header append X-robots-tag "noarchive"

15.4.10

Películas portadoras de valores eternos: El Rey León

Imperdonable que no la haya visto hasta ahora, pero bueno, qué se le va a hacer. Hay tantas obras maestras, y tan poco tiempo…

En primer lugar hay que aclarar una cosa: Disney es Disney, y como tal fenómeno transciende en mucho un análisis simplón de sus obras, ya que tiene una serie de particularidades y de elementos propios que hacen merecedores a sus productos de un análisis en términos particulares. Disney es una dimensión propia, e intentar moverse por ella con las coordenadas habituales no puede sino despistarnos.

La película empieza directamente en quinta marcha, sin cortase un pelo, con una canción que es un canto a la armonía de las distintas especies en un “ciclo sin fin” que es la vida. Pero ojo: la vida no es una democracia, sino una monarquía en la que reina el mayor de los depredadores. Eso: el león, el animal más fuerte. Que todos sabemos que es mentira y muy sabiamente Stewart Granger en Las minas del rey Salomón dice que en la sabana el que corta el bacalao es el elefante y yo vi en un documental del National Geographic que los elefantes seguían su camino y los leones se quitaban de en medio por lo que les pudiera pasar, pero aquí estamos hablando de Disney, que como ya he dicho hay que echarle de comer aparte.
el_rey_leon04

Pues bien: como casi toda monarquía, es hereditaria, y la película arranca cuando los súbditos del Rey León, Mufasa, acuden a rendir pleitesía y arrodillarse ante la institución monárquica renovada en la figura de Simba, el hijo legítimo del rey, que vemos que tiene una relación monógama con una de las muchas leonas de la manada. La escena es emotiva, profética, mesiánica, pero alcanza el más alto grado de flipadez cuando un babuino (a partir de ahora “el mono”), nada menos que… ¡unge al cachorro! ¡Lo unge! Supongo que en su estreno en cines los que acudieron a verla y eran suscriptores del ABC en ese momento tuvieron una polución involuntaria.

Simba es un leoncete de lo más salao, y anda por el reino aprendiendo sabiduría de su padre, que tanto en la versión original como en el doblaje hecho en España tiene la voz de Darth Vader, Constantino Romero para entendernos, lo que implica, en cierto modo, que el pobre Simba va a tener que cumplir el monomito campbeliano le guste o no, porque es que el pobre lo lleva en los genes. La sabiduría que le infunde su padre es ni más ni menos que la lucha por la vida y la armonía entre los animales que comen pasto y los animales que se comen a otros animales, como ellos. La filosofía es por tanto el darwinismo… social. Es decir: todos estamos en el “ciclo de la vida” y contribuimos a él, pero como diría Orwell unos más que otros. Unos están para cazar, y otros para ser cazados. Caza cruenta, por cierto, que nunca veremos realizada; como mucho veremos a un león ofreciendo a las hienas un trozo de cebra como recién salido de la carnicería.

También conoceremos al otro personaje importante de la trama, el tío cetrino de Simba, segundón en la línea al trono y que responde al nombre de Scar, pues la verdadera cicatriz es la de su alma al haberse visto preterido en sus ansias de poder. Colegimos también que está así de macilento porque, al ser el único macho de la manada además del monógamo rey, suya es la misión de cubrir al resto de hembras, y por tanto los demás cachorros que hay por ahí son sus hijos, por lo que Simba en un futuro se casará y tendrá una relación monógama con Nala, su prima. Vaya mierda ser el león rey, que es el que menos moja.
Cansado de esta situación, Scar conspira en la sombra con unas hienas, que viven en una especie de Mordor lleno de esqueletos de elefantes, se supone que en un constante estado de intoxicación química producido por los vapores de cráteres humeantes, que a saber lo que sale de ahí. La dialéctica entre el reino de los leones, racional y luminoso, y el mundo hediondo y oscuro del matriarcado lumpemproletario de las hienas es más que claro. Scar se alía con sus enemigos en un pacto contra natura que culmina con un desfile evocador de los de la conmemoración de la Revolución de Octubre en la Plaza Roja, teñida toda la pantalla de tonos carmesíes mientras el león desde arriba contempla  las hienas desfilar al paso de la oca bajo una media luna creciente. Scar es un nazi comunista de confesión islámica.

La revolución, simbólicamente, se produce por medio de la soliviantación de las masas. Scar consigue que su sobrino vaya a ser arrollado por una marea de hervíboros, víctimas naturales de los leones. Masas ignorantes de que, en realidad, no son sino peones de las mismas fuerzas represoras que los mantienen sojuzgados. ¿Y qué animales protagonizan la estampida? Los ñus.

gnu

Si es que esta película tiene mil y una lecturas, a cada cual más interesante. Es la marea democrática del software de código abierto la que va a pasar por encima de los antiguos privilegios de una sociedad anquilosada. Mufasa muere arrollado por esa marea siguiendo la programación de sus genes egoístas que buscan perpetuarse en su progenie, y un alterado Simba decide escapar creyéndose el responsable de la tragedia, con lo que Scar consigue dar su ansiado golpe de estado y convertirse en rey arropado por un ejército de hienas. Probablemente hayáis oído por ahí que esto convierte a El Rey León en una versión de Hamlet, pero ni caso, se parecen como un huevo a una castaña. Es tan absurdo como intentar dignificar un vino de rioja diciendo que es un burdeos.

Después de una travesía por el desierto, Simba llega  la selva. En el universo Disney olvidaos de todo lo que sepáis de geografía: la selva se separa de la sabana por el desierto. Allí lo encuentran dos hipies o perroflautas llamados Timón y Pumba, que lo rescatan y lo introducen en un “modo de vida alternativo” en el que lo más importante es dedicarse a la molicie y el dolce far niente. También le enseñan a comer bichos y le transmiten la consigna hakuna matata, que ya habíamos oído de labios de un africano en Las aventuras de el Joven Indiana Jones. Vamos: pasa de todo colega, buen rollito. Que rule.

Acompañado por los dos perroflautas Simba se hace un león hecho y derecho, mientras en casa el reino, roto el equilibrio de la naturaleza, se descompone y la tierra queda baldía en ausencia de un rey legítimo. Sí, algo parecido a lo que ocurre en Excalibur, que cuando el rey enferma, su reino enferma con él, y cuando sana a su paso brotan las flores. Su antigua amiga y futura esposa legítima con la que mantener relaciones monógamas lo encuentra, y después de tener una revelación con el mono de la primera escena, que ejerce de su Yoda particular, y de hablar con Constantino Romero a través de los abismos de la Fuerza,  decide volver a casa y reclamar su heredad.

El final es el lógico: Simba hostia a su tío, los leones se rebelan contra el régimen islamiconazicomunista de las hienas, que ha impedido el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, y el mismo Scar termina siendo devorado por sus aliadas, que suponemos que volverán a Mordor a esnifar crack, speed y metaanfetamina. Reestablecido el orden racional, divino y monárquico, y con él el de la Naturaleza misma, la tierra vuelve a dar sus frutos, brilla el sol y Simba tiene a un legítimo heredero con Nala, con la que mantiene relaciones estrictamente monógamas, de modo que se completa el “ciclo de la vida” y el resto de las hembras se dedican a los placeres de gomorra.

Bibliografía recomendada:

Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman, Armand Mattelart y Héctor Schmucler
para-leer-al-pato-donald

Etiquetas:

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 12:25 PM

0 Comentarios:

Enlaces a esta entrada:

Crear un enlace

<< Inicio