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25.3.08

Todo lo que sé de Política lo aprendí jugando a El República de Roma

Hombre, quizá sea exagerado, pero en cierto modo el clásico juego de Avalon Hill es la única experiencia que tengo en política.
El República de Roma es un simulador político ambientado en la antigua república romana, más o menos desde la época de la Primera Guerra Púnica hasta el ascenso de las grandes figuras de las guerras civiles que acabaron con ella. Es, probablemente, uno de los juegos con más mala leche que existen, y toda una aplicación práctica de eso, de lo que es la política, el arte de lo posible, cada uno intentando llevar el agua a su molino pero en equilibrio con los demás.
Cada jugador juega una facción liderada por una familia de rancio abolengo, en las que pueden ir saliendo distintos personajes históricos. El objetivo es que alguien de tu facción consiga convertirse en el Primer Hombre acumulando suficiente poder, lo que se refleja en los puntos de influencia, que se ganan desempeñando diversos cargos políticos y participando en guerras victoriosas que además proveen de substanciosos botines al Estado. Hay tres períodos históricos, república temprana, media y tardía, y las condiciones de victoria van cambiando, así como los eventos y personajes que aparecen. No es obligatorio empezar en el primer período, y el juego suele alargarse tanto que pocas veces se acaba y hay que comprobar en el momento acordado de fin quién es el que en ese momento goza de una posición privilegiada para comprobar quién ha ganado. No tiene nada que ver con un juego de rol, pero si los jugadores al hacer propuestas e ir a la guerra adoptan un digno tono de voz y se dirigen al resto de los jugadores como “padres conscriptos”, mola mucho más. Al que juega con Catón el Viejo se le agradece que termine cualquier propuesta con “Respecto a todo lo demás, Delenda est Carthago”, y la única vez que jugué con Julio César hablaba en tercera persona: “César propone que ataquemos las Galias y César opina que César sería el más adecuado para que gane nuevos honores Roma… y César”.
Como digo, es un simulador político. Los jugadores, cada uno liderando una facción o partido, representan al Senado de Roma, y como tales son los encargados de los presupuestos del Estado, de decidir qué guerras se combaten y cómo, de elegir los ansiados cargos políticos y religiosos, de asignar concesiones de construcción de armas y barcos o del preciado grano, combatir la corrupción en esos cargos o concesiones, etc. Las distintas cartas que guarda cada jugador provocan eventos, te protegen de intentos de asesinato, permiten hacer intrigas o chantajes y entre ellas están los valiosos tribunos, que garantizan ejercer el estratégico derecho a veto. Llegado el caso, en el momento adecuado y con la carta que permita promulgar una ley, se pueden acometer reformas agrarias que mejoran el estado de la población, aunque perjudican los ingresos del Estado, así que hay que hacerlas con mucho tiento.
Lo insidioso del juego, y lo que lo hace un buen simulador político, es que los jugadores luchan entre ellos por descollar y dejar a los demás atrás, pero a la vez es inevitable colaborar porque todos son representantes de Roma y el juego, literalmente, puede hacerte pasar las de Caín: la neutralidad es imposible y aparecen guerras aleatoriamente que pueden acumularse de forma catastrófica, aparece escasez de mano de obra que encarece los precios, sequías que soliviantan a la población y mil hijoperradas salidas de la mente enferma de los diseñadores del juego. Si los eventos y cartas aleatorios dan algo de cuartelillo es posible que los jugadores se dediquen a ir un poco a lo suyo, pero en la última partida que jugué no hubo turno que no fuese agónico, todo el mundo incluso tenía que donar dinero privado al erario para poder construir unas pocas legiones con las que ir in extremis a unas guerras inciertas, y siempre había que estar vigilando por el rabillo del ojo un marcador llamado Unrest Level (Nivel de Descontento), que una vez se nos desmadró y provocó desórdenes civiles, de modo que varios de los senadores fueron muertos por la ira de la plebe, que llegado el caso y si el nivel de descontento pasa de un límite puede provocar una revolución, con lo que Roma se colapsa, el juego acaba y todos los jugadores pierden. Lo mismo ocurre si se acumulan demasiadas guerras.
El juego es, sin duda, insidioso: una de las formas de tener contenta a la plebe es organizar con dinero privado, nunca del erario, fastuosos juegos y combates de gladiadores, que además de apaciguar a los ciudadanos reportan popularidad al que los organiza, hasta el punto que el populacho, embrutecido por los espectáculos, puede estar la mar de satisfecho aunque pasa hambre y las guerras continuas amenacen la supervivencia de la nación. La popularidad, el amor que siente Roma por ti, es independiente por supuesto de que seas un verdadero paquete de general o un habil político, y te garantiza un buen puñado de votos extra en el caso de que se procese por alguna corrupción real o imaginaria, hasta el punto de que si eres muy popular, con una tirada realmente exitosa, después de defender tu inocencia ante el populacho que te adora éste puede decidir linchar al fiscal que te acusa.
El juego favorece, sin lugar a dudas, el equilibrio: todo jugador que destaque automáticamente verá cómo los demás se ponen en su contra para evitar que acumule más cargos, e incluso se le negará ir a la guerra aunque su capacidad militar sea superior que la de otros cuya influencia no sea tan peligrosa. Es decir: si de momento ves que no puedes ganar tú, tu objetivo es que no ganen los demás, mientras que agazapado esperas a que llegue tu momento y puedas satisfacer tus legítimas ansias de grandeza y poder. Como caso extremo, se puede llegar incluso al intento de asesinato, pero más te vale que te salga bien, porque si no y te juzgan, es casi la única forma en la que puedes, por completo, quedar eliminado de la partida.
Realmente es un juego maravilloso: es capaz de sacar lo peor de cada uno, favorece la corrupción, la doble intención, el quítate tú pa ponerme yo, la agenda oculta, el cultivo de la medianía y el arribismo. Es decir: es un perfecto simulador político. También es todo un ejemplo de lo que es el equilibrio de poder, y de racionalismo y pragmatismo aplicado a las tomas de decisión: cada uno busca su propio beneficio, pero éste sólo es posible teniendo en cuenta los intereses de los demás. No sólo eso, sino que la falta de acuerdo y el que cada facción mire más por sus intereses que por el bien común y la supervivencia de la República termina invariablemente con la destrucción de Roma.
Y eso no debe consentirse, porque Roma… Roma es eterna.
Y de paso, a ver si es cierto el rumor y lo reeditan.

