Tal como hemos mencionado anteriormente, una obra de arte se muestra
en todo su calado y relevancia aprehendida en su propio contexto. Por
tanto en el visionado de Luna nueva no se debe actuar de forma
vergonzante yendo a un cine un tanto apartado en a saber qué lejano
lugar de la ciudad en una sesión poco concurrida donde, esperemos, no
nos vea ningún vecino, y en el caso de que nos pillen al salir disimular
hábilmente como si hubiese sido una sala X. Por tanto, para gozar de
esta película en todo su esplendor nos desplazamos a un concurrido
centro comercial un sábado por la tarde a la sesión a la que iba a
asistir toda la chavalada.
Ya en la cola, fui reconocido por dos amigos, que muy amablemente me
preguntaron qué película iba a ver, ya que en el caso de ser la misma
podríamos verla juntos y luego ir a tomar algo.
-Luna nueva -les dije con toda naturalidad, para pasmo y pánico de los dos.
-Claro -dijo uno-. Debes haber venido con una sobrinita, ¿no?
-No, no. Tengo mucho interés en verla. Dicen que es muy buena.
Me disculparán ustedes estos pequeños arranques sibaritas, pero no lo puedo evitar y a veces me permito el pequeño capricho de épater la bourgeoisie. Ni que decir tiene que ya no hicieron nuevo intento de quedar luego para tomar algo conmigo, claro.
Ya dentro del cine me dediqué a contemplar a la muchachada para
empaparme de la experiencia, mientras procuraba pasar lo más
desapercibido posible y no perturbar el fenómeno observado. Unos chicos
comentaban la película anterior en ausencia de sus acompañantes
femeninas que se habían ausentado para comprar chuches, pero bajando la
voz por el incidente de días pasados: un mozo en medio de la proyección
se dedicó a hacer algunos comentarios jocosos, y en una estremecedora
escena fuenteovejunística en la oscuridad del cine, entre los flashes de
la proyección y momentos de pánico, falleció, tal como dictaminó el
forense, “por la ingestión de un número indeterminado de hostias
incompatibles con la vida”. Uno de los chicos, desafiando al peligro,
llegó a decir: “Lo que tiene uno que hacer para llegar a tocar un poco
de teta”. Aparte de lo impropio del término, y de que no sé la poca
televisión ven estos muchachos que no saben qué es “llegar a la primera
base”, me dio pie sin embargo para pensar sobre lo importante de este
tipo de películas para el mantenimiento de las buenas costumbres,
favorecer la sana amistad entre los sexos, contribuir a la felicidad de
los pueblos y, a la postre, asegurar la perpetuación de la especie.
Con ese pensamiento confortando la inquietud estética que bullía en
mi pecho empezó la película, y con ella el romance y la magia.
La película abre con una magistral escena que reflexiona sobre la
mortalidad del ser humano entroncando de lleno con la tradición medieval
de la meditatio mortis: Bella, consciente de su mortalidad, se
cuestiona en un entorno onírico su relación con lo transcendente
representado por la apolínea figura de su novio, el vampiro Edward.
Recordamos entonces que uno de los hechos más criticados de esta nueva
versión del mito del vampiro, injustamente comprendida, se centra en
que estos seres de la noche no se muestran de día no para evitar ser
consumidos por el astro rey, sino para hurtar de la visión y crítica de
los demás su naturaleza luminosa, su brillo interior que, en una
metáfora bellísima, representa la superioridad moral, ética y estética,
en la que tan bien reflejados se ven los seguidores de esta apasionante
saga.
Es el cumpleaños de Bella, y después de esa atroz pesadilla en la que
se ve vieja al lado de su amado, su padre tiene la crueldad de decirle
que ya es muy mayor y que tiene una cana, a lo que ella acude rauda al
espejo a ver si es verdad. He aquí otra buena caracterización del
personaje, pues ésa es la típica preocupación de una chica de dieciocho
años recién cumplidos: que le salga una cana. Podría haber sido peor:
que le dijese que le estaba saliendo un grano. Bella se va al instituto y
luego aparece su amado vampiro, que después de salir del coche se
dirige hacia ella en imagen ligeramente ralentizada mientras suena
intensa música de rock and roll. Si esto no es hacer buen cine, apaga y
vámonos.
