Libro: El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza
La verdad es que hasta ahora sólo había leído un libro de Eduardo Mendoza, La ciudad de los prodigios, que me encantó por muchas razones. Que empiece la novela explicando los orígenes y evolución de Barcelona con bastante mala uva es precioso, pero luego se supera con este bello detalle de mal español: se pone a explicar que después del intento de secesión de Cataluña en la época borbónica ésta se saldó con una presencia militar tipo ocupación durante muchos años en la ciudad, cuando todo buen patriota debe pensar con César Vidal y JLo que todo fue amor, calor y amistad entre los pueblos de España desde la gloriosa unificación de los Reyes Católicos. Es realmente conmovedor, así como la presencia de ovnis casi de estilo steam-punk antes de que se definiera ese género y otras lindezas.En este caso he degustado un librito de apenas 190 páginas que se puede leer sin problemas de un tirón. Responde al título de El asombroso viaje de Pomponio Flato, y me enteré de su existencia, y de que se se ponía a la venta justo la semana pasada, por medio de una entrevista en un suplemento dominical que anunciaba su lanzamiento. Según contaba el propio autor, en parte es parodia de los actuales grandes ventas tipo El código da Vinci, que presentan misterios ancestrales, conspiraciones para dominar el mundo y argumentos enrevesados, aunque confiesa que de ese tipo de literatura apenas si ha leído ese título. Bueno, hasta cierto punto puede que sea verdad ese propósito cervantino de escarnecer un género literario desmadrado y nefasto para el buen gusto, pero desde luego los valores del libro son otros.
La narración, en primera persona y en forma de carta a un amigo, muy del gusto antiguo, trata sobre las peripecias de un filósofo aristotélico romano, Pomponio Flato, en su viaje por la Palestina de los tiempos de Cristo. Siguiendo una tradición tan vieja como la literatura, y que tanto gustaba a Galdós, el nombre es toda una declaración de intenciones y previene del carácter jocoso del argumento: el narrador y sus diálogos son pomposos, y en su continua búsqueda del conocimiento y la experimentación aristotélica prueba aguas pretendidamente medicinales que le escandalizan el vientre, circunstancia ésta que pone al protagonista más de una vez en situaciones realmente comprometidas al ser incapaz de controlar sus ventosidades.
Por azares del destino llega a Nazareth cuando se espera la ejecución de un carpintero de nombre José, al que se acusa de asesinato. El hijo del carpintero, un niño de menos de diez años de nombre Jesús, contratará los servicios del filósofo como improvisado p.i., o sea investigador privado, y que así pruebe la inocencia de su padre. Aquí es cuando uno dice: con un par bien puestos, don Eduardo. Por medio de investigaciones con peripecias poco heroicas, y diálogos chuscos y rebuscados, se llegará a la conclusión del caso en una típica y tópica escena en la que todas las partes están reunidas y el detective presenta sus conclusiones, más o menos como en Un cadáver a los postres. Cuando se sabe jugar con los lugares comunes y los tópicos de los géneros, el resultado puede ser impresionante si se capta la referencia. Sin embargo, en ningún momento aparecen anacronismos, y la novela está bien documentada y es históricamente acertada. El lector moderno, sin embargo, no podrá dejar de notar que aparece una especulación urbanística de primer orden, algo de absoluta actualidad, aunque como el mismo Mendoza nos dirá en su epílogo, eso era algo a la orden del día también en aquella época. También hay un homenaje intertextual literario y cinematográfico que curiosamente ha hecho coincidir casi la publicación de este libro con la muerte de Charlton Heston.
El libro no es, en principio, ni herético ni ofensivo, aunque supongo que algunos ya le buscarán las vueltas. Tiene gracia ver al niño Jesús siguiendo al romano, que en una ocasión le da un coscorrón por hablar cuando no debe como a un chaval cualquiera, o la presentación que se hace del que después será San Juan Bautista como un pillete asilvestrado. San José es eso, un currante de ya cierta edad, un pepe (pater putatibus) del que nunca se dice en los Evangelios cómo murió, pues la Virgen se presupone desde el primer momento que es viuda cuando Jesús es adulto. En los capítulos finales todo queda atado, y algunos personajes se nos revelan como lo que van a ser luego en el Nuevo Testamento, a la vez que se dan unas indicaciones con bastante mala intención sobre una posible interpretación racional de algunos de los posteriores milagros de Jesús, que durante todo el libro va haciendo preguntas y pidiendo explicaciones sobre el significado de frases que dicen otros personajes y que luego le serán atribuidas a él.
Para acabar os dejo con una de las frases que el mismo Febo Apolo le dirige a Pomponio Flato, quejándose de que en la remota Israel sus poderes no funcionan del todo bien porque no es su territorio: "Ya me gustaría ver al Mesías haciendo milagros en el Peloponeso."
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria

























3 Comentarios:
Wow, Mendoza es un crack. Lo descubrí hace un webo de años cuando me mandaron leer "El laberinto de las aceitunas" en clase de Literatura de BUP. Brutal.
Si tienes ocasión, léete también "Sin noticias de Gurp", que en cosa de 2-3 horas lo liquidas.
A mi me decepcionó bastante. Tiene muy poca mala leche y demasiado buen rollito, comparado con "La aventura del tocador de señoras" esto es una historia de buen rollito con unos pocos chistes de darse por el culo, literalmente. Poquita cosa para un escritor tan bueno.
Sí, se nota que no quiere ir a mala sangre, aunque sobre todo al final algo de cañita mete.
Estuve a punto de mencionar las muchas referencias, todas ellas positivas, que hay a dar por culo, pero al final recordé que éste es un blog familiar.
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