Los Cantos de Hyperion. All you need is love.
Bueno, ya he terminado el cuarto libro de la saga de los Cantos de Hiperión, así que haremos un pequeño análisis sobre ella, ya que estamos.
Pero primero, divaguemos un poco. Y como saben los asiduos a este blog familiar, lo de divagar nunca ha sido un problema.
Pues esto me ha recordado, en buena medida, a la saga del Mundo del Río de Philip Jose Farmer, que en su momento también se vendió como la saga de ciencia ficción megachachi y requetedefinitiva que igualaba o incluso superaba a la de Fundación o Dune. ¿Que qué es el Mundo del Río? Pues es una de las ideas más buenas que se hayan podido tener para una saga de ciencia ficción: todos los seres humanos del planeta “resucitan” en un planeta por el que transcurre un río que parece casi infinito. La finalidad no está clara, pero parece ser una especie de “experimento social”. El protagonista es Richad Burton (no, no el dos veces marido de Liz Taylor, sino el explorador), y también tienen importancia Mark Twain y otros personajes históricos como Hermann Goering.
¿Cuál fue el problema? Pues el habitual: en lo fantástico, a no ser que tengas una explicación realmente GENIAL, no lo expliques. Lo malo es que todo el mundo suele creer que tiene una explicación GENIAL, y se lanza a la piscina sin mirar demasiado si hay agua o no. Por eso cuando al final Philip Jose Farmer nos cuenta “la verdad verdadera” de todo el asunto, suelen entrar ganas de que lo descoyunten, lo pongan encima de una rueda y se lo sirvan a los cuervos. Me lo leí hace más de diez años y todavía me escuece, joder.
Respecto al caso de Mundo Anillo, novela también curiosa y amena con un propuesta "dura" bastante interesante con su versión de la esfera de Dyson, resulta también infausta su continuación que explica lo que no necesitaba explicación, y de los efectos deletéreos sobre el respetable, mejor no hablar, porque me da la ictericia. Decía Niven que en principio no había tenido idea de continuarla. (Qué buena oportunidad de haberlo hecho así, hombre.) Pero claro, como la gente le pide continuaciones... Pues más carácter y fuerza de voluntad, caramba, que el hombre sabio trata al vulgo como a perros de paja. Y si no fíjate lo que ha terminado haciendo Frank. ¿Pero no podéis dejar las cosas bien como están? No, hay que dar siempre una vuelta más a la tuerca, y claro, a veces nos pasamos de rosca.
Otro ejemplo, que nunca hay que olvidar, es el de Los Inmortales, en la que todo tenía sentido mientras no dijeron ni pío sobre quiénes eran y de dónde venían (no lo sabía nadie, empezando por el guionista original), y las sucesivas explicaciones liaron hasta tal punto la idea que hoy sólo se puede intentar comprender por medio de líneas temporales alternativas y universos paralelos a los que se accede por viajes de peyote. También hay que reconocer que éste es un caso distinto, porque los líos provienen de múltiples autores ignorándose, series de televisión, varios productores y contubernios por el estilo. Lo mismo ocurre con todas las incoherencias, idas de olla y agujeros de continuidad del tamaño de galaxias en los comics de superhéroes. Ya bastante difícil es a veces aclararse uno solo y entender lo que quiere hacer, como para ponerse de acuerdo con los demás, cada uno tirando en una dirección y con su idea GENIAL en la cabeza.
Otro problema es el propio de los géneros, o por lo menos de los modernos. Se acusa a estos géneros, muchas veces con razón, de buscar a un público complaciente que a su vez busca “más de lo mismo”, y que tiene tragaderas más que graves con algunas cosas mientras le den su chute de lo suyo. Bueno, es cierto, pero tampoco se salva lo que se suele conocer como “mainstream” o “literatura general”, supuestamente sin géneros, y llega a haber verdaderos géneros ocultos, desde las “novelas femeninas” (no tiene que ver con que las hayan escrito mujeres o no), a chorradas de espiritualismo facilón o cosas peores que se encuentran en las librerías y que son malas sin remedio y sin ninguna necesidad de pertenecer a un género.
Por último, y quizá lo más polémico, parece que cada vez más se producen novelas dirigidas a un público de un extraño o indefinido bagaje cultural, lo que no deja de producir a veces reacciones realmente extrañas. Si cuando uno sólo tiene un martillo todo le parecen clavos, si nunca has visto el mar una charca grande puede sobrecogerte. Por eso a veces sorprende el entusiasmo ante historias que se proclaman como “la aventura definitiva” que no tienen ni media hostia ante La isla del tesoro, la Biblia de toda historia de aventuras, y la única opción a considerar es que se desconoce por completo la obra de Stevenson. Por lo mismo, aunque nos haga gracia hasta cierto punto, y sea un refrito notable, a Matrix aún le falta mucho para ser un reflexión tan extraordinaria sobre la realidad o irrealidad del mundo como La vida es sueño, y la chochera que algunos exhiben sobre su supuesta profundidad no tiene más explicación que, perdóneseme el elitismo, no conocer nada mejor. Tampoco termino de entender por lo mismo la fascinación por una historia simpática y poco más como es El club de la lucha, después de leerme La peste, El extranjero, La condición humana y Auto de fe. A estas alturas nos van a descubrir algunos lo que es el absurdo y el nihilismo, no te jode.
