11.4.07

Espartanos, Espartaco y los Espartaquistas


Atención.
Artículo Largo.

A raíz de algunos comentarios que he recibido, y de tantas cosas que he escuchado blogosfera adelante no tengo sino que decir que vivimos tiempos tumultuosos donde muchos no saben dónde está el norte y dónde tienen la punta de la nariz, además de asaltarme las dudas de si yo seré una de las pocas personas cuerdas sobre el manto terrestre. Algunas de las opiniones son, sin lugar a dudas, de juzgado de guardia, y que haya gente con la veintena bien pasada, se supone que algunos estudiantes universitarios, que repitan según qué cosas, es poco menos que alarmante. Por ejemplo, la defensa del "cine palomitas", del "cine entretenimiento", "cada tipo de película tiene su público", y cosas parecidas.

Yo por mi parte sólo distingo dos clases de películas: las que están hechas con amor, arte, sentido del humor, integridad y buen hacer, y las que están hechas con soberano desprecio por el público que las va a ver y por su inteligencia, sin distinguir si por otro lado las podemos categorizar como bodrios pseudofrikis que últimamente han asaltado las carteleras o como rollos supermegametafísicos de interminables onanismos mentales en el que una pareja en un café, mirando por la ventana en la que se ve llover, habla de la alienación inherente a toda relación amorosa. Tampoco cuenta nada la tecnología con la que se hayan hecho, pues si no todo el cine mudo sería una mierda, ni que en origen el producto fuese catalogado como película de serie A o Z. Del mismo modo se pueden hacer maravillas con los nuevos efectos especiales, primando los aspectos visuales y técnicos... o no. Esto tampoco es nada nuevo: en el siglo XIX los teatros de ópera tuvieron que hacerse más grandes por la revolución de la escenografía, que se hizo suntuosa y espectacular, y de la acústica, con orquestas enormes, algo que nada tuvo que envidiar a las actuales revoluciones de los efectos digitales o del 5.1. Pero coño, estamos hablando nada menos que de Wagner y Verdi, o sea que había con qué llenar de contenido esa nueva y aparatosa escenografía y una acústica perfecta. A pesar de que la ópera era también "entretenimiento" o "diversión", hace falta ser muy bestia para pensar que Wagner "sólo" era valquirias y seres mitológicos, o Verdi pasajes bíblicos, cuando la lectura ideológica y política ya se discutió sobradamente en la época. Naturalmente tampoco el minimalismo es garantía de excelencia: en el teatro unos buenos actores con un buen texto, vestidos con ropas actuales en un escenario desnudo, pueden hacernos creer que eso es la Grecia antigua o las calles de Italia, y que a los cinco minutos nos creamos que un tío vestido de Armani es Romeo o el rey de Atenas... o puede salirles un churrete. Se puede hacer una película japonesa de monstruos divertidísima o un bodrio, y del mismo modo no todas las películas de Van Damme o de Steven Seagal son iguales a pesar de que básicamente todas sean historias de buenos contra malos llenas de hostias. Por si se quiere ver más sobre mi opinión al respecto recomiendo de este mismo blog mi análisis de Amanecer Rojo, a la que no pongo nada mal a pesar de que su intención doctrinal es más que evidente.

Un artista de verdad ama a su público, incluso cuando juega con él a despreciarlo, y tanto nos puede estar tomando por el pito del sereno un tipo que se llame George Lucas como si se llama Visconti o Almodóvar. Si algo tengo claro en esta vida es que no he nacido para que me tomen por el pito del sereno (bueno, en el trabajo no queda otro remedio, pero es más triste de robar que de trabajar), y que cuando entro en un cine o abro un cómic o libro una cosa es admitir voluntariamente la suspensión de la incredulidad, y otra muy distinta firmar un cheque en blanco para que el autor haga lo que le dé la gana y yo me quede callado sin rechistar. No sólo no "apago el cerebro", sino que lo activo más si cabe de lo que suelo tenerlo para poder caminar y mascar chicle al mismo tiempo y así abrirme a la experiencia artística y disfrutar con todo lo que un músico, un novelista o un cineasta tienen que ofrecerme.

Ya sé que a alguna gente le pueden parecer poco menos que risibles este tipo de reflexiones, que se supone que deberían de estar más que asumidas a estas alturas del nuevo siglo, pero si entendemos la experiencia artística, sea cual sea su nivel y su naturaleza, en una dimensión aturdidora de la mente y de la capacidad de razonar y sentir, de captar detalles y vivencias... es que hemos estado haciendo algo terriblemente mal durante todo el siglo pasado. Si vamos al cine o leemos un libro para embrutecernos, para anestesiarnos, debe ser que efectivamente el tiempo de la religión como opio del pueblo ha pasado, mucho ha llovido desde los tiempos en que Marx dijo su famosa frase y desde el siglo XIX la famacopea cultural ha inventado muchas nuevas formas de tener estupidizado al pueblo que se cree soberano.

Argumentos del tipo "da lo que promete" tampoco los he entendido nunca. ¿Por avisar de que es mierda deja de serlo o no se lo podemos echar en cara? ¿Si le prometo darle a alguien dos hostias prima el hecho de que cumpla mi promesa o el de que quiero pegarle dos hostias? Es como el argumento de "Yo es que soy muy sincero, así que te digo que eres un hijoputa". La sinceridad es una virtud, nadie lo niega, pero se empaña bastante cuando andas llamado hijoputa a la gente. Del mismo modo avisar de que vas a hacer un cómic/libro/película que es una porquería no quita que sea eso, una porquería. Tiene más delito si cabe. El chopped es chopped, y porque lo declare en la etiqueta eso no lo pone a la altura del jamón. Y precisamente eso es de lo que se trata hoy día, que no sepamos ni siquiera distinguir el chopped del jamón y hacernos pagar lo mismo por uno que por otro. Yo no tengo nada en contra del chopped.

Otro agumento, si cabe más estrafalario, es el de "al fin y al cabo es una película que han hecho para ganar dinero". Cierto, sacándolo de nuestros bolsillos y sin posibilidad de reembolso. Ojalá se extendiese la costumbre de "si no queda satisfecho le devolvemos su dinero, porque entonces sí que se iban a espabilar. A eso sólo puedo responder lo que dijo una vez un crítico literario: "No hay nada malo en ser un pesetero y querer ganar dinero con lo que se escribe. Lo que pasa es que siendo un pesetero Faulkner escribía Luz de agosto, y otros escriben La pasión turca."

Cada vez que decís una giliburrada de ésas hacéis llorar a Walter Benjamin en su tumba, de verdad.

"Dame entretenimiento, distráeme, y puedes llamarme tonto y tratarme como tal", parecen proclamar algunos haciendo no sólo bueno, sino extremadamente suave, todo lo que decía Ortega en La rebelión de las masas, lo que me jode más que me pisen un callo porque el chache no es orteguiano, pero a este paso para algunas cosas me van a obligar a serlo. Ni siquiera el dicho romano debe ser tomado a la ligera: "Pan y circo". Parece una bobada, pero no debemos olvidar los rebotes que se pillaban los ciudadanos de la Urbe cuando les daban mal pan o mal circo, porque los temían los emperadores más que a una invasión de germanos. La Plebe cabreada era de temer, y sólo pedía dos cosas, pero que tuviesen un mínimo de calidad.

A todo esto, como dilucidaron algunos de los sabios a los que debemos todo el aparato teórico para hacer las más variadas críticas de los fenómenos culturales más diversos, tampoco hay una distinción clara entre los "culto" y lo "popular", como algunos quieren hacernos creer, ni es tan complicado dominar algunas de las más elementales técnicas de exégesis de las manifestaciones culturales más comunes. Incluso tomando la terminología "del enemigo" podríamos obtener resultados más que curiosos.

