El Aprendiz. Por fin un experimento sociológico DE VERDAD
Sólo repuntó el género en un caso, cuando reunieron a todos los freaks de España dedicados a la magufería y la parapsicotontería, y donde entre el jurado estaba nada menos que el Padre Apeles, que fiel a su fe cristiana declaró que no podía mentir y que estaba allí para reírse y compadecerse de semejante ganao. Aquello era dinamita en estado puro, pero por desgracia la caterva para-anormal con grandes poderes precognitivos pinchó en su primera predicción: todos afirmaron que preveían un extraordinario éxito para el programa, que duró creo que no llegó ni a tres semanas. Fue un caso de justicia poética, pero también una lástima.
Pero ahora, oh gracias MVE que desde los cielos nos reconfortas con tus tallarinescos apéndices, renace la esperanza. Esto, esto sí que es un verdadero experimento sociológico: dieciséis hijos de puta, machos y hembras, dispuestos a todo por ser el próximo alto ejecutivo de una de las empresas de ese señor que se parece un montón a Papá Pitufo y que los trata como a mierda; vamos, como a lo que son. Dior, hacía tiempo que no me emocionaba tanto viendo telebasura. Porque esto es un subidón de telecaca sin cortar, hay que tener cuidado porque engancha.
Bueno, ya sabemos todos que esto es la copia de un programa usaco donde el mentor era nada menos que Donald Trump (anda que.... vaya tipo al que emular), y que si lo piensa uno fríamente está claro que los participantes son verdadera escoria y material de derribo. Por mucho que vayan de superguais sólo hay que pensar que si pueden participar es que están en el puto paro, mucha falta no hacen donde trabajan porque pueden prescindir de ellos un tiempo y que por mucho que digan que se van a comer el mundo, si todavía no lo han hecho a estas alturas es que muy buenos no son. A su edad Bill Gates ya era un conocido enemigo de la humanidad. Éstos se creen el Pirata Roberts y no pasan de Juan Candelas.
Además, el sistema es muy sencillo: los malditos bastardos encantados de haberse conocido (no a los demás concursantes, sino a ellos mismos), viven en una casa y Papá Pitufo y sus dos acólitos siervos del caos que ejercen de comisariado político les proponen varias misiones o quests que hay que cumplir. El que hace más caja, gana. El capitalismo tendrá otras cosas que objetarle, pero no que en algunos aspectos sea más simple que el mecanismo de un chupete. El equipo perdedor tiene que sacrificar a uno de sus componentes como si estuviésemos ante un juego de pelota maya, para aplacar la ira de los dioses.
Lo primero que hizo Papá Pitufo fue dividirlos en dos grupos. Podría ser altos contra bajos, los más jóvenes contra los mayores, los del Sevilla contra los del Betis... pero no: chicos contra chicas. Si bien lo mira uno, ¿por qué no? Si sirve para las partidas de Trivial Pursuit del verano, ¿por qué no para esto?
El primer quest fue elegir líder del equipo y poner nombre a la empresa ficticia que iba a hacer... algo que no tenían ni puñetera idea de qué iba a ser. Efectivamente, así funciona el mundo: primero nos ponemos nombre fardón, luego ya veremos lo que hacemos. Dilbert no es una visión chusca del mundo empresarial, sino puro costumbrismo. Porque eso es justo lo primero que ocurre en la serie de dibujos animados de Dilbert: primero eligen un nombre de algo que quieren vender, y luego ya se ponen a investigar qué va a ser ese algo. Si, cuando veo cosas así yo también siento que el mundo se me cae encima...
Las chicas crean la empresa Crash.es. Así, sin complejos. Cuando se lo comunican a Papá Pitufo éste muy sabiamente les pregunta: "¿Saben lo que significa "crash"?" Pozí: llamar a una empresa "hostionazo" no inspira mucha confianza, delata muy poca cinefilia porque no nos hemos visto la peli de Cronenberg y por si fuera poco resucitar el malaje de las puntocom tampoco es nada bueno. Pero esto casi no es nada comparado con los chicos, que llaman a su empresa Stamina, diciendo claramente "Es que en inglés todo suena con más impacto". Papá Pitufo pregunta al inventor de la chorrada: "¿Sabe lo que eso significa?" "Sí, claro: resistencia, fuerza". "¿Y el público lo sabe?" "Lo sé yo", responde el bigardo con los brazos en jarras, en plena pose del Algarrobo. Ahí, el público que se joda, si sabré yo lo que quieren los demás: lo que me salga de este pedazo pepino que Dios me ha dado para alegría de media humanidad y envidia de la otra media. Retened el nombre de este tipo, Benjamín, que al presentarse, poseído por el espíritu de Bilardo, dijo "Éste es mi momento y al que se interponga lo pisaré como a una uva", "Sabía que era el ganador antes de empezar, pero ahora que he conocido a los demás estoy seguro". ¡Este tío es grande y es mi ídolo desde ya! Se vio Wall Street de chiquitillo y llegó a la conclusión de que quería ser como el personaje de Michael Douglas. Seguro que, igual que Barney en Cómo conocí a vuestra madre, cree que el protagonista de Karate Kid es el niño rubio malvado, y que el bueno en Terminator es el Chuache (bueno, esto último habría que discutirlo).