-SuperSantiEgo

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Escrito por SuperSantiEgo at 8:25 AM

13 Comentarios:

Blogger Necio Hutopo dijo...

Bien. Ahora sabemos qué estuvo haciendo en las vacaciones...

25 de marzo de 2008 08:47  
OpenID copepodo dijo...

Sólo he jugado una vez pero me encantó. Eso de estar tú tan tranquilo con tus cosas y que te empiecen a caer acusaciones de corrupción (¿corrupto? ¿¡YO!?). O cuando no paran de salir guerras y más guerras... uno que se pensaba que los romanos iban de sobraos por el Mediterráneo y resulta que todo era fachada.

25 de marzo de 2008 09:50  
Blogger kanif dijo...

Yo siempre he pensado que hay que hablar de Roma aunque sea mal, y también que esta clase de juegos deberían ser asignaturas en las escuelas.
Feliz retorno, compañero.

25 de marzo de 2008 11:52  
Anonymous PonC dijo...

En la primera partida que jugue, primer turno, con la primera guerra punica activa, la primera carta de evento... Anibal... a tomar por saco Roma. Es un juego muy divertido y tenemos el proyecto (no realizado todavia) de organizar una fiesta de la toga y partida al Republica...

25 de marzo de 2008 14:20  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

¡Toga! ¡Toga! ¡Toga!

En mi próximo discurso al Senado cuando hablemos de destruir Cartago les recordaré que los alemanes bombardearon Pearl Harbor.

25 de marzo de 2008 15:27  
Blogger PonC dijo...

Alguien ha probado El Golpe? En inglés conocido como Junta.
En él los jugadores son ministros de una república bananera y gana el juego el que al final del mismo tiene más dinero en la cuenta en Suiza... No he visto ningún otro juego en el que se lancen más puñaladas traperas por unidad de tiempo (bueno, quizá el Paranoia, pero ese no cuenta)

25 de marzo de 2008 17:38  
Anonymous dark the vampyrwülf dijo...

Ese es uno de los juegos que me pregunto por qué jamáz llegaron por estos lares, que parece la mar de divertido, especialmente si con mis amigos ya jugando al Monopoly acabamos siempre a punto de saltar por encima de la mesa para arrancarle los ojos a alguien, con un juego así tendremos diversión asegurada.

25 de marzo de 2008 17:42  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Huy, el Junta. Menuda burrada. Ejemplo de juego en vivo:

http://es.youtube.com/watch?v=s9hlKgjZPW0

Más bestia si cabe es el Kremlin, donde los miembros del Politburó se purgan que es cosa mala y su salud se va resintiendo a medida que el peso del poder se hace insoportable.

25 de marzo de 2008 21:17  
Anonymous aurelia dijo...

Lo que distingue al senado romano en este juego de la Camara de Diputados del Reino de España, es el abuso del recurso del golpe de estado militar (algo que raras veces se ha visto en el juego) y la absoluta falta de estilo de los diputados para el asesinato. Con lo bien que quedaria un personaje publico desangrandose en la escalinata de los leones, mientras piensa en la Frase Para La Historia!

25 de marzo de 2008 22:17  
Blogger Kike dijo...

El juego tiene una pinta COJONUDA.

25 de marzo de 2008 22:45  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

De los que te hacen un hombre con pelo en el pecho, puedes estar seguro.

25 de marzo de 2008 22:51  
Anonymous jmongil dijo...

¿Golpe (antes conocido como Junta)? ¿Kremlin? Pues precisamente de ambos junto con del Kingmaker se inspira el Republic of Rome.

El Kremlin sí que me gustaría que lo reeditaran, porque está descatalogado, y el ejemplar más cercano que he visto lo tiene un amiguete que vive a 250km. Brrrr.

Al Republic tendremos que jugar algún día empezando en el Periodo Tardío. Si te escandalizan las perrerías que ya has visto, las del periodo de los grandes generales te pueden producir un cólico miserere.

26 de marzo de 2008 08:19  
Blogger Aitor Diaz Paredes dijo...

Hombre... el Rome Total War tiene su punto... no será lo mismo pero entretiene el condenado. Por cierto, acabo de enterarme de un Europa Universalis ambientado en Roma, tomad nota.

26 de marzo de 2008 18:08  

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