Por si fuera poco, si invocamos a dos fuentes de autoridad como son Orwell y Huxley podremos recordar que en sus monumentales distopías la alienación de lo humano se conseguía también por parte de la alienación estética. En 1984 los miembros del partido aullaban su furia a la telepantalla y escuchaban sofisticadas narraciones de heroísmo barato que por medio del poder performativo del Partido se convertían en Historia, de modo que el último héroe de pacotilla acabado de inventar por Winston Smith se convertía en alguien tan real como César o Alejandro Magno. Por otra parte gracias a la simplificación del lenguaje, pronto nadie sería capaz de entender las antiguas novelas o todo el legado cultural anterior al Partido, que expresadas en neolingua perderían todo significado.

Escuchemos lo que sobre estas cosas decía Orwell: "En cierto modo la visión del mundo inventada por el Partido se imponía con excelente éxito a la gente incapaz de comprenderla. Hacía aceptar las violaciones más flagrantes de la realidad porque nadie comprendía del todo la enormidad de lo que se les exigía ni se interesaba lo suficiente por los asuntos públicos para darse cuenta de lo que ocurría. Por falta de comprensión, todos eran políticamente sanos y fieles. Sencillamente, tragaban todo, y lo que tragaban no les hacía mal porque no les dejaba residuos lo mismo que un grano de trigo puede pasar, sin ser digerido y sin hacerle daño, por el pequeño cuerpo de un pájaro". Como muchos dicen ahora con orgullo de esas películas que tanto les gustan: "A los quince días ni te acuerdas de qué iba".

Más brutal era si cabe Huxley en Un mundo feliz, donde las expresiones artísticas eran reducidas a películas en las que se combinaba la acción y el erotismo, en una simplicidad poco menos que ridícula, y donde se incitaba a los seres de ese nuevo mundo más valiente y eficaz a sentir emociones y sensaciones sin la más mínima tentación de reflexionar sobre ellas. Mientras, las clases bajas eran condicionadas a sentir repulsión por la cultura y la belleza, lo que nos puede hacer recordar un poco la ideología dominante de algunos grupos de jóvenes, entre los que tener el más mínimo deseo de conocimiento o salirse de cuatro estereotipos y esquemas simples de pensamiento lo convierten a uno "en un triste". Ser un ceporro parece que está más de moda que nunca.

Y tomando ya el curso principal del artículo, ¿puede haber más "cine comercial", "cine palomitas" o "cine de entretenimiento" que lo que se conocía como una Super Colosal? Ése era el término que se utilizaba para un tipo de películas de altísimo presupuesto, los mejores medios técnicos y todo lo que uno se quiera imaginar que los grandes estudios de Hollywood se inventaron para, dicen, volver a traer a los clientes al cine y competir con la televisión, ofreciendo un espectáculo visual y sonoro que la pequeña pantalla del salón no podía ofrecer en aquellos tiempos de televisores en blanco y negro.

Pensando en muchas de las cosas que se oyen, de las flipadas y de los exabruptos, sólo quedan dos opciones: la gente no tiene memoria, no sabe de lo que está hablando, o una peligrosa combinación de las dos. Incluso de películas meritorias y de impecable factura se dicen, a veces, verdaderas chorradas. Pulp Fiction está muy bien, pero causa sonrojo oír al flipado de turno decir que Tarantino "inventa una forma nueva de narrar rompiendo la línea temporal". Que el que se atreve a decir eso no conozca los infinitos casos en los que directores que llevaban una seria carrera a sus espaldas antes de que naciera Tarantino hicieran cosas incluso más complicadas, no quiere decir que no existan. También es de vergüenza ajena escuchar que de la estupenda Canción de Fuego y Hielo todo quisque repita como un lorito lo listo y buen escritor que es RR Martin por poner a los "personajes de punto de vista", pues lo que hace no es sino el estilo indirecto libre de toda la vida o una versión muy floja de lo que en la novelística del siglo XIX se llama "foco de conciencia", y lo que hace Martin poniendo al principio el nombre de cada personaje protagonista en cada capítulo es más un guiaburros que otra cosa. Después los frikis se quejan de que diciendo cosas de ésas algunos los miren espantados y se hagan cruces diciendo: "Qué atrevida es la ignorancia".

Así pues vamos a fliparlo un poquito menos por lo burro y aprendamos a fliparlo un poco menos por lo legal y como se debe. Tomemos un caso para desmenuzarlo un poco. Podríamos tomar algunas de las supercolosales que tanto abundaron en los 50, pero me voy a centrar en una, porque yo así lo quiero, porque es una de mis películas preferidas y porque yo lo valgo:
Como toda película que uno ha visto varias veces y es de sus preferidas siempre hay un recuerdo especial de la primera vez que la vio. Pues yo, para ser más original todavía, explicaré cuál es el recuerdo de la primera vez que no la vi. Me explico: estaba yo con unos quince años un verano en el pueblo de mi señora madre cuando la pandilla se dividió una noche en dos. Unos se fueron al parque a ver por la patilla una película que proyectaban en plan cine al aire libre y otros nos fuimos al río a darle al jarabe de litrona. Como la película es larga de narices cuando volvimos al parque estaba terminando, así que recuerdo perfectamente que en el momento en el que Charles Laughton le hacía entrega a Peter Ustinov de la nada despreciable suma de dos millones de sextercios, le pregunté a mi primo Sergio: "¿Qué película es?" "Espartaco." "Ah." Y ésa fue la vez que no vi Espartaco.

La primera vez que vi Espartaco es también digna de mención, pues a uno de mis tíos que tuvo la estrafalaria idea para un gallego de irse a trabajar a un país extranjero, en particular Inglaterra, se le ocurrió hacerse una casita de uso estival en la tierra de sus mayores, y entre otras se trajo un montón de cintas de VHS. Fui a casa de uno de mis compañeros, creo recordar que entonces cursando COU los dos, y nos vimos Espartaco completamente a cappella, o sea en inglés y sin subtítulos. Y con dos cojones, debería añadir. En ese momento, aparte de mi entrenamiento en la lengua de Shakespeare, y tener que hacer de traductor simultáneo entre mis tíos guiris y mi padre sin recibir a cambio estipendio alguno, llegué a una conclusión precipitada y dije a mi colega: "Joder, tío, sé inglés de puta madre". Falso, Flanagan: entendías a sir Lawrence Olivier de puta madre, lo que tiene tan poco mérito como saber reírse en una película de Chaplin. Al día siguiente me vi una película de Gary Cooper y comprendí que mi dicha era precipitada, y tanto es así que incluso a día de hoy, y como consecuencia del trauma sufrido, no soy capaz de entender un pijo a ese actor, esté o no solo ante el peligro.

Espartaco es la caña. Pero la caña sin paliativos de ningún tipo. Claro que si uno no sabe hacer un peliculón con un actor-productor carismático como pocos que además de estar cachas sabía actuar, con un director que ha pasado a la historia entre los más grandes, con un reparto de lujo con tantas estrellas por celuloide cuadrado como pocas veces se ha visto, con pasta a dolor, con un guionista de la Lista Negra basándose en un best-seller de un buen escritor y por si fuera poco en 70 milímetros, es que es para matarlo.

[Aquí se supone que empiezan los spoilers o destripes de argumento, por si queda alguien que no la ha visto.]

Lo primero que a uno le llama la atención es que la gente haga tantos chistecillos con lo "guay" que parece ser 300, cuando para guay sin medida es Espartaco, que no en vano es "la película de gladiadores" por antonomasia. En pocas películas las féminas y los aficionados al homoerotismo pueden disfrutar, castamente eso sí, de semejante profusión de torsos y muslos varoniles sudorosos y bien formados por un ejercicio físico constante.
En el fotograma de arriba, Kirk Douglas peleando con un amigo de John Ford, también conocido como El sargento negro. Aquí se llama Draba, y es una pena que la palme al principio de la película.