He aquí al nuevo ídolo de las masas. Además es catalán, así que se le puede odiar el doble sin recargo.Reunidos nuevamente frente a Papá Pitufo los pitufillos presentan a sus líderes y el Amo del Calaboso les comunica su primer quest: tienen que ir a un mercadillo y vender aceitunas. Se quedan un poco con cara de pasmaos, pero bueno, ¿qué esperaban? ¿Montar por las buenas una campaña mundial de la Coca-Cola? ¿Renovar la imagen de Nike? ¿Presentar la nueva X-Box? Los experimentos, con aceitunas.
Lo importante no es eso, sino que hay algunas conversaciones entre ellos deben movernos a la más profunda reflexión. Todos ellos son ejecutivos, vendedores natos como ellos mismos se definen, tiburones de las finanzas. Dicho de otra manera, cancamusochafarderos, que es como se los conoce en el argot empresarial. Y además, lo tienen muy claro: el que sabe vender una cosa sabe vender cualquier otra. Detengámonos ante esta afirmación y examinemos sus implicaciones. Veréis, queridos lectores: no dudo que la mayor parte de vosotros sois gente honrada que tiene trabajos honrados de ésos en los que hay que saber hacer cosas, hacerlas bien y todo lo demás. No sólo eso, sino que probablemente provengáis de una larga estirpe de trabajadores honrados. ¡Por eso os va en la vida como os va, desgraciaos que nunca llegaréis a nada! En esta vida no ya sólo se da una eterna lucha por sobrepasar la delgada línea marrón, como dice Fuckowski, sino que hay otro mundo que sabemos que existe y que está por encima del nuestro, pero que en el fondo no entendemos y tememos entender, porque si no seguro que haríamos una sangría suelta. Porque tú, oh trabajador, no eres nada frente a los cancamusochafarderos. Tú tienes que especializarte, llegar a ser algo, puedes quemarte en el camino, o quedarte poco actualizado, y después de un tiempo no puedes dar marcha atrás en tu carrera. Pero ellos, oh ellos: pueden salir de una fábrica de embutidos y hacer lo mismo que hacían o no hacían en una de microchips. Vender cancamusa y chafardear se puede hacer en cualquier sitio y toda experiencia es buena, no haces sino subir de nivel con el tiempo y la experiencia, empezando porque ya odiabas al género humano, hasta que te resulta tan indiferente que mejoras como los buenos vinos. Porque vender cancamusa y chafardear es un lenguaje universal en el que sólo se necesita una cara de cemento armado y una completa falta de escrúpulos. Mientras a ti te pondrán problemas para coger las vacaciones porque es importante lo que haces, y a veces incluso te sacarán de la cama para arreglar algo que no puede esperar, los cancamusochafarderos se irán un mes seguido de vacaciones porque no pasa nada porque ellos falten, no tendrán trabajo acumulado al volver y sobre todo cobrarán tres veces más que tú por hacer un trabajo cuyo significado no pueden explicar de manera que una persona normal lo entienda. Eso sí: respetadlos, porque son vuestros jefes y nuestros culos les pertenecen.
Pues hala, a vender aceitunas. Y aquí vemos un nuevo ejemplo de como va ette-paí. Las chicas medio se apañan aunque tampoco demasiado, no se comen un colín en la venta puerta a puerta y tampoco se pican demasiado entre ellas, dado el carácter pasivo-agresivo que impera en el sexo femenino. Aún así, ya hay una que intenta desafiar al poder establecido con un revelador: "Es que si la líder va a cien, todo el grupo va a cien, y yo siempre voy a doscientos". No te quitaré ojo de encima porque lo tuyo promete, y como le dijo Palpatine a Anakin: "Vigilaré con atención tus progresos, joven aprendiz". Y es que los que realmente se lucieron, y se cubrieron de gloria, fueron los muchachotes, que vendieron el producto a un precio ridículo y además al que encargaron de hacer los cálculos porque era un experto, Javier, se hizo la picha un lío con los números. Así va el país. Por otra parte el líder, Juancho, delegó la venta ambulante en el joven Ángel, que afirmaba tener experiencia en vender "door to door", como él mismo dijo; para terminar de arreglarlo iban tan sobrados que compraron más producto del inicial, y claro, les llegó tarde y la pringaron. Aun así estaban eufóricos y no dejaban de repetirse: "Seguro que hemos ganado a las chicas, tron". El resultado fue un impresionante beneficio de 80 lerus para los chicos y de 90 para las chicas. Sí señor: para todo un día de trabajo de ocho personas, no llegar ni a 100 lerus; pues que así no se levanta el país, qué queréis que os diga. ¿Esa productividad de dónde es? ¿De Botswana?