A todo esto más de uno dirá que los actores no están en su papel, o
incluso algunos dirían: “¿Papel? ¿Qué papel? ¡Será un pósit como
mucho!”, pero la elección de actores, sin ser la perfecta, no está mal.
La actriz que interpreta a la protagonista tiene cara de pan quemao, de
acuerdo, y pone la misma cara de estar oliendo mierda y de ausencia
total de ánimo cuando hace de chica feliz completamente enamorada de su
novio que cuando éste la abandona y de la deja sumida en la más absoluta
depresión. ¿Y qué problema hay? Es que el personaje es así.
Respecto al vampiro protagonista, gracias al maquillaje espectral y a
la certeza del actor de “yo esto lo hago por dinero y con el mínimo
esfuerzo”, no llega a saber uno si padece el sida, el tifus, el cólera
morbo o sencillamente si sufre de desnutrición por no haber comido un
buen bocadillo de jamón en toda su vida. Y todavía más: tal como se dice
en la primera película los vampiros éticos a cuya familia pertenece se
consideran a sí mismos una especie de vegetarianos porque sólo toman
sangre de animales, y como bien explica él mismo con ello nunca se
sienten del todo satisfechos, como un ser humano que se alimentase
exclusivamente de tofu. Probad vosotros a vivir unas cuántas décadas
comiendo sólo tofu, y ya me contaréis si no se os pondría la misma cara
de asco y hastío que muestra este personaje, además de tener unas
infinitas ganas de no seguir viviendo y un aspecto enfermizo y
demacrado, propio de todo personaje romántico, como debe ser. Sí, se
pasa toda la película con cara de nada, pero eso es porque es el alma
gemela de su novia, que presenta un perpetuo rictus de estar oliendo a
mierda. Eso es emparejar bien a los personajes. Además de Greta Garbo se
dice de su interpretación de La Reina María Cristina de Suecia
que se la ve genial porque no deja de presentar esa “cara de nada”, así
que, ¿por qué no va a ser magistral la interpretación de este gran
actor? Un poco de coherencia, por favor.
Ya juntos en el instituto asisten en clase de literatura a una proyección de Romeo y Julieta.
¿Está insinuando con esto la autora que el amor entre Bella y Edward es
tan transcendente e inmortal como el de los amantes de Verona? Desde
luego, ¡porque ya lo creo que lo es! Bella quiere nada menos que él la
transforme para poder estar siempre juntos, quiere que la haga una mujer
vampiro, quiere que la haga vampiro y que la haga mujer.
Sabremos también de los Vulturis, la nobleza dentro de los vampiros,
que velan porque se mantenga la gran mascarada que es la existencia de
los vampiros, y con los que el amado de Bella ya tuvo sus movidas. Pero,
oh, también es casualidad, los vampiros vegetarianos se tienen que
mudar para ocultar que no envejecen y seguir manteniendo esa mascarada.
Ya que tienen que vivir en sitios muy nublados para no andar brillando
de día se deduce que se van a vivir… a Galicia, por ejemplo, que como ya
dijo Torrente Ballester en la Crónica del rey pasmado, es
tierra de meigas y mala gente, así que no resaltarían demasiado. Para
evitar que Bella se quiera ir con él, a pesar de que ya es mayor de edad
y podría hacerlo legalmente, el vampiro decide renunciar a su amor y no
romper una unidad familiar bien consolidada. Para ello, le dice a
Bella… que ya no la quiere… y ella se lo cree. ¿Por qué se lo cree así,
sin más, en vez de sospechar la añagaza? Pues… porque se lo dice Edward.
Vamos a ver: son personajes que viven un amor trágico, como Romeo y
Julieta, Tristán e Isolda, los amantes de Teruel o Abelardo y Eloísa.
Nadie dice que tengan que ser inteligentes, digo yo. No lo van a tener
todo, pues entonces serían demasiado perfectos y ya no serían los
grandes personajes que son.
Ante el dolor de su pérdida, la chica se pierde por el bosque,
dándole un disgusto a su padre que no veas. ¡Eso no se hace, mujer! Por
eso estas películas transmiten valores: porque nos muestran lo que no
hay que hacer. He ahí su vigencia. Pero no hay problema: la encuentra un
indio que va a lo pecho lobo por medio del bosque, y como todos sabemos
que los indios son gente muy rara a nadie le extraña ni le parece raro
que haya un indio en calzonas en medio del bosque con la rasca que hace.