Pero no sólo eso, sino que esta película tiene algo de la que tanto 300 como muchas otras otras películas carecen: ¡una escena de sauna!
¿Jugamos al frigidarium? Hum, no, mejor al tepedarium. O si no al teto.
Ante la imagen de arriba sólo puede pensar uno una cosa. No, mejor dos. Primero, recuerda uno lo que decía Alfred Hitchcock:"Es imposible hacer una película con perros, con niños y sobre todo con Charles Laughton", y después se fija en el señor de la izquierda, John Gavin, que a pesar de ser moreno interpreta a Cayo Julio César. Y os recuerdo que los romanos llamaban siempre al finiquitador de la República "el divino Julio", a pesar de que nunca vivió en Miami.

Eso sin contar que en la versión restaurada de 1991 se añadió la escena del baño de asiento en la que Craso confiesa a Antonino su pasión culinaria tanto por bivalvos como por gasterópodos. Qué pillín el Craso, lo calladito que se lo tenía.



Añadida esta escena, tiene pleno sentido que cuando Craso se ponga a desbarrar sobre lo mucho que hay que amar a Roma, estar a su servicio y arrodillarse ante ella, y viendo el panorama de que el mismo Craso se identifica a sí mismo con Roma, que entusiasmado dice que ante la poderosa urbe todos se deben inclinar, nadie puede negarse a lo que ella pida... y mucho menos un muchacho... pues no es de extrañar que el pobre Antonino (Tony Curtis), llegue a la conclusión de que su amo lo que quiere es hacer de sus posaderas una bandera de Japón, y tome las de Villadiego a una velocidad que dejaría al hermano de la Bruja Escarlata avergonzado de por vida.

Así que me da la risa floja cuando oigo lo de que 300 es gay. Cuando la guía internacional del ambiente gay se llame 300 y no Spartacus, hablamos.
Por si fuera poco, yo viví durante más de medio año en Chueca, en la calle Pelayo, y aunque no le eché en cara a uno de mis compañeros de piso (el que conté en una entrada anterior que se casó en una iglesia recientemente clausurada), que lo encontrase precisamente en Chueca, sí que no le perdonaré que estuviese a escasos cincuenta metros de la sede de la SGAE, de la que se desprendían malas vibraciones por doquier, y alrededor de la que a veces se veían en lo alto a figuras amortajadas volando sobre reptilianas monturas aladas.



Para que nos hagamos una idea de cuándo se hizo esta película, 1960, la Guerra de Corea estaba tan reciente como para nosotros la invasión de Irak, y Vietnam era un país exótico del que habían llegado rumores de que los franceses tenían algunos problemas, y apenas si se entreveía lo que estaba por llegar. Fidel Castro era joven, y los coches de esa época hoy día son considerados clásicos. Faltaban tres años para que Stan Lee y Jack Kirby creasen Los 4 Fantásticos. Desde el punto de vista tecnológico, ENIAC había sido desconectada definitivamente sólo cinco años atrás, en los tiempos en los que se creó el Fortran, y en el mismo año 1960 se creó el Cobol. Dicho de otra manera, que fue hace cuarenta y siete años. Va a ser que sí, que ha llovido bastante desde entonces.

Y sin embargo eran capaces de hacer esto:
Vale, es una imagen estática, pero cuela perfectamente, como el Senado y las calles adyacentes a él. Nos creemos que estamos en Roma. Más de cuarenta años después en Alatriste, no vemos ni una mala panorámica general de cómo era Madrid en la época, para hacernos una idea siquiera. El progreso, amigos míos, claramente no es lineal en lo que al arte se refiere.La humilde morada de Craso. Joder con Craso. No es de extrañar que su nombre pasase a nuestro idioma como sinónimo de tipo forrado de dinero: "Es un Craso". Qué cabrón, el Craso. Además el tío luce un torque durante casi toda la película, recuerdo de sus campañas en Gallaecia, donde amasó parte de su fortuna gracias al saqueo. Julio César siguió luego sus pasos por las mismas latitudes. Posteriormente en la película Graco admitirá que Roma ha desposeído de las dos terceras partes del mundo a sus legítimos propietarios.

El Photoshop no se sospechaba ni que algún día llegaría a existir, pero se conseguían cosas como ésta sabiendo lo que se quería hacer y cómo conseguirlo, y convirtiendo el revelado en un arte:
Naturalmente, también se cometían algunas inexactitudes históricas. Según cuentan en una de las escenas se ve a Tony Curtis luciendo un precioso peluco de oro. Y aquí veremos a Espartaco consultando un mapa mejor incluso que algunos de los que se utilizaban en el s XVIII. Tiene hasta representadas las principales cadenas montañosas. Eso sí, dibujado en una gran piel:
La película tampoco renuncia en ocasiones a las imágenes más elementales con las que despertar la emoción del espectador. Aquí una pareja de esclavos liberados entierra a su hijo recién nacido que no ha soportado la larga marcha y lo duro del clima. Sin embargo, aunque no digan ni una palabra su actitud dolida pero digna nos dice que les queda el consuelo de que murió no siendo esclavo.
El cine de chancletas, de romanos o péplum es, por necesidad y por pura lógica, primo hermano del cine bíblico. Espartaco es un Moisés guiando a su pueblo a la libertad, a una tierra prometida que no conocen pero que cada uno guarda en sus corazones con el recuerdo de la tierra de sus padres o con el recuerdo que unos padres que fueron libres les legaron, y de ahí la frase "El mejor vino del mundo es el que cada uno hace en su casa". Aquí está Espartaco en su particular versión del Sermón de la Montaña, en el que sólo puede prometer a sus seguidores sangre, sudor y lágrimas si es que alguna vez quieren ver cumplido su sueño de alcanzar la libertad:
Llegado el momento de la batalla nos encontramos con esto:
Y sobre todo con esto:
No sólo eso, sino que el montador nos alterna las evoluciones en el campo de batalla de las cohortes de las legiones con las caras de congoja de los lugartenientes de Espartaco, que sienten cómo de repente hay algo en la garganta que les impide deglutir correctamente. Viendo semejante tablero de ajedrez que se mueve por ese campo de batalla con una precisión milimétrica obedeciendo a unos simples toques de corneta comprende uno que pudiesen vencer una tras otra a las distintas hordas de bárbaros que los superaban ampliamente en número. Por qué no se hacen ya estos magníficos planos largos donde vemos realmente cómo era una batalla y tenemos que flipar con chapucillas como la escena inicial de Gladiéitor, que en algunos momentos parece poco más que la riña de un bar o una manifa estudiantil con cócteles molotov, es algo que no comprendo, porque medios sobran. Incluso se ve en algunas ocasiones en El Señor de los Anillos, donde a veces todo es confusión y planos cortos que ocultan la incapacidad de crear una escena coherente, cuando de toda la vida se supo poner a dos tipos en un duelo a espada y se entendía todo lo que pasaba. Cuanto más rápido y confuso sea todo, menos se notan los fallos o que no hay más que tajos dados sin sentido. Y si no, la cámara lenta, que debería ser un recurso extremo a utilizar en casos realmente justificados, y que a este paso se va a convertir en el anticine. Por si fuera poco nos alarga las escenas, así que visto cínicamente es una forma de dar menos al espectador por el mismo dinero.