Extrañeza me causa, por la misma razón, la sorpresa que sienten algunos ante “innovaciones estéticas” que llevan en el mejor de los casos como mínimo un siglo entre nosotros. Muchos ignaros se apresuraron a alabar la innovadora forma de romper la línea temporal de la narración de Pulp Fiction, conocida de sobras ya en clásicos de los años 30 y 40, y reconozco que todavía no asumo y me causa vértigo que muchos crean que la forma de organizar la narración por personajes en la saga de Canción de Hielo y Fuego es idea propia del autor, cuando se trata de una técnica empleada, con mucha más profundidad, en la novelística del XIX, y además sin el recurso insultante para nuestra inteligencia de ponernos al principio del capítulo cuál es el personaje en el que se centra la acción… ¡como si fuéramos tontos y no nos pudiésemos dar cuenta solitos! Hombre, si hasta el momento no se ha leído otra cosa que pestiños como la Dragonlance o bodrios similares, supongo que la calidad literaria de Martin, que la tiene, puede resultar para algunos apabullante, pero no deja de ser triste. Como le dijo una amigo mío a un conocido suyo: “Te envidio porque te pareciese maravilloso El código da Vinci. Entonces cuando leas un libro bueno de verdad… ¡lo vas a flipar como nadie!”
Llegados a este punto… ¿está bien la Saga de los Cantos de Hyperion? Pues… sí, no está mal, desde luego que se deja leer con agrado pero a medida que las cosas “se empiezan a poner en claro” más lamenta uno no haberse quedado cubierto por el velo de la ignorancia. En gran medida creo que la pifia en el mismo sentido que la citada Mundo del Río, y crea unas expectativas que, por lo menos para mí, quedan bastante defraudadas al final. Como dicen los taurinos, si no rematas bien “en el momento de la verdá”, por muy buen toreo o “jogo bonito” que hayas mostrado antes, queda deslucida la faena.
La saga son cuatro novelas, aunque en realidad son dos, y las novelas impares acaban como el culo, y no tienen sentido sin la continuación que es la novela de número par. En realidad se trata de dos novelas muy largas, que por sus muchas páginas y por conveniencia editorial y de negocio, se han publicado en dos partes. La primera sería Hyperion (Hyperion y La caída de Hiperión), y la segunda Endymion (Endymion y El ascenso de Endymion). Si uno se fija, casi se insinúa hasta en los títulos, y sería como el Libro 1 y Libro 2 en los que se publican otras obras. Yo no soy nadie para andar haciendo recomendaciones, pero si se quiere pasar un buen rato leyendo, las dos primeras partes, y a partir de ahí que cada uno asuma sus riesgos y se atenga a las consecuencias.
La primera reflexión que tuve al terminar el primer libro fue que realmente son la nuestra y la que se expresa en perfidoalbionés culturas bien distintas en muchos aspectos. Que un autor como Dan Simmons pueda llamar así a la novela y poner como a uno de los protagonistas nada menos que a John Keats, aunque sea una personalidad recreada digitalmente, tiene bemoles. Se intenta hacer algo así en España con un poeta español metido en una novela de ciencia ficción y el editor te asesina allí mismo para que no se propague la enfermedad. En esos países aún respetan a sus clásicos, mientras que aquí suele ser de buen tono decir que algunos de nuestros más importantes autores son un coñazo. En los países civilizados te admiran si reverencias y actualizas a los clásicos, y en España con suerte te escupen a la cara. Además la primera de las cuatro partes sigue la estructura narrativa de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer, por otro lado conocida en otras obras medievales, en la que cada uno de los protagonistas cuenta su propia historia, y todas vienen a confluir en un mismo argumento que parece que se va a resolver al final pero queda pendiente para la segunda parte, que es donde remata.
La saga mantiene el interés, sobre todo al principio, en tanto que queremos saber realmente qué es lo que pasa en ese barroco y recargado mundo futuro donde nos sitúa Simmons, lleno de planetas habitados por humanos que se trasladan de un lugar a otro por medio de portales teleyectores de transferencia instantánea o por naves que sufren efectos relativistas y deben pagar deudas temporales. La secuencia temporal desde aproximadamente nuestra época a mil años en el futuro es fantasiosa pero no una fantasmada, e incluso las cosas más exóticas que aparecen son más que aceptables. La humanidad habita fundamentalmente en una organización política llamada la Hegemonía, no tan avanzada como el Imperio de Asimov o la Fundación, pero poco le falta, existen unas fuerzas armadas bastante impresionantes que se llaman así, FUERZA, y hay una rama medio perdida de la humanidad conocida como exters (los externos), resultado de los primeros intentos del ser humano por colonizar el espacio, y que en principio parece que son los malos. Las inteligencias artificiales, por su parte, se han independizado de la humanidad, y aunque parece que van un poco a su aire ejercen como consejeros del gobierno. El planeta Tierra, se supone, ha desaparecido en una especie de agujero negro artificial fruto de uno de los primeros experimentos para crear los teleyectores.