Y claro, Bella se hunde en su angustia interior, lo que se percibe en
un bellísimo plano-secuencia circular alrededor de la chica, que mira
desconsolada por una ventana mientras pasan los días y los meses.
Estamos probablemente ante el plano-secuencia más largo de la historia
del cine: dura desde octubre a diciembre. En ese tiempo, Bella envía
sentidos correos electrónicos a Alice, su amiga y hermana de Edward, y
aunque todos son devueltos por el servidor (cuando esa gente desaparece
lo hace en serio, que hasta borra sus cuentas de Gmail), ella sigue
purgando insaciable su corazón al silencio de la Red, que no responde a
sus plegarias así como no lo hacía nadie con K. cuando éste llamaba por
teléfono al Castillo. Conmovedor, como los terrores nocturnos de Bella
ante el profundo vacío existencial que consume su alma. A estas alturas
la mitad del cine ya lloraba. No, dejadme ser sincero con vosotros y
abriros mi corazón: llorábamos.
En medio de una melancólica canción vemos cómo la chica se precipita
en los abismos de la depresión, y que se aleja de sus amigos causando
lógica preocupación en su padre, que no alcanza a comprender lo que
pasa. De mala gana accede a salir un poco con su amiga Jessica, que es
esta chica tan maja y que está muy rica:
Lo mismo debe pensar el actor protagonista porque aquí lo vemos comiéndole la oreja:

Pues se va al cine con su amiga, y he aquí una buena caracterización
del personaje, prefiere ver películas de zombies o de acción mejor que
las más femeninas de género romántico, que podrían recordarle su amor
perdido: Meg Ryan y Sandra Bullock pueden ser armas emocionales de
destrucción masiva. Al salir del cine con su amiga, en un arrebato para
quitarse de encima al fantasma (con perdón) de su vampiro preferido, se
acerca a un grupo de moteros de pinta de muy mal vivir, pero es en ese
mismo momento en el que cree ver la imagen espectral del fantasma de su
novio, que le advierte que no debe hacerlo. Sin embargo ella desarrolla
rápidamente la teoría de que es por medio de la sensación de peligro
que consigue evocar esa imagen evanescente del vampiro, y se da una
vuelta con el motero a toda pastilla… sin ninguna consecuencia, porque
los moteros mal encarados en el fondo son unos pedazos de pan, quizá un
poco excéntricos y poco más. Esta película nos ayuda a librarnos de los
estereotipos sociales. Montaos en la moto de cualquiera, chicas, nunca
sabéis dónde podéis encontrar al amor de vuestra vida o a vuestro mejor
amigo.
Bella se convierte así en adicta a los deportes de alto riesgo, y
busca a uno de sus amigos de la reserva india para que la ayude a
reparar unas motos. El chico se supone que tiene dieciséis años, pero
está más cuadrado que los que entrenaban con Rocky Balboa en el
gimnasio, lo que nos transmite un mensaje positivo de que una vida
saludable y al aire libre permite alcanzar la excelencia física. En la
reserva hay un grupo de indios que se dedican a eso, a ir por el bosque
en calzonas y a pecho lobo, aunque el amigo de Bella no pertenece a
ellos. Una vez arreglada la moto, Bella consigue volver a ver al vampiro
luminoso que le da sabios consejos gracias a estamparse contra el
suelo, y diréis que es ridículo todo lo que vosotros queráis, pero en La Guerra de las Galaxias bien que os gustó, panda de frikis hipócritas.
A Bella la invita a ir al cine un chico fofo y torpe, nada que ver
con su gallardo vampiro, y acude también el indio del pelo largo y que
arregla motos. Tanto es así que cuando están viendo Trompazos en el cine (en la que se oye el grito de Wilhelm, por cierto, cinefilia para los connosieurs)
el chico que no da la talla siente que se le escandaliza la digestión y
que no aguanta tanta violencia. El indio aprovecha entonces para
extender las alas cual aguilucho lagunero, pero ella le dice que sólo lo
quiere como amigo, y hay un momento en el que parece que se ensaya “la
cobra”, con lo que estamos ni más ni menos que ante una película
intertextual que enlaza con nuestra más reciente cultura. El chico
indio, al darse cuenta de que es ni más ni menos que un… sí, amigos
míos: ¡un pagafantas!, la toma con el pusilánime, y al retenerlo ella y
agarrarlo le dice que a su contacto está… ardiendo. “Claro”, debe pensar
él: “Con lo quemao que voy…”
Tanto monta como monta tanto.