Respecto a la violencia, podríamos decir que en la actualidad se le da sopas con honda a todo lo que se hizo antes, y en cierto modo es algo que hay que reconocer, pero con matices. Es innegable que a día de hoy hay una cantidad de violencia explícita como nunca antes se vio. Que la violencia tal como se muestra actualmente tenga el poder y la significación de la violencia administrada por alguien que sabe manejar el medio cinematográfico o literario es algo muy distinto. Sin entrar en tecnicismos, un elemento dentro de un conjunto que lo integra es tanto más relevante cuanto menor sea su presencia. Desde un punto de vista lingüístico el nexo "que", utilizado cientos de veces a lo largo del día, tiene una relevancia casi nula, se pierde en lo común del lenguaje, e igual podríamos decir de los artículos que apenas son muletas de los sustantivos. Las palabras consideradas poéticas, o hermosas, de un contenido léxico específico y único que se refiere a algo especial, tienen relevancia por lo exclusivo de su uso y su rareza. En España, por ejemplo, nos llama la atención el uso común que muchos sudamericanos hacen de la palabra "bello", que en nuestro canon particular reservamos para casos realmente extraordinarios. Dicho en términos más puramente económicos, el oro y las piedras preciosas tienen de mágico no sólo su brillo y sus propiedades, sino la escasez. Una palabra o elemento estético es tanto más relevante cuanto menor sea su presencia en el conjunto. Un sólo "joder" dicho en el momento justo y con la entonación deseada en una película es infinitamente más relevante y decisivo que los cien "joder" que pueden aparecer en otras.

Del mismo modo en una película como Espartaco que ha mantenido un nivel de violencia relativamente normal, con grandes intermedios románticos y de discusión política y filosófica sobre lo que es la libertad, nos encontramos con una escena de batalla realmente violenta, en la que fueron censuradas varias escenas por su crudeza, y donde vemos que bastante antes de que naciéramos ya se cocían habas, desde mutilaciones hasta imágenes truculentas y estremecedores gritos de agonía que ponen los pelos de punta:
Más aún, ésta es una violencia creíble, e incluso algo nos dice que se queda corta y que la carnicería de una batalla a espadazo limpio debe ser si cabe más brutal. Kubrick nos mostrará también que la violencia tiene su coste: muertos hasta donde alcanza la vista, como en Lo que el viento se llevó. Viendo esto no puede uno sino recordar que por mucho que se entregue uno a la épica, ésta se cobra un alto precio, y que como diría Wellington la única tragedia mayor que la victoria... es la derrota.
Por eso me hace tanta gracia que algunos flipen con lo violentas que son algunas películas de ahora, cuando en 1981 en Excalibur, de la que espero hablar mucho y para bien en una próxima entrada, se nos ofrecía un espectáculo visual y efectista lleno de violencia sublimada, tipos con armaduras relucientes agonizando en el barro, escenas gore de cuervos arrancando ojos a los cadáveres, sangre que mana de las junturas de las armaduras, incesto, visiones apocalípticas, paganismo panteísta, religión pasada de vueltas, la búsqueda del Grial... y todo ello en medio de música de Orff y Wagner, de modo que los planos retóricos y la grandilocuencia desbordaban la pantalla.

Cuando la violencia no está para cumplir su objetivo, que es sorprender al espectador y clavarlo a la butaca en el mejor momento, ¿para qué está? Perdida su relevancia por medio de la superposición de escenas violentas, y anulado su efecto por la falta de contraste, ¿qué queda? Si a los quince minutos ya hemos visto mutilaciones, chorros de sangre y más muertos que en un cementerio, ¿qué nos queda por ver en las dos horas que quedan? ¿Más de lo mismo? ¿Lo mismo pero con distinto fondo porque el protagonista ha cambiado de pantalla? Sí, Quentin, estoy hablando contigo, no te hagas el despistado.

Llega un momento en el que la violencia cinematográfica alcanza el efecto de paradoja, y se convierte en negación de lo que pretendía afirmar. El drama, lo heroico, provoca la carcajada como todo lo que es ópera bufa, que se basa en la hipérbole y la exageración pomposa y sin límites. Algunos lo hacen queriendo, como Jackie Chan, y otros lo hacen sin proponérselo y creyendo que están alcanzando lo sublime. La violencia, sin medida y sin un objetivo a cumplir dentro de un argumento al que anula por completo, de puro absurda se convierte en parodia de sí misma, y llega un momento en que deviene superflua. Si un cuadro es todo rojo... es que es no pasa de ser una pared pintada.

Recuperada la memoria visual con estas bonitas instantáneas de la película (stills, para los que hablen espánglico), entraremos en los aspectos realmente centrales de Espartaco.

¿Es Espartaco un película histórica? Pues... ya le gustaría saberlo a los mismos historiadores, la verdad. Lo que nos cuenta la película es ni más ni menos que la Tercera Guerra Servil, del 73 al 71 a. C. No sólo se sabe muy poco de ella y obviamente sólo lo que los romanos quisieron contarnos, sino que muchas de las cosas que se saben están en tela de juicio. Quizá el mismo Espartaco antes de ser gladiador sirvió en las legiones romanas y de ahí que supiese organizar a un ejército de eslavos con cierta eficacia, e incluso no se sabe si realmente Espartaco era el jefe de todos los esclavos sublevados o había varios cabecillas al mismo nivel, lo que podría explicar la división del ejército de esclavos en varios grupos y su derrota. Como nunca lo entrevistaron para la radio o la televisión, tampoco sabemos a ciencia cierta cuáles eran sus intenciones: escapar como fuera él y los suyos y que al resto del mundo le dieran morcilla, acabar con Roma o abolir la esclavitud por todo el Mediterráneo e instaurar un régimen basado en los soviets. A saber lo que quería ese buen señor en realidad.

Por tanto, Espataco la película queda un poco perdida en lo que es el limbo de lo histórico, y sólo podemos analizar a ese nivel los otros aspectos accesorios, como son los personajes que aparecen en ella. Craso quizá no fuera tan políticamente ambicioso como nos lo ponen, ya que lo suyo eran los negocios, y ni mucho menos era un personaje que buscase ser un nuevo Sila y hacer purgas. Graco, el magnífico personaje interpretado por sir Charles Laughton, sencillamente no existió, aunque lleva el nombre de los dos hermanos reformadores que acabaron muy malamente cincuenta años antes de los eventos que se narran en la Tercera Guerra Servil. Si nos ponemos un poco tiquismiquis, las togas son de juzgado de guardia, pero por lo demás, y si lo comparamos con algunas libertades que se tomaban otra películas de romanos de la época, es muy respetuosa con el contexto histórico. Quizá lo más grave es la ocultación del personaje de Pompeyo, en ésa época de una gran relevancia política y militar, y del que apenas si se dice nada.

¿Es por tanto Espartaco una película histórica? Sí en tanto que nos muestra un contexto histórico bien claro y una sublevación de esclavos que en realidad ocurrió. Respecto a todo lo demás es una película de gran espectáculo, una superproducción, grandes decorados, extras a montones, música espectacular... y fundamentalmente la gesta, inventada literaria y cinematográficamente, de un Jesucristo laico, de un superhombre que desde la esclavitud se levanta contra la alienación y la injusticia y se atreve a gritar a sus amos que no es un animal y que tiene tanto derecho como ellos a vivir plenamente su vida en libertad. Casi na.