El principal atractivo de la historia al principio es el misterio del Alcaudón, un ente que se aparece en el planeta Hiperión y custodia las Tumbas del Tiempo, que parecen retroceder en la historia hasta un momento en que se abrirán. Se ha creado un culto a su alrededor, la Iglesia de la Expiación Final, y se organizan peregrinaciones. El Alcaudón es un monstruo de apariencia metálica rodeado de púas, sus mandíbulas son de acero y cuando pilla a la gente la empala en El Árbol del Dolor. Desde el punto de vista religioso, mucha gente es atea y vive en cierto hedonismo materialista si se lo puede permitir, practica algunos cultos sincréticos heterodoxos como el gnosticismo zen y el cristianismo es casi un religión extinguida, mientras aparecen unos tipos que se hacen llamar templarios que vienen a ser algo así como panteístas ecologistas cuya sede es un mundo poblado de árboles con troncos de kilómetros de diámetro, que también utilizan para crear curiosas naves espaciales.
Tampoco es que quiera extenderme mucho, pero me parece que la primera mitad de los Cantos en sus dos partes es bastante superior no sólo en forma y contenido, sino porque además todavía no sabemos lo que pasa y está todo en el aire: sabemos que hay una conspiración que dura cientos de años y que algo muy raro pasa, aparecen personajes realmente atractivos y en general todo está bien. La segunda parte (Endymion y El ascenso de Endymion) creo que se desinfla bastante por centrarse en dos personajes principales que no dejan de ser dos topicazos, primero Raúl Endymion que es el típico chico buenazo de pueblo, inteligente a su manera pero no brillante, y sobre todo muy leal, y el desastre que es Aenea, que reúne todos los defectos posibles del “ personaje soy-el-elegido”.Este simple hecho desvirtúa, por ejemplo, la comparación de esta saga con la de Dune, donde Herbert controla mejor que bien a dos personajes mesiánicos con poderes casi infinitos: Muabdib y su hijo Leto, empezando porque las sucesivas yihads que desencadenan se saldan con miles de millones de muertos. ¿Dónde se ha visto una revolución religiosa flower power? Si hay ingredientes que a la mínima te pueden jorobar un guiso, y de los que no se puede abusar, no dudéis que cierto tipo de personajes, como se te vayan de las manos, terminan jodiendo hasta lo que haya empezado bastante bien. Todo el asunto del cruciforme que resucita a la gente sin dejarla tonta, y lo de Pax, no sé si ya lo tenía en mente desde el principio Dan Simmons cuando escribió las dos primeras novelas, y tiene cierta gracia aunque ya suena demasiado forzado.
Endymion todavía es una novela de aventuras con momentos buenos, aunque por ejemplo el Alcaudón pierde toda su magia, lo del Árbol del Dolor se olvida completamente y muchas cosas parecen incoherentes con lo que se ha visto ya, pero lo que se supone que tendría que ser la culminación de la saga, la cuarta parte, empieza siendo un rollo patatero para acabar degenerando en un panfleto psedudoreligioso new age olyunidislov parapapapá que en algunos momentos da vergüenza ajena, o por lo menos a mí me la dio. Aunque el director de la colección española, el espabilado de Miquel Barceló, intenta poner la venda antes de que se abra la herida y defender los desbarres que estamos a punto de leer, no hay tu tía. Algunos críticos por lo visto dijeron lo de “¿Quién se cree que es el autor? ¿John Lennon?” Me parece una crítica injusta, la verdad, porque Lennon no era sino un hippy que componía canciones. Hay que ser mucho más cruel. ¿Quién se cree que es Dan Simmons? ¿Paulo Coelho? ¿Osho? También se hacen eco de lo posiblemente escandaloso que creía el autor que podría ser la relación amorosa entre los dos personajes, una niña de doce años y un hombre de treinta, aunque en realidad no pasa nada hasta que ella es bastante mayor (bueno, ella le da un piquito cuando tiene dieciséis años, qué fuerte) y de escandalosa no tiene nada la relación casta y platónica que mantienen los dos hasta entonces. Además, ¿hace cuántos años dice usted que Nabokov escribió Lolita? Hombre, no me jodáis con estas cosas a estas alturas, que ya no son horas.
