21.10.08

La crisis: La parábola del niño y el helado

Probablemente a los legos de la economía les suenen a chino términos como "elección racional" o el famoso "Homo oeconomicus", y con razón y eso que salen ganando. Como afortunadamente ya hace bastantes años que no me muevo en medios académicos, sino entre grupos de "gente normal", ya me he acostumbrado a tener que explicar algunos conceptos de manera que los pueda entender alguien que no los domina ya. Y como debo tener cara de marisabidilla y además atraigo las preguntas comprometidas como la mi... miel a las moscas, pues de vez en cuando me acribillan a preguntas, y naturalmente lo de la crisis está a la orden del día. Y como en el fondo no tengo ni idea y a lo máximo que puedo aspirar es a chupar rueda de los que saben más que yo, no tengo otro remedio que acudir al socorrido método de la parábola para guiar un poco a los que así vienen a mí en busca de iluminación y consuelo.

De ahí la parábola del niño y el helado, que viene a ser más o menos así:

Supongamos, que es mucho suponer, que nuestra decisiones sobre lo que hacemos son racionales. Incluso asumiendo eso, no sería garantía de nada: hay decisiones tomadas racionalmente que pueden ser un desastre, o no contemplar ni de lejos todas las consecuencias que acarrean. Más aún: frases del tipo "Como no tenemos dinero dejemos a Hansel y Gretel perdidos en el bosque para que se los coman los lobos" pueden ser muy racionales y conllevar un cálculo perfecto de costes y oportunidades, pero son de dudosa catadura moral, cuando no totalmente ilegales. No todo lo racional es bueno ni todo lo bueno es racional.

La modelización, en ciencia, no es que sea un vicio, sino que es algo completamente imprescindible, y necesario, siempre y cuando no perdamos el norte y sepamos que estamos haciendo eso, modelizando y creando sistemas ideales que, obviamente, se darán de tortas vilmente contra la realidad. Una cosa es que un físico estudie el famoso sólido rígido como un volumen perfecto que no se deforma ni aunque Hulk lo presione, o que los muelles según bellas fórmulas trigonométricas creen movimientos uniformes, armónicos y eternos, y otra muy distinta pensar que el mundo funciona realmente así, cuando es justamente al revés. Si no quieres tener un grave problema, debes tener muy claro quién es el que manda: el mundo, o tu ego.

Las ciencias empíricas, que han sido el modelo tanto para el positivismo como para el neopositivismo, lo tuvieron muy claro desde el primer momento: el mundo es como es, y nosotros lo estudiamos como mejor podemos o somos capaces. A pesar de chulerías como la Einstein, cuando dijo que lo sentía si el experimento del eclipse le quitaba la razón, porque la teoría era correcta, lo normal es que el científico se tome bastante en serio los coscorrones que le da la realidad, aunque obviamente en esto hay muchas excepciones y jugosas anécdotas de cabezonerías, que pueden acabar igual bien que mal.

Al pasar de las ciencias positivas, de la naturaleza o la explicación a las ciencias sociales, del espíritu o de la comprensión, normalmente la liamos parda. No sólo las modelizaciones son a veces de vergüenza ajena, o antiintuitivas en grado sumo, sino que se acostumbra a perder el norte completamente, se da por válida la modelización y se cae en el platonismo más descastado al no ver el mundo más que como un pálido reflejo de nuestra alocada idealización de aquello que hemos decidido reducir a cuatro conceptos o gruesos brochazos. Si la realidad tiene el mal gusto de intentar apearnos de la burra, si es necesario nos soldaremos a ella si hace falta, y crearemos toda una fantasía para denunciar una conspiración por la que se nos intenta que adaptemos nuestra forma de pensar al mundo, en vez de actuar el mundo en buena lógica y empezar a parecerse a nuestro modelo, tan bonito, perfecto... y por supuesto racional.