Y entonces llegó el momento en el que uno puede decir: Esquilo, majete, retírate, porque lo que sucedió a continuación no lo supera ni el final de la Saga de Fénix Oscura. Papá Pitufo se queda a solas con el líder, Juancho, que automáticamente es candidato a ser despedido, y a su vez el caído en desgracia tiene que elegir a dos más de los suyos sobre los que cree que recae el oprobio de la derrota. Naturalmente, elige a Javier y a Ángel, de cuyos bajos se percibe que empiezan a emanar sospechosos efluvios hediondos. Y llega el momento de especial intensidad en el que cada uno tiene que decir cuál de los tres cree que debe ser despedido para que se cumpla la voluntad del Hado y que se aplaque su furia. Juancho, con dos cojones, le echa la culpa al niñato que dirigió el grupo de venta ambulante, y el pobre chico se queda tan descompuesto que cuando le preguntan a él con la voz rota y al borde del llanto denuncia al líder por acusica, felón, connivencia con el enemigo y relajamiento del tono testicular. Lágrimas de emoción corren por mis mejillas y me llevo la mano al pecho transido de dolor al ver culminadas todas mis expectativas estéticas en un clímax que se prolonga agónicamente cuando de forma magistral, haciendo gala de su sabiduría y conocedor de lo que va a pasar, Papá Pitufo interroga en último lugar a un compungido Javier, que humildemente acepta su error y considera que no puede haber más culpable que él, pues suya fue la equivocación inicial y debe asumirla. Rompo a llorar desconsolado como Robert de Niro interpretando a Al Capone al final del primer acto de Pagliacci, contemplando ese ejemplo de integridad, pundonor, vergüenza torera e interpretación cabal del código del bushido. "¡A la puta calle!", truena Papá Pitufo haciendo uso de su poder deíctico, y señalando al pecador lo condena a vagar por siempre en el Hades como una sombra sin memoria, pues aunque de sus labios sale un anodino "Estás despedido" todos sabemos lo que eso quiere decir.
Y Javier se va a la puta calle con la cabeza bien alta, mientras Ángel mira en su interior desolado ante su propia bajeza, y Juancho tiene luego los santos huevazos de decirle a sus compañeros que ojalá trabaje siempre con gente tan cojonuda como Javier. Di que sí: con gente así otro gallo nos habría cantado con la Invencible y en Trafalgar, y España seguiría siendo Ej!paña!
Y así acaba la primera edición. A las chicas como premio se les concede una tarde de tratamiento de relajación y belleza (ganar algo más de 10 leuros en un día puede ser agotador), y cuando ganen los chicos... pues no sé. Los llevaran a putas, supongo. Qué menos.
Ahora sólo a esperar al segundo programa, donde según los avances Benjamín parece que va a montar la de Diox es Cristo porque no reconocen todos naturalmente su naturaleza de macho alfa, y los manda a todos a tomar por saco, ¡y además en inglés, que siempre puntúa doble!
¿Que pasará en el futuro? Yo apuesto porque Ángel profundizará en su relación de efebía con Benjamín, y que se aliarán para hacer quedar como tonto al gordo del equipo, basándose en sus profundos conocimientos del Lado Oscuro y en que en todo grupo tiene que haber un gordo tonto que sirva de cabeza de turco. Aunque mucho me temo que el expulsado pueda ser Benjamín, porque ya sabemos que en este mundo lleno de mediocres el que tiene verdadera voluntad de poder, es emprendedor y entiende que no hay más virtud que el infinito amor hacia uno mismo, es sojuzgado por los saqueadores del talento de los demás. Será una lástima, porque el concurso perdería mucho y además lo veo capaz de cubrir a todas las féminas sin problemas. Esperemos también que poco a poco las muchachas vayan mostrando su juego, que afilen las uñas y podamos disfrutar de una buena pelea de gatas.
Así que os quiero a todos ya promocionando el programa y recomendándolo a vuestras amistades, y el lunes nos encontramos todos en el Piador para comentar en directo el siguiente capítulo de un psicodrama de proporciones épicas como pocas veces ha disfrutado la humanidad. Revolquémonos gozosamente en la inmundicia de nuestra propia naturaleza depredadora y reconozcamos que aunque nos creamos águilas o leones nunca hemos pasado de ser hienas, o a lo sumo monos con poca gracia.
Etiquetas: Guerra Eterna entre el Bien y el Mal, Purgandus Populum




































