Cuando estaba leyendo la cuarta parte de los Cantos hubo un momento en que me dije: “Si alguien dice ‘No necesitas ser una estrella para brillar’, ‘Lo bueno es mejor que lo malo’, ‘Amor es no tener que decir nunca lo siento’, o algo parecido, voy hasta donde viva este señor y le pego”. Lo de “Seré como un nuevo Newton, y mostraré a todos que el amor es la fuerza fundamental que mantiene unido el Universo” no sólo me evocó a través de los Abismos de la Fuerza una poderosa imagen de sir Alec Guinness, sino que me mató más neuronas que aquella vez que bebí alcohol de madera sin querer y de lo primero que me acuerdo al despertar es que estaba escribiendo un blog. ¡Que yo no quiero leer a Margaret Mitchell, joder! Ya antes me había mosqueado un tanto lo de que las inteligencias artificiales se expresasen por medio de koans zen (anda que… también es ocurrencia), y la interpretación bastante extraña que el autor hacía de las teorías de Teilhard de Chardin, a quien me pareció que, o no había leído, lo había interpretado francamente muy mal, o lo interpretó como le dio la gana para la novela (esto muy legítimo, que conste), pero cuando las cosas llegan a cierto nivel de pajeamiento mental uno tiene que decir que hasta ahí ha llegado. Lo de la “comunión”, y lo del Momento Compartido por medio de la Pasión y Muerte no hay por donde cogerlo, así como lo de “hago chas y aparezco a tu lado”, que ya me pareció exagerado cuando lo leí en otra novela, Tigre, tigre de Alfred Bester.
Y luego todo el rollo macabeo de El Vacío que Vincula. Señor Simmons, que no soy hinduista, ni ganas, a mí no me cuente lo que es el Akasha y el Registro Akáshico pero dándole otro nombre a ver si cuela, que yo ya estoy de vuelta de algunas cosas y por algo no veo el informativo de Sánchez Dragó, leñe. ¿Pero tú te crees, Dan, que me vas a contar lo que es el Akasha y que no me voy a dar cuenta, hombre? ¿Y qué es eso de que los budistas lamáticos se han vuelto "algo zen"? Sí, hombre, y los suníes de repente se dan cuenta de que Alí les cae muy bien. Y los del Sevilla y los del Betis se llevan bien, ya de paso.
Yo no quiero hacer comparaciones odiosas, pero se empieza escribiendo mala ciencia ficción y se termina con cosas como Tom Cruise.
Pero primero, divaguemos un poco. Y como saben los asiduos a este blog familiar, lo de divagar nunca ha sido un problema.
Pues esto me ha recordado, en buena medida, a la saga del Mundo del Río de Philip Jose Farmer, que en su momento también se vendió como la saga de ciencia ficción megachachi y requetedefinitiva que igualaba o incluso superaba a la de Fundación o Dune. ¿Que qué es el Mundo del Río? Pues es una de las ideas más buenas que se hayan podido tener para una saga de ciencia ficción: todos los seres humanos del planeta “resucitan” en un planeta por el que transcurre un río que parece casi infinito. La finalidad no está clara, pero parece ser una especie de “experimento social”. El protagonista es Richad Burton (no, no el dos veces marido de Liz Taylor, sino el explorador), y también tienen importancia Mark Twain y otros personajes históricos como Hermann Goering.
¿Cuál fue el problema? Pues el habitual: en lo fantástico, a no ser que tengas una explicación realmente GENIAL, no lo expliques. Lo malo es que todo el mundo suele creer que tiene una explicación GENIAL, y se lanza a la piscina sin mirar demasiado si hay agua o no. Por eso cuando al final Philip Jose Farmer nos cuenta “la verdad verdadera” de todo el asunto, suelen entrar ganas de que lo descoyunten, lo pongan encima de una rueda y se lo sirvan a los cuervos. Me lo leí hace más de diez años y todavía me escuece, joder.Respecto al caso de Mundo Anillo, novela también curiosa y amena con un propuesta "dura" bastante interesante con su versión de la esfera de Dyson, resulta también infausta su continuación que explica lo que no necesitaba explicación, y de los efectos deletéreos sobre el respetable, mejor no hablar, porque me da la ictericia. Decía Niven que en principio no había tenido idea de continuarla. (Qué buena oportunidad de haberlo hecho así, hombre.) Pero claro, como la gente le pide continuaciones... Pues más carácter y fuerza de voluntad, caramba, que el hombre sabio trata al vulgo como a perros de paja. Y si no fíjate lo que ha terminado haciendo Frank. ¿Pero no podéis dejar las cosas bien como están? No, hay que dar siempre una vuelta más a la tuerca, y claro, a veces nos pasamos de rosca.
Otro ejemplo, que nunca hay que olvidar, es el de Los Inmortales, en la que todo tenía sentido mientras no dijeron ni pío sobre quiénes eran y de dónde venían (no lo sabía nadie, empezando por el guionista original), y las sucesivas explicaciones liaron hasta tal punto la idea que hoy sólo se puede intentar comprender por medio de líneas temporales alternativas y universos paralelos a los que se accede por viajes de peyote. También hay que reconocer que éste es un caso distinto, porque los líos provienen de múltiples autores ignorándose, series de televisión, varios productores y contubernios por el estilo. Lo mismo ocurre con todas las incoherencias, idas de olla y agujeros de continuidad del tamaño de galaxias en los comics de superhéroes. Ya bastante difícil es a veces aclararse uno solo y entender lo que quiere hacer, como para ponerse de acuerdo con los demás, cada uno tirando en una dirección y con su idea GENIAL en la cabeza.