Espartaco fue siempre, desde que empezaron los movimientos sociales, un símbolo para esas luchas. A día de hoy la esclavitud no es reconocida por ningún Estado, y sólo existe como fenómeno residual y escondido en algunos lugares. La Revolución Francesa abolió completamente la esclavitud... y Napoleón la reinstauró para las colonias. Qué majo, Napoleón. Aunque nos parece muy lejano, no hay que olvidar que el último país americano en prohibirla, Brasil, lo hizo en 1888. Hoy se habla de fenómenos como el tráfico de prostitutas y el trabajo infantil como modernas formas de esclavitud, y muchos cuestionan que nuestra pretendida libertad en realidad no es más que una forma de esclavitud encubierta. El s. XIX vio la paulatina erradicación de la esclavitud, y es a la vez el siglo donde surgen con fuerza todos los fenómenos de emancipación de la clase trabajadora. Pero en el caso del esclavo, éste está privado incluso de la propiedad de su propio cuerpo y de su vida, y no dispone de ella en absoluto. Ni siquiera posee la riqueza básica del proletario, su descendencia, su prole, que automáticamente pasa a ser propiedad de su amo. El marxismo ve también un continuo en la relación de explotación de los seres humanos por los seres humanos desde la esclavitud, la máxima expresión de la alienación del trabajador, pasando por la servidumbre y por fin al proletariado, que terminará liberándose de sus últimas cadenas para alcanzar la verdadera libertad por medio de la propiedad colectiva de los medios de producción. Quizá algún día os cuente también cuál es la explicación de la esclavitud y su superación según los liberales más despendolados, y ya veréis como nos reímos todos.

No es de extrañar por tanto que Espartaco se convirtiese en un símbolo de la integridad del ser humano por la lucha de su libertad. En cierto modo, también, Espartaco es una figura moralmente superior a muchos niveles, pues otras rebeliones pueden ser puestas en cuestión, como hicieron y hacen algunos con la misma Revolución Francesa, pero la deuda moral que tiene un amo con su esclavo es poco menos que infinita, pues lo priva del hecho elemental de ser persona, y desde nuestro punto de vista actual nada justifica la esclavitud. En las luchas de liberación o resistencia de unos pueblos sobre otros puede haber discusiones, quién empezó primero, cuál es la reacción proporcional a la injusticia o quién ha perdido la superioridad moral, pero en el caso de Espartaco, a pesar de lo poco que sabemos de su lucha, se puede decir que tenía la razón al cien por cien. Incluso en las rebeliones de esclavos de Haití y Jamaica, por muchas burradas que hiciesen los amotinados, ¿cómo podrían compararse al hecho de esclavizar a alguien, llevárselo de su tierra y mandarlo a medio mundo de distancia para ser poco menos que ganado humano? Como ejemplo reciente en el cine tenemos el caso de la película Amistad de Spielberg, que se toma alguna licencia aunque básicamente cuenta una historia real. Y, recordémoslo, también hubo duras críticas desde el momento en que, aunque los hechos fueron así, quizá no se eligió la mejor forma de presentarlos, y una cosa es que Isabel II no fuera muy espabilada y otra que fuese una niña tonta del culo.

Como algunos recordarán, la película de la que hablo está basada en la novela Espartaco, de Howard Fast, un conocido escritor de la época. Antes de decir nada sobre él, leed los últimos párrafos de la novela, que nos aclaran un poco más de lo que ocurre después de que Varinia, la mujer de Espartaco, escap con el hijo de ambos. A ver qué os parecen:

"Este tipo de vida fue el que vivió el hijo de Espartaco y vivió y murió como su padre... Murió luchando y en medio de la violencia en que había hallado la muerte su padre. Los relatos que hizo a sus hijos fueron menos claros, menos precisos. Los relatos se convirtieron en leyendas y las leyendas se convirtieron en símbolos, pero la guerra de los oprimidos contra los opresores continuó. Fue una llama que se propagó hacia las alturas o decayó, pero nunca se extinguió, y el nombre de Espartaco pervivió. No era ya cuestión de descendencia a través de la sangre, sino de descendencia a través de la lucha común.

Llegaría un día en que Roma sería arrasada, no solamente por los esclavos, sino por esclavos, siervos, campesinos y bárbaros libres que se les unirían. [¿? Este párrafo reconozco que no lo entiendo.]

Y en tanto que el hombre trabaje y otros hombres tomen y usen el fruto de los que trabajan, el nombre de Espartaco será recordado, susurrado algunas veces y proclamado en voz alta y clara otras veces."

¿Qué? ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo serrano? Alguno estará pensando: Este Howard Fast debía ser un rojo de cuidado. Y tanto. Como que pertenecía al Partido Comunista. Porque, efectivamente, durante los primeros decenios del s XX hubo una importante presencia de los partidos socialista y comunista en los USA, como se ve en la película Reds, del rojeras Warren Beatty. Pero los años cincuenta fueron también los años del famoso macarthismo, la Caza de Brujas y el Comité de Actividades Antiamericanas. Howard Fast fue rápidamente localizado y llamado a declarar, se negó a colaborar y en los tres meses que pasó en la cárcel, siguiendo una tradición tan antigua como la literatura misma, se puso a escribir la que sería su obra más conocida, Espartaco. Mientras, sus obras fueron retiradas de las bibliotecas públicas, y cuando terminó de escribirla le resultó casi imposible encontrar editor, por lo que tuvo que autoeditarse. A pesar de ello alcanzó un éxito como no podía imaginar.

Aunque el macarthismo es uno de los episodios más vergonzosos de la cultura estadounidense, diez años después se había relajado mucho el asunto, entre otras cosas por la chulería de estrellas como Humphrey Bogart que retaron a las autoridades a que tomasen represalias contra ellos, con lo que a ver cómo habría reaccionado el público. De todos modos muchos de los que estaban en las listas negras siguieron trabajando con pseudónimos o por medio de testaferros, como se ve en la divertidísima La Tapadera, de Woody Allen. Uno de ellos fue Dalton Trumbo, autor de Johnny cogió su fusil, considerada como una de las novelas más antibelicistas que se han escrito. Trumbo fue al fin reconocido por su labor como guionista en los créditos de Espartaco y Éxodo, lo que se considera oficialmente el fin del macarthismo. Como detalle de justicia poética el senador McCarthur acabó siendo él mismo purgado y dejado en el olvido.

Siguiendo con la película, y considerando que el argumento se las trae, podríamos decir que es casi imposible que salga algo como mínimo más que aceptable. Afortunadamente se juntaron los talentos de un escritor, un guionista y un director, Stanley Kubrik, al que todavía no se le había subido del todo la megalomanía. Yo soy de los que prefiere la obra del primer Kubrik.

¿Quién puede olvidar el diálogo entre el pirata cilicio y Espartaco, cuando el primero le pregunta si en realidad sabe que van a perder? Espartaco replica que no pueden perder porque no tienen miedo a la muerte: para el hombre libre la muerte es el fin de la vida y de su alegría, pero para un esclavo es el fin del sufrimiento, y por eso son invencibles. Si eso no es una paráfrasis de la frase final del Manifiesto Comunista, "Proletarios del mundo, uníos, pues lo único que tenéis que perder son vuestras cadenas", que me lo demuestren. En su segundo encuentro, cuando se ve que todo está perdido, el pirata se ofrece a llevarlo a él, a su esposa y a sus capitanes a lugar seguro con parte del tesoro, y cuando le insta a que le dé una respuesta a su ofrecimiento, Espartaco sencillamente le responde con desprecio absoluto: "Vete", sin mirarlo siquiera. El pirata cilicio, obviamente, se queda perplejo y no es capaz de comprender la postura de Espartaco.

El enfrentamiento con Craso es explotado también a todos los niveles. Craso es la figura del aristócrata que sólo consigue por el miedo y el soborno lo que Espartaco recibe por ser quien es: el amor de Varinia y la adhesión de sus soldados. La cara que humillación que pone sir Lawrence Olivier en la inmortal escena de "¡Yo soy Espartaco!" es como para ponerle marco, y es donde entiende que incluso vencido el antiguo esclavo es mejor que él, todo un patricio romano. Como diría V, en ese momento se da cuenta de que se puede luchar contra un hombre y matarlo, pero no destruir la idea que representa.



