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13.4.10

Legión (una botella grande de lejía para meter los ojos)

Eso pensará más de uno después de ver esta maravilla de película, un canto a la voluntad humana donde se demuestra que se puede detener el Apocalipsis… a HOSTIAS. Bueno, a tiros, pero ya nos entendemos. Qué digo detenerlo: ganarlo. Sí señores: esta gente gana en el Apocalipsis, como si tuviesen a Messi de delantero centro.

Porque, recordémoslo, sólo hay dos clases de problemas en el mundo: los que se arreglan solos, y los que se arreglan a hostias. El Apocalipsis, como no podía ser de otra manera, habrá que arreglarlo a hostias. Muchas.
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“Molo tanto que me debería hacer una canción Estopa.”

Veintitrés millones de dolores se han gastado en hacer esta película con actores de segunda fila, en un sólo decorado y casi todo de noche, con lo que tranquilamente en el plano puede estar alguien en el fondo comiéndose un bocata jamón que no te lo estropea: total, no va a salir. Repito: veintitrés millones. ¿Corrupción lo de la Gürtel? ¡Ja! ¡En Hollywood sí que saben cómo hacer desaparecer el dinero que da gusto! Porque desde luego como lo busque uno en la pantalla, no lo va a encontrar. Y en los bolsillos de la gente tampoco, porque lleva recaudados más de cincuenta millones.

legion
Espectador poco habituado a la molonidad después de ver la peli.

Lo importante no es lo que la película te cuenta, que eso no interesa, sino lo que no te cuenta. Y básicamente no te cuenta nada. ¿Para qué? Como si lo fuera uno a entender. Son asuntos celestiales y punto. Llega un tío raro montado en un coche de la poli que apaga las luces a su paso, ¿y qué vas a hacer? Pues no cuestionas nada: te atrincheras en el restaurante y listo, ¿para qué vas a ponerte a preguntar nada? Es lo bueno de la molonidad: no tiene que dar explicaciones de ningún tipo, y ni mucho menos se espera recibirlas. ¿Por qué la legión de poseídos no hacen un ataque masivo y estampan los coches contra un restaurante endeble apenas protegido por media docena de personas? Pues… porque no. Recordemos la máxima de Roger Rabbit: las cosas sólo ocurren cuando hacen gracia. ¿Por qué el niño es el elegido? Porque sí. ¿Por qué lo de las moscas si luego no pintan nada? Oye, mira, si nos ponemos a pensar las cosas es que no entendemos por qué molan realmente. Es como El libro de Eli o Babylon A.D. Hay hostias, ¿no? Pues entonces no se puede pedir más.

¿Veis qué fácil? Sólo hay que tener una indigestión después de haberse leído el juego de rol Kult, y de haberse leído Preacher y otros comics de la línea Vertigo, y arreando: ya tenemos hecho el guión de esta maravilla. Sale incluso una niña con un globo, con eso os lo digo todo y no os cuento nada.

¿Y cómo acaba la cosa? ¡Con un Deus ex machina! ¡Pero ojito, que aquí está justificado! Si no pones un Deus ex machina en una película de terror sobrenatural religioso, ¿dónde lo vas a poner si no? Un poco de seriedad. Muérete  de envidia, Galactica. Aquí no lo hace todo un ángel, no. Lo hace Dios, que es mucho más mejor. Y Dios igual te dice una cosa que te dice la otra, porque el tío es que tiene esos puntos: me voy a cargar a la humanidad y al niño misterioso, y de repente… va a ser que no. Oye, que para eso eres Dios y eres tu propio jefe: a ti no te puede dar órdenes nadie ni te van a pedir el libro de reclamaciones. Es como las condiciones de los servicios de Google: cuando les apetezca, pueden cerrar el chiringuito. Escribiendo con renglones torcidísimos, joder si estar torcidos, pero al final, como no puede ser de otra manera, todo acaba teniendo sentido. No aseguro que lo tenga si no está uno hasta las cejas de peyote mientras ve la película, pero todo tiene sentido. Algo así como la Biblia, que tampoco es que tenga demasiado si uno lo piensa pero mira, el mayor bestseller de la historia, que luego le echamos la culpa de todo a Dan Brown pero tampoco él fue el primero.

Los actores, bien. Para matarlos lentamente, me refiero. Del arcángel Miguel hace un inglés llamado Paul Bettany, salen un par de chicas monas y luego está por allí pagándose las facturas Dennis Quaid, que provoca una explosión de gas que parece una deflagración termobárica de medio megatón, pero da igual porque mola. Casi a día de hoy el más conocido es el actor que interpreta al arcángel Gabriel, Kevin Durand, reconocible por ser el mercenario hijoperra que sale en Perdidos.

Al final vemos a la nueva Sagrada Familia (o eso suponemos que es): la madre, igualita a Sarah Connor, que suponemos que guiará a su niño en ese mundo postapocalíptico (éste sí que lo es de pleno derecho), el Pepe de turno (pater putatibus, aunque el tipo se llama Jeep), al que le han salido unos tatus sin que sepamos muy bien a “santo” de qué, y un plano final que es epítome de la molonidad que invade el mundo: un todoterreno lleno hasta la bola de armas para resolverlo todo… a hostias.

Qué poquito avanzados estaban en el pasado: Santo Tomás se podría haber ahorrado mucho pergamino y tinta pegando tiros, y como le hubiesen dado un par de pistolas a la Virgen María y a San José para defender a su niño de Herodes y los infanticidas todo habría sido mucho más fácil… y más molón.

legion21
“Que nadie toque a mi baby.”

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Escrito por SuperSantiEgo at 6:18 AM

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