Otro problema es el propio de los géneros, o por lo menos de los modernos. Se acusa a estos géneros, muchas veces con razón, de buscar a un público complaciente que a su vez busca “más de lo mismo”, y que tiene tragaderas más que graves con algunas cosas mientras le den su chute de lo suyo. Bueno, es cierto, pero tampoco se salva lo que se suele conocer como “mainstream” o “literatura general”, supuestamente sin géneros, y llega a haber verdaderos géneros ocultos, desde las “novelas femeninas” (no tiene que ver con que las hayan escrito mujeres o no), a chorradas de espiritualismo facilón o cosas peores que se encuentran en las librerías y que son malas sin remedio y sin ninguna necesidad de pertenecer a un género.Por último, y quizá lo más polémico, parece que cada vez más se producen novelas dirigidas a un público de un extraño o indefinido bagaje cultural, lo que no deja de producir a veces reacciones realmente extrañas. Si cuando uno sólo tiene un martillo todo le parecen clavos, si nunca has visto el mar una charca grande puede sobrecogerte. Por eso a veces sorprende el entusiasmo ante historias que se proclaman como “la aventura definitiva” que no tienen ni media hostia ante La isla del tesoro, la Biblia de toda historia de aventuras, y la única opción a considerar es que se desconoce por completo la obra de Stevenson. Por lo mismo, aunque nos haga gracia hasta cierto punto, y sea un refrito notable, a Matrix aún le falta mucho para ser un reflexión tan extraordinaria sobre la realidad o irrealidad del mundo como La vida es sueño, y la chochera que algunos exhiben sobre su supuesta profundidad no tiene más explicación que, perdóneseme el elitismo, no conocer nada mejor. Tampoco termino de entender por lo mismo la fascinación por una historia simpática y poco más como es El club de la lucha, después de leerme La peste, El extranjero, La condición humana y Auto de fe. A estas alturas nos van a descubrir algunos lo que es el absurdo y el nihilismo, no te jode.
Extrañeza me causa, por la misma razón, la sorpresa que sienten algunos ante “innovaciones estéticas” que llevan en el mejor de los casos como mínimo un siglo entre nosotros. Muchos ignaros se apresuraron a alabar la innovadora forma de romper la línea temporal de la narración de Pulp Fiction, conocida de sobras ya en clásicos de los años 30 y 40, y reconozco que todavía no asumo y me causa vértigo que muchos crean que la forma de organizar la narración por personajes en la saga de Canción de Hielo y Fuego es idea propia del autor, cuando se trata de una técnica empleada, con mucha más profundidad, en la novelística del XIX, y además sin el recurso insultante para nuestra inteligencia de ponernos al principio del capítulo cuál es el personaje en el que se centra la acción… ¡como si fuéramos tontos y no nos pudiésemos dar cuenta solitos! Hombre, si hasta el momento no se ha leído otra cosa que pestiños como la Dragonlance o bodrios similares, supongo que la calidad literaria de Martin, que la tiene, puede resultar para algunos apabullante, pero no deja de ser triste. Como le dijo una amigo mío a un conocido suyo: “Te envidio porque te pareciese maravilloso El código da Vinci. Entonces cuando leas un libro bueno de verdad… ¡lo vas a flipar como nadie!”
Llegados a este punto… ¿está bien la Saga de los Cantos de Hyperion? Pues… sí, no está mal, desde luego que se deja leer con agrado pero a medida que las cosas “se empiezan a poner en claro” más lamenta uno no haberse quedado cubierto por el velo de la ignorancia. En gran medida creo que la pifia en el mismo sentido que la citada Mundo del Río, y crea unas expectativas que, por lo menos para mí, quedan bastante defraudadas al final. Como dicen los taurinos, si no rematas bien “en el momento de la verdá”, por muy buen toreo o “jogo bonito” que hayas mostrado antes, queda deslucida la faena.
La saga son cuatro novelas, aunque en realidad son dos, y las novelas impares acaban como el culo, y no tienen sentido sin la continuación que es la novela de número par. En realidad se trata de dos novelas muy largas, que por sus muchas páginas y por conveniencia editorial y de negocio, se han publicado en dos partes. La primera sería Hyperion (Hyperion y La caída de Hiperión), y la segunda Endymion (Endymion y El ascenso de Endymion). Si uno se fija, casi se insinúa hasta en los títulos, y sería como el Libro 1 y Libro 2 en los que se publican otras obras. Yo no soy nadie para andar haciendo recomendaciones, pero si se quiere pasar un buen rato leyendo, las dos primeras partes, y a partir de ahí que cada uno asuma sus riesgos y se atenga a las consecuencias.La primera reflexión que tuve al terminar el primer libro fue que realmente son la nuestra y la que se expresa en perfidoalbionés culturas bien distintas en muchos aspectos. Que un autor como Dan Simmons pueda llamar así a la novela y poner como a uno de los protagonistas nada menos que a John Keats, aunque sea una personalidad recreada digitalmente, tiene bemoles. Se intenta hacer algo así en España con un poeta español metido en una novela de ciencia ficción y el editor te asesina allí mismo para que no se propague la enfermedad. En esos países aún respetan a sus clásicos, mientras que aquí suele ser de buen tono decir que algunos de nuestros más importantes autores son un coñazo. En los países civilizados te admiran si reverencias y actualizas a los clásicos, y en España con suerte te escupen a la cara. Además la primera de las cuatro partes sigue la estructura narrativa de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer, por otro lado conocida en otras obras medievales, en la que cada uno de los protagonistas cuenta su propia historia, y todas vienen a confluir en un mismo argumento que parece que se va a resolver al final pero queda pendiente para la segunda parte, que es donde remata.