Como "crisis" significa también cambio u oportunidad para cambiar las cosas, quizá sea mucho esperar que todo este pollo sirva para que muchos se den cuenta de que nuestros ahorros e inversiones, y todo el sistema financiero y económico que sustenta nuestras muchas a veces inmerecidas comodidades, no está precisamente en manos de gente que actúa de forma racional. Actuar de forma racional, por ejemplo, es lo que se espera de un adulto responsable, que incluso actuando de forma responsable y racional puede terminar pifiándola, por supuesto: uno puede ir conduciendo muy atento y cumpliendo el código a rajatabla, y matarse igualmente. Del mismo modo se espera que en ese modelo de ser humano racional todos sepamos que nada nos impide entrar en un bar, pastelería o heladería, poner un billete de 50 lerus sobre el mostrador y decir al que corresponda que nos ponga de sus productos hasta que nos tengan que recoger con pala, pero que no debemos hacerlo por la cuenta que nos trae.

Sin embargo eso ocurre todos los días: aunque se supone que todos deberíamos saber cuántas copas podemos beber, o cuántos helados tomar, la realidad nos dice que el ser humano de racional muchas veces tiene lo justito, que se comporta de forma compulsiva sin la más elemental noción de las consecuencias a futuro y que muchas veces sabe lo que le conviene tanto como un niño al que se deja solo en una heladería con un billete de 50 lerus. Obviamente, un niño no es un adulto ni se le debe exigir lo mismo que a un adulto, pero todo el mundo espera de alguien con un poco de sentido común que no se endeude hasta las cejas, no compre a crédito más de lo que pueda pagar, y no escuche los cantos de sirena de los que le ofrecen doblar el valor de su patrimonio en apenas un año. Pocas cosas hay más racionales que comprender bien clarito que no se dan duros a cuatro pesetas.

Tenemos tanto de homo oeconomicus como de sólido rígido: el impacto contra la cruda realidad, a toda velocidad y sin cinturón de seguridad, suele tener consecuencias desastrosas. Ahora preguntémonos cuántas personas se estrellan al año en nuestras carreteras, ya sea por su mal estado, por completas imprudencias ("Tío, voy a pillar esta casa como inversión, déjame que yo controlo"), o por exceso de alcohol, y si no recordemos también la expresión "borrachera de los mercados", de niños irresponsables hasta las cejas de azúcar que creen que son invencibles. Eso es lo que hemos vivido en estos años: un enorme botellón de dinero. Poner a un niño en una heladería sin control es arriesgarse a quedarse sin niño, por ejemplo: tragará compulsivamente hasta que coja el empacho del milenio. Poner a manipuladores compulsivos de la realidad cuyo mayor placer es maquinar para alterar el precio de las cosas con delirios megalomaníacos, y hacer prestidigitación con el dinero de todos es tan temerario como dejar jugar a un chimpancé con un AK-47. En cierto modo, esto es lo que ha pasado con nuestro sistema financiero, un atracón que parecía no tener límite ni consecuencias, y que puede terminar con la purga Benito.

La verdad es que a mí no me extraña: ya hace años colaboré en proyectos que recibían el famoso marchamo de "implantación de Basilea", y quedé hasta el gorro de análisis de riesgos,
ratings y scorings, que básicamente era eso, impedir las concesiones de crédito por la buenas a los que no cumpliesen una serie de requisitos, y por si fuera poco que la decisión automática que realizase el programa no pudiese ser revocada sino por muy altas instancias en la institución financiera. Como nos decía don Emilio con su hermoso acento de Santander: "If you don't know your client, don't lend him money", cosa que cae de cajón, no le vas a andar dando dinero por ahí a cualquiera sin saber de qué pie cojea. Claro que por muy bien programado que esté todo eso si los datos de entrada son falsos o amañados para dar la luz verde, lo que se conseguía en el fondo con todas las capas de mentiras y falsas evaluaciones que protegían a las subprime y a los "ninja" de brillar como productos tóxicos, pues qué queréis que os diga, tampoco hay demasiado que entender: "Hecha la ley, hecha la trampa".