En la escena de "¡Yo soy Espartaco!" a Kirk Douglas se le escapa una lagrimita. Yo tengo preparado siempre el paquete de pañuelos, igual que al final de Doce del patíbulo. En realidad, según las fuentes romanas, el cuerpo de Espartaco no fue identificado en el campo de batalla, y se le dio por muerto.

El posterior encuentro entre los dos es si cabe más brutal, cuando Espartaco, identificado por fin, se niega a dirigirle la palabra a pesar de que Craso le insiste que debe responderle. Un nuevo paralelismo: Jesucristo guardó silencio ante los que lo juzgaban. La cara de desprecio de Kirk Douglas dice más que cualquier contestación, y justifica la reacción desesperada de Craso, nuevamente humillado, que le cruza la cara de un tremendo hostión que llega de improviso y que el espectador siente como si lo recibiese él mismo. La Historia también le pasaría factura a Craso, y en su temeraria incursión contra los partos Roma sufrió la pérdida de los estandartes de su ejército, Craso murió y su cabeza cortada, a la que se derramó oro derretido en la boca para burlarse de sus ansias de riqueza, fue exhibida en la corte del rey, muy orgulloso él de que sus tropas venciesen a un ejército romano mucho más numeroso que el suyo. De esa expedición surge el mito de la Legión Perdida, que dicen algunos que pudo llegar hasta China.
Las siguientes escenas son también de un dramatismo exacerbado para acentuar la tragedia de los vencidos y hurgar despiadamente en la herida. Primero, Espartaco y Antonino deberán luchar a muerte, y el que sobreviva será crucificado. Los dos personajes se enfrentan a la paradoja de hacerle un favor a la persona que tanto quieren matándola, y así ahorrarle el suplicio de la crucifixión.
El final no corresponde exactamente con el de la novela de Howard Fast pues se decide acabar la película con una imagen que une a la vez el lirismo y la tragedia más cruel, cuando Espartaco en la cruz ve por primera y última vez a su hijo, que vivirá libre, y Varinia le suplica que se dé prisa en morir para que así sea más corto su sufrimiento.
Espartaco, necesario es recordarlo una vez más, ha sido contemplado como el protorevolucionario, igual que en el cristianismo San Esteban es el protomártir. No es de extrañar que Fast, y luego en la película lo mismo, se decida a hacerlo morir en la cruz con el resto de los esclavos, como un Cristo laico cuyo sufrimiento marca el punto de partida de todos los oprimidos hasta la "lucha final".

También deberíamos acordarnos entonces de que no muchos años antes que Fast otro conocido autor, Arthur Koestler, en origen tan rojo como él, había escrito Espartaco y la Rebelión de los gladiadores:
Menudo morro los de Salvat. Y ponen a Kirk Douglas en la portada tan tranquilos.

Koestler, después de una juventud en la que apoyó los primeros pasos de la Revolución Soviética, se opuso al stalinismo, como haría el mismo Howard Fast al criticar la invasión de Hunfría en 1956. Su obra más conocida es Darkness at Noon (traducida al español muy creativamente como El cero y el infinito) sobre las purgas stalinistas, y también es de destacar Ghost in the Machine, que sí, como os podéis imaginar influyó en que Ghost in the Shell se llamase así. De hecho yo debo ser de las pocas personas en el mundo que cuando vieron eso escrito en inglés en el manga pensó: "¿El espíritu que mueve la máquina? ¿Como en el Tratado del hombre de Descartes?"

En Espartaco de Koestler nos podemos encontrar joyitas como ésta, dicha por un miembro de los esenios, secta judía en la que muchos dicen ver los antecedentes del cristianismo:

"-Bienaventurados aquéllos que cogen la espada en su mano para acabar con el poder de las bestias, los que construyen torres de piedra para ganar terreno a las nubes, los que suben la escalera para enfrentarse al ángel, porque ellos son los verdaderos hijos del hombre."

Tanto Howard Fast como Arthur Koestler eran judíos, e igual que todos los que nos hemos educado en el mundo católico hablamos queramos o no a veces en términos de expiación o retribución, los judíos no pueden escribir nada sin que les salga el mesianismo que impregna toda su cultura. Ambos proponen a Espartaco como a un salvador, un ejemplo, un Mesías de los esclavos y a pesar de su fracaso una promesa de libertad futura. El continuo fracaso contra la opresión no debe verse como algo que desanime, sino como un paso más hacia un objetivo que por duro que sea no se debe entender inalcanzable. La visión de Koestler, por cierto, es bastante más sombría.

Tanto es así que Espartaco fue el símbolo elegido por el grupo de los espartaquistas o Liga Espartaquista, fundada entre otros por Rosa Luxenburgo, y que en 1918 apoyó en intento de revolución en Alemania tomando como ejemplo la de Rusia. Poco después se rebautizaron nada menos que como Partido Comunista Alemán. El Levantamiento Espartaquista fue desmantelado por lo que quedaba del ejército alemán recién vencido, los Freikorps que luego serían en parte el germen del movimiento nazi y, quién nos lo iba a decir, el Partido Socialdemócrata Alemán. No, si ya decía Marx por algo que el socialismo burgués lo cargaba el Diablo.

Como dije en el anterior artículo sobre La carga de la Brigada Ligera, el progreso en las artes, si es que existe, es errático, nunca lineal, y puede parecernos que a veces da pasos hacia atrás. Espartaco ha resistido la prueba del tiempo, y es un ejemplo de equilibrio de forma y contenido, una gran superproducción con los mejores medios y la mejor tecnología para contar una historia grandiosa, una epopeya que no es verdad ni mentira sino todo lo contrario, y que aspira a llegar a una verdad profunda por medio de la invención de una visión coherente dentro del hecho artístico. Y todo eso, por supuesto, sin renunciar en ningún momento a llenarse los bolsillos.

Sin llegar a los extremos de los wagnerianos, que esperaban que el espectador de la ópera saliese renovado y conmocionado del teatro después de ver una obra total que compendiase todas las artes y que expresase por completo una Weltanschauung (cosmovisión), creo que los modernos sistemas técnicos pueden, y sobre todo deben, ponerse al servicio de una concepción del arte y del espectáculo como elevación y superación, no como aborregamiento y, en suma, como poderosa alienación dirigida contra un sujeto que cada vez está más indefenso ante los mecanismos de manipulación de la realidad. Si no, estaremos ante un nuevo y grave caso de desbordamiento de la razón instrumental, que ya no sólo se postula a sí misma como único saber posible, sino como única estética posible, y nos amenaza con el totalitarismo de una realidad distorsionada por los intereses de los que nos quieren hacer pasar por oro el simple latón, y que quieren hacernos confundir las luces del abismo con las huellas estrelladas que dejan en el barro blando de un lodazal las patas de los gansos.

Las modas pasarán y se supone que, si tenemos suerte, veremos avanzar nuevamente lo estético, que dejará de ser considerado como un mero sistema más de producir ideología, aquiescencia ante el poder y dinero. Mientras, en estos tiempos tan extraños y turbulentos que corren, y que a veces nos dejan tan extrañados al ver y oír cosas que se suponían más que superadas, no nos deberá extrañar que muchos se entusiasmen con el famoso "espejismo espartano", que aunque algunos no se lo crean ha dado que hablar mucho a lo largo de los siglos, y nuevamente los ilustrados, aunque hijos bastardos de Atenas, tendremos que combatirlo. Viendo el renacimiento de algunas ideas que ya se tenían por periclitadas tampoco es de extrañar que "a estas alturas de la película" algunos se entusiasmen ante las pisadas de los gansos y griten "¡Viva Esparta!" sin saber lo que gritan , y nos hagan recordar a muchos que lo que hay que gritar es que no somos animales, y que todos somos Espartaco.