La saga mantiene el interés, sobre todo al principio, en tanto que queremos saber realmente qué es lo que pasa en ese barroco y recargado mundo futuro donde nos sitúa Simmons, lleno de planetas habitados por humanos que se trasladan de un lugar a otro por medio de portales teleyectores de transferencia instantánea o por naves que sufren efectos relativistas y deben pagar deudas temporales. La secuencia temporal desde aproximadamente nuestra época a mil años en el futuro es fantasiosa pero no una fantasmada, e incluso las cosas más exóticas que aparecen son más que aceptables. La humanidad habita fundamentalmente en una organización política llamada la Hegemonía, no tan avanzada como el Imperio de Asimov o la Fundación, pero poco le falta, existen unas fuerzas armadas bastante impresionantes que se llaman así, FUERZA, y hay una rama medio perdida de la humanidad conocida como exters (los externos), resultado de los primeros intentos del ser humano por colonizar el espacio, y que en principio parece que son los malos. Las inteligencias artificiales, por su parte, se han independizado de la humanidad, y aunque parece que van un poco a su aire ejercen como consejeros del gobierno. El planeta Tierra, se supone, ha desaparecido en una especie de agujero negro artificial fruto de uno de los primeros experimentos para crear los teleyectores.El principal atractivo de la historia al principio es el misterio del Alcaudón, un ente que se aparece en el planeta Hiperión y custodia las Tumbas del Tiempo, que parecen retroceder en la historia hasta un momento en que se abrirán. Se ha creado un culto a su alrededor, la Iglesia de la Expiación Final, y se organizan peregrinaciones. El Alcaudón es un monstruo de apariencia metálica rodeado de púas, sus mandíbulas son de acero y cuando pilla a la gente la empala en El Árbol del Dolor. Desde el punto de vista religioso, mucha gente es atea y vive en cierto hedonismo materialista si se lo puede permitir, practica algunos cultos sincréticos heterodoxos como el gnosticismo zen y el cristianismo es casi un religión extinguida, mientras aparecen unos tipos que se hacen llamar templarios que vienen a ser algo así como panteístas ecologistas cuya sede es un mundo poblado de árboles con troncos de kilómetros de diámetro, que también utilizan para crear curiosas naves espaciales.
Tampoco es que quiera extenderme mucho, pero me parece que la primera mitad de los Cantos en sus dos partes es bastante superior no sólo en forma y contenido, sino porque además todavía no sabemos lo que pasa y está todo en el aire: sabemos que hay una conspiración que dura cientos de años y que algo muy raro pasa, aparecen personajes realmente atractivos y en general todo está bien. La segunda parte (Endymion y El ascenso de Endymion) creo que se desinfla bastante por centrarse en dos personajes principales que no dejan de ser dos topicazos, primero Raúl Endymion que es el típico chico buenazo de pueblo, inteligente a su manera pero no brillante, y sobre todo muy leal, y el desastre que es Aenea, que reúne todos los defectos posibles del “ personaje soy-el-elegido”.Este simple hecho desvirtúa, por ejemplo, la comparación de esta saga con la de Dune, donde Herbert controla mejor que bien a dos personajes mesiánicos con poderes casi infinitos: Muabdib y su hijo Leto, empezando porque las sucesivas yihads que desencadenan se saldan con miles de millones de muertos. ¿Dónde se ha visto una revolución religiosa flower power? Si hay ingredientes que a la mínima te pueden jorobar un guiso, y de los que no se puede abusar, no dudéis que cierto tipo de personajes, como se te vayan de las manos, terminan jodiendo hasta lo que haya empezado bastante bien. Todo el asunto del cruciforme que resucita a la gente sin dejarla tonta, y lo de Pax, no sé si ya lo tenía en mente desde el principio Dan Simmons cuando escribió las dos primeras novelas, y tiene cierta gracia aunque ya suena demasiado forzado.
