se puede decir con seguridad.
Lo malo es que lo de "eventual" en inglés significa lo contrario en español. Basta con comparar "eventual job" y "trabajo eventual". Originalmente en inglés también tenía el significado de azaroso o sujeto a contingencias.
Para traducción aberrante la que ha hecho Tempus con Achtung!Panzer! de Guderian. A parte de sacarse de la manga términos como "caballeristas" por jinetes da la sensación de que traducen literalmente las expresiones del texto inicial, con lo cual te encuentras el sujeto por un lado, frases sin sentido donde el verbo se incorpora a la frase siguiente y otras muchas. Y encima lo que has dicho Santi, 20 € por el tochito.
Eso puede ser por dos cosas: una traducción apresurada de alguien que no termina de dominar el alemán o no conoce bien el campo del libro que está traduciendo, que eso a veces pasa, o quizá con menos probabilidad el famoso "síndrome alemán", en el que alguna gente demasiado acostumbrada a leer en esa lengua termina haciéndose la picha un lío y en efecto termina arrastrando una sintaxis en la que no se entiende nada y en la que en efecto las concordancias y la estructura de la frase quedan tremendamente violentadas.
Yo tampoco sabía que "game" pudiera referirse a animales silvestres cazados, la verdad. Lo grave es no molestarse en revisarlo, porque denota negligencia.
Eso sí, lo del chino Chino es para que figure en los anales (o anuales, según algún guanbí) de la historia de las malas traducciones.
Otro ejemplo de traducción indirecta no reconocida es Solaris, cuya edición moderna sigue siendo la francesa, por lo que he leído. Los libros infantiles de Barco de vapor señalaban cuando era necesario si un libro sueco o chino era traducido del inglés. Nos tratan no ya como a niños, sino como a gilipollas.
Y sólo diré de los fanslators que, además, cometen faltas de ortografía horribles.
P.D: El documento es interesante, ¡gracias!
Yo creo que con los traductores pasa lo mismo que con los correctores, que para cuatro duros que les pagan, hacen una tarea de aliño y fuera. De todos modos, yo sé de muchas grandes editoriales que directamente pasan a los textos el corrector de Word y con eso piensan que ya está hecha la tarea de corrección. Esto cada vez ocurre más.
Ni más ni menos. Los traductores pueden ser todo lo buenos que quieran, que si tienen que sobrecargarse de trabajo para poder tener unos ingresos decentes no pueden aportar la calidad que ellos querrían.
Además, los editores están prescindiendo cada vez más del corrector de estilo, que no sólo velaba por la ortografía y una correcta sintaxis, así como por la coherencia del texto o cualquier otro error, sino que ejercía como primer lector para detectar cualquier anomalía, y que no pasase desapercibida.
Con "tributo" y con "eventualmente" creo que la batalla está ya perdida.
Y será aun más divertido todo cuando se haga con traductores automáticos como el de Google, donde los usuarios sugieren traducciones y que los algoritmos rastrean la red para analizar cómo se usan las palabras a la hora de "predecir" la traducción más correcta. Miedito me da...
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