El pagafantas (dejadme que lo llame así a partir de ahora),
desaparece de la vida de Bella para nuevo desconsuelo de la muchacha,
que ve perdido así su casto y platónico amor. Sin embargo se lo
encontrará algún tiempo después, y lo primero que le pregunte será: “¿Te
has cortado el pelo?” A pesar de su nerviosismo y turbación la muchacha
consigue fijarse en ese detalle, pasándole desapercibido sin embargo el
hecho de que se lo ha encontrado vagando por el bosque vestido sólo en
calzonas en medio de un aguacero. Pero bueno, las costumbres de los
indios son otras y no debemos juzgarlas a la ligera, con lo que la
película vuelve a darnos un mensaje positivo. Pero el reencuentro no es
como ella esperaba, pues su pagafantas la rechaza porque quiere ir a
jugar con su amigo Joselito y su amigo Manolito, que lo esperan en medio
del bosque vestidos sólo en calzonas, y además parece saber que Bella
ha sido manceba de un chupasangre y que no le gustan un pelo las
juntaderas de su amiga, a la que ha borrado incluso del Facebook.
En la búsqueda de su amado Bella se encuentra con uno de los enemigos
de la familia de su novio, mientras Edward le da consejos desde su
proyección ectoplásmica (¡en Star Wars os gustaba, hipócritas!) y hay
una pequeña discrepancia de opiniones que termina con lo más natural del
mundo: un intento de asesinato, truncado en el último momento por una
jauría de lobos hipertrofiados que se ponen a perseguir al vampiro.
Después del incidente el pagafantas se presenta en casa de Bella vestido
sólo en calzonas, cosa perfectamente natural a estas alturas de la
película, porque ya hemos asumido que los indios vuelven a vestir todos,
más o menos, como en las películas de John Wayne. Ante la visión de
semejante cuerpo serrano y/o danone, Bella se ofrece a escaparse con él a
donde sea, y afrontar juntos lo que les depare el futuro. Pero él no
quiere.
Al día siguiente Bella le devuelve la visita, pero completamente
vestida, y aunque entra en la habitación del pagafantas no lo despierta,
sino que en el momento que ve a la tribu de indios en calzonas se va a
encararse con ellos para echarles en cara el lavado de cerebro que han
hecho en su pobre amigo. Que si tal, que si cual, conflicto racial y se
escapa una hostia a uno de los indios en calzonas, que se lo toma un
poco a mal, se convierte en hombre lobo y se dispone a arrancarle la
cabeza a la chica para lavar su honor, mancillado ante tan grave afrenta
y olvidando por completo lo de que manos blancas no ofenden. Los otros
dos indios en calzonas no sólo no lo retienen, sino que hacen gesto de
echarse atrás y permitir que el asunto se dirima justamente entre una
chica de cincuenta kilos y un licántropo de ochenta. Menos mal que llega
el pagafantas y se enfrenta al hombre lobo revelando también su propia
naturaleza de licántropo, porque si no la película acababa allí mismo.
Mientras los dos hombres lobo se pelean, y como no tiene otra cosa
que hacer, Bella se va confiadamente a una cabaña con los mismos que la
dejaban a merced de una bestia sedienta de sangre: allí vive la novia
del jefe de la manada de hombres lobo que en forma humana van en
calzonas todo el día. Esa novia en particular tiene la cara desfigurada,
pues el jefe en una ocasión que se enfadó con ella y se transformó le
soltó un zarpazo, probablemente porque no le tenía la comida hecha a
tiempo o no limpió bien el suelo. Esas cosas ocurren, el amor es así y
nadie tiene nada que decir sobre lo que pasa en la intimidad de una
pareja. Poco después aparecen por allí, tan colegas y como si no hubiese
pasado nada, los dos que hace un rato peleaban a muerte, pero
nuevamente humanos y supongo que después de haber ido a casa a por unas
calzonas nuevas, porque cuando se transforman en lobo se les rompen
igual que al Increíble Hulk. El que antes se transformó frente a ella
con ánimo de arrancarle la cabeza da el asunto por zanjado con una breve
sonrisa, un guiño amistoso y un simple: “Lo siento”. Si eso no es un
mensaje de buen rollo y de alabanza a la virtud del perdón, ya me
explicaréis qué lo es.