Endymion todavía es una novela de aventuras con momentos buenos, aunque por ejemplo el Alcaudón pierde toda su magia, lo del Árbol del Dolor se olvida completamente y muchas cosas parecen incoherentes con lo que se ha visto ya, pero lo que se supone que tendría que ser la culminación de la saga, la cuarta parte, empieza siendo un rollo patatero para acabar degenerando en un panfleto psedudoreligioso new age olyunidislov parapapapá que en algunos momentos da vergüenza ajena, o por lo menos a mí me la dio. Aunque el director de la colección española, el espabilado de Miquel Barceló, intenta poner la venda antes de que se abra la herida y defender los desbarres que estamos a punto de leer, no hay tu tía. Algunos críticos por lo visto dijeron lo de “¿Quién se cree que es el autor? ¿John Lennon?” Me parece una crítica injusta, la verdad, porque Lennon no era sino un hippy que componía canciones. Hay que ser mucho más cruel. ¿Quién se cree que es Dan Simmons? ¿Paulo Coelho? ¿Osho? También se hacen eco de lo posiblemente escandaloso que creía el autor que podría ser la relación amorosa entre los dos personajes, una niña de doce años y un hombre de treinta, aunque en realidad no pasa nada hasta que ella es bastante mayor (bueno, ella le da un piquito cuando tiene dieciséis años, qué fuerte) y de escandalosa no tiene nada la relación casta y platónica que mantienen los dos hasta entonces. Además, ¿hace cuántos años dice usted que Nabokov escribió Lolita? Hombre, no me jodáis con estas cosas a estas alturas, que ya no son horas.
Cuando estaba leyendo la cuarta parte de los Cantos hubo un momento en que me dije: “Si alguien dice ‘No necesitas ser una estrella para brillar’, ‘Lo bueno es mejor que lo malo’, ‘Amor es no tener que decir nunca lo siento’, o algo parecido, voy hasta donde viva este señor y le pego”. Lo de “Seré como un nuevo Newton, y mostraré a todos que el amor es la fuerza fundamental que mantiene unido el Universo” no sólo me evocó a través de los Abismos de la Fuerza una poderosa imagen de sir Alec Guinness, sino que me mató más neuronas que aquella vez que bebí alcohol de madera sin querer y de lo primero que me acuerdo al despertar es que estaba escribiendo un blog. ¡Que yo no quiero leer a Margaret Mitchell, joder! Ya antes me había mosqueado un tanto lo de que las inteligencias artificiales se expresasen por medio de koans zen (anda que… también es ocurrencia), y la interpretación bastante extraña que el autor hacía de las teorías de Teilhard de Chardin, a quien me pareció que, o no había leído, lo había interpretado francamente muy mal, o lo interpretó como le dio la gana para la novela (esto muy legítimo, que conste), pero cuando las cosas llegan a cierto nivel de pajeamiento mental uno tiene que decir que hasta ahí ha llegado. Lo de la “comunión”, y lo del Momento Compartido por medio de la Pasión y Muerte no hay por donde cogerlo, así como lo de “hago chas y aparezco a tu lado”, que ya me pareció exagerado cuando lo leí en otra novela, Tigre, tigre de Alfred Bester.
Y luego todo el rollo macabeo de El Vacío que Vincula. Señor Simmons, que no soy hinduista, ni ganas, a mí no me cuente lo que es el Akasha y el Registro Akáshico pero dándole otro nombre a ver si cuela, que yo ya estoy de vuelta de algunas cosas y por algo no veo el informativo de Sánchez Dragó, leñe. ¿Pero tú te crees, Dan, que me vas a contar lo que es el Akasha y que no me voy a dar cuenta, hombre? ¿Y qué es eso de que los budistas lamáticos se han vuelto "algo zen"? Sí, hombre, y los suníes de repente se dan cuenta de que Alí les cae muy bien. Y los del Sevilla y los del Betis se llevan bien, ya de paso.
Yo no quiero hacer comparaciones odiosas, pero se empieza escribiendo mala ciencia ficción y se termina con cosas como Tom Cruise.
-SuperSantiEgo
Etiquetas: Crtiquilla literaria



























14 Comentarios:
Hola,
Pues a mi me gustaron mucho, es cierto que el primer libro es muy bueno y van perdiendo fuelle segun se acercan al final, pero la primera parte, "Hyperion" me parecio acojonantemente buena, de hecho, por si misma, y sin la conclusion de la "Caida" hubiera bastado. Un final ahi de Mago de Oz y colgando... La explicacion del universo por medio de sus historias personales, y como el autor te hace cambiar de opinion respecto a los exeters y tal... me parece genial, te hace querer saber mas, querer leer mas. Y no me importa que no sea un recurso 100% original. Hyperion entro en mi top 10, junto al Juego de Ender, Playa de Acero y Dune, entre otros...
No falla; mer voy de vago unos días y en las lecturas habituales aparecen gigabites de nuevos textos... En fin, hay que joderse.
Lo de Hyperion... Y bueno, yo por eso al Sr. Sommons no lo leo... Creo que intenté leer algo de él alguna vez y lo abandoné al 5º intento (el Ulices, por ejemplo, me tomo 7 intentos con varios años de diferncia... pero esa es otra historia y no estamos hablando aquí de confundir la magnesia con gimnasia).
Al final yo de sagas largas de fantasia / ciencia ficción (los límites los pone cada quien), creo que me quedo con Mundodisco.
Es lo que decimos algunos: se podría haber quedado tranquilo después de escribir el primero o el segundo. La culpa es de los escritores y de los lectores. Unos piden más, y los otros no saben negarse cuando no hay más que sacar. De ahí cosas como el Batman All-Star.