-SuperSantiEgo

[Nota: Este artículo es un estudio preliminar para la glosa que estoy preparando sobre las críticas de David Brin a Star Wars y la concepción homérica de la épica. Pronto en las pantallas de sus ordenadores.]

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Escrito por SuperSantiEgo at 8:00 AM

22 Comentarios:

Blogger SuperSantiEgo dijo...

Va muy en serio:

Política de la empresa

11 de abril de 2007 7:49  
Blogger Necio Hutopo dijo...

No puedo sino suscribir casi todo... Y no resisto la tentación de un añadido:
"Quizá algún día os cuente también cuál es la explicación de la esclavitud y su superación según los liberales más despendolados, y ya veréis como nos reímos todos"... En esto, ellos, los de la razón iluminada, no han cambiado demasiado a lo largo de las eras; "Algunos hombres nacen esclavos -decía Aristóteles en los diálogs de Platón- y otros libres"... Sobre esa premisa se sostenía la aplaudida democracia griega... Esa, que según nos dicen en otras películas, "luchó contra la tiranía y a favor de la libertad"...

11 de abril de 2007 9:05  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Qué va, si es más grave todavía. Los liberales más despendolados afirman que todos los avances sociales, incluida la abolición de la esclavitud, se han conseguido a través de avances del libre mercado. Si la esclavitud desparece... es porque deja de ser rentable, y si las condiciones laborales mejoran es por la madurez del mercado, no por las luchas sociales. No hay principios, no hay discusión filosófica ni política, aunque después se les llene la boca a cada paso con la palabra libertad.

Ya puestos, se abre la puerta a que, si las condiciones económicas cambian, siguiendo la lógica del mercado reaparezcan fenómenos como la servidumbre, la compraventa de personas (ellos no hablan de esclavitud, pero son capaces de hablar de comprar y vender personas), o que la mujer tenga que volver a desempeñar un rol más tradicional.

11 de abril de 2007 9:16  
Anonymous Golias dijo...

Como comentábamos hace unos meses, se podría entender que todos los avances sociales son producto de un "libre mercado", si lo definimos de forma abusiva. Si entendemos que existe una competencia entre ideas políticas, fuerzas más o menos armadas, productos ofrecidos por las empresas, y grupos en general en conflicto, tenemos que, efectivamente, habría un mecanismo parecido al del mercado. España no invade a Portugal porque no es rentable (aparecería Inglaterra y tendríamos un problema). La esclavitud desaparece en la Confederación americana porque, en el libre intercambio de balazos y tiros con el Norte, la Unión gana e impone su voluntad. Los avances sociales en Europa Occidental se deben, en parte, a que sectores de la población exigen participar en la riqueza, y ante la posibilidad de una insurrección apoyada, tal vez, por la Unión Soviética, los poderes económicos descubren que es rentable ceder antes que luchar. Poco después, la competencia de la economía occidental y la presión de las masas llevan a la caída del comunismo (no, Reagan no tuvo casi nada que ver, gracias).

Lo que pasa es que el libre mercado es una forma de lucha competitiva. La guerra, los conflictos sociales, o el mismo funcionamiento de los ecosistemas, son otras formas de competición. Lo que los "liberales" hacen es consagrar al mercado, ignorar o directamente negar la existencia de otras formas de competencia (recordemos su negación fanática de la posibilidad de que alguien use la violencia), e intentar implantar las normas específicas del mercado en ámbitos que no tienen mucho que ver con el específico de esta figura, que es el del intercambio de bienes entre sujetos con una cierta autonomía, y situados al menos teóricamente en pie de igualdad, y siempre sin violencia, ya que existe una estructura estatal que lo previene.

11 de abril de 2007 22:18  
Blogger Ternin dijo...

Muy señor mio Supersantiego, gracias he de darle por glosar este "flim" tan querido por mi como es Espartaco. Ah, y acepto con total deportividad la salva de pullitas que lanza a los amantes de 300 (no podría ser de otra forma después de tener el único avatar que me levanta el estómago).

Un saludo y a seguir posteando tan eruditamente bien.

11 de abril de 2007 22:26  
Anonymous Rafa dijo...

Tener la osadía de escribir negativamente sobre "300" sin más pretensión que decir las cosas tal y como las veo ha resultado una experiencia increíblemente constructiva para mí mismo. He aprendido que, efectivamente hay un "cine de pasarlo bien" y un "cine de pensar" y que tengo que guardar respeto a los "creadores" de Hollywood. Incrédibol, de verdad. He disfrutado mucho la primera parte de esta entrada, de verdad que ayuda ver que lo que me parece evidente no lo es sólo para mí.

Por lo demás es bastante cruel por su parte hacer una comparación, precisamente con Espartaco (no valía ninguna otra obrilla de chancletas de tres al cuarto, no). De esta forma, y como era predecible, la comparación queda un poco como si mirásemos los atributos de Angelina Jolie después de habernos tirado unas semanas discutiendo sobre las legañas de Marujita Díaz... pues hombre, como que no.

Me he quedado con unas ganas enormes de verla otra vez (a lo Jolie, claro).

Un saludo

11 de abril de 2007 23:01  
Blogger Sr.Poppi Fresco dijo...

Muy buena la cita de Un mundo feliz, la verdad que es algo así como si el pueblo quiere mierda, dale mierda, si volvemos al tema del cine creo que tampoco cuesta nada hacer una muy buena película, los 300 con unas gotas de lucidez(que has citado en algún artículo anterior) se habría conseguido una película espectacular, y Alatriste lo mismo, se quedan en algo así como proyecto de gran obra, no he visto la película, pero antes de acabar de leer el artículo ya la tenía descargando.Por cierto,hay una versión de Espartaco más moderna ,no?Creo que la ví en Antena 3 y es una auténtica basura

11 de abril de 2007 23:01  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Por supuesto que 300 podría haber sido una magnífica película, a pesar de sus licencias.

Es como una lista de coña de las cosas que debe hacer un Amo del Mal, en la que se incluye tener a un asesor de cinco años. Si el niño ve algún fallo en tus planes y descubre a la primera cómo desbaratarlos, es que has hecho algo mal. Del mismo modo deberían dar a revisar el guión a alguien con un CI de 100 (no pido más), y que diga lo que le parece incoherente y sin lógica, o lo que le chirría.

Si se hubiesen dedicado a mirar eso en vez de preocuparse sólo por hacer una sucesión de bonitos fondos de pantalla, les habría quedado hasta bien. Como dije en la crítica que hice, que Leónidas le diga al lisiado que no puede pelear con ellos porque luchan en una falange compacta, y luego a la mínima peleen como Conan... es como para comprender que los traicione por hijosdeputa.

Y sí, comparar 300 con Espartaco... hay que reconocer que hay que ser mala persona, pero me da igual. Lo que joroba es que algunos nos quieran hacer tragar a estar alturas que el cine espectacular y de pasarlo bien tiene que ser ilógico y absurdo, o sencillamente no tener ni pies ni cabeza.

Pues cuando hable de lo de David Brin y Star Wars lo vais a flipar. Nunca he visto dar tanta cera y de forma tan implacable.

11 de abril de 2007 23:27  
Anonymous Golias dijo...

Si te animas a hacer otra comparativa, ahora del género bélico, compara "Tora, Tora, Tora" con "Pearl Harbour". Eso tampoco tiene desperdicio.

11 de abril de 2007 23:36  
Blogger lord_pengallan dijo...