Conmocionada ante esto, Bella se decide a lanzarse desde un alto
acantilado a ver si vuelve a ver a Obi Wan, mientras la vampira mala que
quiere comerse a Bella desde la anterior película escapa de los lobos
que quieren que se la coma el tigre. Bella es salvada por el pagafantas y
en su casa se encuentra con Alice, la hermana de Edward que tiene
sueños premonitorios y ha visto que parecía que intentaba suicidarse,
por lo que ha ido a visitarla. El pagafantas en ese momento ve llegado
la oportunidad de dejar de serlo, pero cuando está a punto de conseguir
que ella no le haga la cobra Edward llama y ligeramente chinado el
pagafantas aprovecha para confirmarle sus temores de que ella ha muerto.
Edward llama directamente a la casa de Bella, al fijo, y no a su
hermana, porque parece que ahí nadie sabe lo que es un móvil ni le
interesa. ¿Fallo argumental o metáfora perfecta sobre la obcecación a la
que nos conduce el amor? Vamos, seamos serios: lo segundo.
Alice y Bella llegan inmediatamente a la conclusión de que esto
provocará que Edward no quiera seguir viviendo y vaya a visitar a los
Vulturis para desafiar su autoridad y hacer que lo maten. Las dos toman
un avión y llegan a Italia. Porque he ahí otra genialidad de la autora
de esta saga: cualquiera puede poner a la élite de los vampiros en
ciudades alfa como Nueva York, en la hermosa París o la bella Roma, pero
hay que tener mucho valor para poner de forma creíble a unos
sofisticados y decadentes vampiros en Volterra, pequeña ciudad toscana
que sólo cuenta con 11.000 habitantes, menos que Betanzos. Y allí llega
Bella en el último momento, y salva a su novio in extremis,
justo cuando él está a punto de mostrarse en toda su brillante hermosura
ante todo el mundo en un festival religioso y proclamar: “¡Miradme!
¡Brillo! ¡Soy un vampiro de Swarovsky!”
-Pero… tú me dijiste que ya no me querías…
-Te mentí… pero tú me creíste con tanta rapidez…
¿Diálogo idiota? Sí: ¿pero quién a esa edad no ha protagonizado
alguno de ese tipo? Diálogo naturalista por tanto, que refleja cómo
hablan dos adolescentes descerebrados de nuestro tiempo. ¿Que él tiene
ciento nueve años? Bueno, pero está en el instituto todavía, que es lo
que importa. Eres tan viejo como lo es tu espíritu y tu corazón.
A continuación van a ver a los Vulturis, entre los que está Dakota
Faning pintada como una puerta, nuevo momento de homenaje cinéfilo
porque recuerda a Jodie Foster en Taxi Driver. Bajan en un
ascensor en el que, en vez del habitual hilo musical de un centro
comercial, se escucha ópera. ¿Son o no son sofisticados los vampiros de
Volterra? ¡Eso es glamour! Después de una pelea con ellos, la pareja se
compromete a que Bella se convertirá en un vampiro, ya que sus
extraordinarias habilidades son codiciadas por los vampiros
aristócratas. ¿Por qué se pelean con los Vulturis? Para que Bella no se
convierta en vampiro o la maten, no queda claro. ¿A qué acuerdo llegan
con ellos para salvarse? A que al final, la convertirán en vampiro. ¿Que
no lo entendéis? Bueno, si no sabéis entender las sutilezas de esta
historia es vuestro problema, anda que no hay gente que dice que no
entiende el Ulises de Joyce. Aún así Edward no está nada
convencido, así que al final se produce una votación entre la familia de
vampiros vegetarianos a ver si quieren convertirla. Valores
democráticos, señores: pocas películas tienen el valor de defenderlos de
forma tan honesta.
La película se cierra con el último enfrentamiento entre el vampiro y
el hombre lobo que después de volver a transformarse en humano sigue
depilado. O cuando van a buscar unas calzonas nuevas también aprovechan
para volverse a depilar o los tratamientos de Corporación Dermoestética
son la leche. Por último, Edward accede a transformar a Bella, pero sólo
a cambio de una condición: que antes, se casen.
Bella, que ya estaba dispuesta a irse de su casa y abandonarlo todo
para estar por siempre a su lado, queda sin embargo impresionada ante la
petición, e igual que todo el cine apenas si puede emitir un:
-Jarllll…
Etiquetas: Películas