Y el Ulises es fácil, hombre: primero te lees el ensayo de más de cien páginas que hay al principio, y luego te lo lees tan ricamente. Y pensar que al principio lo condenaron por obsceno. ¡Pero si no lo entendió nadie!
Yo ya tuve problemas para acabar La Caída de Hyperion, me sobró la parte pseudomatrix de la conversación entre Keats y la IA. Me da miedo ir a por Endymion..
No conozco Hyperion ni Mundo Anillo, pero con el Mundo del Río me pasó justo lo mismo (y también hará diez años que lo leí): Farmer lo tenía todo con esa idea, el primer libro era deslumbrante, pero los siguientes... cada uno peor que el anterior... para matarlo.
Pero matarlo con dolor, ¿eh?
Sorpresa y encantamiento... No conocía tu blog, soy novato, apenas hace dos semanas que me atreví a poner mis cosas al aire... Te merodearé, seguro... Un saludo... Pau
neci hutopo: No me compares churras con meninas, Prachett es un genio, pero hace su propio tipo de literatura (me acabo de terminar Thud!, por cierto) Es como John Varley y su "Playa de acero" te lo encuentras sin querer entre montañas de libros de segunda mano y flipas, ahora, tiene por ahi una trilogia (que empieza con un libro llamado Titan) que me da miedo empezar...
Me parece que Muad'Dib era el hijo del conde Leto, y no al revés.
Bueno que tiene tu blog que el antivirus dice que hace phising, casi me muero de la risa, en fin, nosotros estamos ahora leyendo la cuarta de DUNE, Copepodo en su versión original, yo soy más de andar por casa y estoy con traducción cutre castellano. Pero por lo emnos me entero. Pregunta ¿qué saga te ha gustado más FUNDACIÖN, DUNE o esta que comentas? Porque por lo que leo en los comentarios de la peña parece un poco indigesta.
Por ceirto, no veo comentarios que te he escrito en otras entradas, ¿me está catalogando de spam tu blog porque las tuve que escribir un par de veces?
Joder, tras leerme la primera parte (los dos tomos de Hyperion) me quedó buen sabor de boca, aunque el final me tocara un poco los cojones. Llevo con Endymion comprado y juntando polvo años gracias a críticas como la tuya... ¿Me lo leo y acabo odiando a Simmons o lo dejo en el mundo de las cosas que nunca hice?
a Matrix aún le falta mucho para ser un reflexión tan extraordinaria sobre la realidad o irrealidad del mundo como La vida es sueño, y la chochera que algunos exhiben sobre su supuesta profundidad no tiene más explicación que, perdóneseme el elitismo, no conocer nada mejor
Jijijijijiji!
Hombre, si hasta el momento no se ha leído otra cosa que pestiños como la Dragonlance o bodrios similares, supongo que la calidad literaria de Martin, que la tiene, puede resultar para algunos apabullante, pero no deja de ser triste. Como le dijo una amigo mío a un conocido suyo: “Te envidio porque te pareciese maravilloso El código da Vinci. Entonces cuando leas un libro bueno de verdad… ¡lo vas a flipar como nadie!”
JOJOJOJOJOJOJOJOOJOJOJOJO!
se empieza escribiendo mala ciencia ficción y se termina con cosas como Tom Cruise
WHA-HA-HA-HA-HA-HA!!!
Interesantísima crítica, la verdad es que sólo conocía a Hyperion de oidas. Mi párrafo favorito de tu reflexión es en el que comparas chorradas modernas con contrastadas obras maestras. Si señor, me ha llegado al alma.
PD-> Se me ocurren finales peores: ¡AL FINAL TODO ERA UN SUEÑO! jo, jo unos de mis favoritos...
Muad'Dib era hijo del conde Leto, muy cierto, y sobre todo el padre de Leto el Dios-Emperador de Dune que gobernó todos los planetas habitados por el ser humano durante 3500 años para guiarla por la Senda de Oro.
*
Puestos a elegir entre Fundación y Dune, difícil me lo pones, la verdad. Dune me la tengo más leída, y quizá vista desde una perspectiva más adulta sus reflexiones son más arriesgadas y profundas. Asimov al final lo lió todo también, pero sin el mismo encanto, y todo tendía también a una especie de cosmos autoconsciente muy flower power.
*
Lo de leer lo que te queda o no, Camarada, eso ya va en gustos. Eso sí: si en sueños un argentino te señala esas novelas como parte de "las cosas que nunca hisistes", a mí no me llores.
*
Hombre, Kike, Hiperión vale la pena leerla, y la segunda parte también, queda todo más o menos cerrado, y luego que cada uno se arriesgue con lo demás. Hay que tener en cuenta que también es una saga reciente, y que en el caso de los editores tienen que vendértelo como si fuese lo más de lo más, rompedor y la leche con galletas.
Ése es su juego y su negocio, el nuestro que no nos la den con queso.
Publicar un comentario en la entrada
Enlaces a esta entrada:
Crear un enlace
<< Inicio