Gracias, nunca me habia dado cuenta del paralelismo entre Moises y Espartaco.

12 de abril de 2007 3:33  
Anonymous jmongil dijo...

"Si te animas a hacer otra comparativa, ahora del género bélico, compara "Tora, Tora, Tora" con "Pearl Harbour"."

Golias, no seas cruel, que si Supersantiego se tiene que ver Pearl Harbour, lo mismo le da un chungo y se queda en el sitio. Tenga vd un poco de consideración por el prójimo.

12 de abril de 2007 12:37  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Perdona, Javi, pero Pearl Harbor la vi dos veces sucesivas en dos viajes de autobús. Lo único bueno era que al final ponían el videoclip de Fay Hill, questá mu buena.

Además es contemporánea a Enemigo a las puertas, en cuya comparación puede incluso salir peor parada.

12 de abril de 2007 12:57  
Blogger Sr.Poppi Fresco dijo...

Pues amí Enemigo a las puertas me gustó, tampoco es que lo considere un peliculon,sobretodo lo que me hace gracia es que ponga igual de mal a rusos y a nazis, para peli belica mala es Windtalkers, pa mear y no echar gota...

13 de abril de 2007 0:22  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Sr Poppi Fresco (a quien por cierto debo mi robusta constitución gracias a sus cereales): Enemigo a las puertas es un peliculón del quince, que demuestra que un hecho histórico como la cacería entre los dos francotiradores, bien dramatizado, puede ser la caña. Y eso que hay dudas de que el francotirador alemán existiese, y que todo fuera asuntos de propaganda por ambas partes.

La culpa es mía que creo que me he explicado mal. A lo que me refería es que Pearl Harbor puede salir muy mal parada en comparación con Tora, Tora, Tora, que narra los mismos hechos mil veces mejor, mientras que si la comparamos con Enemigo a las puertas, del mismo año y con las modernas técnicas cinematográficas al servicio de una buena historia y un buen guión, tiene tanto o más que perder, pues en el caso de la peli de Ben Afflec los dineros están al servicio de una historia ñoña larguísima que no compensan cuatro planos interesantes que luego se malogran cuando se quieren mostrar a los héroes haciendo heroicidades de la forma más clásica y cutre.

Los veteranos de Stalingrado parece que se mostraron bastante molestos, pero los de Pearl Harbor montaron una que pa qué.

13 de abril de 2007 0:53  
Blogger Sr.Poppi Fresco dijo...

Totalmente de acuerdo, "ñoña larguísima que no compensa...", cada vez que recibo esas pequeñas dosis de patriotismo americano me parto de risa, quizá la mejor película que refleja todo el espíritu ñoño y le añade patriotismo para gañanes sea Armaggedon.

Sin embargo le recuerdo que mi especialidad son las rosquillas ;)
http://www.youtube.com/watch?v=q7LBhAGlQkU

13 de abril de 2007 1:23  
Blogger Horrach dijo...

Me sorprendió volver a ver 'Espartaco' hace unos 4 o 5 años sobre todo en la escana de la batalla, por su gran crudeza. Nunca llegué a saber cuáles fueron las imágenes que se censuraron y las que no.

Por cierto, parece que el rodaje de la peli fue muy entretenido, sobre todo en las roulottes en las que se cambiaban los actores. Dicen que el tío Kirk s eventilaba a un par de chicas por día (la mayoría vivitantes del rodaje), mientras que sir Olivier hacía más o menos lo mismo pero con ragazzos.

Yo prefiero al segundo Kubrick, aunque el primero ya me parece muy sugerente.

saludos

13 de abril de 2007 2:33  
Anonymous jmongil dijo...

En la batalla final de Espartaco, el despliegue de las legiones es una escena excelente; difícil encontrar otra película en que se vean desfilar tropas en formación en tal cantidad y calidad.
Otra cosa es el combate en si: lo de siempre, melé salvaje como en todas las demás películas. Ninguna muestra cómo se combatía en la Edad Antigua: salvo flanqueos, el ejército vencedor solía conservar la formación a lo largo de toda la batalla, razón por la cual la diferencia de bajas entre los contendientes podía ser abismal.

13 de abril de 2007 10:42  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Efectivamente, la formación en cohorte y manípulo se ideó inicialmente para luchar contra formaciones más difíciles de maniobrar como la falange, y las hordas literalmente se estrellaban contra una muralla de escudos y acero, mientras desde atrás los hostigaban con armas arrojadizas y los acosaban desde los flancos con caballería u otras tropas.

Era literalmente el espíritu práctico, casi científico, aplicado a la guerra buscando la máxima eficacia, enfrentado a la guerra como escaramuza.

13 de abril de 2007 11:00  
Blogger Vicisitud y Sordidez dijo...

Gran escena la de las formaciones en Espartaco, sí señor...

Por lo que se refiere a la escena inicial de 'Gladiator', muy vilipendiada por confusa, un servidor de usted se dispuso a analizar su montaje. Y es que estamos hablando del GRAN Pietro Scalia. Y lo cierto es que no es, en absoluto, tan caótica y arbitraria como pudiese parecer. Después de todo, el escenario de la batalla condiciona el no poder mover así las cohortes. Como la emboscada en el bosque de la incomprendida "Alexander" de Stone. Furthermore, lo de Espartaco es el clímax de la película, así que se pueden manejar otros tiempos.

Eso sí, el montaje atropellado como forma de disimular las carencias de producción es algo que reconzco que practico con fruición. Y, en la peli que estoy montando ahora (llamada "Dos") las cámaras lentas son MUY abundantes, como también lo es el Tonyscottismo desaforado - tipo "El fuego de la venganza"- en su montaje. Espero no escandalizarle mucho. Sólo puedo decir que me costó asimilar la cantida de cámara lenta que me pedía el director pero, una vez aplicada con coherencia a lo largo de toda la película, es un recurso estético más. Feck, de hecho nos vimos 'Gladiator' para ver en qué momentos eran utilizadas y Pietro Scalia, una vez más, demuestra el poruqé de sus oscar y de ser maestro de montadores. Ridley tiene pelis más despellejables y menos comprensibles de narración que 'Gladiator'

(Pero no sorprendería a nadie si digo que me seduce 'La teniente O'Neil')

15 de abril de 2007 1:02  
Blogger SuperSantiEgo dijo...

Gladiéitor no es la denoste mucho. Tiene escenas buenas, y el global no está mal, aunque otras cosas chirríen bastante.

La escena que me pareció más risible fue la de "dejadme solo", cuando sin casco ni na sale a la arena de esa ciudad "a saber dónde coño es eso", y se los carga a todos sin que los otros hagan gran cosa por defenderse. Es también una escena de gran sobradez que sólo se puede aceptar teniendo el cerebro muy carcomido por la ética del videojuego matamata.

Otras peleítas están bastante bien. Lo que más me jode es que no se resaltase el origen extremeño del personaje.

Pero bueno, lo que está claro es que a día de hoy lo que no hay huevos es a dejar la cámara quieta y que se vea lo que se tiene que ver. Es más fácil engañar al ojo.

15 de abril de 2007 1:29  
Blogger animalpolítico dijo...

Impresionante estudio. Sesudo, largo y serio. Gracias por el esfuerzo. Espartaco lo merece y los sufridores del cine "de romanos" también. Una amiga que dedica mucho tiempo al asunto coincide en que no hay nada como Espartaco en los últimos años. Ni de lejos.

Incluiré un enlace permanente a tu blog desde el mío. Para asegurar visitas periódicas (aunque sólo sean las mías).

Un saludo

16 de abril de 2007 10:02  
Blogger Kike dijo...

Que grandísima película Espartaco POR TODOS LOS DIOSES

16 de abril de 2007 19:56  

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