¿Son algunos de nuestros próceres económicos, a los que parece que debemos acatamiento y respeto sin límites, en el fondo, no más que eso, niños poniéndose ciegos a helado sin preocuparles el mal rato que van a pasar y el que van a hacer vivir a su familia? Pues algo de eso hay, y sólo con tener dos dedos de frente es comprensible saber que algunos de los yonkis del dinero y apóstoles de "la Realidad se equivoca, que te lo digo yo", son tan racionales con la economía como un niño en una heladería. Mientras dura el atracón y el subidón de azúcar todo es felicidad y alegría, el mundo brilla y sonríe, pero a la hora del retortijón a llorar y dar la tabarra a todo el mundo, o a decir que la culpa "es de la pechuga de pollo, que me habrá sentado mal en la barriguita".

Y así es como a veces intento explicarle a alguna gente la actual crisis. Es una forma imperfecta y pedestre, no lo voy a negar, pero efectiva, sobre todo entre los que tienen niños y se conocen la situación: el niño hace lo que le da la gana, y cuando se/la caga siempre es el mismo el que tiene que aguantarlo y limpiarlo. Pero la culpa también es nuestra: si dejamos que nuestros próceres económicos hagan lo que les dé la gana sin control alguno, igual que a veces hacen los políticos, puede pasar cualquier cosa. Recordemos que esto que a veces tan temerariamente llamamos democracia conlleva una vigilancia constante de nuestros custodios.

¿Que de todo esto pueda salir algo bueno? Pues no lo sé. Dicen que escarmentando se aprende, y los niños que sobreviven a la infancia se convierten en adultos, aunque lo de racionales vamos a dejarlo en suspenso. Yo me acuerdo perfectamente que a los diez años o así cogí semejante empacho de croquetas que luego estuve varios años sin probarlas, y su mismo olor me producía náuseas. ¿Y sabéis que fue una de las cosas pedí a mi madre antes de irme de casa? Pues la receta para las croquetas, que obviamente elaboro y consumo racionalmente.

-SuperSantiEgo

Etiquetas: , , ,

Bookmark and Share
Escrito por SuperSantiEgo at 6:47 AM

11 Comentarios:

Blogger kanif dijo...

Fíjate si seremos capaces de actuar de forma irracional que ahora, con la crisis, he oído recomendaciones en mi radio de no comprar cuando tenemos hambre, pues dicen que se gasta más y se compran artículos innecesarios. En el fondo somos ese mono aún sin civilizar.
Buen artículo. Ud. ha regresado.

9:14 AM  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Es que me acuerdo perfectamente por el 2001 ó 2002 cuando contábamos el famoso chiste de las latas de sardinas, que contiene más sabiduría económica que muchos tratados, y cómo hasta hace poco mis compañeros presumían de comprar casas en plano para revenderlas un año después y sacarles 20000 leuros limpios.

Vamos, el que no vio venir esto es que es tontolculo.

9:25 AM  
Blogger Necio Hutopo dijo...

EL problema real, don Santiego, es que algunos niños que sobreviven a la infancia, además de en adultos, tambien se transforman en nuestros prócveres económicos... Y así va el mundo.

9:45 AM  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Y que la mayoría de edad a los 18 es un convencionalismo cultural más. Conoce uno por ahí a más de uno con 40 ó 50, que tiene menos entendederas respecto a la vida que muchos niños de teta.

9:47 AM  
Blogger Citoyen dijo...

Santi;

El "homo economicus" es un mito creado por Mill y que no funciona desde que Samuelson publicó sus fundamentos de análisis económico-en 1945, si mal no recuerdo.

Quiero decir; hoy los economistas colaboran con los científicos cognitivos, explican como funciona el mundo cuando la información no es perfecta ni fácil de procesar y- de forma más general- el análisis económico no funciona con el mundo perfecto de la escuela de chicago.

La irracionalidad es modelizable y aproximable; lo que no es, es predecible con exactitud. Pero ni por la economía neoclásica ni por nadie.

Mi idea es la siguiente: los modelos sirven para ser usados, no creídos. Cuando hacemos políticas públicas SIEMPRE tenemos un modelo en mente; es decir no hay una alternativa a la modelización-simplificada- de la realidad, sólo modelos alternativos. La misión de los economistas es evaluar los modelos alternativos comprobando si esos modelos son a)coherentes con sus supuestos (para eso usamos las mates) b) dan cuenta de la realidad (para eso sirve la estadística). En general, no podemos saber cuando sí dan cuenta de la realidad, pero sí lo contrario.

Aparte de eso, no tengo ninguna objección a tu artículo.

12:19 PM  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Ya, Citoyen, eso lo sabe cualquiera con dos dedos de frente o que salga un rato a la calle y vea cómo funciona el mundo. Los modelos son necesarios, es el ABC de cualquier epistemología. Saber cuál es su alcance y sus debilidades es lo importante.

Lo alucinante es cuando te están explicando que luce el sol y debemos salir en chanclas a la calle cuando uno mira por la ventana y ve que jarrea.

Por lo demás, el artículo no es sino una parábola que no resiste más allá del primer análisis, empezando porque los economistas no son niños. Lo que sí me parece gracioso es la idea de la codicia de dinero y de ganancias fáciles como análogo de la gula: ante nuestro platillo favorito es muy difícil mantener la racionalidad. Y ahora que se acerca la Navidad sólo hay que ver cómo se comporta alguna gente frente a un plato de percebes.

12:26 PM  
Anonymous Narciso dijo...

Cuenta el chiste de las sardinas, que no me lo se, porfa.

7:13 PM  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Tampoco es que sea un chiste muy bueno, y además con lo de la crisis se han dicho cosas parecidas.

Juan compra un lote de sardinas en lata por 1000, y se las revende a Pedro por 1100, que se las vende a María por 1200, y así sucesivamente hasta que las compra Roberto por 2000. Roberto se las vende a unos grandes almacenes, que las ponen a la venta al público, que cuando las abre ve que están pasadas. Los grandes almacenes reclaman a Roberto, que a su vez llama a su proveedor, que cuando escucha lo que le dice se ríe y le increpa:

"No me jodas, hombre. Esas latas de sardinas no eran para que se las comiese nadie, sino para comprarlas y venderlas."

Es el principio de los bonos basura, o de toda especulación: no se crea valor real, sino puramente ficticio, y esa situación durará en cuanto todos estén de acuerdo y entren en el juego.

8:53 PM  
Blogger Dr. J dijo...

Yo, de economía, ni papa, la verdad; pero es que tanto el chiste ese de las sardinas como todo lo que está ocurriendo ahora... ¿no es casi exactamente lo mismo que ocurrió en el crack del 29? ¡Si es que no aprendemos! Que la Segunda Ley de la Termodinámica no sólo es para Físicos, coño, pero ¿qué es lo que les enseñan a estos en las Facultades de Económicas???...

1:39 PM  
Blogger Kaneda dijo...

Muy buena entrada. Periódicamente entro en tu blog por los links más diversos y nunca me acuerdo suscribirme a él para seguirlo con regularidad. De hoy no pasa. Suscrito y fichado quedas.

Salud.

3:49 PM  
Blogger Iskra dijo...

A mi a veces me da la impresión de que es como cuando llegaba borracha a casa y al día siguiente me levantaba con el estómago destrozado y le decía a mi madre... "es que anoche me comí una tapa de ensaladilla y me sentó mal". Era mentira, pero mi madre me creía y no hacía nada por evitarlo. No me decía: deja de beber tanto que no es bueno. Y además me cuidaba dándome pucheritos para mi estómago. Ahora, tras la ahitera de dinero conseguido por determinadas vías se intenta hacernos ver que no ha sido culpa de los que realmente han ocasionado esta situación. Y además se les inyecta más dinero para que no les siente tan mal el destrozo ocasionado.

12:08 PM  

Publicar un comentario en la entrada

Enlaces a esta entrada:

Crear un enlace

<< Inicio